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Who's that boy? — capítulo 4
—No sé, dímelo tú.—Susurré ante su tono interrogativo. Me mordí el labio inferior.
—No lo estoy haciendo..—Murmuró, y pude notar como sus ojos se centraban en mi boca, nuevamente. Tenía los labios entreabiertos, de ese rojo claro que tenía desde que lo conocía.
—Te creo..—Murmuré y el rió, levemente.
—Sé que no lo haces..—Se calló, unos segundos.—Tienes.. El diente.. Manchado.. De.. Pintalabios.
Me pasé la lengua por los dientes y lo miré—¿Ya?
—Ehm.. ¿eh? Ah, no..
Lo admito, no entendía porque quería besarlo. Pero quería hacerlo. La forma en que me miraba me atraía. Daba la impresión de que ya no me veía como "la pequeña Ab" sino como... Una chica. Al y al cabo era lo que era, pero, sentía que tenía que demostrárselo, de cualquier forma, tenía que hacerle ver que ya no era la niña a la que ayudaba con los deberes de matemáticas.
—Jay..—Volví a murmurar. Él contestó un leve "¿humm?" como señal de atención.—Tu.. ¿Alguna vez has querido demostrarle a alguien algo.. Aunque supieras que era estúpido?
—Sí, muchas veces.¿Por qué?
—Es que me está pasando ahora mismo..
Lo miré, a esos ojos azules tan profundos que tenía, y bajé la mirada a sus labios, entreabiertos, relajados. Me mordí con más fuerza el labio inferior. Arqueó una ceja como diciendo "¿Te volviste loca?" y no lo pude reprimir más. Agarré su cuello y estampe mis labios contra los suyos. Eran cálidos, y suaves. Tenían un leve sabor a menta. Poco a poco comenzaron a responder, y antes de que me lograra dar cuenta estábamos inversos en un beso donde nuestras lenguas buscaban recorrer el mayor territorio de la boca contraria. Él había rodeado mis caderas con sus manos y con una mano, comenzaba a masajearme la espalda, por encima del vestido negro de satén que llevaba. Por mi parte, con mis brazos alrededor de su cuello lo atraía cada vez más, hasta que llegó un momento que quedé entre el suelo y el.
Escuché un ruido, y Jayden debió escucharlo también, pues se separó instantáneamente de mí. Y ambos nos sentamos, sin mirarnos.
Era Lily. Casi me había olvidado de donde estábamos y lo que ocurría a nuestro alrededor. No me atreví a mirarle.
—¡Aquí estáis!—Chilló mi hermano sonriente. —¡Hemos conseguido, cantidad de cosas!
Le sonreí, mientras me levantaba.
—Me alegro mucho, Mike.— Mi hermano me sonrió, antes de tomar en brazos a Lily.
—Esta cosa bonita y yo nos vamos a ir a por más dulces. ¿A qué si Lil?—Lily sonrió asintiendo desde los brazos de Mike.
—Comienzo a creer que mi hermana te quiere más a ti que a mi, tío.— Jayden se levantó también y se acercó a nosotros.
—¡Eso nunca, Jay!—Lily abrió la boca de nuevo.—Pero Mike mola mucho.
—Lo sé.—Mi hermano hizo una pose Disney y todos reímos.—¿Pero.. Por qué te disfrazaste de hada sangrienta? Creí que vendrías de gata y dirías miau.. ¡Las hadas no dicen miau!
—Es que ya tenía mi traje de gata puesto, pero Jay me dijo que me tendría que poner sangre por ser Halloween.. Y no quiero ser una gata sucia.—Lily habló como si fuera lo más obvio del mundo. Vi a Jayden negando con la cabeza mientras se reía disimuladamente.
—Entiendo.. Es obvio. No puedes ser una gata sucia.. ¿Qué creerían los otros gatos?—A veces, creía que mi hermano tenía un don con los niños. Siempre conseguía encantarlos a todos. Y sin hacer nada, prácticamente. Siendo el mismo.—¿Vosotros venís o ya os habéis cansado?
—Yo no tengo ganas..—Le dije. Era cierto, estaba demasiado ocupada pensando en que acababa de hacer como para ir a pedir truco o trato.
—Yo me quedaré con ella.
—Pues nos vemos en un rato en el parque, ¿Vale? Quedaos con esto.—Mike nos dio su bolsa de chucherías y cogió la de Jayden.
Segundos después, habían desaparecido de nuestra vista, tanto el señor Chewaka como la mini hada sangrienta.
Jayden y yo comenzamos a caminar en silencio hacía el parque, él tenía las manos en los bolsillos. Yo simplemente jugaba con mis dedos. Se notaba la humedad del ambiente, pues acababa de llover y el suelo estaba mojado.
El parque estaba desierto. Todos los niños de los alrededores debían estar pidiendo dulces. Jayden y yo nos sentamos en un banco que, gracias a Dios, estaba seco. Ninguno de los dos habló.
—Y… ¿Te diste cuenta de que vamos conjuntados?—Intenté bromear, puesto que el aire se podía cortar con un cuchillo si tuviera. No levanté sin embargo la cabeza de mis piernas, estaba avergonzada.
¡No era para menos! ¡Acababa de besar.. AL MEJOR AMIGO DE MI HERMANO! Y no precisamente porque estuviera colocado o borracho. Ni porque me intentara callar. Porque quise. Porque tenía ganas de besarlo. Y Dios, la madre que lo trajo, ¡Qué bien besaba! Y es que había sentido hasta elefantes en el estómago.
Hacía bastante que creía superado 'mi leve enamoramiento' hacía Jayden. Es decir, ¡Habían pasado años! Pero por alguna razón, con el beso, ese 'amor' se incrementaba. Porque antes, era todo puro y platónico, pero claro.. Después de aquello.. Era difícil. Y había sido un solo beso, joder. Pero madre mía, ¡QUE BESO!
Recordé aquellos momentos de mis doce o trece años, con un Jayden totalmente en la edad del pavo, al que echaban de las clases y yo veía en los pasillos y en el aula de castigos. Y no lo entendía. Y eso me llamaba la atención, porque cuando estaba en mi casa y me ayudaba con los deberes me parecía demasiado inteligente como para ser real. Y después, cuando comenzó con todo ese rollo de las chicas. Madre mía. La mitad de las chicas de mi clase suspiraban cuando le veían pasar, o cuando se acercaba para preguntarme algo o simplemente para decirme cualquier tontería que pasara por su cabeza y la de Mike. Y recordé también la forma en que las miraba cuando miraban a mi hermano o Jayden, como si fueran alienígenas. Preguntándome si eran de este planeta porque pensaban que eran 'sexys'
Si mi yo del pasado me viera fliparía. ¡Si flipaba hasta mi yo presente! Ya comenzaba a desvariar.
—Esto.. Abbie.
—¿Q-Qué ocurre, Jayden?
—Creo que.. Tenemos que hablar.—Tragué saliva. Él tenía razón.