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Historia 91549 — capítulo 10
DISCLAIMER: Todo lo relacionado con Harry Potter es de JK Rowling, yo solo juego con ellos un rato.
Gracias a Annie_Lennox y a LilyArianaDumbledore.
Un día triste y desolado como los que hacia mucho tiempo no había. La castaña al ver el tiempo, recordó cómo se veía el paisaje oscuro desde su ventana en la clínica el día que le dijeron que sus padres habían muerto. De comienzo, Hermione sabía que este no sería a su mejor año. Que las muertes de sus padres y el aislamiento de sus amigos no era nada a comparación de lo que se avecinaba.
El típico toque de puerta saco a la Gryffindor de sus pensamientos, llevándola al lugar donde su madre creció. Tras permitir que la persona que estuvo tocando entrara, Hermione saludo a su tía Josephine que venía acompañada de su marido.
— Hermione, hoy vamos a comprar los materiales y libros de Hogwarts, así que necesito que te cambies. — decía la mujer. Hermione asintió y comenzó a sacar la ropa del baúl.
— Hermy… ¿O te molesta que te llame de aquella manera? — pregunto Hans.
— No me molesta.
— Hermy, sé que no conoces a tus primos mucho, pero me gustaría que lo intentaras. Son buenos chicos que lo que necesitan es que los pongan en su lugar, y me han dicho que eres muy organizada e inteligente, quien sabe si se les pegue alguna de tus cualidades. — decía el hombre. — Lo único que pido es que te des la oportunidad de conocerlos.
— Lo intentare, pero todo esto es muy nuevo para mí. — comenzó a decir Hermione. — Nunca supe que mi madre fuera bruja, o que estuvo en Slytherin, ni siquiera llegue a pensar alguna vez tener alguna familiaridad con los Malfoy, o con ustedes.
— Mi hermana le gustaban los secretos y el misterio. Era muy valiente, yo decía que tenía el alma de una Gryffindor, pero era muy astuta, demasiado para llegar a ser de esa casa, tanto que nunca la encontramos. — comento Hans. — Te pareces a ella, tanto físicamente, como mental. Solo las diferencian tus ojos, son iguales a los de la mamá de Lucius, dos gotas de miel. Nosotros de dejamos, pero te esperamos en veinte minutos para desayunar e irnos.
— Tengo el presentimiento de que nos veremos hoy con Hermione. — decía una pelirroja contenta bajando las escaleras de aquella peculiar casa.
— No lo creo, y si ese fuera el caso, nos ignoraría como lo ha hecho las últimas semanas. — mencionaba Ron.
Una guerra de palabras comenzó, hermano contra hermana, defendiendo sus ideales ante la situación de cierta amiga castaña de la cual lo único que sabían era atreves de El Profeta, porque desde aquel día en el cual la chica despareció del hospital para dirigirse a la famosa mansión Malfoy, lo único que habían recibido de ella fue una par de cartas cortas y sin palabras concretas.
El niño que vivió veía desde su asiento a los hermanos discutir. El no sabía que pensar sobre la situación. Había tantas cosas que le quería decir a su mejor amiga, pero esta ya no estaba. Quería contarle que casi lo sacan del colegio, su enfrentamiento con los dementores, sus horribles y extraños a la vez sueños y su cita en el ministerio. El azabache deseaba poder tener a su amiga, que era casi como una hermana, y abrazarla como tiempo atrás no lo hacía.
Las personas murmuraban al ver a los Rumsfeld caminar por el callejón Diagon. Los primos Rumsfeld acompañados por Josephine, Gwendolyn y Hans compraban los implementos mencionados por la lista, aunque muchos no los compraban ya que los tenían de hace mucho tiempo, y a pesar de tener tantos galeones y dinero, no les gustaba malgastarlo en chatarras y porquerías que ya tenían. Esta familia además de ser rica, tenía una inteligencia inigualable, tanto que todos los libros y materiales eran embrujados para que los demás pensaran que eran recién comprados y no se dañaran tan fácilmente.
Cuando estaban en el almacén de Madame Malkin renovando las túnicas, se encontraron con una familia de pelirrojos acompañados de un azabache con gafas. La castaña no pudo evitar correr a abrazar a cada uno de los integrantes de esa familia y a su viejo amigo, produciendo una cara de asco en su primo Lucas y alegría y dicha en los Weasley.
— Pero que linda estas, querida. — mencionaba la gorda señora Weasley.
— Yo tenía razón, le decía a Ron que tu no cambiarias para nada, que seguirías siendo la Hermione que todos queremos. — comentaba Ginny.
— No sabes cuanto extrañamos a la mandona Hermione diciéndonos que hagamos bromas. — dijo George.
— O diciéndonos que no nos aparezcamos de la nada. — dijo el otro gemelo.
— ¿Ya se pueden aparecer? — pregunto Hermione sorprendida, a lo que los gemelos asintieron. — ¿Pero a quien se le ocurrió darles ese privilegio tan peligroso a ustedes?
— No lo sabemos, Herms. — comento Harry. — Tenemos tantas cosas por hablar.
— Ya lo sé Harry. ¿Ron, no me hablas? — interrogo la castaña al ver a su amigo pelirrojo callado y un tanto alejado.
— Solo te extrañaba. — dijo el chico abriendo los brazos para que ella fuera a abrazarlo, cosa que paso enseguida.
Un chico rubio miraba desde lejos a su hermana. Tenía ganas de ahorcarla o de encerrarla en una torre como lo hacían en las estúpidas historias muggles de las cuales había oído hablar una vez a una niñita de origen muggle de primer año. Pero la gota que rebasó el vaso fue cuando la chica corrió a abrazar al tonto Weasley, el amigo del niño que vivió. Sin pensarlo camino hasta el lugar y con fuerza agarro el brazo de su hermana y la giro para que se miraran cara a cara.
— ¿Qué crees que haces abrazando y hablando con estos traidores necesitados? Te recuerdo que eres una Malfoy ahora y no sabes si ellos querrán robarte algo, tú muy bien sabes que ellos necesitan dinero. — dijo Draco con rabia sin esperar que una pequeña mano se estampara en su rostro, igual como hace unos años el puño de la misma persona golpeo su rostro.
Aunque mi hermana ya se encuentra en casa, está en un proceso de recuperación. A pesar de eso, escribe cuando puede en mi computadora, ya que nuestro padre le prohibió y le quito la suya para que tuviera una recuperación mejor, además de que se encuentre en un buen estado para su cumpleaños número 16 que eran en menos de un par de semanas, pero estoy seguro de que volverá para el próximo capítulo. Quiero darles las gracias a ustedes por hacer que mi hermana vuelva a escribir después de que unos años atrás lo dejara por la antipatía y las malas personas, siendo yo incluido al no apoyarla nunca con esa imaginación tan grande. Gaby también quiere agradecerles por su preocupación. Realmente me impresione que personas que solo conocen a Gaby vía internet, se preocuparan por ella y su estado de salud además de darle apoyo y energía.
Christian