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Historia 91549 — capítulo 5

Hermione dormía tranquilamente en su habitación, de la cual no había salido desde que llego a la mansión. Lucius y Narcissa se habían comenzado a preocupar por el estado de la joven, siempre que la veían era cuando alguno de los dos entraba en la habitación, o cuando Milú, la elfina, les informaba. La castaña hacia todo en el cuarto, tan poco se sabía de la joven que ni Draco se acordaba que la castaña vivía en su mansión a veces.

Narcissa se canso de aquello y decidió que era hora de que Hermione saliera, además que tenía que enseñarle las cosas que Cecilie nunca le enseño. Cuando la rubia entro en el dormitorio, la castaña ni se percato. Pero a la señora Malfoy se le fue la puerta, haciendo que un ruido se propagara por toda la habitación.

  • ¿Ah?- dijo una Hermione adormilada.- ¿Señora Malfoy?- dijo al ver a la rubia.

  • Buenos días, Hermione.

-¿Qué hace aquí?

-Yo venía a hablar contigo. Necesito que bajes a desayunar.

-Pe… pero yo no quiero, ¿No puedo comer aquí como siempre?- pregunto la castaña.

-Hermione, ya es necesario que comas en familia. Siempre hemos comido justos y cuando no es así es porque alguno no este, pero estamos todos.

-¿No me puedo quedar aquí un día mas?

-Hermione, tengo que presentarte a alguien y además vamos a salir, tú y yo.- le respondió la rubia.

-Está bien, voy a bañarme y bajo.- dijo ya rendida la leona.

Los Weasley se encontraban en La Madriguera junto al niño que vivió. Los más jóvenes buscaban en las antiguas ediciones del El Profeta. ¿Quien diría que Ron, Harry y Ginny buscarían información por su propia cuenta y sin ser obligatorio? Nadie. Todos estaban atónicos y preocupados por la vida de la joven castaña, de la cual no se tenía conocimiento desde hace mas de de 5 días.

-Nada, chicos. - dijo Ginny.

-Lo único que dice es que había una familia sangre limpia la cual perdió a su hija.- decía Harry.- Los Rumsfeld.

-¿No serán los que están en Hogwarts? ¿Cómo se llamaban?- pregunto Ron.- Son cinco primos.

Todos los Malfoy se encontraban en el comedor esperando a la castaña. Cuando la castaña bajo, un par de rubios fijaron su vista en ella. El primero no la conocía, o por lo menos no formalmente, y el segundo sorprendido de su aparición.

-Hija, buenos días.- la saludo Lucius.

-Buenas.- fue lo único que dijo la chica antes de sentarse al frente de los dos rubios menores.

-Así que ella es la nueva Malfoy.- dijo un rubio desconocido para Hermione.

-¡Oh! Lo siento.- dijo Narcissa.- Cepheus, ella es Hermione. Hermione, el es Cepheus.

-No sabía que tenían otro hijo.- dijo la castaña.

-No, Hermione, Cepheus no es nuestro hijo, aunque es como si lo fuera. - Le dijo Lucius.- Cepheus era el hijo de mi hermano Hydrus.

-No sé si te acuerdas de mí, pero yo si de ti. Estaba en quinto año cuando tú entraste.- dijo Cepheus.

-Lo lamento, no me acuerdo.

-Tranquila.

El desayuno transcurrió en silencio. Hermione le parecía mucha comida. Frutas, panes, jugo de calabaza, huevos de dragón, dulces y tartas. Definitivamente los elfos trabajaban mucho. Draco se mantuvo callado siempre. Cuando terminaron la primera que hablo fue Narcissa.

-Hermione.

-¿Si?- pregunto la castaña.

-Quiero que me acompañes al Callejón Diagon. Necesitamos botar un poco de tu ropa y arreglarte un poco.- dijo la señora Malfoy.

-Pero si mi ropa está bien. No necesito más cosas, ya es suficiente para ustedes tener que cuidarme. Los Weasley se ofrecieron a cuidarme.- contesto la gryffindor.

-¡No!- grito Lucius, haciendo que todos los presentes se preocuparan por su reacción.- ¡Ninguna hija mía se va a ir a vivir con esos traidores!

-Cálmate, Lucius. Mira Hermione, tú eres ahora una Malfoy y vas a tener que aprender a vestirte, hablar, verte y comer como tal. -La rubia se detuvo a esperar una respuesta, pero al no obtenerla continuo.- Así que te espero en veinte minutos en la sala.

El director pensaba en Hermione y en su madre. Como lamentaba que aquel secreto, fuera sido derrumbado por tan horrible tragedia. Pero si algo tenía claro era que todo suceso viene adjunto con más misterios. Y estaba muy seguro de que este tendría muchos.

El anciano se acerco a su Pensadero y busco un frasco en especial. Eran de esos recuerdos que solo uno debe tener. Que solo uno debe ocultar y ser confiado en personas de suma confianza, como fue en su momento aquel recuerdo. Luego de encontrarlo lo vertió en el Pensadero.

Cuando llego a su recuerdo se vio a sí mismo en el mismo despacho junto a una joven de cabello castaño hasta los hombros.

Era Cecilie Granger.

En esos momentos la joven ya estaba embarazada.

-Mi querida Cecilie, no sabes hace cuanto llevo buscando sobre ti.- dijo su yo del recuerdo.

-Señor Dumbledore, ¿Cómo esta?- le pregunto la joven tocándose su panza.

-Muy bien querida, pero veo que traes a un futuro brujo dentro tuyo.

-Si, estoy muy feliz. No sabe lo que se siente ser madre, sentir sus pataditas. Va a ser una gran mujer, de eso me encargare yo.

-Cecilie, yo no tenía conocimiento de tu embarazo, o que estabas casada y menos de tu paradero. Tu padre tiene vuelto al ministerio trastornado, llevan tiempo buscándote.

-No me encontraran.- dulces lagrimas salieron de los verdosos ojos de la joven.- Mi padre no me puede encontrar. Él ni mis hermanos me perdonaran si se enteran que me he casado con un muggle.

-No tiene nada de malo enamorarse de ellos. Son como nosotros, pero sin magia. Y además de pronto querrán tener cerca a esa bebe.

-No conoce a mi padre, me borrara del árbol genealógico.- la chica se seco las lagrimas.- Lo peor es que mi hija no es de mi esposo.

-¿De qué hablas?

-Mi esposo no es el padre del bebe. Es Lucius Malfoy. Pero eso nunca se va a saber, porque mi hija no va ser parte de ese mundo lleno de perjuicios y apariencias.

El director decidió dejar el recuerdo hasta ahí. El sabia que lo que seguía era una promesa que hasta ahora seguía existente.

La mujer y la chica caminaban por el callejón. Todos los magos y brujas se las quedaban viendo, tan solo ser una Malfoy llamaba la atención. Las dos Malfoy se metieron en una peluquería mágica. Era grandísima. Tenía fotos de celebridades y magos de gran reconocimiento en las paredes celestes del lugar. Hermione vio una o dos fotos de Narcissa en la pared. El sitio estaba lleno de personas, la rubia buscaba con la mirada a alguien.

  • ¡Ottaviano!- grito Narcissa. Un hombre se acerco desde la multitud.

-Señora Malfoy, un placer volverla a ver.- decía un hombre con acento italiano. El hombre era muy bajo, pero de resto se veía excelente con su vestuario y peinado.- ¿En qué te puedo ayudar hoy?

-Necesito que me ayudes con Hermione, la hija de Lucius.

-¡Pero si esta joven es la nueva Malfoy! Un placer señorita Hermione.- decía el hombre mientras le tomaba la mano y le besaba.

-Necesito que le arregles el cabello y las uñas. También que le enseñes a maquillarse y le des consejos para verse como una Malfoy, ya que tu sabes perfectamente como son las cosas.- le dijo Narcissa.- Vuelvo en un rato.

-Muy bien. ¡April, cánsela mis citas o dáselas a Lucrezia!

-Lucius, espero que trates bien a tu hija, porque una oportunidad como esta no la podemos desperdiciar.

-Si amo.

-Su amistad con Potter nos ayudara a matarlo y por fin poner fin a los sangre sucia.- dijo Voldemort.

-Claro amo. Una gran oportunidad.- le contesto Lucius.

Era la segunda reunión desde la revelación de Lucius. Voldemort tenía grandes planes con Hermione y sabia que si no era a las buenas, seria a las malas. Pero querer matar a Potter no quiere decir que la chica se tendrá que alejarse del joven, porque entre más cerca la chica estuviera de su amigo, mas oportunidades tendría.

Cuando Narcissa llego a la peluquería con dos elfas pisándole los talones. Camino por entre los otros clientes de menos importancia hacia el espacio de Ottaviano. Lo primero que vio a Ottaviano. Se pregunto porque atendía a otra joven y no a Hermione. Pero su sorpresa fue tan grande al descubrir que la otra joven era Hermione.

-¡Señora Malfoy! Ya está terminada mi obra.- dijo el hombre.

La castaña no se percato de la presencia de la señora Malfoy. La rubia se quedo mirando a la hija de su esposo. La chica tenía el cabello hasta la cintura con muchas capas que comenzaban desde el mentón, dándole más volumen y movimiento al cabello de la joven. Hermione recordó cuando su cabello era una completa maraña indomable, pero cuando comenzaron los cambios hormonales, su cabello tuvo una gran mejora.

-¿Qué les has hecho, Ottaviano?- pregunto la señora Malfoy.

-Bueno, su cabello tiene un color muy hermoso. Es de un color chocolate claro y si miras bien se ve que tiene delicados cabellos dorados, rubios y hasta un poco rojizos. Y quería aprovechar el largo, así que pensé en capas asimétricas que le dan movimiento a su cabello ondulado. Por último, le hice un flequillo despuntado a un lado. Es un corte muy juvenil.

-Perfecto.- fue lo único que dijo la mujer.

-Lo único que tiene que hacer es peinárselo y lavárselo bien. Un privilegio de ese corte es que es muy sencillo para mantener. - Ottaviano miro como Hermione se miraba en diferentes ángulos en el espejo. Era verdad, Hermione había quedado hermosa.- Y en las uñas se utilizo un brillo incoloro mágico. Ya le enseñe como arreglarse las uñas y pintárselas. Y con respecto a maquillaje, su rostro es muy lindo así que con un poco de rubor y brillo se vería bien, aunque sin maquillaje se ve bien.

-Muy bien. Bien, Hermione vamos a comprar unas cosas. - las dos Malfoy salieron del lugar y se dirigieron a una tienda de ropa elegante. - Primera lección: La elegancia es característica de todo Malfoy. Si te pones un vestido, no puede ser cualquier vestido, tiene que ser de clase y elegante. Nunca importa el precio.

-Pero yo no tengo reuniones para tener tantos vestidos elegantes.- dijo Hermione.

-Desde ahorra vas a tener muchas.- Los elfos que cargaban los vestidos que Narcissa cogía para que Hermione se midiera. Algunos largos, otros cortos, unos oscuros, otros claros, unos estampados, otros lisos. Al final se llevaron unos 15 vestidos. Salieron del lugar y fueron a un lugar aunque de alto costo, un poco más informal y juvenil.- Segunda lección: Hasta con ropa informal hay que estar mejor que los demás.

-Yo no necesito más ropa. Tengo suficiente, además los elfos no pueden más.

-Tenias… ordena que todo, desde tu ropa interior hasta los zapatos se fuera lejos de la mansión. Y los elfos deben hacer su trabajo.- la señora cogió unos jeans y se los dio a Hermione.- Esta camisa es muy linda, ¿No crees?

Los tres rubios están hablando en el despacho del mayor, esperando la llegada de las dos mujeres. Cepheus, el cual estaba feliz de tener una chica nueva en la familia, solo escuchaba a su tío y primo.

-Y lo mejor es cuando Severus mira al pobretón, al estúpido Potter y a la rata…

-¡Draco!- lo reprendió su padre.

-Lo siento, no me he acostumbrado.- se defendió el menor.

-No crees que es tarde y no han llegando ellas.- dijo Cepheus.

-¿Quiénes?- pregunto una voz en la puerta.

Narcissa.

La mujer estaba viendo a los hombres desde el umbral de la puerta. Ella solo quería ver la reacción de ellos cuando vieran a Hermione y su nueva apariencia, la cual era cada vez más parecida a Cecilie. Las dos mujeres compraron vestidos de todas las clases y ocasiones, zapatos planos y otros de tacón, unas lindas chaquetas para el frio, pijamas, lencería y accesorios y elementos personales como pintauñas y maquillaje.

-Narcissa, ¿Cómo les fue?- pregunto Lucius.

-¿Por qué no me lo dices tú?- respondió la mujer.

Fue entonces cuando entro la menor de la casa. Con un vestido que le llegaba hasta las rodillas de color rosa pastel. El vestido era de tiras y tenía un cinturón del mismo color que el vestido justo debajo del busto. Todo combinado con unas sandalias doradas, Hermione se veía muy tierna y femenina, ganándose la mirada de todos los presentes en la habitación.

-Parece que tenías mucho guardadito, hermanita.- dijo Draco mirando las piernas de su hermana.

-Si, mucho…- dijo Cepheus, contemplando a su pequeña primita.

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