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Historia 917 — capítulo 24

HARRY POTTER Y LA HIJA DE VOLDEMORT

Capítulo 24°

DECLARACIONES

  • ¡Sí que se enfadó por lo de la apuesta! -se decían en la sala común sentados frente al fuego en el sillón grande.

  • Se nota que tienen un ego grande -sonrió Hermione, y después con mala cara dijo-: ¡Esperadme un momento! ¡Me he dejado el libro de Transformaciones en el Gran Comedor! -dijo mientras se levantaba y corría al retrato de la Señora Gorda. Segundos después ya no estaba.

  • Bien Ronnie -le dijo sonriéndole Kate-, no puedo aguantarme más, creo que ahora que no está es un buen momento para preguntártelo –sopló hondo y con cara maliciosa y bajando la voz, le dijo-: ¿Te gusta Hermione, verdad?

  • ¡¿QUE?! –chilló Ron levantándose y tirando su silla al suelo.

Toda la sala común se volteo hacia él y Ron se sentó sonrojado. Más discretamente, le preguntó:

  • ¿De dónde has sacado eso?

  • De las miradas que le envías -le respondió con una mirada pícara Kate-, y otras cosas. ¿Sabes una cosa?

  • No… no te entiendo en nada -se sonrojó Ron-. Primero que si me gusta Hermione, que algo de cómo la miro, que yo que sé qué cosas te imaginas tú…

  • Bueno –contestó la chica poniéndose sobre las dos patas de la silla y tambaleándose de adelante a atrás-, olvida todo eso, sólo te advierto que como no intentes disimular…

  • ¿De qué hablas? -se inmutó a decir Ron mirando a otro lado.

Harry y Cole miraban extrañados sucesivamente a cada uno.

“¡El libro! ¡El libro!”, pensaba Hermione. Mientras corría escuchó un ladrido, aunque fue un ladrido flojito.

  • ¿Qué ha sido eso?

Se volteó un par de veces a los lados y al fin alcanzó a ver un perro grande y negro, muy parecido a un grim. Entonces recordó a Sirius y acarició al perro diciéndole bajito:

  • ¿Hocicos? -la respuesta fue una lamida en la mano.

Hocicos la agarró de la túnica y se la llevó a un aula vacía. Ella la abrió y entraron. Después echó un hechizo para que cuando se acercase alguien, ellos lo advirtieran.

  • Ya está... -la chica miró al sitio donde anteriormente había estado Hocicos, que pasó a ser Sirius.

  • ¡Querida Hermione! -le sonrió él dándole un abrazo.

  • ¿Qué…? Hermione se tambaleó un poco extrañada, se sentó y le preguntó-. ¿Qué haces aquí? ¿Ha pasado algo malo?

  • Pues…-dudó Sirius-, ha pasado lo que temíamos. Han muerto muggles, aurores, magos... La masacre ya ha llegado, ahora el Señor Tenebroso ha alcanzado un nivel muy alto. Esperemos que no sea el más alto. Y estoy aquí porque Dumbledore se preocupó, además quería veros. ¿Cómo estáis? ¿Qué tal la escuela? ¿Y la Orden?

  • Muy bien todo -respondió la chica aún un poco aturdida por la sorpresa de Sirius.

  • ¿Dónde están Harry y Ron, y esos amigos nuevos que tenéis? -preguntó Sirius.

  • En nuestra sala común –murmuró ella-. ¿No te ha dicho Dumbledore que todos los alumnos ya saben que eres inocente? ¿Por qué te haces pasar por perro?

  • Pues muy fácil -contestó él dándole unas palmaditas en la cabeza-, si alguno de ellos es un mortifago y se entera que estoy aquí, podría matarme.

  • Ah -sonrió ella-, claro... ¿Y por qué no utilizas la poción multijugos? -apuntó pensativa.

  • Ya lo pensamos... pero, ¿en quién me convierto?

  • No lo sé -finalizó rindiéndose Hermione-. ¡Sirius! –chilló al ver que la puerta se volvía de color amarillo, lo cual significaba que alguien estaba a bordear la esquina.

El entendió y se transformó en perro y se fueron.

Hocicos se fue y Hermione siguió su camino. Entró en el aula y cogió su libro. Se dirigió a la sala común, pero vio a Fred detrás de una estatua y se quedó paralizada, después reaccionó y le saludó.

  • ¿Qué haces aquí?

  • Me escondo -contestó en tono burlón él.

  • ¿De quién? -insistió ella.

Fred le estiró del brazo y Hermione se sonrojó cayéndose de rodillas al suelo.

  • Sshh... No hagas ruido…-le susurró al oído poniéndose un dedo encima de los labios-. George y yo le hemos gastado una broma a la profesora Delacour.

  • ¿Le llamas profesora y por el nombre? -le susurró ella sorprendido.

  • Sí, ahora sí -se rió bajito él al ver a la profesora salir de su despacho con el cabello, la cara y la túnica con tinta negra.

Cuando se hubo marchado, se levantaron y continuaron hablando.

  • Gracias Hermione por no delatarme.

  • De… de nada –jadeó ella.

Estaban solos, no había nadie por los pasillos. El tenía una mano sobre su hombro derecho, se lo tenía que decir.

  • Fred... –él se volteó-.... yo... quería decirte que... bueno que… ¡¡QUE ME GUSTAS!! –acabó ella abrazada fuertemente a su libro.

Para su suerte, solo él y ella lo oyeron.

  • Yo…-Fred se sonrojó.

El a ella no la quería, la veía como una buena amiga estudiosa, además estaba su hermano.

  • Yo… mira, lo siento mucho… pero es que tu amor no es correspondido. Además, hay alguien que conoces estupendamente que está mucho por ti…-no sabía qué decir. Muchas chicas se le declaraban, pero Hermione era diferente-. Lo siento.

  • Bueno -dijo cabizbaja-, tranquilo…

Después volteó y Fred alcanzó a ver una lágrima en su mejilla.

Hermione corrió con todas sus fuerzas hacia la sala común. Cuando llegó susurró al retrato de la Señora Gorda que estaba charlando con otro retrato.

  • Lengua de plata – y el cuadro le dejó paso.

  • Venga Ronnie -seguía insistiendo Kate-, que a mí no me engañas…

  • Vale, vale…-se rindió el pobre chico-. Me gusta Hermione...

Para desgracia de él se le ocurrió decir esas palabras cuando Hermione estaba detrás suyo.

  • Ron…-tartamudeó ella aún llorando.

El se quedó paralizado. Hermione se fue corriendo a su cuarto mientras seguía llorando.

  • Ron…-murmuró Kate-, yo… lo siento tanto, no quería que lo supiera…

Pero Ron no decía nada. Kate se levantó y se fue a su cuarto con Hermione. Para su suerte no había nadie.

  • Hermione… Hermione…

  • Kate…-cuando Kate corrió la cortina de la cama de Hermione, la vio sentada en el suelo llorando con la cabeza apoyada en la cama. Hermione la miró, tenía los ojos rojos y lloraba como nunca. Cuando Kate se sentó, Hermione se lanzó a ella.

  • ¡Le he dicho a Fred lo que sentía por él! ¡Me ha rechazado! ¡Me ha dicho que había alguien más cercano! ¡Ron! ¡Seguro que es Ron!

  • Tranquila…-le sonrió Kate acariciándole la cabeza con suavidad-. Encontrarás a otra persona…

  • Lo… (snif)... lo sé... pero… pero… no puedo aguantarlo… yo ya me imaginaba que él no estaba interesado en mí, pero después de oír lo de Ron… ¡¡No sé qué hacer!!

  • Duerme un poco -le sugirió Kate-. Llora todo lo que puedas, llorar siempre va bien. Insúltame, a mí, a Fred, a Ron, a quien quieras. Es mejor que te desahogues, no te guardes nada.

  • Va… (snif) vale…-se estiró encima de la cama, pero recordó lo de Sirius-. ¡Kate! Dile a Harry que Hocicos esta aquí.

  • ¿Hocicos? -se extrañó ella, ese nombre le resultaba familiar-. ¡Ah sí! Harry me comentó lo de Hocicos. Pero ahora será mejor que descanses.

  • Sí…

  • Harry... -le llamó Kate cuando Hermione se hubo dormido y ella pudo bajar-. Hermione me ha dicho que te diga que Hocicos esta aquí.

  • ¡¿QUE?! –chilló él contento.

  • Lo que oyes -sonrió ella.

  • ¿Dónde está? -preguntó emocionado.

  • No lo sé -se encogió de hombros-. Hermione sólo me ha dicho que te lo comunique.

  • Bueno, mañana se lo pregunto -cuando acabó esta frase, vio a Kate mirar hacia todos los lados.

  • Se ha ido a descansar -le dijo Cole al darse cuenta que Kate buscaba a Ron.

  • Mierda, mierda y doble mierda -se repetía Ron apretando su cara contra la almohada-. ¿Por qué tengo tan mala suerte? ¿Por qué?


  • Señor, se lo han llevado -dijo Colagusano entre sollozos.

  • Sí... -respondió una voz fría-, lo sé, pero tranquilo, lo sacaremos de allí. Estoy a punto de convencerlos para que se unan a mí. Muy pronto los dementores se convertirán en mortífagos.

  • Y entonces le rescataremos…-acabó Peter.