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Canciones de hielo y fuego — capítulo 1
La canción de hielo y fuego
— Tengo que hacerlo.
— Quédate conmigo —suplicó ella.
— ¿Qué clase de príncipe sería si le pidiera a mis hombres que lucharan por mí?
— Rhaegar... —insistió Lyanna.
— No.
Rhaegar se giró y sus ojos violetas se clavaron en los de Lyanna, tan grises como los de Eddard y los de Benjen... tan grises como habían sido los de Rickard y los de Brandon. Pero ninguno de los dos estaba: mientras el primero había muerto abrasado, el segundo se había ahocado casi sin intención. Rhaegar miró el vientre abultado de su amante. En él crecía su hijo. Cuando el príncipe dragón intentó acercarse, la chica Stark lo evitó.
— ¿Y qué clase de padre serías si mueres? —preguntó ella.
— Yo soy el culpable de todo ésto, así que no me pidas que me quede aquí como si nada mientras mis hombres mueren en el Tridente —indicó Rhaegar.
— No vayas —suplicó Lyanna—. Sabes que Robert te matará.
— No lo hará —negó Rhaegar completamente convencido.
— Prométeme que volverás —exigió Lyanna—. Dime que no dejarás que Robert te mate. No soportaría que murieras. No lo soportaríamos —se tocó el vientre, y cerró los ojos mientras el Caballero del Dragón posaba una mano en su mejilla.
— Juro que volveré —asintió él.
Después la besó para sellar su juramento. Su otra mano se posó en el vientre de su amada.
— Pero pase lo que pase, vuestra es la canción de hielo y fuego.
Al igual siguiente, Rhaegar Targaryen se marchó para combatir a Robert. Cuando su mirada se cruzó con la azul de Robert Baratheon, supo que estaba perdido. Y al sentir la embestido de Robert contra su escudo supo el significado del lema Baratheon: ''Nuestra es la furia''.
Robert lo hizo caer del caballo, clavó su espada en su pecho repetidas veces y su cadáver quedó a merced del río. En sus últimos momentos de vida, Rhaegar pudo recordar sus momentos junto a Lyanna. Las risas de ella, los besos, las carícias, los abrazos, las noches que pasaron juntos... Y también pensó en el niño que había engendrado, en su hijo. O hija. Nunca llegaría a saber qué sería, si sería un caballero o si sería una princesa metida en sus sueños. Nunca llegaría a saber con quién se casaría ni tampoco conocería a sus nietos.
— Lyanna... —''jamás podré cumplir mi promesa'', quiso decir. Pero jamás llegó a decirlo. Sus ojos se cerraron, vieron el sol por última vez y por su mente pasó un último pensamiento mientras sonreía:
''Vuestra es la canción de hielo y fuego. Aseguraos de que todos la conozcan''.