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Canciones de hielo y fuego — capítulo 6
Hierro y bronce
— Eres un aburrido.
La acusación de su hermano pequeño, llamó la atención de Stannis, que alzó su mirada hasta la de Renly. Se quedó en silencio. Ambos lo hicieron. Como si esperasen que el otro dijera algo. Fue Renly el que habló.
— Antes jugabas conmigo, y nos divertíamos —se quejó Renly con un ceño exageradamente fruncido.
Renly solo tenía seis años. No entendía lo que era la guerra o la muerte. Y Stannis no tenía tiempo que ocupar en el niño: la mayor parte lo invertía en preocuparse qué comerían al día siguiente. Aquel mismo día, no había comido nada y éso comenzaba a pasar factura a mediano de los Baratheon: tenía dieciséis años y aparentaba ser mucho mayor.
— Hay cosas más importantes que jugar contigo, Renly —replicó Stannis.
— ¡Claro! Como jugar a la guerra —continuó el niño, cruzándose de brazos.
— No es un juego —aquella vez, le tocó a él fruncir el ceño.
— Robert también empezó así —Renly ya no parecía enfadado: parecía profundamente triste—. Se iba fuera durante semanas. Y cuando volvía no me hacía caso. Ahora ya nunca está.
Stannis guardó silencio, mirando con curiosidad a Renly.
— ¿Tú también me vas a dejar solo? —los ojos del niño, tan oscuros, tan azules como los suyos, se alzaron. Y ambas miradas se encontraron.
Stannis suspiró con fuerza, mirando los dos platos que habían sobre la mesa. Únicamente había en ellos dos hogazas de pan, pequeñas y que parecían no encontrarse en buen estado, y algunas sobras de días anteriores. Aquella era la última cena 'digna' que los hermanos Baratheon se podrían permitir. Se preguntaba qué estarían comiendo los soldados.
Se palmeó la rodilla y miró de nuevo a Renly.
— Ven —Stannis lo dijo en un tono insensible, frío. Pero Renly obedeció y se acercó. El mayor de ambos hermanos, lo cogió y lo puso sobre su rodilla, mirándolo fijamente—. ¿Acaso tengo que recordarte que no soy como Robert?
Y Renly sonrió ampliamente, rodando el cuello de su hermano con sus delgados y pequeños bracitos. Stannis correspondió el brazo con torpeza. Nunca había sido muy dado a las muestras de afecto. Y el único que se las merecía y era lo suficiente cercano a él para recibirlas, era su hermano pequeño. Aquella era algo que nunca había hecho con Robert. Algo que dudaba que Robert hubiera hecho con Renly.
— Mañana, si quieres, puedo enseñarte como utilizar una espada —propuso Stannis separándose de Renly. Los pequeños ojillos de Renly se iluminaron.
— ¡Me encantaría! —respondió el niño con una sonrisa amplia y sincera.
— Bien. Pero ahora, a cenar —indicó Stannis recuperando su seriedad. Bajó a Renly de su rodilla y le señaló el lugar dónde podía sentarse. Normalmente, cuando se sentaba y veía la escasa comida que había en el plato, se quejaba. Pero aquella noche, el niño estaba demasiado contento como para fijarse en aquel detalle.
Renly comenzó a comer, sin pararse a mirar demasiado la comida que había en su plato. El chico parecía tan... tan flacucho, tan débil. Se le notaban todos los huesos. Stannis cogió su plato y lo dejó junto al de Renly.
— Cómetelo tú —dijo Stannis.
— ¿No tienes hambre? —Renly sonó curioso, extrañado.
— No —negó Stannis—. Cómetelo.
No le gustaba repetir las cosas. Pero por suerte, Renly no volvió a preguntar. Aún así, el chico era tan cabezota como él (cosa de familia, al parecer), por lo que cogió una hogaza de pan y se la dio a su hermano mayor.
— Por si tienes hambre esta noche —Renly sonrió inocentemente, encogiéndose de hombros.
Stannis sonrió levemente y aceptó el pan.
Aquella noche, observó a Renly mientras el chico dormía. Se parecía a Robert. Físicamente, era igual que Robert cuando éste tenía su edad. Pero en el rostro de Renly había una inocencia de la que el mayor de los hermanos Baratheon había carecido y siempre carecería. Pero en cuanto a su interior... Ah, éso era otro cantar. Renly era tan diferente a sus hermanos... Se hacía notar más que Stannis pero nunca más que Robert. No era reservado, ni tampoco parecía tener 'vergüenza', como Robert. Pero aún así, era realmente distante con las personas que acababa de conocer, algo heredado de Stannis, sin duda.
A la mañana siguiente, Stannis salió al patio de la fortaleza, acompañado por Renly y dos espadas. Le dió una a Renly. No tardó mucho en descubrir de quién había aprendido a luchar: Stannis sabía que podía ser el hermano preferido de Renly, el que se pasaba horas entreteniendo al pequeño a pesar de que no fuera lo que quisiera hacer, pero el ejemplo a seguir, siempre sería Robert.
Quizás era por éso por lo que años después se disputarían el Trono de Hierro: porque él podía ser su hermano favorito, el que lo había entretenido, pero Robert siempre sería el ejemplo a seguir.