← Canciones de hielo y fuego · de
Canciones de hielo y fuego — capítulo 5
Hermanos
— No despiertes al dragón —solía decir Viserys.
Daenerys lo recordaba bien, a pesar de haber pasado ya unos años desde la muerte de su hermano mayor. Lo recordaba con sus cabellos plateados y largos, algo ondulados, y sus ojos violetas que la observaban con algo parecido a la diversión y la maldad. ''No me molestes... No querrás despertar al dragón, ¿verdad?'', decía Viserys. Y Daenerys solo negaba con la cabeza. Ella siempre había pensado que algo magnífico se ocultaba tras Viserys y aquel halo de locura que lo envolvía. Tal vez su hermano, cuando llegase el momento oportuno, se transformase en un dragón y volase hasta Poniente para reclamar su Trono de Hierro. Tal vez, algún día, Viserys escupiese fuego o llamase a los dragones en valyrio, para que salieran de sus escondites y tumbas y todos arrasasen Poniente. O quizás, ella también fuera una dragona en el fondo, y Viserys la trataba así porque quería que estuviese preparada para lo que se avecinaba...
Ahora sabía que Viserys no era nada de éso. Sabía que Viserys no era más que un idiota, un loco que se creía dragón y no era más que un pequeño lagarto en comparación a ella. Viserys no era ningún dragón y ella lo había visto con sus propios ojos... Y le daba igual que fuera su hermano. La había hecho sufrir durante años. Y en el momento de su muerte, Dany le había devuelto aquel sufrimiento duplicado por mil. Su mirada indiferente, las joyas fundidas y abrasadoras sobre la cabeza del ''dragón''.
— No despiertes al dragón —había dicho Viserys en un sueño.
— No hay ningún dragón —le replicaba Daenerys con una voz desafiante.
En el sueño, Viserys tenía el mismo aspecto que había tenido en Pentos: atractivo, peligroso y algo menos demencial de lo normal. Pero ella ya era toda una mujer.
La cejas plateadas de Viserys se fruncieron.
— Nunca hubo ningún dragón —continuó Daenerys—. Que seas descendiente de los dragones no significa que seas uno de ellos. En cambio, yo sí que lo soy —Viserys parecía asustado y confuso... igual que unos momentos antes de su muerte—. Yo soy la legítima heredera del Trono de Hierro. Yo soy la Madre de Dragones —comenzó a avanzar hacia Viserys, quién retrocedía y la miraba con aquellos ojos violeta que estaban plagados de terror—. Así que, ¡muéstrame más respeto!
El Viserys del sueño se acercó a ella, mirándola con odio, con enfado y orgullo. ''Ahora es igual que los antiguos Targaryen. Ahora sí que aparenta ser el verdadero dueño del Trono de Hierro'', pensó Daenerys. Una espada apareció en las mano de Viserys.
— ¿Respetarte? ¿A tí? —se burló Viserys apuntando al cuello de Daenerys con su espada—. ¡Yo soy el heredero del Trono de Hierro! ¡Yo soy el único varón con vida de los Targaryen! ¡Yo soy el mayor! ¡YO SOY EL DRAGÓN! —bramó Viserys. Por primera vez en mucho tiempo, Daenerys sintió que Viserys sí era un Targaryen, un verdadero Targaryen—. Así que, si no quieres despertar al dragón, ¡arrodíllate ante mí! ¡Pide clemencia porque si no, voy a acabar con tu existencia!
— ¿Quieres que despertemos al dragón? —preguntó Daenerys casi con inocencia—. Pues despertémoslo.
De repente, unos dothraki aparecieron, haciendo que Viserys se arrodillara y soltara la espada. Todo lo que había visto en él había desaparecido; ya solo quedaba un joven delgaducho y asustado que la miraba como si le suplicara que lo dejara ir. Pero entonces apareció Drogon, un dragón enorme y negro, que echaba fuego por la boca. Viserys gritó, pero su grito fue sofocado por las llamas que quemaron su rostro, borrando cualquier parecido con los Targaryen, con un legítimo heredero al trono, e incluso, borrando cualquier parecido a Viserys.
Daenerys, al despertar, se sentó en la cama, agitada. Pero pronto comprendió que Viserys nunca había sido su hermano. Puede que la sangre los uniera, pero éso era todo: un hermano nunca le hubiera hecho sufrir a su hermana. Y una hermana nunca hubiera hecho sufrir tanto a un hermano.