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Canciones de hielo y fuego — capítulo 4

Reina de corazones

Joanna Lannister siempre había sido fuerte y éso era algo que Tywin sabía a la perfección. Su mujer había sobrevivido al parto de Jaime y de Cersei, aquellos niños que poseían los ojos verdes y la cabellera rubia de los Lannister. Tywin estaba completamente seguro de que su esposa le daría un hijo varón, sano y fuerte. Pero las dudas comenzaban a aflorar en su mente.

Los gritos de Joanna resonaban en Roca Casterly y retumbaban en la mente de Tywin. Jaime había ido a preguntarle a su padre que quién gritaba tanto. Su hijo se había quedado mirándolo con aquellos ojos verdes. Los del padre, verdes con manchas marrones, lo analizaron críticamente antes de ordenarle que se marchara. Cersei también había acudido, pero, a diferencia de Jaime, no preguntó quién se encontraba dentro.

— Mamá se queja mucho. ¿Va a morir? —preguntó la pequeña.

— No —negó Tywin con sequedad. Después, Cersei se alejó con la elegancia que la caracterizaba.

Cuando los gritos pararon, salió una mujer de la habitación, con las manos ensangrentadas... Tywin se preparó para recibir la noticia. ''Es un niño'', esperaba oír, ''Un niño de ojos verdes, fuerte y sano. Todo un Lannister''. Pero no fue aquello lo que escuchó.

— Mi señor... —comenzó la mujer—. Yo... Hicimos todo lo que pudimos, pero... Lady Joanna estaba muy débil, estaba...

Tywin no escuchó más: la apartó de su camino y entró en la habitación. Habían más mujeres, una de ellas, sujetaba al niño recién nacido... Aunque la pobre mujer lo miraba con repugnancia. ''Malditas seáis. Solo por éso debería mataros a todas...'', pensó Tywin antes de ver a Joanna, su Joanna, en un lecho de sangre. Se acercó a ella, cogiéndola de la mano, acariciando los rubios cabellos de la joven...

Los siguientes tres días nadie supo nada sobre Tywin Lannister. Algunos criados decían que había salido de su habitación para ver el niño que había dado a luz Joanna; otros decían que se había quedado en su habitación los tres días, sin comer, sin dormir, solo recordando a su Joanna. A su reina de corazones. Cuando salió, Tywin Lannister tenía un aspecto elegante, con una expresión dura y fría en el rostro...

— Tywin —lo llamó su hermano Kevan, que cabalgaba a su lado—. ¿Has visto ya a tu hijo?

— Por desgracia —Tywin sabía a qué hijo se refería.

— Tywin... —comenzó Kevan.

— No empieces con tus sensiblerías —lo cortó Tywin—. Es una monstruosidad. Es deforme. Tiene las piernas retorcidas, es demasiado pequeño. Ni siquiera tiene los malditos ojos del mismo color. Si no fuera porque es un Lannister, mandaría matarlo.

— ¿No pensarás...? —dijo Kevan mirándolo a los ojos.

— Es un Lannister —replicó Tywin—. Vivirá cuanto pueda. Hasta el último día de su nombre.

Tywin miró al frente, tratando de ver por dónde cabalgaban sus hijos, Jaime y Cersei.

— Además, es hijo de Joanna —le clavó los talones al caballo y cabalgó hacia donde se encontraban los mellizos.

El silencio se hizo en la sala. Tyrion miró a su tío Kevan con sus ojos, uno verde y otro negro, Había insistido en que le contara lo que había ocurrido el día en el que murió su madre... Por lo que no era culpa de Kevan que doliera tanto que su padre lo hubiera llamado monstruo. Tyrion podía imaginárselo todo al detalle. Tras unos segundos de silencio, su tío pareció dar por zanjada la conversación, pero el Gnomo murmuró algo más:

— La quería —Tyrion vió como Kevan se daba la vuelta y lo miraba a los ojos.

— Aerys Targaryen podía gobernar los Siete Reinos oficialmente. Pero en realidad era tu padre quién los gobernaba —indicó su tío—. Y era Joanna Lannister la que reinaba sobre Tywin.

Tyrion asintió y miró al suelo. ''Y era Joanna Lannister la que reinaba sobre Tywin''. No podía ni hacerse una idea de lo mucho que la habría querido. Pero podía imaginar que Joanna había sido una verdadera reina de corazones.