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El amor oculto de Hermione — capítulo 1

El sol comenzaba a ocultarse dejando ver en el cielo, aquellos tenues y anaranjados rayos de luz que, se expanden por todo el horizonte cuando ya está por atardecer. Corría una suave y fresca brisa, mientras a lo lejos se escuchaban las voces y risas de los niños y niñas que jugaban en un parque lejano.

Paralelo al cercano atardecer, se encontraba estirada sobre la cama de su habitación, la inteligente castaña. Llevaba a lo menos una hora mirando el techo, mientras a la vez mecía entre sus dedos un viejo pero bello giratiempo. Los días fuera del colegio le parecían tediosos y por lo mismo prefería sumergirse en las diversas experiencias que había presenciado en estos últimos años. Sin embargo, y a pesar de que a estas alturas tenía muchas situaciones para analizar, cada vez le era más difícil ignorar ciertas imágenes que aparecían en su cabeza.

La casa de los gritos era uno de esos lugares que no podía ignorar, ya que después de todo, fue ahí donde vio por primera vez a aquella persona que por las noches le quita el sueño; la ropa deteriorada, la cara y el cabello sucio, que se dejaron ver entre la penumbra de una vieja y abandonada habitación volvían de forma otra vez a su mente. En aquel entonces, Sirius Black tenía más aspecto de vagabundo que de mago. Sin embargo, y a pesar de las circunstancias, algo en su interior dijo a Hermione que aquel supuesto villano, tenía algo que contar, y así fue.

Pasaron los meses y pronto ella y sus más cercanos conocieron la verdad sobre el animago. Nunca escapó de Azkaban para matar a Harry, y mucho menos fue parte de los mortifagos que tanto daño causaron al mundo mágico. Sólo había regresado para contar su versión de la historia, y de paso, reencontrarse con el ahijado, que por tantos años no había visto.

A Hermione siempre le pareció fascinante aquella historia de vida, ya que a pesar de los incontables momentos desafortunados que vivió Black, éste seguía manteniendo intacto un corazón noble. O al menos eso creía ella.

Nunca supo cómo o en qué momento comenzó a sentir ese hormigueo en el estómago cuando alguien se te acerca. Nunca se dio cuenta, cómo poco a poco empezó a interesarse en el animago, más de lo que ella misma quisiera. Tumbada en su cama, la chica del cabello enmarañado no podía dejar de pensar en lo mucho que anhelaba a aquel mago que sin querer, había regresado para no salir de su cabeza.

Eran las nueve de la mañana, del día siguiente cuando unos fuertes golpes en la ventana, despertaron a la castaña. Uno tras otro se escuchaba en la habitación lo que parecía unos picoteos. Somnolienta, y aun con los ojos medios cerrados, Hermione se levantó a ver qué ocasionaba tal ruido. Al abrir la cortina se encuentra con una bella lechuza queriendo entrar, traía un pergamino en las patas, así que rápidamente, le abrió para poder recibir aquel mensaje.

-Debe ser Harry, Ron o Ginny - pensó con alegría la muchacha.

Sin embargo, pronto se dio cuenta que la caligrafía, fina y delicadas con la que se había escrito aquel pergamino, no correspondía a uno de sus amigos.

"Estimada señorita Grager:

El motivo de la presente lechuza es para ver la posibilidad de pasar por usted hoy al anochecer, ya que es de suma importancia conversar con usted.

Esperando su respuesta, se despide cordialmente

Albus Dumbledore.

Ps: Pido su discreción frente a esta carta. Espero pueda omitir comentarios a Harry."

-¿El profesor Dumbledore necesita conversar conmigo? Qué extraño - murmuró la chica mientras buscaba papel y tinta para responder.

"Profesor:

Informaré de inmediato a mis padres que usted pasará por mí hoy al anochecer. Y por supuesto cuente con discreción frente a Harry.

Saludos cordiales

Hermione Granger."

-¿Por qué no podré contar a Harry de esta lechuza? - se preguntó. Entregó el pergamino a la bella ave y de inmediato fue a avisar a sus padres sobre su próxima salida.

Convencer a sus padres para que le permitieran salir fue mucho más fácil de lo que creyó. Así que el resto del día se lo pasó ordenando un par de cosas y pensando en qué sería lo tan importante como para que el mismo Albus Dumbledore necesitara de su presencia.

A las diez de la noche Hermione estuvo atenta a algún ruido o señal que indicara la llegada del viejo mago a su hogar, ya que de seguro si iba por ella, aparecería en cualquier lugar menos en la puerta de su casa. Por lo mismo, la castaña no apartaba los ojos de la chimenea debido a que lo más probable era que el profesor llegara por medio de polvos flu.

El tiempo parecía avanzar cada vez más lento, ya eran las dos y media de la madrugada y aún no había indicios del profesor. Por su mente pasaban una centena de explicaciones del por qué tanto retraso, mientras que de vez en cuando aparecían nuevamente imágenes de aquella habitación en la casa de los gritos. Pero de pronto, y justo cuando el sueño comenzaba llegar a sus ojos, notó que una a una comenzaron a apagarse las luces de su casa. Caminó a la ventana que da hacia la calle, pero nada pudo ver, ya que las luces de la avenida también estaban apagadas.

-Ese debe ser Dumbledore - pensó mientras se cruzaba un pequeño bolso.

En el patio trasero de su casa escuchó lo que parecía ser un fuerte aleteo, así que con emoción se dirigió hacia la puerta. Entre penumbras y sólo gracias a la luz de la luna, pudo divisar una criatura que le parecía algo familiar. Mitad ave, mitad caballo.

-¡Buckbeak!- murmuró esperando que el animal la reconociera. Pero de pronto, sintió que el corazón comenzó a latir más fuerte y que su estómago poco a poco se apretaba. Para su sorpresa, no fue Dumbledore quien fue por ella, sino que un apuesto Sirius Black, que con una dulce sonrisa la esperaba sobre el bello hipogrifo.

-Hola Hermione - saludó el animago con aquella voz que estremecía  a la castaña

  • siento mucho el retraso, pero a este hipogrifo testarudo se le antojó comer en el camino y perdí bastante tiempo en eso.

-No te preocupes -  le respondió la castaña agradeciendo la falta de luz ya que sentía el ardor en sus mejillas- pensé que Dumbledore vendría por mí.

-¡ahh! Claro - respondió Sirius - supuestamente él vendría, pero esta tarde recibió una carta de Hogwarts pidiendo que fuera lo antes posible al colegio, por lo tanto que me pidió que viniera por ti, ya que los demás todavía no llegaban.

-¿Los demás?

-Los Weasley y… bueno, otras personas más que seguramente vas a conocer después - le respondió.

-Entonces tú sabes algo sobre lo que trama Dumbledore ¿cierto? - preguntó la chica con ese tono mandón que la caracteriza al hablar.

-Así es - Respondió Sirius - pero obviamente no te lo puedo decir, ya que eso le corresponde a él. A todo esto ¿Dónde están tus cosas para subirlas sobre Buckbeak?

  • dijo el animago para cambiar de tema.

-¡ah! Aquí están -  respondió la castaña levantando el pequeño bolso que colgaba desde sus hombros.

-Un hechizo de extensión ¿cierto?- preguntó Black con una sonrisa en la cara.

-Así es

-Insisto, eres la mejor hechicera de tu edad que haya conocido en la vida - comentó Canuto mientras Hermione sintió que se ruborizaba aún más de lo que ya estaba - Bueno, es hora de irnos, vamos sube. - Dijo Sirius mientras el bajaba del hipogrifo.

De pronto, sintió que las manos de Black rodeaba su cintura elevándola con sutileza, para dejarla sentada sobre el hipogrifo que esperaba ansioso emprender el vuelo - Gracias - fue lo único que pudo decir la chica, mientras sentía que mil mariposas revoloteaban sin parar dentro de su estómago.

-Abrázame con fuerza por la cintura, no quiero que te caigas - dijo el animago mientras subía sobre el animal y se ubicaba delante de Hermione.

-Eeehh... claro - respondió la chica entrelazando sus delgados brazos alrededor de Black. Se apegó a él ya que al despegar el animal tendió a irse hacia atrás.

-En ningún momento me sueltes - comentó Sirius mientras agarraban altura.

-Jamás te soltaría - pensó Hermione.