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El amor oculto de Hermione — capítulo 11

-No sé cómo le haré para estar a las diez de la noche en el bosque prohibido - Dijo Hermione a Ginny mientras se dirigían a la sala común de Gryffindor.

-Puedes pedirle la capa de invisibilidad a Harry - Respondió la pelirroja.

-Es complicado, porque... ¿Qué le diría? Oye Harry ¿me prestas tu capa de invisibilidad para juntarme con tu padrino esta noche en el bosque prohibido? - ironizó la castaña.

-Pero Hermione, cálmate un poco. Ya se nos ocurrirá algo, no te dejaré sola en esto - respondió Ginny tomado el brazo a su mejor amiga para tranquilizarla un poco.

-Lo siento, es que todo esto de verdad me complica. No sé qué me es más preocupante, el saber que Sirius andará cerca del colegio que está rodeado de dementores, o el tener que salir del castillo arriesgando que me descubran - se lamentó la mejor amiga de Harry Potter, mientras indicaba la contraseña de ingreso a la Señora Gorda, para luego dirigirse a su habitación.

-¿Tienes turno como prefecta esta noche?- preguntó Ginny.

-Sí.

-Eso es perfecto- comentó la menor de los Weasley - no sé cómo, pero tendrás que arrancarte un momento.

-Eso mismo estaba pensando. Esta noche, junto al prefecto o prefecta de Ravenclaw, nos corresponde vigilar los pasillos aledaños a la salida principal - dijo Hermione.

-¿Y qué tal son los prefectos de Ravenclaw?

-Uno de ellos es Padma Patil, al otro prefecto no lo conozco ya que no estuvo en la reunión del tren. Pero, al menos ella es simpática, espero eso sea de ayuda.

-Tendrás que usar hasta el último recurso Hermione. Creo que hasta el momento la única opción es que vayas a hacer tu turno y cuando no haya nadie cerca… puedas escabullirte hasta el bosque prohibido - sugirió Ginny mientras arreglaba su cama.

-Así es, no tengo otra opción. Algo se me ocurrirá en el momento, de lo único que estoy segura, es que sí o sí veré a Sirius esta noche - dijo la castaña con tono decidido.

Ya faltando unas pocas horas para su encuentro con Black, Hermione sentía que el corazón o el estómago se le saldrían por la boca. Jamás había sentido tantos nervios, ni los exámenes finales habían provocado esa sensación en ella. Realmente, la ansiedad se la comía viva. No podía pensar en otra cosa, no podía dejar de pensar en aquel anhelado encuentro, y a pesar de no saber el motivo de Sirius para citarla con tanta urgencia, las ganas de verlo y estar cerca de él no desaparecían.

-Que tengas un buen turno Hermione- dijo Ron a su amiga cuando ésta pasó por la sala en dirección a la salida.

-Cuídate mucho - era Harry quien junto a Ron, Seamus y Dean, miraban concentrados un partido de ajedrez que llevaban a cabo dos chicos de primer año.

-Lo haré - respondió la chica sintiendo un poco de culpa, ya que si sus amigos no le hubiesen hablado, se habría ido sin despedirse. Cosa inusual, esto porque siempre antes de cada turno, la inteligente castaña deseaba las buenas noches a Harry y Ron - Nos vemos, y no se duerman tan tarde para que mañana en la mañana no les cueste tanto despertar - dijo la chica esperando así aliviar su conciencia.

-Está bien mami - contestó Ron, quien al instante provocó risas entre los presentes, incluyendo a Hermione quien antes de salir lanzó una sincera sonrisa.

Mientras bajaba las escaleras para ir al punto de reunión con el otro u otra prefecta. La chica repasaba en su cabeza una y otra vez el plan para poder escapar. La idea era ofrecerse para custodiar el pasillo que daba a la puerta principal del castillo, cosa de que al primer instante que se encontrara sola, pudiera salir.

Ya en el punto de reunión para dar inicio a su jornada, la castaña se percató que su acompañante de guardia sería el prefecto de Ravenclaw que no había asistido a la reunión de aquel día en el vagón de prefectos.

-¿Eres Anthony cierto?- preguntó la muchacha un tanto insegura, ya que si su memoria no fallaba, frente a ella se encontraba aquel chico que de la nada le había saludado la noche en que llegaron al castillo.

-Así es - respondió el joven con una grata sonrisa. Se trataba de un chico más alto que Hermione, de piel blanca, delgado, ojos café oscuro y cabello negro - El otro día traté de comentarte que también pertenecía al grupo de prefectos, pero parecías un poco apurada.

-Sí, lo recuerdo - dijo Hermione, recordando que en unos cuarenta y cinco minutos aproximadamente, debería ir en dirección al bosque prohibido - y bueno… ¿te parece si yo vigilo este pasillo cercano a la puerta principal y tú te encargas de las escaleras aledañas al segundo piso?

-Sí, me parece perfecto - dijo Anthony, y al instante Hermione se fue en dirección a la puerta principal.

Todo indicaba que Anthony Goldstein pretendía cruzar un par de palabras más con la castaña, sin embargo, ésta con los nervios ni siquiera lo notó. El chico caminó hacia donde le correspondía vigilar, mientras que Hermione casi corriendo, llegó a la puerta principal del castillo.

Los minutos pasaban y cada vez más sentía que las manos le sudaban frío, que un apretón se ubicaba justo al medio de su garganta y que las piernas caminaban de un lado a otro por si solas. Rondaba los pasillos aledaños a la entrada del colegio sin divisar lo que acontecía a su alrededor, si pasó por ahí algún estudiante, lo más probable es que la muchacha no lo haya notado, ya que su mente y concentración vagaban por otro lado, muy lejos a Hogwarts.

-Es hora - susurró la castaña tras mirar su reloj - sólo quedan cinco minutos para las diez de la noche.

Decidida, y sin dudarlo caminó en dirección a la puerta.

-Alohomora- murmuró, pero para su sorpresa la puerta no se abrió - debe tener un hechizo para que los estudiantes no la podamos abrir. De seguro fue Dumbledore - pensó la chica aterrorizada pensando en que los minutos pasaban y ella aún estaba adentro del castillo.

Por un momento sintió que la desesperación se apoderaba de ella, sin embargo y como de costumbre, pudo controlar la ansiedad para idear otra salida. Es así que lo único que vino a su cabeza fue salir por una de las ventanas que se encontraban a la vuelta del pasillo.

-Alohomora- murmuró otra vez la castaña apuntando a la cerradura de la ventana, rogando a la vez que ésta se abriera. Y para su sorpresa, así fue - me extraña que Dumbledore haya pasado por alto este detalle - pensó la chica, y sin dudar un segundo, trepó hasta saltar y caer sobre el esponjoso césped que rodeaba el castillo. Cerró nuevamente la ventana y procedió a caminar.

Fuera del colegio, estaba extremadamente oscuro y el aire un tanto fresco. La muchacha inhaló y comenzó a caminar lenta y cuidadosamente. No supo cómo pero ni ella podía creer lo buena que era escabulléndose dentro de la oscuridad. Mientras avanzaba miraba hacia arriba divisando las siluetas de los alumnos que, tal como corresponde, estabanen sus habitaciones.

-Maldición, ya son la diez con cinco minutos y yo aún estoy ni cerca del bosque - pensó la chica preocupada. Temía que Sirius pensara que no iría al punto de encuentro, así que por inercia, apresuró el paso.

-Inmobilus- murmuró apuntando hacia el sauce boxeador para que este no le atacara como la última vez que estuvo cerca de él.

Siguió caminando, hasta que llegó a la cabaña de Hagrid. Las luces estaban encendidas al igual que su chimenea. Bordeó aquel lugar hasta llegar al inicio de aquel anhelado bosque. Se sumergió lo justo y preciso para no perder de vista las luces de los ventanales del colegio y ahí comenzó a mirar de un lado a otro en busca de Sirius. Miró su reloj, y ya habían pasado diez minutos desde la última vez que lo vio.

-Tal vez ya se fue o tuvo algún problema para llegar - pensó la chica mientras sentía que el miedo comenzaba a apoderarse de ella, después de todo, más que nadie sabía de las criaturas que por ahí merodeaban.

Todo parecía indicar que el animago no había llegado, o tal vez ya se había ido, hasta que de pronto escucha de entre unos arbustos, el sonido que hacen las ramas secas al quebrarse. Miró en dirección al lugar, y ahí estaba, caminando hacia ella el hombre que llevaba horas y días apoderándose de su cabeza.

Hermione nunca supo cuándo o en qué momento el temor de estar en aquel lúgubre lugar se había esfumado. De pronto, aquel miedo fue reemplazado por los fuertes latidos de su corazón que se escuchaban a metros. Cada paso que daba Black hacia ella le hacía estremecer todo el cuerpo. Y sin saber que hacer o decir, ahí se quedó parada a que éste llegara a donde ella se encontraba. Parecía que todo lo que había planeado fue en vano, ya que en el momento no recordaba como pretendía reaccionar cuando Sirius estuviera frente a ella.

Al verla el animago comenzó a caminar rápidamente, con paso firme y decido cuando llegó donde la castaña, no dudó y sin pensarlo tomó sus mejillas y la besó profundamente. Hermione, podía sentir en ese instante lo fuerte que latía el corazón del animago, y sin más que decir le respondió el beso que desde hace tanto esperaba. Sentía su respiración cada vez más fuerte, ambos no querían soltarse, el tiempo parecía no correr y el espacio no existir.

-Ni te imaginas lo mucho que te extrañé - murmuró Black - sentía que ya no podía pasar otro día más sin verte.

-Lo mismo digo - respondió la castaña, para luego abrazarlo por la cintura y besarlo nuevamente - Esto es muy arriesgado, temo que te encuentren.

-Eso ya no me importa - respondió Canuto - estoy contigo ahora y con esto, ya no quiero más - susurró mientras abrazaba a la chica tan fuerte como pudo. Simplemente, no quería soltarla.

-Sentémonos bajo este árbol un rato, tengo poco tiempo- indicó Hermione. El animago se sentó, señalando a la chica que se sentara justo delante de él para así poder abrazarla y sentir el suave aroma de su cabello. Ambos se acurrucaron y allí permanecieron en silencio unos segundos, no fue necesario hablar, el instante lo decía todo. Lo único que querían era estar juntos otra vez.

-Hermione, yo no me iré con Agatha - dijo el animago mientras la abrazaba y acariciaba sus manos con dulzura.

-Te creo - respondió la chica.

-Ni te imaginas cuanto me dolió el que te hayas ido sin poder conversar contigo antes, sin poder despedirnos… cuando pasaste los hechizos de protección, hubo un instante en que casi salgo yo también para ir en tu búsqueda. Pero luego recordé que si alguien me veía, ya no podría estar contigo otra vez - comentó el padrino de Harry Potter.

-Yo… ni te imaginas cuanto lo lamenté. Pero por un instante, ahí en tu casa, sentí que nada podía hacer frente al regreso de Agatha. Sentí que estaba en desventaja. -dijo la muchacha apoyando su cabeza en el pecho de Black.

-Pero cómo se te ocurre pensar eso - respondió el animago entre risas.

-Es fácil, ustedes dos fueron novios, y además… ella tiene tu edad y… no sé - la chica avergonzada no supo cómo terminar lo que estaba diciendo.

-Si me importara la edad que tienes, no me habría permitido sentir esto que siento por ti - interrumpió Sirius -No te niego que en algún momento, antes de dormir me pregunté si era lo correcto, pero a medida que fui pasando más tiempo contigo, me fue irresistible dejar de pensar en ti. Hacía tanto que no me sentía así.

-Lo mismo digo - respondió la chica.

-¿Ni por el famoso Viktor Krum sentiste algo parecido? - preguntó Black entre broma y verdad.

-Cómo se te ocurre - respondió la castaña entre risas - él no es mi tipo. O sea, me cae bien, pero no me llama la atención así como lo haces tú.

-¿Sabes? Aquel día en el almuerzo cuando los chicos comenzaron a hacer bromas entre Krum y tú - empezó a decir Sirius mientras apoyaba su mentón en el hombro de la castaña - temí que alguien notara lo que siento por ti, ya que me fue sumamente difícil disimular lo mucho que me molestaba la situación. Además todos se deshacían en halagos por lo inteligente que eres, y yo ahí… sintiéndome como un idiota sin poder decir a todos lo mucho que te quiero.

-Recuerdo perfectamente ese día - respondió la chica - estaba muerta de celos -continuó diciendo entre risas.

-Está más que claro que por ahora nadie puede saber lo que hay entre nosotros, pero más adelante… quien sabe - comentó Black un tanto pensativo.

-¿Crees que en algún momento podamos decir a todos lo que pasa entre tú y yo? - preguntó sorprendida la chica, ya que eso jamás se le había pasado por la cabeza.

-Pero por supuesto, sólo que antes debo demostrar que no soy un peligroso asesino - respondió el animago entre risas.

-Bueno, algo se nos ocurrirá - respondió Hermione, se volteó para buscar los labios de Black y besarlos nuevamente.

Esta vez fue ella quien se aventuró a besarlo, y él le respondió plácidamente. Mientras rosaban sus bocas los abrazos se volvían cada vez más intensos, parecía que ya no existía forma de estar más cerca. Los brazos de Black que rodeaban y apretaban el cuerpo de Hermione contra el suyo, parecían deshacerse en aquel instante. De pronto, la chica notó cómo su respiración y la de él se volvían una, como de pronto sutilmente parecía estremecerse por completo. Jamás había experimentado esa sensación, era algo que no podía controlar, lo único que deseaba en ese instante era abrazar y besar cada vez con más intensidad al animago. Y fue así como sin darse cuenta comenzaron a pasar los minutos, la castaña no notó cómo de un instante a otro, se vio estirada en el bosque prohibido, abrazando y besando al hombre que tanto quería.

-Hermione, creo que ya es hora de volver - interrumpió Sirius, tomando un poco de aire. La chica miró su reloj y por un momento, sintió que los ojos se le salían. Ya faltaban quince minutos para las once.

-Es injusto lo rápido que pasa el tiempo - refunfuñó la castaña poniéndose de pie, quedando esta vez frente al animago quien todavía permanecía sentado, y que sin previo aviso tomó las manos de la chica acercándolas hacia su cuerpo generando que ésta cayera sobre él. Agarró nuevamente la cintura de ésta y la besó en la boca intensamente. Permanecieron así unos minutos más hasta que de pronto Hermione interrumpió.

  • Debo volver. - Black la soltó, y ambos se pusieron de pie.

-Si por mí fuera, no te dejaría ir - comento el animago -a todo esto… ¿Cómo lograste salir?

  • Me tocaba guardia esta noche - respondió la chica mostrando su insignia de prefecta.

-No sabía que también eras prefecta- respondió Sirius - hace años no veía una insignia de éstas, la última vez que vi una fue cuando Remus y Lily fueron prefectos.

-¿La mamá de Harry también fue prefecta? - preguntó la muchacha sorprendida.

-Así es - respondió él un tanto nostálgico.

-Sirius debo regresar.

-Lo sé, pero antes de que te vayas quiero que te quede claro una cosa -dijo Canuto a la castaña tomándole con ambas manos las mejillas - no voy, y no tengo intenciones de regresar con Agatha, si en algún momento te hice dudar de lo que siento por ti, te pido disculpas. Es más, si estoy aquí es porque quiero estar contigo, a pesar de que esto signifique vernos cada cierto tiempo ¿Está bien?

A pesar de la oscuridad, Hermione pudo sentir en sus ojos la mirada de Sirius. De alguna forma, éste pudo transmitirle la seguridad que tanto necesitaba.

-Está bien - respondió la castaña con un tierno beso.

-Buscaré la forma de que estemos en contacto, sólo debes estar atenta.

-Lo estaré… a todo esto, ¿cómo lo hiciste para llegar hasta acá? - preguntó la chica.

-Me aparecí

  • respondió - si hay un lugar dentro de los terrenos del castillo que conozco bien, es este bosque. Con James, Remus y el traidor de Peter acostumbrábamos a frecuentar este lugar.

-Te creo - murmuró la chica lanzando una sonrisa.

De esta forma Sirius Black tomó a Hermione de la mano y le dirigió a las orillas del bosque para que pudiera regresar al colegio. Se besaron por última vez, el animago la abrazó con fuerza nuevamente, y con un último beso de éste en la frente de la castaña, los dos se dijeron adiós.

-Te quiero - susurró el animago.

-Y yo a ti- respondió la chica y partió en dirección al castillo.

Avanzando entre penumbras, Hermione no podía dejar de sonreír. Pasaban por su cabeza una y otra vez las imágenes de ella y Sirius estando juntos otra vez. Era como si se hubiese visto a sí misma en una película.

Mientras caminaba notó que las luces en la cabaña de Hagrid ya estaban apagadas. Hechizó nuevamente al Sauce Boxeador para poder pasar y corrió lo más rápido que pudo hasta el lugar por el cual había salido. Sólo faltaban dos minutos para las once. Llegó a la ventana pero no tenía por donde trepar para poder subir hasta ésta. Poco a poco la desesperación y el miedo de que la encontraran se apoderaban de ella, hasta que de un brinco consiguió afirmarse con los brazos al borde de aquel ventanal, ahora solo faltaba un poco de impulso para poder encaramar sus piernas y así saltar hasta el otro lado.

-Hermione ¿Qué haces? - escuchó de pronto la chica, quien del susto cayó de espalda al suelo - ¿Te encuentras bien? - era Anthony quien procuró bajar la voz para que no lo escucharan.

-Me he encontrado mejor - respondió la castaña levantándose a penas - ¿me ayudas a subir?

-Sí, por supuesto - dijo el chico quien ya estaba en la ventana dispuesto para tomar a Hermione de las manos y subirla nuevamente para que pudiese entrar.

-Muchas gracias -agradeció la muchacha tomando las manos del chico quien fácilmente logró subirla hasta el borde de la ventana. Todo parecía ir bien, hasta que de pronto escucharon unos fuertes pasos por el pasillo.

-¿Podrían explicarme qué hacen ustedes dos ahí? - Se escuchó de pronto. Era la profesora McGonagall quien con el entrecejo fruncido, estaba parada ahí frente a ambos muchachos esperando una explicación.