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El amor oculto de Hermione — capítulo 10

A pesar de la tristeza que le embargaba, Hermione fue capaz de disfrutar el día con sus padres. Fueron por los libros y utensilios que necesitaba para el año escolar,  comieron y bebieron cosas deliciosas. Definitivamente el señor y la señora Granger se esforzaron en hacer sentir bien a su hija antes de que ésta volviera a Hogwarts.

-Gracias por todo - dijo Hermione a sus padres mientras abrazaba a ambos - fue un buen último día de vacaciones - sonrió.

-De nada mi amor - respondió su madre.

-Podríamos hacerlo más seguido, ya que la verdad, me encanta ese Callejón - dijo su padre emocionado.

-Está bien. No olviden que los amo. - dijo la chica. Dio a su madre y padre un último abrazo y avanzó rápidamente entre los andenes nueve y diez.

Parada frente al expreso que iría en dirección al castillo, la castaña tomó sus cosas y las dejó en el lugar donde las guardaban. Miró hacia todos lados pero no vio a alguno de sus amigos.

-¿Qué sucede Granger? ¿A caso tus estúpidos amigos ya se aburrieron de ti? - era Draco quien le gritaba. Sin embargo, Hermione lo ignoró como de costumbre y subió al tren para asegurar asientos tal y como Ron se lo había encargado.

El tren todavía no estaba tan lleno, asi que Hermione se paró en una ventana para ver si a lo lejos divisaba a alguno de los chicos. A los pocos minutos vio un par de cabelleras rojas que traspasaban el muro. Eran los Weasley.

-Hermione querida cómo lo pasaste con tus padres - era Molly que se acercaba a la ventana para hablar con ella.

-Lo pasé muy bien - respondió la chica - ¡espere! Creo que bajaré para que conversemos mejor - dijo Hermione. Le interesaba conversar con la señora Weasley para ver si podía sacarle algo sobre Sirius.

-Ni lo pienses Hermione - gritó Ron - quédate allá arriba, no me pienso ir parado hasta Hogwarts.

-Como siempre Ronald Weasley arruinándolo todo  - pensó la muchacha.

-No te molestes en bajar cariño, Ron tiene razón,  además debo volver rápidamente a casa.

-Está bien.

-Cuídate mucho, espero nos veamos en navidad

  • la mamá de los Weasley le lanzó un beso y se fue.

-Eso espero - murmuró Hermione. Se dio la media vuelta y se sentó en un compartimiento.

La chica veía a todo el mundo pasar, todos con una sonrisa de emoción por volver al castillo. Emoción que había sentido cada comienzo del año escolar, sensación que esta vez extrañaba, ya que ahora más que nunca le habría gustado volver a la casa de los Black.

-Al fin te encuentro - era Ginny.

-Qué alegría verte - respondió la castaña esperando que su amiga le trajera noticias de Sirius, sin embargo era evidente que debería esperar ya que tras la menor de los Weasley venían Neville, Harry y Ron.

-Cómo va todo Hermione - preguntó Neville.

-Todo bien - mintió la sabelotodo.

-Al fin terminaron estas vacaciones - señaló Longbottom.

-¿Estás loco? - dijo Ron algo confundido.

-Si vivieran con mi abuela, desearían con todo su ser volver a Hogwarts.

-Te entiendo - comentó Harry - mis vacaciones con los Dursley se hacían eternas y esperaba con ansias volver a la escuela.

Hermione escuchaba con atención a sus amigos, o al menos eso aparentaba, la verdad, estaba ahí pero su mente vagaba en otro lado. Con la mirada casi perdida, miraba por la ventana y se preguntaba si el animago estaría todavía en casa, o si ya se había marchado con Agatha.

-¡Hermione! ¡Hermione! - escuchó a lo lejos, hasta que reaccionó - tenemos que ir al vagón de prefectos.

-Tienes razón, lo había olvidado - se levantó y salió junto a Ron.

-¿Te sucede algo? - preguntó Weasley.

-No - mintió.

-Siempre eras la más emocionada en volver al colegio, y hoy no demuestras el mismo entusiasmo.

-Estoy un poco casada - respondió la chica.

-Algo te conozco Hermione y no te creo… al parecer es el día que trae a varios un poco tristes.

-¿Por qué dices eso?

-Porque Sirius estaba bastante melancólico. Yo creo que es por Harry - dijo el pelirrojo mientras a la castaña se le apretó la garganta y trató de disimular.

-¿Y no que se iba con Agatha? De seguro ahí se le pasa la tristeza - respondió tratando de ocultar los celos en sus palabras.

-¡Eso no lo sé! Quién sabe, ahora que Harry volvió a Hogwarts nada lo ata para no ir con Agatha.

-Tienes toda la razón… nada lo ata - dijo la chica casi en un susurro mientras sentía que algo le pinchaba la garganta. Sin embargo, respiró hondo tomó la manilla de la puerta, y entró con la frente en alto al vagón de prefectos.

Las instrucciones ya las imaginaba. Una vez por semana junto a un compañero, entre las nueve y once de la noche, deberían hacer guardia para impedir que los estudiantes deambulen por el colegio. La reunión resultó bastante aburrida y tediosa. De hecho, el final de la sesión resultó siendo más tediosa que aburrida, ya que este año Draco Malfoy y Pansy Parkinson serían los prefectos de Slytherin, lo cual termino convirtiendolo todo aún más desagradable. Pero, sin embargo, los demás prefectos hacían todo más ameno; y es que Ernie MacMillan y Hannah Abbott de Hufflepuff y Padma Patil de Ravenclaw eran simpáticos y agradables.

-Falta un prefecto - murmuró Ron a Hermione mientras Padma leía, los deberes de este año - sólo está Padma en representación de Ravenclaw.

-De seguro llegará pronto - respondió la castaña.

Alrededor de veinte minutos estuvieron escuchando y tomando nota de las cosas que deberían hacer como prefectos. La primera labor sería supervisar que todos los estudiantes bajaran normalmente del tren. Ernie y Hanna dirigirían a los de primero hacia los botes, Pancy y Malfoy se encargarían de los carros y Ron junto a Hermione vigilarían el gran comedor.

Ya terminada la reunión, los primeros en salir del vagón de prefectos fueron Malfoy y Pansy, quienes estuvieron toda la reunión escuchando despectivamente las instrucciones. Ambos, tomaron sus cosas y sin despedirse o siquiera mirar a sus compañeros, salieron. De forma seguida, pero muy cortésmente, salieron Ron y Hermione mientras los tres prefectos restantes se quedaron conversando alegremente.

Al volver donde sus amigos, Hermione se encontró con que éstos estaban en compañía de Luna, una extraña chica de largo cabello rubio. La castaña no prestó mucha atención ya que de regreso al vagón debió cambiarse de ropa para cumplir con su labor de prefecta.

Como todos los años la castaña cenó con sus amigos y escuchó la nueva canción del sombrero seleccionador. Esta vez tuvo que retirarse un poco antes de terminar la comida, debido a que tendría que mostrar a los nuevos de Gryffindor el lugar donde se ubicaba la sala común. Ron se encargó de reunir a los chicos y chicas fuera del comedor y dio las indicaciones para que le siguieran, mientras tanto, Hermione los seguía a paso lento vigilando que ninguno se desviara del camino.

-¡Hey tú! El de cabello rubio no te apartes del grupo - debió gritar la chica a un muchacho que anonadado con las pinturas que se movían, estaba tomando un camino equivocado.

-Parece que ya tienes problemas de disciplina Granger - le dijo Malfoy mientras pasaba a su lado - en todo caso, entiendo a esos muchachos, ya que con prefectos como tú y Weasley…

-Evita decir algo más, si no quieres que te lance un hechizo en este preciso instante y te deje en vergüenza frente a los de primero - le respondió Hermione con tono frío.

-No sueñes Granger.

-Sabes que soy mejor que tú, y bastaría que agitara mi varita sólo un poco para dejarte patas arriba, así que te doy dos opciones: o te vas en este mismo instante o te preparas para lo que tengo en mente -  La verdad, ni la chica creía lo que estaba diciendo, sus palabras estaban cargadas de una agresividad que ni ella podía explicar. Sin embargo sirvió para que un Draco Malfoy, totalmente colorado, se fuera con los de Slytherin.

-¿Qué te decía el gusano de Draco? - era Ginny.

-Lo mismo de siempre, estupideces, no vale la pena hablar de eso.

-Tengo algo que contarte.

-Dime - respondió Hermione tratando de no mostrar emoción alguna, a pesar de que el corazón se le apretó. De seguro su amiga le traía noticias de Sirius.

-Es sobre Sirius.

-Lo sabía - pensó la chica.

-Si quieres te cuento después porque sé que estás ocupada guiando a los de primero.

-No te preocupes, quedamos con tu hermano que él se encargaría de eso.

-Bueno, resulta que cuando te fuiste… bueno… yo no aguanté la curiosidad y me fui a la ventana que quedaba arriba del jardín, y…

-¿Ginny nos estabas espiando?

-Sí, lo siento, pero fue inevitable.

-Bueno está bien -  Hermione no le dio mucha atención a aquel detalle ya que más le interesaba lo que su amiga quería relatar.

-El asunto es que, cuando te fuiste, Sirius se quedó parado mirándote hasta que te perdió de vista. La verdad, me dio mucha pena, te miraba con tanta desesperación que estuve a punto de bajar y salir a buscarte para que regresaras y conversaras con él.

-Y por qué no lo hiciste - pensó la castaña.

-Pero lo peor fue cuando entró a la casa, la tristeza se le notaba en la cara, todos le preguntaban qué le sucedía, incluso por un momento temí que los demás se dieran cuenta que algo pasaba entre ustedes.

-¿Crees que alguien lo haya notado? - preguntó la castaña. Esa idea la aterraba.

-Imposible, sólo bastó con decir que estaba cansado y todos le creyeron. Hermione no sabía qué decir, y mucho menos qué pensar.

-Sirius te quiere amiga - dijo de pronto la pelirroja - no seas terca.

-Ya no sirve que ahora cambie de opinión, estoy aquí y me será imposible volver a verlo.

-Pero no te pongas triste - insistió Ginny abrazando a su amiga mientras caminaban - mejor alcancemos a los chicos, ellos siempre tienen algún disparate para hacernos reír.

-Alcánzalos tú, acabo de recordar que debo ir donde la profesora McGonagall para que arregle un problema con algunas asignaturas.

-No me digas que vas a tomar clases extras - refunfuñó la pelirroja.

-Puede ser - respondió. Besó a la pelirroja en la mejilla y se fue lo más rápido posible para que no la regañara.

Con lo que Ginny le había dicho no sabía si se sentía mejor o peor. La hacía feliz saber que Sirius si la extrañó al partir, sin embargo le rompía el corazón pensar que podría estar sufriendo. La mezcla de sentimientos se hacía cada vez peor, tanto así que, en un momento la chica pensó que explotaría.

-¡Hermione! - escuchó a lo lejos. Era la profesora McGonagall que le gritaba desde unas escaleras más arriba de donde se encontraba.

-Ahora iba a verla profesora.

-Lo imaginé, por eso no dudé en gritarte. Ahora tengo que conversar con Dumbledore antes que se vaya, así que mejor pasa por mi oficina mañana ¿te parece?

-No hay problema - respondió Hermione. La profesora le sonrió y siguió su camino, mientras ella se quedó parada un instante, reflexionando sobre todo lo que acontecía. Tenía ganas de estar sola un momento.

-¡Hola! - escuchó de pronto la castaña, se volteó y vio a un chico cuyo rostro le pareció familiar.

-Hola - respondió la chica algo tímida.

-Bueno… soy Anthony Goldstein - el chico parecía bastante nervioso.

-Y yo Hermione.

-Eres de Gryffindor ¿cierto? - preguntó Anthony - bueno, creo que fue una pregunta bastante tonta, ya que el color de tu uniforme lo indica.

-Y tú de Raveclaw - Hermione también lo notó por el uniforme.

-Así es - respondió el muchacho y de pronto vino ese silencio incomodo que aparece cuando se acaban las palabras.

-Bueno, yo ya me iba - agregó Hermione para romper el hielo y terminar con aquella incómoda situación - un gusto conocerte

  • sonrió.

-Igualmente - dijo Anthony más nervioso que en un principio. Sonrió y se fue.

A la chica le pareció incomoda la situación, por lo mismo no le dio mayor importancia y se fue directo a la sala común de Gryffindor, la que a su regreso estaba más repleta que nunca. Al parecer ningún estudiante se quería ir a la cama, debido a que la gran mayoría estaba inmersa en divertidas conversaciones sobre sus experiencias fuera del castillo. Sin embargo, a Hermione nada le parecía interesante.

-Todo salió a la perfección - comentó un orgulloso Ron Weasley justo cuando Hermione se disponía a dirigirse hacia la habitación.

-Estaba segura que así sería - contestó - cumples muy bien tu función de prefecto.

-Muchas gracias.

-Sólo digo la vedad.

-Hace rato que te noto rara ¿estás bien?

-¿A qué te refieres? - preguntó la chica haciéndose la desentendida.

-Te veo triste, y no soy el único que lo cree. Harry también me lo ha comentado. ¿Extrañas a tus padres?

-Sí, eso es - mintió - tal vez me siento así porque no veía a mis padres hace bastante tiempo.

-Eso mismo pensé - respondió el pelirrojo - ¿ya te vas a dormir?

-Sí,  ya tengo sueño.

-Nos vemos mañana para desayunar.

-Está bien - la chica dio un beso en la mejilla a su amigo y se fue dormir.

Al día siguiente todo parecía ir bien, todo volvía a la normalidad. El gran comedor estaba lleno de risas y conversaciones. La comida ya estaba servida y Hermione se dirigió donde sus amigos.

-Buenos días - dijo la chica a Ron y Harry.

-Buenos días - respondieron los dos al mismo tiempo.

-¿Cómo amaneciste hoy? - preguntó Harry.

-Muy bien ¿cómo va todo?

-Como siempre - respondió Ron mientras devoraba un pastel.

-¿Supiste quién es la nueva profesora de Defensa contra las Artes Oscuras? - preguntó Harry a pesar que, imaginaba que su amiga sabría la respuesta.

-Dolores Umbrigde - contestó Hermione - McGonagall nos dijo ayer en la reunión.

-Me da mala espina - comentó Ron mientras comía una tostada.

-A mí también - contestó la castaña - me parece extraño que alguien del Ministerio esté en Hogwarts haciendo clases.

-Pienso lo mismo - dijo Harry pensativo.

-Está llegando el correo, veremos qué dice El Profeta al respecto - Hermione lanzó una sonrisa irónica.

Las lechuzas rápidamente comenzaron a sobrevolar el comedor, las cartas y paquetes caían sobre las mesas mientras Harry, Ron y Hermione esperaban con ansias un periódico, hasta que delante de la castaña una lechuza dejó un ejemplar de El Profeta  y una caja.

-¡Genial! mi madre acaba de enviarme una caja con pastelillos - dijo Ron mientras abría  un bello paquete.

-A mí también me ha enviado - dijo Harry con una enorme sonrisa.

-Y a mí - siguió Hermione agradecida.

-¿Me prestas tu periódico? - dijo Harry mientras tomaba el diario. Claramente sólo preguntó por cortesía.

-Por supuesto - respondió la chica mientras abría su caja de pasteles. Le encantaban las cosas que la Señora Weasley hacía, así que con ganas tomó uno de los cuatro pasteles pero, para su sorpresa, debajo de éstos había un pedazo de pergamino. La muchacha levantó otro pastel y se percató que era una nota cuyo mensaje decía: "Léeme cuando estés sola".

-¿Hermione a dónde vas? - preguntó Harry mientras leía el periódico - acá hay algo sobre Umbrigde.

-Es que… acabo de recordar que se me quedó un libro - mintió, mientras se levantaba del asiento.

-Nuestra primera clase es en una hora, todavía hay tiempo - le respondió Ron.

-Es que...recordé que ahí hay algo que tal vez les interese - tomó su caja con pasteles y se marchó.

El corazón le latía a mil por hora, salió más que rápido del comedor hacia algún lugar donde leer su carta. Estaba emocionada y ansiosa, ya que sólo había una persona le pediría que leyera una carta a solas. Hermione corrió en dirección a los baños, se encerró y leyó:

Te espero a las diez de la noche en el bosque prohibido. Por favor no respondas esta carta.

Con cariño.

Canuto