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El amor oculto de Hermione — capítulo 9
-Amiga ten cuidado - dijo Ginny al instante en que Hermione dejó caer la taza de té, y todos se volteaban para ayudar a la castaña.
-Lo siento, a veces suelo ser un poco torpe - contestó la chica con algo nervios.
-Hermione querida ¿te sientes bien? - preguntó la señora Weasley
-Sólo estoy un poco cansada - contestó mientras secaba la mesa.
-Deberías ir a descansar un poco, te hice trabajar tanto esta mañana que de seguro estás muy agotada - dijo la señora Weasley mientras quitaba a Hermione la servilleta con la que estaba secando los restos de té.
-Tiene razón, creo que iré a descansar - dijo la chica con una leve sonrisa en el rostro para dejar a todos tranquilos.
Muchas cosas pasaban por la cabeza de la castaña mientras subía las escaleras camino a su habitación. Se sentía engañada y hasta un poco humillada. ¿Cómo Sirius no le había comentado nada sobre su viaje?
-Tal vez para eso quiere conversar conmigo hoy en la noche - pensaba otra vez la chica.
Ya en su alcoba, Hermione no dejaba de pensar en lo que había escuchado. Tenía ganas de estar sola, de meditar sobre todo lo que estaba sintiendo. Ella no quería querer a Sirius, pero aquello era algo imposible de impedir, ya a estas alturas no tenía las fuerzas para ignorar al animago.
Mientras estaba estirada en su cama, la castaña esperaba que Ginny llegara a conversar con ella, sin embargo su querida pelirroja no apareció, hasta que entre tanto pensamiento se quedó dormida.
-¡Hermione! ¡Hermione! - escuchó de pronto la castaña - despierta floja, ya has dormido toda la tarde - era Ginny quien estaba sentada a su lado.
-¿Qué hora es?
-Como las cuatro y media de la tarde - respondió la pelirroja.
-Pero que exagerada eres Ginny, me vine a la habitación solo hace una hora - dijo la chica a su amiga mientras se levantaba.
-Es que te llegó una lechuza - respondió Ginny mientras caminaba hacia la ventana.
-Bien hiciste en despertarme, son mis padres.
-¿Qué dicen?
-Que nos juntemos cerca del Caldero Chorreante para que vayamos al Callejón Diagon a comprar mis libros de este año
- dijo la castaña disminuyendo poco a poco la voz.
-¿Y por qué te pones triste? ¿Qué hay de malo en eso?
-Quieren que pasemos esta noche en algún hotel u hospedaje cerca de King Cross. Quieren estar conmigo hoy y mañana - terminó de decir con la mirada fija y un hilo de voz.
-No le veo nada de malo, no deberías poner esa cara, después de todo has estado con nosotros todas las vacaciones, y solo te has comunicado con tus padres a través de lechuzas. Creo que deberías alegrarte Hermione.
-Lo estoy, estoy feliz.
-Bueno, tu cara dice lo contrario - dijo Ginny mientras leía la carta.
-Es que… se suponía que conversaría con Sirius hoy en la noche.
-Bueno, eso cambia las cosas…
-Y si voy con mis padres al Callejón, mañana me iré directo al tren, y no tendré momento para hablar con Sirius - decía la chica con gran preocupación - Sé que tal vez quiere hablar conmigo porque se va a Francia, o lo que sea… pero a pesar de eso, quiero verlo, por ultimo mirarlo. Te juro que aunque quiera hablar conmigo para decirme que se va con Agatha, no me importa, sólo quiero verlo antes de entrar a Hogwarts, ya que después de todo, allá se me hará más fácil de olvidarlo. Creo.
-A ti sí que te pegó fuerte el amor - dijo la pelirroja mientras dejaba la carta en la cama - yo creo que deberías empacar tus cosas e ir con tus padres, de seguro ellos te extrañan mucho. Además, si Sirius te quiere de verdad, buscará la forma de volver a ti.
-Te recuerdo que hay miles de dementores buscándolo para llevarlo de regreso a Azkaban.
-Bueno, eso es cierto. Pero un hombre que de verdad quiere a una chica es capaz de enfrentar mil dementores para llegar a ella - dijo Ginny emocionada.
-Es que ese es el problema - dijo Hermione a su amiga - no estoy tan segura de que él me quiera.
-Entonces, en caso de que él no te quiera como tú dices, no valdría la pena que dejes de lado a tus padres.
-Sí, tienes toda la razón, es que desde que llegó Agatha todo se ha vuelto tan confuso. Siento que no tengo posibilidad frente a esa mujer.
-Yo no lo veo así.
-Tú siempre tan optimista - dijo la castaña con una leve sonrisa en la cara - ¡ya! Mejor ayúdame a empacar que me voy donde mis padres.
Ginny como buena amiga ayudó a Hermione a empacar sus cosas. Entre risas y conversaciones, la hora pasó volando.
La castaña aun sentía esa extraña sensación al recordar que posiblemente Sirius se iría con Agatha. No podía evitar sentir un poco de rabia y a la vez tristeza por no comprender lo que pasaba o pasaría entre ellos. Solo estaba convencida de una cosa, y eso era que, no podría tomar una mejor decisión que ir con sus padres y dejar de ver a Sirius. Dejar las cosas como estaban.
-Así se lo hago más fácil y no tendrá que darme falsas explicaciones del porqué se va con ella - pensó la chica.
-¡Hermione querida! - exclamó la Señora Weasley al ver que entraba a la cocina con todas sus cosas - ¿a dónde vas?
-Mis padres enviaron una lechuza para que nos veamos hoy. Quieren pasar el día conmigo.
-¿Y mañana?
-También, así que no volveré por la noche, me iré directo a King's Cross.
-Que lo pases muy bien con ellos, envíales mis saludos - dijo Molly a Hermione mientras le daba un fuerte abrazo tal como si se lo diera a uno de sus hijos- de todos modos nos veremos mañana en la estación.
-¡Hermione como no nos avisas que te vas! - irrumpió Ron en la cocina.
-Si no es por Ginny no tendríamos la menor idea - dijo Harry mientras se abría paso para abrazarla.
-¡Por favor¡ no exageren - dijo la castaña mientras Harry la abrazaba - les iba a avisar, solo que quise ver primero a tú mamá Ron - la chica iba a decir algo más, pero de pronto entró por la puerta, alguien a quien no quería ver. Sirius. Y para su mala suerte, lo seguía Agatha.
-Así que te vas Hermione - dijo Agatha con fría amabilidad.
-Sí.
-¿Y por qué te vas tan pronto? - preguntó el animago sin disimular su preocupación.
-Mis padres enviaron una lechuza. Quieren verme antes de entrar a Hogwarts.
-Pero pueden venir a verte aquí - dijo Sirius
- siempre serán bien recibidos en esta casa.
-Qué lindo gesto de tu parte Sirius -interrumpió Ginny - pero Hermione irá con sus padres hoy en la tarde, se hospedarán durante la noche en algún Hotel, y mañana irán al Callejón Diagon por los libros de este año.
-¿O sea que nos veremos en el tren? - preguntó Ron con la boca llena mientras comía un pastelillo.
-Exacto - respondió la chica sin querer mirar la cara del animago.
-¡ay! Por favor, cambien las caras ustedes dos - dijo Ginny a Harry y a Ron - sólo será un día sin Hermione, no exageren.
-Bueno, tienes razón - dijo Harry.
-El tema es que cuando entramos al colegio siento que la perdemos, ya que volverá a encerrarse en la biblioteca - dijo Ron, cosa que causó unas cuantas risas entre los que allí estaban.
-Entonces me despido - se acercó Agatha y le dio un abrazo nada apretado a la chica - un gusto conocerte.
-Lo mismo digo - mintió Hermione, esta vez ni siquiera trató de sonreír. Agatha se dio la media vuelta y salió de la cocina.
-Bueno, creo que no deberíamos retrasar más a Hermione - dijo la Señora Weasley mientras le daba otro abrazo - nos vemos mañana.
-Si mañana subes primero al tren, nos guardas un asiento ¿está bien? - señaló Ron al instante en que abrazaba a su amiga - Vamos Harry, que me falta poco para ganarte ese partido de ajedrez.
-Ya voy - respondió al pelirrojo - Nos vemos mañana, te extrañaré - dijo Harry entre risas.
-No seas tonto - rio Hermione, mientras Potter salía de la cocina.
Al salir los chicos del lugar, Hermione se dio cuenta que solo quedaban Ginny, la Sra Weasley y Sirius. El ambiente se puso un tanto tenso, ya que mientras la pelirroja abrazaba a su amiga como si no la fuera a ver en un siglo más, la castaña miró de reojo al animago, y notó como éste tenía la mirada fija en ella con una expresión de tristeza, la cual trataba de disimular.
-Te ayudo a llevar tus cosas a la salida - dijo de pronto Sirius.
-Pero… tú no puedes salir de la casa - respondió Hermione al instante tratando de demostrar que no le importaba irse. Que no le importaba que esa fuera la última vez que vería a Black.
-Créeme que los hechizos protectores de Dumblerore, Ojoloco y Snape, son bastante efectivos.
-Está bien - fue lo único que pudo responder la chica mientras Sirius tomaba su maleta y salía de la cocina.
Mientras caminaban por el pasillo en dirección a la puerta principal, Hermione notó que Ginny no estaba, por lo que supuso que se fue con los chicos para dejarla a solas con el animago. Sirius iba unos pasos más adelante con la maleta, y como nunca a la castaña se le hizo eterno el pasillo. Hasta que al final, Black se detiene y gira para quedar frente a frente con la muchacha.
-No quiero que te vayas - dijo susurrando el animago en aquel pasillo que estaba en penumbras.
-Lo siento, pero mis padres esperan - respondió la chica con frialdad, tratando de disimular que aquellas palabras casi la derriten.
-Si te vas ahora, no te veré más.
-Entonces… que te vaya bien con Agatha y no te hagas más problemas por mí - dijo Hermione decidida a tomar la manecilla de la puerta para poder salir. La pena que sentía era tan grande, que hasta más fuerzas le dio para separarse del animago. La chica quitó su maleta a Black, lo corrió hacia un lado y salió de la mansión. Bajó los peldaños de la escalera, pero no alcanzó a dar un paso más y sintió que la retienen del brazo.
-Hermione tenemos que hablar, por favor quédate un instante más - le suplicó el animago.
-Ya es tarde, mis padres me esperan - respondió la chica sin mirarlo a los ojos, ya que temía que se le cayera alguna lagrima - no hagas esto más difícil.
-Por eso te digo que debemos conversar, si no es ahora, después será casi imposible.
-No te preocupes por mí, ya entiendo todo, y la verdad… quiero que tú estés bien, en serio - suspiró la chica - me tengo que ir, ya estoy retrasada - y no mentía.
La chica estaba más triste que nunca, pero a la vez la embargaba una rabia enorme, ya que esa misma tarde había escuchado que Sirius se iría con Agatha. No sabía que pensar, y mucho menos qué hacer. Por un lado quería abrazar a Sirius y decirle que lo amaba, pero por otro lado sabía que lo mejor era dejar todo hasta ahí, y de paso se ahorraban ambos la extraña situación de poner fin a algo que nunca comenzó.
Hermione sabía que al pisar la vereda no vería nuevamente al animago, sin embargo fue testaruda y lo hizo. Al instante Sirius desapareció del lugar y la puerta de la mansión Black estaba vacía, realmente los hechizos protectores eran buenos, la chica caminó a paso rápido sin mirar atrás, sin dejar de pensar si el padrino de su mejor amigo todavía la miraba mientras se alejaba de aquel lugar.
Tomó un autobús con el corazón hecho pedazos. Todavía resonaba en sus oídos las suplicas de Black pidiéndole que no se vaya, no podía dejar de recordar aquellos ojos que rogaron porque no se apartara de aquel lugar. Es más, en un instante se le pasó por la cabeza volver, sin embargo, hizo oídos sordos a esa necesidad. La tristeza se le notaba en la cara, iba con la mirada fija, sin pensar, sin demostrar expresión.
-Disculpa, me dices la hora por favor - era un chico de su edad que le preguntaba la hora.
-Son las nueve de la noche - respondió Hermione.
-Gracias.
-De nada - y siguió con la mirada perdida esperando llegar pronto donde sus padres, para así pasar todo.
Al bajar, se dio cuenta que sus padres ya estaban en el lugar acordado, le hizo sentir mucho mejor ver la sonrisa de su madre mientras se acercaba a ellos. Su padre por otro lado caminó rápido para ayudarla con la maleta y darle un fuerte abrazo.
-¿Cómo estás hija? - preguntó su madre, mientras la abrazaba con fuerza. Cosa que hizo a Hermione quebrarse, no pudo aguantar y se largó a llorar.
-Los extrañé - dijo la chica mientras su padre se unió al abrazo.
-Cualquiera que te viera diría que estás triste - mencionó su padre.
-Hija, también te extrañamos mucho, pero no llores más - pidió la señora Granger.
-Bueno - sollozó Hermione.
-¿Te encuentras bien? - preguntó su padre mirándola a la cara.
-Sí, no se preocupen sólo me emocioné un poco.
-Ultima vez que te dejamos salir todas las vacaciones - dijo su madre con una sonrisa mientras la tomaba de la mano y comenzaban a caminar.
-No es para tanto - respondió la castaña pensando en que a pesar de todo, le encantaría volver a pasar otras vacaciones como estas. Más que nada, le gustaría volver a estar con Sirius.