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Historia 93711 — capítulo 2
-¡Mamá!
Una niña de unos ocho años corría escaleras abajo. Era muy bonita. Rubia, un tono más oscuro que el de su padre, le caía sobre la espalda como una cascada rizada, rasgo heredado de su madre. Piel tan blanca como la de su padre. Y ojos grandes y de color avellana.
Había sido dotado con la inteligencia de su madre, y aunque era una niña muy dulce, era una pilla.
-¡Mamá!- volvió a gritar, y corrió a la cocina, ya que su madre se encontraba allí- mira, por fin he conseguido uno.
-Te he dicho mil veces que no corras por las escaleras, Lucinda- le dijo su madre. Una mujer de veinticuatro años, que no había cambiado mucho, aunque su cuerpo ya era el de toda una mujer. Cogió el papel que le estaba tendiendo su hija.
-Lo siento, mami- le dijo, sonriéndole, sabía cómo ganarse el perdón de su madre.
-¿Todavía sigues con esto?
Su hija le había dado un folleto sobre una nueva escuela que habían abierto hacía poco tiempo. En ella, enseñaban a los niños a controlar su magia, y les enseñaban algunos hechizos. Era, por así, decirlo, una preparación para cuando fueran a Hogwarts.
-Quiero ir hoy, mamá, por favor, es que quiero ser tan lista como tú.
-Eres más lista que yo, cariño. ¿Por qué no lo dejamos para otro día? Hoy es Halloween, vayamos tú y yo a pedir caramelos.
-Hace meses que me dices lo mismo, mamá, por favor, solo un mes, porfi- le puso ojitos a su madre, ya que sabía que no se podría resistir.
-Está bien, pero no vas a ir sola, voy a llevarte yo.
-Mama, puedo ir sola.
-Ni hablar- Hermione subió las escaleras, con su hija pisándole los talones. Y se dirigió a la habitación de la pequeña. Le hizo un hechizo de extensión indetectable a una mochila de la pequeña, y, con un movimiento de varita, las cosas de Luce se empezaron a guardar en ella.
-Quiero saber hacer eso- le dijo Luce, con una mirada de admiración.
-Pronto, cariño- le dio un beso en la frente a su hija.
-¿Ves? Si voy a esa escuela, me enseñarán algunas cosas para que luego aprenda magia de manera más rápida en Hogwarts- siguió insistiendo la pequeña.
-Venga, Luce, ya está terminado- le colgó la mochila a la espalda de la niña.
Luce tomó la mano de Hermione, y las dos se dirigieron hacia la escuela en la que la niña pasaría un mes, un mes durante el cual le aportarían conocimientos para cuando fuera a Hogwarts.
-Mamá, cuando vaya a Hogwarts, en qué casa me pondrá el Sombrero Seleccionador, ¿en la tuya o en la de mi padre?
-No lo sé, cariño, pero quizá en ninguna de esas dos, hay otras dos casas más.
Luce sabía quién era su padre. No, no lo conocía, pero Hermione le había hablado de él. Lo mismo que sabía que sus padres nunca se llevaron bien. Y que su madre no le había dicho a Draco que tenía una hija, pero ella quería saber quién era su padre, ella quería saber quién era Draco Malfoy.
Antes de llegar a la escuela, Hermione detuvo a su hija.
-Luce, cariño, prométeme que me vas a escribir.
-Te lo prometo, mami, te escribiré mucho y te lo contaré todo.
Llegaron a la escuela, que era también enorme, aunque no tanto como Hogwarts, y, cuando caminaron por el vestíbulo, la niña se detuvo.
-Mamá, a partir de aquí ya voy sola- Hermione suspiró, y se puso de rodillas, para estar a la altura de la niña.
-Te quiero, cariño- estrechó a su hija entre sus brazos- te voy a echar mucho de menos- le dio un beso en la frente.
-Yo también te quiero mami, mucho mucho- le dio a su madre un beso en la mejilla- te escribiré muy pronto, mamá.
-Adiós Luce- Hermione se puso de pie- pero en un mes vuelvo por ti- besó las mejillas de su hija, y se separó de ella, ya que las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, y no quería llorar frente a su pequeña.
-Adiós mami- Luce se despidió con la mano de su madre.
Luce esperó a que su madre saliera de la escuela. Y contó mentalmente hasta treinta. Una vez acabó con sus cuentas mentales, echó a correr hacia el exterior de la escuela. Ella no tenía intención de ir a ese colegio, nunca la tuvo, ella tenía pensado en ir a otro sitio. Y allí se dirigió, a la carrera.
Draco Malfoy se había convertido en todo un hombre. Había crecido unos centímetros, su cuerpo estaba más musculoso que años atrás, con unos abdominales marcados, brazos fuertes y espalda ancha. De pelo corto y rubio, que ya hacía años no se engominaba, si no que se lo peinaba con los dedos, cayéndolo algunos mechones sobre su frente, dándole un aspecto aún más sexy.
No solo había cambiado físicamente, sino también su carácter. Aunque seguía siendo arrogante y engreído, también bastante vanidoso, no era cruel con las personas, como solía ser antes.
Se encontraba en casa de Blaise Zabini. Su mejor amigo desde hacía casi quince años. Era un muchacho de piel morena, pelo negro y ojos marrones. También con un buen físico.
-¿Te acuerdas de las mujeres que conocimos anoche?- el moreno asintió con la cabeza- pues las he invitado a cenar esta noche a mi casa.
-¿Cuándo les dijiste eso? No me enteré.
-Claro, es que estabas muy entretenido liándote con la rubia, pero se lo dije a su amiga, a Natalie, y me dijo que vendrían encantadas.
-Oye Draco, pero y Astoria…
-¿Qué pasa con ella?- le soltó, bruscamente el rubio.
-Que como se presente en tu casa sin avisar, no le va a hacer ninguna gracia verte revolcándote con otra, ¿no te parece?
-Astoria no va a venir, está de viaje con su hermana en no sé dónde. Así que no tenemos que preocuparnos por visitas sorpresa.
-Genial- Blaise se frotó las manos-, esta noche podremos acabar lo que anoche empezamos.
-Claro que lo haremos- se terminó la copa de un trago, y la dejó sobre el mini bar- llégate a las ocho, quedé con ellas media hora después- el moreno asintió.
-Te veo luego- el rubio asintió con la cabeza y se despidió de su amigo.
Puso rumbo a su casa, a decirle a Dobby, su elfo doméstico, que tenía que preparar una cena para cuatro personas.
-Vamos Hermione, no te preocupes- consoló Ginny a su amiga.
Ginny era una mujer con un cabello de un precioso color pelirrojo y liso que le llegaba hasta la cintura. Tenía los ojos marrones, y algunas pecas distribuidas graciosamente por su nariz.
Era un par de centímetros más baja que su amiga, y tenía un físico despampanante, que lucía con ropas más atrevidas, a diferencia de su amiga.
También era un año menor que ella.
-Si ya lo sé, Ginny- se limpió las lágrimas que resbalaban por sus mejillas con el dorso de su mano- es que la voy a echar de menos, nunca he estado lejos de ella- Hermione empezó a hipar.
-Es una niña muy inteligente, verás que bien va a estar en esa escuela- intentó consolarla.
-Va a ser el mes más largo de mi vida.
-Verás qué pronto la vuelves a tener aquí- le tendió un pañuelo a su amiga-, y deja de llorar, que se te están hinchando los ojos. Además, ahora podemos salir por la noche, llamamos a Luna y nos vamos las tres.
-No me apetece- volvió a hipar.
-Vas a salir, sí o sí. A ver si encuentras ya a un hombre. ¿Cuánto hace que no echas una canita al aire?
-¡Ginny!
-Se te va a pasar el arroz, Hermione.
-No exageres, tengo veinticuatro años, no cuarenta.
-Ya, bueno, pero los cuarenta te caerán ya mismo, así, de golpe, y ya sí que no vas a encontrar a nadie- se miró las uñas, preguntándose si contarle o no a su amiga-. Hoy he visto a Harry. Iba de la mano de la lagarta de Chang.
-Te he dicho mil veces que te olvides de Harry, Ginny. Es por tu bien. Olvídate de él, al igual que yo me olvidé de tu hermano.
-Yo también me hubiera olvidado de Harry si me hubiera tirado a Malfoy.
-¡Ginny!- los colores acudieron a sus mejillas.
-¿Qué? No he dicho nada que no sea cierto, ya quisiera yo revolcarme con Malfoy. ¡Qué digo revolcarme! Me bastaría con que me besara, es que está tan bueno…
-Ya está bien, Ginny, dejemos de hablar de Malfoy.
-Solo si dejas de llorar y salimos por ahí las tres- le pidió.
-Está bien, pero esta noche no, mejor otro día.
-¡Genial!- la pelirroja miró su reloj de muñeca, y, al ver la hora que era, se levantó de un salto de la silla, sobresaltando a Hermione-. ¡Mierda! Le había dicho a mi madre que hoy iría a casa. Me voy- le dio un beso a la castaña y se desapareció.
Draco llegó a su casa, y, nada más, entrar por la puerta, su elfo lo recibió.
-Buenas tardes, señor Malfoy- hizo una exagerada reverencia a su amo.
-Hola, Dobby- se quitó la chaqueta y la colgó en una percha-. Dobby, hoy tengo visita, así que me gustaría que preparases una cena para cuatro personas.
-Por supuesto señor Malfoy- reverencia-, Dobby va a ponerse a cocinar ya, señor-, y, con una reverencia, se metió en la cocina.
Al rubio no le dio ni tiempo de sentarse en el sofá, ya que llamaron a la puerta. Molesto, se dirigió a abrir la puerta. Allí, se encontró con una niña, que le sonreía de oreja a oreja. La pequeña abrió la boca para hablar, pero de ella no salió ningún sonido, él no le dio tiempo para que hablara.
-Lo siento, no tengo caramelos- y le cerró la puerta. Suponía que la niña venía pidiendo dulces, ya que era el día de Halloween. Pero, era muy extraño que la niña no fuera con sus padres. Era muy pequeña para andar sola por la calle a esas horas.
Pero no le dio importancia, no era problemas suyo, sino de sus padres. Pero volvió a escuchar unos golpecitos. Giró sobre sus talones, ¿no se enteraba de que no tenía dulces? Ya lo había hecho enfadar. Abrió la puerta bruscamente, la pequeña ya no lo miraba sonriente, si no con gesto enfurruñado.
-Te he dicho que no tengo caramelos- se asomó a la puerta-, ¿dónde está tu madre? Voy a decirle que eres muy molesta.
-He venido sola, y si me hubieses dejado hablar, sabrías que no quiero dulces, ni siquiera vengo disfrazada- Luce extendió los brazos para que la viera.
-¿Qué quieres, entonces?- se dejó caer en el marco de la puerta.
-Me llamo Luce- el rubio alzó una ceja, ¿qué le importaba a él cómo se llamaba esa chiquilla molesta?-, y soy tu hija.
Casi se cae de la impresión. ¿Esa niña su hija? Que fuera a otro con ese cuento.
-Si supieras la de mujeres que me han dicho que tengo un hijo,… siempre mentira, pero muy buen chiste pequeña, hasta luego, Luce- le cerró la puerta, una vez más.
Negó con la cabeza, qué cosas se le podían ocurrir a los niños, con tal de molestar. Le habían dicho ya tantas mujeres que estaban embarazadas de él, que ya se le estaba haciendo costumbre, pero esta madre era más ingeniosa, había enviado a su hija, en lugar de ir ella misma. Todas esas mujeres lo único que querían era estar con él y conseguir un padre para sus hijos qué ilusas, pensar que por pasar una noche con él iban a conseguir nada más…
Algunas se inventaban hasta los embarazos.
Evidentemente, si él tenía un hijo, se haría cargo de él, no era mala persona, pero no querría saber nada de la madre.
Volvieron a llamar a la puerta, pero no abrió. No dejaban de aporrear. Caminó a grandes zancadas, y abrió la puerta, se encontró con la misma niña, como no, con los dos puños alzados. Cuando vio que le habían abierto la puerta, se llevó las manos hacia su melena rubia y rizada, apartándosela de la cara. Lo miraba con furia.
-No soy una mentirosa, Draco Malfoy- la niña se cruzó de brazos-, y te pediría que no me cierres más la puerta hasta que no termine de hablar.
-Habla pequeña, así me divierto un rato- volvió a dejarse caer en el marco de la puerta y se cruzó de brazos, esperando.
La niña se llevó las manos a la boca, y estornudó.
-¿Tu madre ha venido contigo?- ella negó con la cabeza.
-Entonces pasa, te vayas a resfriar, que hace frío- se hizo a un lado y la niña entró- siéntate- Luce se quitó la mochila que llevaba en la espalda y la dejó en el suelo. Después, se sentó en el sofá, los pies no le llegaban al suelo.
Draco se sentó frente a ella.
-Bien, dices que eres mi hija- la niña asintió-, entonces tendrás una madre- Luce puso los ojos en blanco-, ¿quién es?
-Hermione Granger- el rubio abrió los ojos como platos. Hubiera esperado escuchar cualquier nombre, pero nunca el de Granger.
-Ya, claro- se puso en pie-, vamos a buscar a tu madre, dime dónde vives y te llevo.
-Mi madre se ha ido- empezaba su actuación, miró hacia abajo-, tenía asuntos de trabajo y se ha tenido que ir, no vuelve hasta dentro de un mes, y me ha dejado aquí, dice que en un mes regresa.
-No dudo que seas hija de Granger, pero, por favor, no eres mi hija, es imposible.
-Mi madre no me ha mentido, tú eres mi padre.
-Hace unos…- se detuvo a pensar- ocho años que no veo a tu madre, pequeña.
-Pues eso, yo tengo siete años, un embarazo dura nueve meses, son casi ocho años, y aquí estoy- la niña le sonrió.
Tenía razón, esa pequeña tenía razón. Las cuentas sí que salían. Hacía unos ocho años que se había acostado con Granger…
Miró a la niña. Era tan pálida como él. Y tenía el cabello rubio. Aunque un tono más oscuro que el suyo. La miró a los ojos, eran de color avellana.
-No eres my hija, yo tengo los ojos grises, y tú marrones, además, tienes el pelo rizado- alegó.
-Claro, lo he heredado de mi madre. En cambio, soy rubia como tú. Y mi piel es pálida, como la tuya- Luce se bajó del sofá, y se acercó a Draco, puso su mano junto a la de él, comparándolas-, ¿ves?- le regaló una sonrisa.
-Vamos a ver a tu madre, me debe una explicación- se puse en pie y tomó a la niña del brazo.
-Mi madre está trabajando, no volverá hasta dentro de un mes- hizo pucheros.
-Dime dónde está, iremos a buscarla- siguió insistiendo.
-No lo sé, y no sabré nada de ella hasta dentro de un mes, está en una misión peligrosa, no podemos ni escribirnos, porque eso pondría en riesgo su vida- la niña empezó a lloriquear.
-Está bien, está bien- ¿y ahora qué hacía él? Se llevó las manos al cabello, despeinándoselo.
-Me ha dicho que cuando vuelva te lo explicará ella todo- lo miró a la cara-, sigues sin creer que soy tu hija, ¿verdad?
Malfoy se puso a la altura de ella, para mirarla, y contempló su rostro. Tenían el mismo tono de piel. Y su boca era como la suya, de labios finos. No había duda, era hija suya, además, Granger nunca se inventaría una cosa así, ella no era ese tipo de mujer.
-Se me hace extraño, pero me parece que sí eres mi hija- ella volvió a sonreír, y él no pudo hacer otra cosa más que imitarla.
-Tu madre viene en un mes- la niña asintió, empezaba a cansarse de repetir una y otra vez lo mismo- vienes con la intención de pasar un mes en mi casa- otra cabezada en señal de asentimiento, Draco miró la mochila-, ¿no me digas que traes todas tus cosas ahí dentro?
-Claro, hechizo de extensión indetectable.
-Ah- se le olvidaba, era hija de la sabelotodo Granger, tenía recursos para todo-, ven, voy a enseñarte cuál será tu dormitorio- echó a andar, seguido de la pequeña, que estaba que no cabía en ningún lado de la felicidad que la embargaba.
Abrió una puerta. ¿A eso lo llamaba dormitorio? ¡No había ni una cama! Miró fijamente a su padre.
-No te preocupes- se acercó al sofá que estaba en el centro de la sala- es muy cómodo, ven a probarlo- dio unos golpecitos con la mano a su lado, la niña no se movió de su sitio- hoy vas a tener que pasar la noche aquí, peo mañana mismo te compro una cama.
Se levantó para abandonar lo que él llamaba dormitorio.
-No quiero que hagas ruido, haz como si no estuvieras. Esta noche tengo visita. Así que no salgas de aquí.
-¿Y si necesito ir al servicio?- preguntó.
-Para eso llevas pañal, ¿no?
-Son los bebés los que usan pañales, no yo- se cruzó de brazos, enfurruñada.
-Vale, no te preocupes, no vamos a estar mucho rato en el salón, ya vendré a avisarte cuándo puedes salir para ir al servicio.
Y se fue, cerrando la puerta. Y él que pensaba que esta noche no tendría visitas sorpresa… ¡Y encima su hija! Lo que le había caído encima…
La niña se sentó en el sofá, ideando nuevos planes.
¿Qué se pensaba, que iba a tenerla allí encerrada? ¡Que se lo creía él!
Hola! ya les he traido un nuevo capitulo, espero que les haya gustado :)
Quiero dar las gracias a todas las personas que han añadido esta historia a sus favoritos, que no son pocas, 94!
Y, sobre todo, a las que dejaron comentarios:
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