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Historia 93711 — capítulo 3

Draco decidió ir a cambiarse de ropa, dentro de un cuarto de hora llegaría Zabini. Optó por unos vaqueros oscuros y una camisa de seda negra.

Y fue a la cocina para ver cómo iba la cena, antes de llegar, un delicioso aroma a comida inundó sus fosas nasales.

-¿Le falta mucho a la cena, Dobby?

-No señor Malfoy, ya casi está lista, señor- llamaron a la puerta, y el elfo iba a salir corriendo a recibir a las visitas, pero Draco lo detuvo.

-Sigue con la cena, ya abro yo- el pequeño ser regresó a los fogones, y Malfoy se dirigió a abrir a su amigo.

-Hola Draco- el rubio se hizo a un lado para que el moreno pudiera pasar-, he traído una  botella de vino élfico- le tendió la botella, y Draco la cogió y la colocó sobre una mesa.

-Pasa y siéntate Blaise- el huésped lo hizo, y miró fijamente a su amigo.

-¿Qué ocurre, Draco?- quiso saber.

-¿Qué qué ocurre?- ser llevó las manos a la cara,- agárrate bien, que cuando lo sepas, te vas a caer de tu asiento.

-No seas exagerado, no puede ser tan malo.

A Malfoy no le dio tiempo de responder, ya que la pequeña salió de su "dormitorio".

-Draco, sé que me dijiste que no saliera, pero es que necesito ir con urgencia al servicio- Luce juntó las piernas, necesitaba ir al baño ya o ya- ¿me puedes decir dónde está?

-Sí, el pasillo que tienes a tu lado, la tercera puerta a la derecha- la pequeña arrugó el ceño, asimilando la información, y, acto seguido, echó a correr por dónde le indicó su padre.

Zabini se había quedado sin palabras, ¿qué hacía una cría en casa de su amigo? Decidió bromear un rato.

-Vaya Draco, se ve que cada vez te gustan más  jovencitas, ¿cuántos años tiene, seis?- el rubio lo fulminó con la mirada, y él no pudo evitar soltar una gran carcajada.

-Seis no, siete- el moreno rió más fuerte- y deja de decir gilipolleces Zabini, no tiene ni pizca de gracia.

-Lo siento amigo, ¿pero se puede saber que hace una niña en tu casa?

-Es mi hija- lo soltó como si tal cosa, el moreno abrió los ojos, y lo miró, perplejo.

-Me parece que tengo que lavarme los oídos- parpadeó rápidamente-, ¿has dicho hija?

-Sí, me has oído perfectamente, no te hagas el imbécil- se estaba mosqueando.

-Perdona tío, pero me ha pillado de sorpresa, me esperaba cualquier cosa menos eso, una hija,… -murmuró más para sí mismo que para su amigo-, ¿pero, cómo ha sucedido eso?

-¿Quieres que te lo explique?- ironizó-, o mejor aún, ¿te hago un croquis?

-No, me hago una idea de cómo pasó, pero, ¿con quién?- ya quería despejar todas sus dudas.

-Eso no te lo vas a creer, no vas a tomarme en serio.

-Ponme a prueba- lo desafió.

-Granger, Hermione Granger es su madre- soltó de golpe.

-Muy buen chiste, Malfoy, pero hoy es Halloween, no el día de los Santos Inocentes, así que, ahora en serio- se cruzó de brazos, esperando.

-No es una broma Blaise, no bromearía con eso.

-¿Qué se te pasó por la cabeza para revolcarte con la sangre sucia?

-Hace ya mucho de eso, no me acuerdo.

-Draco- el aludido se giró hacia la vocecita que lo llamó-, no puedo subirme la cremallera- Luce se sujetaba el pantalón con las manitas para que no se le cayera.

-¿Y qué quieres que yo haga?- Zabini echó la cabeza hacia atrás, no podía parar de reír, ya se le saltaban las lágrimas de la risa.

-Ayu- ayu- ayúdala- dijo, como pudo.

Draco se acercó hasta ella, y se puso de rodillas, para quedar a su altura. Hizo caso omiso de las risas y los comentarios de su amigo, y le subió la cremallera a la niña, que se lo agradeció con una sonrisa.

-Tío, estás hecho un padrazo- se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.

-Ya, no tiene gracia.

-Hola, me llamo Lucinda Granger, pero todos mis amigos me llaman Luce, y tú me has caído bien, por lo que puedes llamarme así, ¿y tú eres?

-Yo me llamo Blaise Zabini- le tendió la mano a la niña, y esta se la estrechó- pero puedes llamarme tío Blaise.

-Vale, tío Blaise- Draco puso los ojos en blanco.

-Venga, a tu cuarto, y no vuelvas a salir hasta que yo te lo diga.

-Pero…

-Ya has ido al servicio, no creo que necesites nada más- la niña lo miró con odio, se cruzó de brazos, dio media vuelta, provocando que su melena ondeara, y se marchó.

-¡Qué carácter tiene para ser tan chica!- exclamó Zabini- se nota que es hija de Granger. ¿Y dónde se ha metido su madre?

-Ni idea, se ha ido por motivos de trabajo, y la niña no sabe a dónde, ella no me ha dado ninguna explicación, me la  dejó en la puerta de mi casa.

-Vaya,… ¿crees que la ha abandonado?

-No he pensado en eso, pero espero que no, no creo que sea capaz de aguantarla el mes que va a pasar aquí- se dejó caer en el sofá.


Dos chicas, una rubia y otra pelirroja, se presentaron en casa de una mujer castaña. Las dos iban arregladas, listas para salir. Pero la de pelo rizado estaba en pijama.

-Vamos, muévete, te mereces una salida de chicas, últimamente solo salíamos para ir a sitios infantiles.

-Os he dicho como medio millón de veces que no tengo ganas, chicas, pero vosotras seguís insistiendo.

-¿No quieres conocer a ningún hombre guapo y sexy?

-Deja que me lo piense- se llevó una mano a la barbilla-, no- y encendió la televisión.

La pelirroja puso los ojos en blanco.

-Hermione- Luna se sentó a su lado-, a mí tampoco me gusta salir, pero llevamos mucho sin salir tiempo juntas y sin Luce.

-No sabía que mi hija os molestaba, si me lo hubieseis dicho, no os hubiéramos molestado, pero ya sé qué hacer a partir de ahora cuando vuelva Luce.

-Sabes que queremos mucho a Luce, y que a nosotras no nos molesta, pero no podemos ir a la discoteca con una niña.

Hermione se puso en pie, y sus amigas se miraron de forma cómplice, lo estaban consiguiendo.

-Está bien, salgo, pero como se os ocurra presentarme a tíos, no vuelvo a ir ni a la vuelta de la esquina con vosotras, ¿entendido?

Las dos asintieron, y siguieron a Hermione escaleras arriba. Hermione abrió las puertas de su armario, pero Ginny le dio un pequeño empujón con la cadera para que se hiciera a un lado, y así ser ella la que buscara un modelito adecuado para su amiga. Hermione se dejó caer en la cama junto con Luna.

-¡Perfecto!- saltó de pronto Ginny-, he encontrado lo apropiado para la situación. Se volvió hacia sus amigas, mostrándoles lo que había encontrado. Un vestido de color rojo, con escote de barco, ceñido al cuerpo, que quedaba justo por encima de las rodillas, y con un ancho cinturón negro justo debajo del pecho.

-No me voy a poner ese vestido Ginny, es demasiado provocativo- se negó.

-Esa es la idea, Hermione- le guiñó un ojo- que te veas sexy, muy sexy.

-No quiero verme sexy, Ginny, la última vez que me puse ese vestido, por cierto, debido a tu insistencia, un baboso estuvo detrás de mí toda la noche.

-Esta vez será distinto, si alguien que no te gusta si te acerca, yo trataré de espantarlo.

-¿Y cómo?- se cruzó de brazos, esperando una respuesta, pero no se la dio Ginny, sino Luna.

-El otro día salimos juntas, y un chico que no me gustaba insistía para que me fuera con él, ¿y sabes cómo lo que hizo para que se marchara?- la castaña negó- se hizo para por mi pareja, y para remarcarlo, me besó.

-Pero funcionó, no se te acercó nadie en toda la noche, y encima, a mí tampoco, te hice un gran favor- tiró de la mano de Hermione y la puso de pie- sino te vistes tú, lo haré yo.  

-Me lo voy a poner porque el vestido me lo regalasteis  vosotras y solo lo he usado una vez, pero nada de hombres. No me interesan.

-Ya, no te interesan ahora, pero verás cómo sí que lo hacen el día que encuentres a alguno que te haga tilín. Y ponte estos zapatos- le pasó unos zapatos negros de tacón, completamente cerrados.

Y Hermione no protestó más, se vistió con la ropa elegida por su amiga, y se dejó peinar y maquillar por ellas, total, para qué oponerse, al final Ginny iba a salirse con la suya.

Y así salieron las tres, Hermione con un ceñido vestido rojo, situado justo por encima de las rodillas, y unos zapatos negros, a juego con el cinturón y el bolso.

Luna con un vestido de globo celeste, adornado con detalles blancos, unas sandalias blancas vestían sus pies y un bolso del mismo color.

Y por último Ginny, con un  vestido marrón ceñido a su cuerpo, y que quedaba a la altura de sus muslos, y unos zapatos rojos, al igual que su bolso de mano.


-Esto es el paraíso, ¿no crees?- le dijo Daphne a su hermana. Era una mujer muy atractiva, pelo liso y rubio, y unos bonitos ojos azules. Era alta, y tenía unas curvas de vértigo.

Astoria, en cambio, era morena con los ojos verdes, dos años menor que su hermana, era unos centímetros más baja que Daphne, y con curvas menos marcadas, pero no por ello era menos atractiva.

Estaban de vacaciones, sus padres les habían regalado un viaje a las Islas Espóradas, unas magníficas islas griegas, con playas de fina y blanca arena y aguas cálidas y cristalinas.

-Sí, verdaderamente- estaban tumbadas en una hamaca, tomando el sol, y Astoria no le quitaba el ojo de encima a un chico moreno de ojos verdes, que estaba sentado con unos amigos, y parecía ser que hablaban de algo muy interesante, pues no paraban de reír-, ¿qué te parece aquel chico?- se lo señaló con una cabezada.

-Es bastante atractivo- volvió a mirar a su hermana-, ¿por qué?

-¿Tú qué crees, Daphne?- le sonrió de medio lado.

-¿Y qué pasa con Draco?

-Draco no tiene por qué enterarse- buscó en el bolso su pareo-, porque nadie se lo va a contar, ¿verdad?- su hermana negó con la cabeza. Astoria se colocó el pareo, cubriendo la parte inferior de su biquini estampado-, quizá esta noche no duerma en nuestra suite- le dio un beso en la mejilla a su hermana-, por si acaso, no me esperes despierta-, y se alejó, en busca de su objetivo.


 No tardaron mucho rato en llegar las invitadas a casa de Draco, él, como todo un caballero, las hizo pasar, y las acompañó hasta la mesa, retirando la silla de una de ellas para que se sentara, y Blaise haciendo lo mismo con la otra mujer.

Se sentaron junto a ellas y le llenaron las copas con el vino que Zabini había llevado. Dobby no tardó mucho en aparecer para servir los entrantes.

Mientras picaban hablaban de cosa insustanciales, ¿de qué se podía hablar con mujeres que tenían la cabeza hueca? De nada. Hablaban de moda, de manicura, de zapatos, de viajes, a Draco le ponían nervioso las mosquitas muertas, no soportaba escucharlas hablar de sus cosas por más de cinco minutos, ¿era mucho pedir un nivel básico de cultura? Parecía ser que sí, para ellas sí.

En realidad, tampoco le importaba mucho, no había quedado con ellas precisamente para hablar, y cuando se acostara con una de ellas, no la iba a volver a ver, ¿qué más daba que hablaran de estupideces?, ¿qué importaba que no supieran formar una frase de más de seis palabras y con sentido? Nada de eso importaba, en la cama, no necesitaban hablar.

-¿Qué opinas, Draco?- lo sacó de su ensimismamiento.

-¿Sobre qué?- apoyó un codo en la mesa y con la mano se sostuvo la cabeza, y la miró, aparentando interés.

-No puedo creerme que no me estés escuchando- se cruzó de brazos e hizo un mohín. Draco tomó aire, para calmarse y así contestarle de manera amable, aunque lo que más le apetecía era decirle que le importaba un bledo lo que ella le estuviera contando, ahora, si hacía eso, se quedaba sin sexo.

-Sí que te estoy escuchando, es solo que me he despistado un momento, ¿qué decías?

-Me parece fatal que mi padre no quiera comprarme otros zapatos- hizo un gesto con la mano-, pretende que me conforme con los zapatos de color azul marino, y no se da cuenta de que necesito otros azules eléctricos.

-Eso es horrible- abrió los ojos, fingiendo que le horrorizaba que no tuviera dos pares de zapatos que probablemente variaban tan poco su tonalidad que ni se notaría- francamente, creo que deberías hablar con tu padre.

-Eso, mañana se lo explicaré, menos mal que tú me entiendes- le sonrió coquetamente.

-Perfectamente- le siguió la corriente, qué chica más inmadura, ¿y tenía veintiún años? Intelectualmente no los aparentaba.

-Ya está lista la cena, señor Malfoy, ¿puede Dobby servirla ya, señor?- hizo una reverencia.

-Sí- el elfo no esperó más respuesta, y corrió al interior de la cocina, y, en menos que se dice quidditch, apareció con una bandeja de plata.

Dobby empezó a servir los platos, y en ese instante se escuchó el ruido de abrir una puerta, y Draco giró bruscamente la cabeza en esa dirección. Y allí plantada estaba Luce, seguro que le estropearía la noche.


-Vamos chicas, bailemos- Luna y Hermione estaban en la barra del bar, bebiendo tranquilamente de su vaso, pero Ginny insistía una y para que salieran a la pista.

-Te he dicho que no, Ginny- se negó rotundamente la castaña.

-Oh, vamos, estoy harta de bailar sola.

-Sola, lo que se dice sola, no estabas bailando- miró al hombre con el que momentos antes había estado bailando.

-Pero yo quiero bailar con mis amigas- las tomó de la mano y las arrastró hacia la pista de baile.

Y no les quedó más remedio, bailaron. Al principio se resistieron un poco, pero fue unos momentos, hacía tiempo que Hermione no se sentía tan viva, cerró los ojos y se dejó llevar por el ritmo de la música. Y Luna, Luna era un caso aparte, bailaba, por así decirlo, a su manera, no llevaba el mismo ritmo de la música, daba igual que las canciones fueran lentas o rápidas, ella se movía igual.

Pero cuando notó que una mano se enredaba en torno a su cintura, se detuvo de golpe. Y se giró.

-No te detengas, preciosa- le dijo. Era un hombre de unos cincuenta y muchos años, moreno y de ojos oscuros, miraba a Luna con lujuria. La chica dio un paso hacia atrás para alejarse de él. El hombre se pasó la lengua por los labios, y después le sonrió, mostrando una hilera de dientes amarillos.

-No te acerques a ella- Ginny se puso delante de su amiga.

-Solo quería divertirme un rato- se excusó.

 -Pues vete a divertirte a otra parte, pero no vuelvas a ponerle la mano encima- el hombre miró, le lanzó un beso, y se dio media vuelta, alejándose de las chicas.

-Creo que sería mejor que nos fuésemos- Hermione tomó a Luna de la mano-, ese fue mortífago.

-¿Quién es Hermione?

-Nott, su hijo iba a nuestro curso.

-Oh, claro, Theodore Nott, estaba en Slytherin, cómo no- explicó Ginny-, estaba en la pandilla de Malfoy.

-Mejor vayámonos, está mirándonos- ellas se volvieron para verlo, y el alzó su copa en la dirección de las chicas, y después la vació de un trago.

Las tres amigas se tomaron de las manos y se alejaron de allí, a paso ligero.

-No me fío de él, lo mejor será que nos fuéramos ya a casa.

-Oh, vamos Hermione, no seas aguafiestas- protestó la pelirroja-, lo único que debemos hacer es ir a otra parte.

-A mí no me apetece- apartó Luna.

-Si no ha pasado nada, cariño.

-Por eso Ginny, lo mejor será que nos vayamos ahora que no ha pasado nada, era mortífago, mejor vámonos, además, a Luna no le apetece ir a ningún sitio.

Miró a su amiga.

-Está bien- le dio un beso en la mejilla a Luna-, salgamos otro día, y tranquila cariño, no ha pasado nada- esta asintió.


Luce estaba en su "dormitorio" y oía de fondo a su padre hablar con más personas. Ella no iba a estar allí encerrada mientras que él se divertía. Por lo que tomó su osito de peluche favorito y abrió la puerta. Anduvo de puntillas por el pasillo, para que su padre no la escuchara y fuera a encerrarla. Y vio sentados alrededor de una mesa a cuatro personas. Estaba su padre, el que le había dicho que lo llamase tío Blaise y dos mujeres.

Vio como el rubio la estaba mirando, y le sonrió. Después, se acercó poco a poco ellos, era hora de comenzar con la actuación.

-Papi- caminó hasta él, abrazándose al peluche y frotándose los ojos con la otra mano-, no puedo dormir, hacéis mucho ruido.

-No sabía que tenías una hija- comentó una de ellas.

-¿Cuándo llega mami, papi?- se puso junto al rubio, y lo agarró de la mano.

-No lo sé, porque tu madre ha desaparecido- la niña iba a arruinarle la noche.

-¿Mamá me ha abandonado?- la chiquilla comenzó a sollozar.

-No entiendo nada, Draco- Natalie se puso de pie-, no sabía que estabas casado, y mucho menos que tuvieras una hija.

-¡No estoy casado!- casi gritó.

-¿Cómo que no?- siguió Luce-, le voy a decir a mamá lo que estás diciendo.

-Eres una pequeña mentirosa- la acusó.

-Tú eres el mentiroso- lo apuntó con el dedo-, le voy a decir a mami todo.

-Yo mejor me voy, Draco- Natalie cogió el bolso y la chaqueta- no quiero problemas con hombres casados, y menos con sus esposas.

-Me voy contigo- su amiga se levantó también, y Blaise tardó una milésima de segundo en imitarla.

-Espera, vente a mi casa- temió que la chica se fuese y él tampoco pudiera acostase con nadie esta noche.

-¿No estarás casado, verdad?

-Qué va, ven a mi casa y lo compruebas.

-¿Y qué hago yo? No puedes dejarme sola, Ruth.

-Vente con nosotros, sois las dos bienvenidas a mi casa- Zabini se colocó entre las dos chicas, y cada una se colgó de un brazo-, aquí te quedas tío, pero no te preocupes, tu esposa llegará en nada- bromeó.

-Pero…

Pero ellos no escucharon las quejas de Malfoy y salieron por la puerta. Se giró hacia la niña, que lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja.

-Lo siento papi- enfatizó la palabra-, eso te pasa por querer encerrarme.

-Cuando tu madre venga a por ti, le voy a decir todo lo que haces, pequeño monstruito.

-Mi madre no te va a creer a ti, sino a mí, ¿sabes por qué?- hizo una pausa-, porque a mí me quiere, y a ti te odia.

-Por tu culpa esta noche me quedo sin…- se detuvo, era una cría.

-¿Sin qué?

-No te importa, yo lo sabrás cuando seas grande.

-Muy bien, y ahora, quiero irme a dormir.

-¿Y a qué esperas?- le espetó.

-No pienso dormir en el sofá, así que búscame una cama.

-No hay más camas, te he dicho que mañana salgo a comprarte una, solo está la mía.

-Pues tendré que dormir allí.

-Ni hablar, regresa por dónde has venido- le señaló con el dedo el pasillo por el que la niña había hecho su aparición.

-Esto no va a quedar así, Draco- la niña lo fulminó con la mirada y se fue, maquinando nuevos planes.


Las chicas optaron por la aparición, era lo mejor, que cada una fuera directamente a su casa.

-Luna, ve tú la primera- la aludida se despidió de sus amigas y se desapareció.

-Hermione, será mejor que nos aparezcamos a la par, ¿te parece?- la castaña asintió- a las de tres, uno… dos… tres- y con un ruido sordo, se desaparecieron.

Pero, justo en el lugar en el que ellas se habían desaparecido, apareció una cuarta figura, que estaba jugando con un bolso, lo tiró al suelo y se apoyó en una pared, a esperar, sería cuestión de tiempo que regresase.

Y así fue, cuando Luna llegó a su casa, se dio cuenta de que no llevaba la cartera encima, lo mejor era regresar por dónde había venido, de seguro se le había caído cuando se estaba apareciendo. Y estaba en lo cierto, su bolso estaba en el suelo, se agachó para recogerlo, y una mano le cubrió la boca.

-Hola preciosa, sabía que regresarías- le susurró al oído. 

Hola! Espero que les haya gustado este nuevo capítulo.

Y a ver qué pasará, ¿qué hará Astoria con ese chico? ¿Y qué más ideas se le ocurrirán a Luce para fastidiar los planes de su padre? ¿Qué le pasará a Luna? Pronto tendremos todas las respuestas.

Y dos personas,  y me dijeron que mi historia les recordaba a una pelicula, y vampirita sexi m me dijo que la peli se llama "entrenado a papá", en español se llama "papá por sorpresa", les recomiendo que la vean, yo ya la he visto y es muy buena.

Dedico este cap a :

melycullenblack , Ome Potter , Flora weasley , Katnyaa , nayelipach , telephone97 ,

vampirita sexi m , valu , kate_owo , Ann Snape , renesmee-alec-4ever , maria de malfoi ,

**Alice de Malfoy ,****Pao13 ,****nathiiita_DH ,****Scarlet Malfoy ,****franaty ,**The Halfblood Melton ,

**Ginny_PotterWeasley ,****Melinapotter89 ,****Hannah Potter Digory ,**Rochi_Malory ,

ValeLightwood .

Besos.