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Lemmon parade: Ron and Hermione's love stories — capítulo 12

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                Miraba de lejos a la gente, gente que me saludaba, gente que conocía hacía cerca de quince años. Algunos me reconocían, otros tenían una lejana idea, un vago recuerdo de quién era yo, o de quién podría ser. Y nadie sabía el verdadero motivo de porqué yo estaba allí. Por segundos, yo tampoco lo sabía. Todos se reunieron en torno a ella. Mi mejor amigo la acompañó, mi cuñada y mi hermana también. Hasta Cho estaba allí, en nombre de Cedric. Todos estaban allí para decirle adiós. Adiós para siempre.

                Y una vez más, sin poder evitarlo, la miré a ella. Necesitaba cogerla en mis brazos, una vez más. Nunca la habría imaginado tan hermosa, jamás. Necesitaba escuchar sus risas, hacerla girar en el aire, arroparla por las noches, protegerla, dejarle dormir conmigo, escucharle decir "Te quiero". Lo necesitaba, tanto como el aire, tal  como lo había necesitado en los últimos años, en los que las había perdido. Pero miré al suelo. Las lágrimas volvían a mis ojos al recordar que ya no eran mías, que jamás seríamos una familia.

                Y el cura comenzó a oficiar, acercándose al ataúd decorado con miles de flores, bandas y cintas con nombres de amigos que le echarían de menos. Yo me mantuve al margen, lejos de aquella parafernalia familiar, aquella escena que durante años había soñado que ocurriese tal y como veían mis ojos, pero que en ese momento sentía que era algo surreal y extremo. Hermione lloraba, tenía los ojos rojos. Pensé que en los últimos años, siempre la había visto llorar. Pero no quería que me viese, a pesar de que mis ganas de consolarla eran superiores a mi espíritu, de abrazarla y hacer que fuese mía de nuevo. En realidad, no estaba allí por ella.

                Era cierto, yo era el primer culpable de haberla perdido. La hice esperar, esperar mucho tiempo, y ella se había hartado de mí. Pero cuando ya había encontrado la solución, ella decidió. Y le había escogido a él. Y no tenía nada que hacer, o eso era lo lógico, porque su consciencia la torturaba, sabía que había elegido mal, sabía que me había roto el corazón, y no era para menos. Y aquella noche, hacía ya cinco años, había venido a mi casa, con tan solo una chaqueta que la cubría, para entregarse a mí. Y sí, aunque aquella noche había recuperado lo que era mío, o lo había sido en otro tiempo. Pero me sentí como un miserable. Tanto, que ni me atrevía a mirar a Viktor a la cara, no solo por el odio guardado que sentía. La mujer que era suya en ese momento, había sido mía, y yo sabía que seguía siendo mía. Mía y tan solo mía. Y yo era un hombre honrado, o al menos lo había sido hasta aquella noche. Pero ya nada importaba. Ahora tenía algo por lo que luchar.

                El cura despidió el féretro. Hermione tiró sus flores, y animó a la pequeña que tirase las suyas. Esa pequeña, que rondaba los cuatro años. Por la que había peleado, y lo seguiría haciendo hasta la muerte. Hermione se había presentado en su casa, la noche del parto. Viktor estaba de gira con el equipo de Bulgaria y Hermione estaba completamente sola. La acompañé al hospital, y tuve la fortuna de ver nacer a la niña de ojos azules y sonrisa de perlas que ahora estaba a tan solo unos metros de mí. Jamás había sentido tanto amor, todo en mis manos, sosteniendo su pequeño cuerpecito. Pero horas más tarde, aún solos en el hospital, antes de que llegase la familia de Viktor, Hermione estaba preocupada. Claro que lo estaba.

-Hermione… te encuentras bien?

-Y si Viktor lo descubre?

-No lo hará, a menos que se lo digas… yo no diré nada. Él cree que es su hija…

-Ron… tengo miedo que se parezca a ti

-Cómo dices?

-Ron… he rezado durante meses… asustada, aterrada pensando en que pueda ser pelirroja…

                No pude decir nada. Me acababa de disparar directamente entre ceja y ceja, y en el corazón.

-Ron… quiero a Viktor… él no merece esto…

-De verdad lo quieres? Realmente crees que le quieres? Te recuerdo que tú me buscaste… dijiste que estabas arrepentida, que me amabas… pero no lo sé… ya no sé qué creer, Hermione…

                Ella no dijo nada, no tenía nada que decir. Tan solo pudo llorar. Yo aún mantenía a la pequeña, arropada en una manta, que sería lo único que tendría de mí, porque en cuanto saliese de esa habitación, no sabría ni el nombre de la niña, mucho menos podría elegirlo, no podría acercarme a su familia ni saber qué pasaría con ella. No podría verla crecer. Y ese día, tan solo ese día, durante aquellas horas, había tenido el privilegio de escuchar su respiración, sosteniéndola en mis manos, arropándola y poniéndole su chupete. Y cuatro años después, allí estaba: no sabía su nombre, al igual que no sabía si resistiría el impulso de cogerla en mis brazos y decirle quién era yo.

                La ceremonia terminó. Tan solo algunos familiares quedaban animando a Hermione. Y yo no pude moverme. Quería irme, seguir pensando en la pequeña, inmerso en mi soledad. Pero mis pies no se movían, no respondían a mi cuerpo. No me di cuenta en qué momento comencé a llorar de nuevo. Y no solo por mi hija, sino por su madre, y por el que había sido su padre. No quería admitirlo, pero en algún momento de mi vida, había sentido verdadera admiración por Viktor Krum, y verle en aquella caja de madera, bajo tierra, me destrozaba un poco el corazón. Pensar que yo le había deseado ese destino.

                Y antes de que me diese cuenta, Hermione avanzaba lentamente hacia mí. Miré a la pequeña que sujetaba su mano. Al contrario de lo que había deseado su madre, se parecía mucho a mí.

-Lo he leído en el periódico… lo siento

-Has venido…

-Viktor era un tipo admirable… lo admiré en algún momento de mi vida…

-Lo sé

-Mi pésame, señora Krum…

-Ron, por favor, no lo hagas eso…

-Mami?

                La pequeña reclamaba la atención de su madre. Ésta, con sus ojos aún empañados, sonrió débilmente a su hija.

-Rose, mi vida, este es Ron Weasley, un amigo mío…

-Hola señor Weasley

                Rose. Era un nombre hermoso. Realmente hermoso. Mi corazón paró unos segundos al ver su sonrisa, sus pecas, sus ojos azules, su nariz chiquitina, su cabello castaño que empezaba a clarear… Me miró, me escrutaba con esos ojos. Me arrodillé, y le ofrecí mi mano a la pequeña. Recordé que para ella, su 'papá' acababa de morir.

-Es un placer conocerte, Rose… siento mucho lo de tu papá… ahora tienes… que ser fuerte

-Gracias. Papá Viktor está en el cielo… pero aún tengo otro papá

-Cómo dices?

                Miré a Hermione. Ella sonrió apenada. Me levanté a punto de decirle algo.

-Tengo otro papá

-Y… sabes quién es?

-No… mamá dice que quizás lo encuentre. Pero que él me tendrá que buscar…

-Si… estoy… estoy seguro de que te encontrará…

                Hermione me miró intrigada. Deseaba estar con Rose, era lo primero y más importante en mi vida. Pero quería estar también con Hermione. Dios sabía que yo la amaba, y que siempre lo haría. Pero ella me había traicionado, me había herido y no podría perdonarlo. Al menos, no ahora…

-Rosie, cielo… ve un momento con la abuela Jane. Tengo que hablar con el señor Weasley…

-Hermione… es una niña… porqué le has dicho eso?

-No quería que viviese engañada… Viktor ha sido su padre, pero su verdadero padre eres tú… y quiero que lo sepa… soy su madre

-Y Viktor? Viktor lo supo?

-Lo descubrió… hace unos dos días, antes de que se fuese de nuevo a jugar…

-Hermione… he sufrido tanto estos últimos años… estando lejos de mi hija…

-Lo sé, Ron… no sabes cómo me he arrepentido. Quiero… quería a Viktor, mucho… pero era tan solo un amigo, alguien especial… aún te amo… y… pensé que quizás… podríamos empezar de cero…

-Lo siento Hermione… pero no puedo olvidar, no puedo… lo que me dijiste aquella noche… hace cuatro años…

-Ron, lo siento… entiéndeme…

-No, entiéndeme tú a mí! Lo sientes? Rezaste para que nuestra hija no se pareciese a mí… cómo crees que me sentó eso? Duele, Hermione… duele mucho

-Pero… le negarás un padre a tu hija?

-No. Por supuesto que no. Ella no tiene la culpa de nuestros errores… he venido a por ella. Y que sepas, que lucharé hasta que no pueda respirar, todo por esa niña

-Y nosotros? Qué pasará con nosotros?

-No lo sé Hemione… deja que el tiempo lo decida…

                Con el corazón vacío de remordimiento y lleno de esperanza, me alejé de aquél cementerio, donde el jugador Viktor Krum había sido enterrado tras fallecer trágicamente en un partido. Y nadie sabía por qué, su corazón se había parado. Pero, en la mente del búlgaro, en día de su muerte, rondaba su descubrimiento: Rose no era su hija. Aunque había perdonado a su mujer, quería saber quién era su padre. Su corazón se detuvo, en cuanto recordó a su antiguo enemigo del colegio. Sus últimas palabras, fueron escuchadas tan solo por un jugador del equipo contrario.

  • Weasley… mi Rose… Rose es una Weasley…