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Lemmon parade: Ron and Hermione's love stories — capítulo 2

Es el mes de Diciembre, en Inglaterra, donde comienza a nevar una noche fría y oscura. Una pequeña pelirroja está leyendo metida en su cama. La luz de su habitación comienza a reducirse, cuando una pelirroja mayor entra en la habitación. Se acerca a la pequeña y se sienta en su cama. Observa sonriente cómo la niña está absorta en sus pensamientos, y ella misma, piensa que la pequeña 'es igual que su madre'. Le da un pequeño beso en la frente y le quita el libro de sus manos.

-Cariño, es hora de dormir...

-Pero mamá... quiero leer otro ratito!

-Mañana continúas leyendo...

-Pero...

-Nada de peros, mi pequeña. Mañana será otro día... James ya está dormido

-Está bien... pero quiero que me cuentes un cuento antes de dormir...

-Está bien. Cual quieres esta noche?

-El de... el semáforo!

-Ése? Pero...

-Nada de peros, mami

               La pequeña pelirroja sonríe con cara traviesa. Su madre sonríe complacida al ver que la niña es tan lista y traviesa, piensa ella 'Como sus padres'. Las dos se acomodan en la cama, quedando la pequeña recostada sobre su madre. La mujer respira hondo, cierra los ojos y comienza a contar la historia, mientras en su mente, ve las imágenes de la historia que está por contar.

-Hace unos años, en un día del frío Diciembre como este, un hombre y una mujer salieron a pasear con su hermoso bebé, para dar una vuelta. Los dos se querían mucho, y amaban a su pequeño bebé, muchísimo. Iban paseando por el parque, felizmente y enamorados. Cuando, de repente, empezó a llover, y tuvieron que correr para taparse. En el camino, pasaron por una carretera, donde el semáforo estaba en verde. Pero un coche, pasó sin mirar, y la mujer, al verlo venir, empujó el carrito hacia la acera para salvar a su bebé. Finalmente, los tres se salvaron, y vivieron felices por mucho tiempo

-Hoy hiciste la versión resumida mami

-Lo sé, cariño, porque tienes que dormirte ya

-Bueno... de todas formas, me gusta esa historia, corta o larga

-Que bien, cariño... ahora sí, a dormir

-Te quiero, mamá

               La pelirroja le da un beso a su hija, y se va de su habitación. 

Caminando por el pasillo de su casa, cierra de nuevo los ojos, y siente en su pecho de nuevo la amargura de todos los días. Ella abre los ojos, pero no quiere llorar, prometió que no lo haría más, ellos no merecían que estuviera triste. Pero no podía evitarlo. Llega hasta su sofá. Se sienta, y suspira fuertemente, cerrando una vez más sus párpados.

               Hacía ya seis años. Seis años, que para ella habían sido felices con sus pequeños, pero tormentosos en su interior. Sabía que ella había hecho lo mejor para la pequeña pelirroja, pero aún así, les echaba de menos. Seis años atrás, Ron y Hermione Weasley habían salido a pasear con su pequeña Rose. Hermione y su marido eran muy felices, y ahora que ya tenían a su hija, simplemente no cabían dentro de su emoción. Durante aquél mes de Diciembre, después de la nevada, y tras limpiar las carreteras de nieve, habían decidido pasear con su pequeña hija por la ciudad. Igual que todos, tan solo veían toda su vida por delante, al lado de su pequeña criatura.

               Paseando por aquel parque, decidieron sentarse en un banco. Rose dormía en su carrito, mientras sus padres se daban cariñitos entre ellos. Ella, Ginny Weasley, nunca olvidaría esas imágenes, de su hermano besando a su esposa, con tanto amor, tanto cariño, tanta juventud... tanta vida. Harry Potter y la pelirroja paseaban con su hijo James, que corría por todas partes, y saltaba a los brazos de sus padrinos.

-Hey! Hola pequeña bala! Qué haces aquí? Ginny, Harry! Qué tal, chicos?

-Hola Ron! Como estáis? Hola Hermione!

-Hola Ginny! Aquí, paseando con Rosie... está dormidita

-Eso es. Está dormida. Y vosotros metiéndoos mano jajaja

-Cállate, enana

               Ginny adoraba que su hermano se enfadase cuando le molestaba con Hermione. Harry intentaba controlar al pequeño y travieso James, que quería ver a la bebé.

-James! Estate quieto, renacuajo!

-Harry, no le hables así a mi ahijado!

-Te lo regalo, Ron...

-Cuando quieras...

-Y me quedo con Rose

-De eso nada! Rosie es mi pequeña princesa y no la cambio por nada!

-Ni por Hermione?

-Harry, no me pongas en esa decisión... no te ofendas, cariño, os quiero a las dos

               Todos se reían. Reírse. Le encantaba reírse con ellos. De pronto, en aquél parque, comenzaba a llover ligeramente. Hermione fue la primera en alertar el cambio meteorológico. Ron se apresuró en seguir a su esposa, que caminaba con el carrito. Ginny y sus dos hombres caminaban detrás de ellos. Harry y Ron, hablaban mientras corrían por el camino.

-Y si vamos a tomar algo?

-Sí, claro! A donde?

-Vamos allí, a las Tres Escobas

-Está bien. Invito yo

-De eso nada, Harry! Hoy invita el papá feliz

               Ella había sonreído. Su hermano, siempre tan orgulloso de su hija y su mujer. Sentada en su sofá, recordaba aquella imágenes, tensándose al recordar. Caminaban, acercándose al paso de cebra. Se quedaron quietos, junto al semáforo, esperando a que cambiase de color. Pero Ginny se giró al escuchar a James. Se había caído en la carrera, y estaba tirado en el suelo, mojado y llorando.

-Jamie! Ay, pobrecito...

               Quién se lo diría. Tan solo unos minutos. Solo unos minutos. Harry se había acercado a ellos, y recogía a su hijo del suelo. Ginny le daba un beso al pequeño James, y los tres se giraron. Les vieron. Cruzaban la calle. Pero Ginny vio algo más. Vio la cara de Hermione, empujando el carrito hacia ellos. Vio la cara de Ron, su hermano asustado sin poder reaccionar. Y allí, en tan solo unos segundos... todo terminó.

               Ginny se acercó al carrito. Comprobó que Rose estuviese bien, y Harry se acercó a ella, quedándose con la pequeña Rose... mientras Ginny corría hacia los cuerpos de su hermano y su cuñada. El coche había chocado con fuerza, al derrapar en la carretera mojada. Ginny lloraba desgarrada. Se acercó al cuerpo de su hermano, intentando que reaccionase.

-Ron! Ron, por favor! Ron!!

               Su hermano ya no estaba allí. Ya no estaría nunca más. Ginny apretó su camiseta con fuerza, sintiendo cómo las lágrimas quemaban su cara. Besó la frente de su hermano y se mantuvo allí unos segundos. Escuchó unos gemidos. Tan leves, casi inaudibles. Miro a Hermione, que intentaba moverse. Se levantó rápida y torpemente, junto a su mejor amiga.

-Hermy, Hermione... háblame, por favor...

-Gin... Ro... Rose...

-Está bien, ella está bien

-Cu... cuí... cuídala...

-No... Hermione... no... Tú... tú te pondrás bien...

-Sí...

               Tan solo sonrió. Tal y como Fred había hecho. En un segundo, recordó cómo había muerto su hermano, y Hermione, su mejor amiga, su cuñada, la madre de su sobrina y ahijada... ella sonreía para morir. Ginny tan solo pudo gritar una vez más, mientras los paramédicos intentaban apartarla para sacar de allí los cuerpos. Una señora sujetaba a James, mientras Harry sujetaba a su mujer. Ambos lloraban amargamente. Amargamente. Rápidamente, Ginny se acercó al carrito. Sacó de allí a Rose, tomándola en sus brazos, calmando su llanto. En ese instante, supo que a partir de aquél momento, la pequeña Rosie se quedaría con ella.

-Ginny?

               Sintió sus mejillas húmedas. Abrió los ojos y volvía a estar en el sofá de su casa. A su lado, Harry Potter, sentado, miraba a su mujer. Reconocía aquellas lágrimas, y tan solo la abrazó.

-Te pidió otra vez el cuento?

-Sí...

-Creo que no deberíamos habérselo contado...

-No... teníamos que hacerlo. Así, cuando sea mayor, lo comprenderá

-Cuando le diremos que no somos sus padres? Que sólo somos sus tíos?

-No lo sé, Harry... no sé qué hacer...

-Ginny... Hermione y Ron estarían orgullosos de su hija, y de cómo la hemos criado. Yo también les echo de menos...

               Una lágrima bajaba bajo las lentes del pelinegro. Ambos abrazados, se quedaron en el sofá, con el recuerdo del matrimonio Weasley, que aún vivía con ellos, con dolor, en sus corazones. Ginny Weasley echaba de menos a su hermano, el divertido Ron, su hermano mayor. Y a Hermione Weasley, la mujer de su hermano, su mejor amiga, la más lista de su generación. Y pensaba en la pequeña Rose, que cada día, se convertía más y más, en el reflejo de sus padres.