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Historia 9576 — capítulo 6

  • La familia no la escogemos, los vecinos no los escogemos, ni siquiera escogemos el amor. La única cosa que escogemos de verdad, son los amigos, por eso la amistad es tan importante – le digo a Nessa -, y para mí, la mejor amistad, es la tuya.

Me abraza y yo le devuelvo el abrazo.

  • Gracias, Ginny.

No me quiere decir que le pasaba, aunque tengo una pequeña idea: está enamorada de Harry o de Draco, pero lo que importa ahora, es que volvemos a estar juntas.

  • Y sobretodo, si te vuelvo a fallar, dímelo, ¿De acuerdo?

  • Gracias de nuevo.

Le cuento lo que me pasa con Malfoy. Dice que ya lo sabía, que ya se lo temía.

  • Entonces, ¿Qué crees que le pasa?

  • La verdad, no lo sé, pero se le ve más distraído que nunca. A él y a Lane.

  • Tengo que hablar con él, Nessa, si no, me muero.

  • Pues empieza, por allí va – me señala a Draco, que sale de una clase, al lado tiene a Jane -.

  • ¡Draco!, ¡Draco!

Se gira. ¡Que nervios!

Jane también se para. Cuando me ve, se va.

Draco se me acerca.

  • ¿Podemos hablar solos?

  • ¡Cla-claro!

Ginny, estas muy nerviosa, ¡Tranquilízate!

Mira alrededor, al ver que nadie mira, me coge de la mano y me lleva en una aula vacía.

  • No sé como decirte esto, Weasley – me mira a los ojos -.

  • Yo también te tengo que decir algo.

  • Empieza tu – me dice, parece que no le intriga mucho -.

  • No, no, empieza tu.

Me mira con mala cara. Tendré que empezar yo...

  • Bueno, pues mira, es que... - ¿Cómo narices le digo yo esto? -, mestasempezandoagustar.

Me mira, se ríe.

  • ¿Qué?

  • ¡QUE ME ESTAS EMPEZANDO A GUSTAR! – Le suelto -.

Solo ríe.

Ya me lo temía, él no siente lo mismo. ¡Mierda!

Se acerca.

  • Lo nuestro no puede ser – me dice, aun esbozando una pequeña sonrisa -.

  • Ya sé que con Jane, pero...

  • ¡Ah! ¿No lo sabes? – Me corta -.

  • ¿El que?

  • Potter y Lane se gustan.

Me lo quedo mirando, no puede ser. ¿Harry?

  • ¡MUÉRETE, MALFOY!

  • Ja, ja, ja - ¿Solo sabe reírse, o que? -, la verdad es que no lo sé seguro, ella no me lo confirma, pero los pille en una aula vacía, solos – pone mucho énfasis en esa última palabra -.

  • Pero no creo que Harry...

  • Pensé que te gustaba yo – me corta otra vez -.

  • ¿Y eso que tiene que ver?

  • Entonces, ¿Por qué te preocupa a quien quiera Potter?

  • Porque es mi amigo.

  • Pues si es tu amigo deja que haga su vida, ¡Vive y deja vivir!

  • Muérete, Malfoy.

  • Es la cuarta o quinta vez que me dices eso, ponle imaginación, Weasley.

¡Ahora recuerdo porque llevo 5 años odiándolo!

Giro sobre mis talones, dispongo a irme, pero se pone delante la puerta.

  • Perdona, perdona. La verdad es que yo también reaccioné así, o peor – mira alrededor -, pero yo no te quería hablar de eso.

¡Uf!

  • Bien, pues dime - me siento en una silla y dejo la mochila a un lado -.

  • A mi también me gustas.

¡Me muero! ¡Me quemo por dentro! ¿Oí bien?

  • Entonces – intento mostrar indiferencia -, ¿Por qué lo nuestro no puede ser?

  • Ja, ja, ja – ríe estrepitosamente -, hay dos razones, la primera es obvia – me mira, como si quisiera que la dijese yo, pero no digo nada y continua -, Soy un Malfoy.

  • ¿Y que?

  • Pues que no puedo salir con una Weasley – me espeta, como si fuera lo más normal del mundo -.

  • Pues claro que no, tu, te mereces a alguien como Parkinson- le digo sarcásticamente -.

Ahora no ríe.

  • Y la segunda – se sienta él también, a mi lado, y me coge la mano -, es por...

  • ¿Por qué Malfoy? Quiero saber la razón por la cual no puedo ser feliz.

  • Cuando termine este curso, me uniré a los mortífagos.

Me quedo en blanco. No puedo pensar, ¡No se puede ir!

Tiene que a ver una solución... Dumbledore.

  • Pero, puedes hablar con Dumbledore para que...

  • Ya lo hicimos, y la verdad...

  • ¿Hicimos? – Ahora soy yo quien le corta. Estoy asustada, ¡Me enamoré de un mortífago!

  • Yo y Jane, hablamos con Dumbledore, dijo que no permitiría que nos hicieran mortífagos... bla, bla, bla – mira por la ventana -, todo son palabras, pero, mi padre y el Señor Tenebroso no se dan por vencidos así como así... – dice esto mas para él que para mi -.

  • El-que-no-debe-ser-nombrado teme a Dumbledore.

  • Weasley, no seas tan ingenua, él, junto a mi padre y Lestrange, la madre de Jane, pueden vencer a Dumbledore y a quinientos más.

Me gustaría decirle que si tiene el apoyo de Dumbledore, tiene el de toda la Orden del Fénix, pero él no sabe nada de eso. ¡Mierda!

Pero, yo no puedo vivir sin él, le quiero...

  • Iré contigo.

Me mira, sorprendido.

  • Ser mortífago no es una cosa que se pueda decidir de un día para otro, Weasley, y menos, siendo tu.

  • Si, quizás me precipité – me muestro avergonzada, ¿Por qué no sé mantener la boquita cerrada? -.

Coge mi barbilla con la mano derecha, y sitúa la mano izquierda detrás de mi nuca. Se acerca y de repente, sus labios están contra los míos. Me mira, para estar seguro de que yo también quiero, ahora soy yo quien le besa.

  • Podemos mantenerlo en secreto – me propone -, pero, si me tengo que ir, tienes que saber asumirlo.

  • Sí.

----------*

  • Hola – me dice una voz sabihonda detrás de mí -.

Me giro.

  • Adiós.

¿Cómo se atreve a hablarme en público?

Ella me sigue.

  • Sé lo que hay entre tú y Harry – insiste Granger -.

  • Entre yo y Potter, no hay nada.

  • Os quiero ayudar.

Me paro y la miro.

  • Mira, nunca dejaré que una Sangre Sucia me ayude, y menos tú.

  • ¿Por qué me tienes tanta manía?

  • Porque tus padres son muggles.

  • Solo pretendía ser simpática, Jane.

  • Para ti soy Lane.

  • ¡Hermione, Hermione! – Alguien la llama, yo también miro, es la Weasley -.

Se detiene a su lado.

  • Hola Jane – me dice sonriendo -.

  • ¿Cómo os digo que para vosotras soy Lane?

  • Pero, es que...

  • Que tengáis relación con las personas que me rodean, no significa que seamos amigas – la corto -.

  • ¿Qué haces con estas?

Nos giramos todas, es Danny.

  • Vamonos Danny, por favor – le insisto -.

  • Con mucho gusto.

Me coge de la cintura y empezamos a andar.

Lo miro, él si que es un hombre echo y derecho:

Ojos azules y pelo negro, labios carnosos y cuerpo atlético. ¿Qué mas se puede pedir? A, sí: ¡Y es un Slytherin!

  • Buenorra – que manía con llamarme así -, sabes que le pasa a Draco, ¿verdad?

  • La verdad es que no – miento -, ¿Por qué me lo preguntas si nunca os caísteis bien?

  • Bueno, es que recibí una carta – me mira, preguntándome con los ojos si sé, de que se trata -.

  • Yo también – le digo con desánimo -.

  • Bien, pues quiero saber si Malfoy la recibió – mira al frente -, Tu lo sabes, ¿verdad?

  • No – vuelvo a mentir -, pero creo que la recibirá, su padre es el mejor de todos.

Me mira con odio y me suelta.

  • ¿Por qué dices eso? - siempre tuvo celos de Draco -.

  • Me lo dijo mi madre – me vuelve a coger -.

  • ¿Tu quieres?

  • No sé – le miro, ¿Puedo confiar en él? -, me gustaría terminar los estudios.

  • Ya, a mí también – se para y se pone enfrente de mí -.

Me sigue cogiendo por la cintura, ahora con los dos brazos, y, haciendo fuerza, me va acercando más a él, hasta que su cara queda a solo pocos centímetros de la mía.

  • Últimamente, me he dado cuenta de lo importante que eres para mí.

  • ¡Ja, ja, ja!

  • ¿De que ríes?

  • Para ti, el único importante, eres tu mismo – me burlo -.

  • ¿Eso crees de mí?

Se acerca, más y más. Me empieza a besar bruscamente, metiéndome la lengua hasta la campanilla. ¡Que bruto!

Abro los ojos, aunque sigo besándolo apáticamente, no me gusta como besa, pero un beso nunca es mal recibido.

Todo el pasillo nos mira, incluso... ¡Harry! ¡Oh, no!

Dejo de besarle, él me empieza a dar pequeños mordiscos por el cuello.

  • Suelta, Danny – empiezo a forcejear, pero no me suelta -, déjame.

Ahora para.

Miro hacia Harry, esta atónito.

  • ¿Entiendes lo importante que eres para mí?

  • Sí, yo también te considero un buen Slytherin y un buen amigo.

Me deshago de sus brazos de pulpo, creo que no era la respuesta que quería oír.

  • Vamos Danny, tanto tu como yo, somos incapaces de amar a alguien – esboza una sonrisa, esa respuesta si que le gustó -.

  • Tienes razón.

Me da un pico y se despide con un: .

Miro hacia Harry, ya no está.

Lo busco con la mirada, y lo encuentro.

Sube decidido las escaleras de mármol junto al chico Weasley.

Voy corriendo hacia allí.

  • ¡Potter, espera!

Todos los Slytherins de alrededor me miran, se sorprenden de que llame a Potter.

  • ¿Qué? – Me dice, intentando mostrar indiferencia, pero le noto que está dolido -.

Los Slytherins siguen mirando.

  • Nada.

  • Bien – se gira -.

  • ¡Espera!

  • No tengo todo el día, Lane.

  • ¡Solo quería decirte que te odio, Potter!

Ahora los Slytherins ya entienden, y siguen con sus tareas.

  • ¿Qué?

Cuando ya no queda casi nadie por aquí, le digo:

  • Calla y ven.

Lo cojo por el brazo y lo conduzco hacia un rincón. El Weasley se queda solo.

  • ¿No te habrá molestado lo que viste, no?

  • No claro, al contrario, me encanta ver como le meten la lengua hasta la campanilla a mi novia.

¿Qué dijo que soy?

  • No te confundas, yo no soy tu novia.

  • ¿Entonces, porque intentas darme una explicación de lo sucedido?

  • Pues tienes razón, no se porque lo hago.

Dispongo a irme pero me coge de la mano.

  • Te... te... te quiero – ¡Me espeta, así, sin más! -, Y no quiero perderte.

  • Pues tendrás que comprender que yo soy diferente a ti, que no me gusta estar encadenada a alguien, la fidelidad no es lo mío, Potter.

  • ¡Jane, no te puedo compartir!

  • Yo siempre te querré a ti, confía en mi.

Me mira a los ojos.

  • De acuerdo.

  • Gracias.

Le doy un dulce beso en los labios y me voy.

Quizás habría sido mejor que no hubiera aceptado mi situación. Aunque Dumbledore lo afirme, sé que ni él, ni nadie, me podrá separar de mi destino.