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Historia 9617 — capítulo 1
El peso de ser un(a) Malfoy.
Capítulo uno: El fin del verano.
Se podría decir que tengo una vida hermosa. No me hace falta nada para ser feliz, vivo en una enorme mansión en un pueblo muy hermoso, cuento con una espectacular familia:
Mi padre trabaja en el ministerio, es un hombre muy correcto, un poco estricto y frío, pero una buena persona; mi madre es una mujer hermosa, muy cariñosa, amable, y nunca le discute nada a mi padre, y mi hermano es mi verdadero ídolo, valiente, honrado, apuesto, orgulloso y leal; y por último: Yo. Empezaré este año a ir a la misma universidad de mí hermano; tengo unas excelentes calificaciones, unas amigas excepcionales, una buena reputación, un novio perfecto y me gusta poder decir que heredé la belleza de mi madre: Tengo el mismo pelo de toda mi familia, rubio platinado. Pero mi madre y yo, no lo tenemos lacio, sino que cae en ondas hasta la cintura, y mis ojos son grises, iguales a los de mi padre.
Para algunas personas sus ojos son fríos y tenebrosos, pero para mi son blandos, cálidos y amables.
¿Aún con dudas sobre mi familia? Bueno, con una palabra se las aclaro: Malfoy. Sí, me siento orgullosa de decir que pertenezco a la familia Malfoy. Mi nombre es Sarah Malfoy. Mi hermano Draco, es un año mayor que yo, y asiste a la Universidad de Aurors en Cambridge.
Yo estudio en Hogwarts, y como toda mi familia, en la casa de Slytherin. Hace un año, el padre de mi novio fue nombrado ministro, y se hizo muy amigo de mi padre, y mi hermano con mi novio y sus amigos se hicieron amigos. El nombre de mi novio es Ronald Weasley, y mi padre encuentra que es el hombre perfecto para mí.
Muchos piensan que mi padre se hizo amigo de los Weasley, por el puro hecho de que el Sr. Weasley es el nuevo ministro, y su situación económica cambió radicalmente; pero para mí esas son puras tonterías.
Era el último día de las vacaciones de verano, y quedaban apenas unas horas para que yo empezara mi primer año de Universidad.
Ron se estaba quedando en mi casa, ya que era como un miembro de la familia, y estábamos abrazados en un sillón junto al fuego, todos los demás se habían ido a dormir.
-No puedo creer que empieces la Universidad. Es decir, ahora podremos estar juntos todo el tiempo ¿no?- Me dijo Ron con voz soñadora. Lo miré con una sonrisa y asentí emocionada. – Sarah, no creo que nunca te pueda olvidar, eres perfecta.- Lo miré de vuelta, y riendo le dije:
-No digas eso, nadie es perfecto.- Él rió también y me dio un dulce beso en los labios. De pronto se puso serio, y me dijo lentamente.
-
Sarah, yo te prometo que NUNCA, amaré a nadie más, te lo prometo.- Repitió mirándome a los ojos. – ¿Tú me lo prometes? – Lo miré a los ojos, y con una sonrisa le dije:
-
Sí Ron. Te lo prometo.- y sellamos ese pacto con otro beso. Lo que ninguno de nosotros sabía, era que para ambos, sería una promesa muy difícil de cumplir, y que no duraría mucho.