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Entre bolas de estambre y muérdago — capítulo 5

Frente al espejo no era complicado arreglarse la cofia, afuera se oían los disparates de los alumnos enloquecidos por los festejos, pocos ese año, pero todos muy alegres y escandalosos; los pocos pacientes a su resguardo habían sido obsequiados con ir a los pasillos y pasarla bien, con la condición de no regresar tarde y cubrirse bien. Arreglada pensó que ya se veía lo suficientemente bien y fue poco a poco acercándose hasta el Gran Comedor con la idea de unirse a las festividades.

                Adoraba el aroma que inundaba los pasillos en estas fechas, de roca húmeda y fría, de suavidad y silencio; amaba cada rincón de ese Colegio aunque estuviera siempre metida en su enfermería y ahí, camino del gran comedor pensaba en eso que muchos temen y que sanan con amigos o parejas: soledad.

                No, ella no estaba sola, ella estaba siempre acompañada y en cada pasillo un rostro joven y dulce se lo demostraba, en cada grito y en cada sollozo doloroso dentro de su enfermería era una muestra de que nunca estaba sola; tenía Hogwarts, Hogwarts en Navidad y esa otra luz cándida en el fondo de sí misma. A la mesa estaban sus compañeros, Minerva al lado de Albus y más allá los casi recién agregados Severus y Sybill, uno tan arisco como asustada la otra. Binns charlaba socarronamente con Hagrid y más allá Sprout y Rolanda compartían una acalorada discusión sobre un par de alumnas de primer curso y su mala suerte al golpearse de frente con el invernadero 4.

                -Poppy, Poppy, ven… siéntate con nosotros un momento y hazme el favor de explicar… ¿qué hacían esos dos chicos el otro día bajo la puerta de la lechucería? -Albus tenía sus azules ojos fijos en su rostro y con el ceño arrugado, atinó a decir.

                -Son unos desconsiderados… creer que podían ahí refugiarse de la nieve, como si tuviéramos ya suficiente con todos los tontos chiquillos que para parecer divertidos se meten por estas épocas una ramita de muérdago en la nariz. -Exclamó con tono de enfado y cansancio que no sentía.

                -Jajajajajaja… el muérdago en la nariz, ¿aún lo hacen? -Dumbledore reía a pierna suelta y Minerva lo hacía a medias, Poppy asintió feliz de verlo alegre.

                -¡Qué si lo hacen!... ocho casos en una semana… ¡Por Merlín, no tengo tiempo para esas cosas! -Rolanda se quitó la melena larguísima de los hombros y empezó a sujetarla con un grueso listón, mientras Sybill miraba a todos y sus risas sin comprender.

                -¿Q-qué… qué es lo del muérdago? -Preguntó alzando un dedillo delgado y curvo, mientras Severus a su lado rodaba los ojos a un lado, convencido de que vendría una letanía cursi de parte de Dumbledore, que en lugar de eso, se llevó la copa a los labios y miró a Poppy como diciéndole que era su turno.

                Al principio se preguntó cómo era que Sybill no conocía la historia, si era una alumna de Hogwarts, pero luego supo, recordaba a esa niña nerviosa y miedosa corriendo pegada a los muros con sus libros en el pecho; entonces se aclaró la garganta con una tos seca y empezó a contar:

                -Se dice que muchos siglos hace, una noche de vísperas de navidad, uno de los alumnos de séptimo curso de la casa Slytherin deseó pedirle a una Ravenclaw que fuera su novia… pero, él era verde y ella azul y había otro chico que la pretendía… así que intentó buscar una forma de que ella no escapara de sus brazos…

                -Posesivo. -Murmuró Rolanda y Sprout soltó una carcajada, Severus miraba con atención a la profesora de vuelo, era una mujer apenas mayor que él, demasiado extraña.

                -Sólo una cosa se le ocurrió y fue usar el tan utilizado muérdago… así que consiguió una ramita y la llevó con él para ir a buscarla, esperando poder ponerla sobre ellos sin que se diera cuenta…  cuando la encontró en el pasillo, tropezó viniéndose al piso y clavándose el muérdago en la nariz…

                -Debió doler horrores. -Comentó Hagrid como si supiera de lo que hablaba.

                -¡Vaya que duele!... el chico se levantó cubriéndose la nariz sangrante con la mano pero la chica lo vio, así que con un movimiento simple de varita le quitó la ramita y lo llevó a la enfermería.

                -Una forma muy idiota de seducirla. -Masculló Severus, Poppy le miró seria.

                -No era seducción… era romance, Severus. -Exclamó ruda y fría, indignada de que se redujera a tan poco algo tan sublime y tan admirado por muchos. -Y fueron felices mucho, mucho tiempo.

                La cena siguió, la cosa del muérdago se comentó sólo como un mero incidente divertido y hasta ahí llego, aunque en su corazón era siempre como una llama que se encendía y perduraba siempre; y cuando tuvieron que retirarse por ser muy tarde, Poppy y Minerva tomaron el mismo pasillo casi por casualidad, Minerva se sonrió de lado y le miró de reojo.

                -¿Hace muchos siglos?

                -¿Perdón?

                -No conozco a nadie que pudiera sacar una ramita de muérdago de la nariz de tan bien como tú… y ahora todos lo toman como accidente de buena suerte.

                -Son chiquillos que no saben nada.

                -Chiquillos que creen que si su chica les quita el muérdago con facilidad, están destinados para siempre.

                -Y lo malo es que de cada cinco sólo una lo logra con efectividad.

                -Cosas de amores, supongo.

                Poppy oyó aquello sin darle mucha atención, se despidieron y ella pudo volver a su adorada enfermería; una vez ahí fue directo a su escritorio, abrió el cajón y miró la pequeña cajita roja que guardaba con celo, al abrirla vio la pequeñita rama de muérdago, seca y ennegrecida de sangre, ahí mismo la fotografía de los dos le saludó sonriente; eran sus dulces recuerdos de felicidad, esos que volvían el Colegio más hermoso y más abrigador que nada en todo el mundo.

                -Cositas de amores, ¿verdad?

                Se levantó, se quitó la cofia y se puso su camisón, otra dulce noche de Navidad soñando con su amor afortunado, por quitar un muérdago de la nariz.