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Historia 97325 — capítulo 1
Es un bello día en Londres. Han pasado casi dos años desde la caída del Señor Oscuro, y los mortífagos que aún quedan sueltos no suponen problema para los aurores del Ministerio de Magia. Harry Potter lo sabe, pues parte de sus estudios para auror incluye el mantenerse informado de lo que pasa en el Mundo Mágico, lo cual es muy provechoso pues él y todos sus compañeros saben que pueden ser llamados en cualquier momento como apoyo en una misión. Ese día en particular, cuando Harry regresó a su hogar en el número doce de Grimmauld Place le esperaba una sorpresa, pues al abrir la puerta se sientió inmediatamente abrazado, casi derribado, y miró sorprendido que no se trata de Ginny Weasley, su prometida.
— ¡Oh, oh Haggui! — dijo una voz femenina con claro acento francés — ¡Pogg fin has llegado!
— ¡Fleur! — contestó el moreno asombrado — ¡Fleur Delacour, qué sorpresa!
— Buenas noches Harry — dijo la conocida voz de Bill Weasley, esposo de Fleur —. Llevamos rato esperándote.
— Es cierto cielo — dijo por fin Ginny Weasley, abriéndose paso entre los esposos —. Ellos fueron a buscarme hasta la redacción del Profeta, y los traje aquí.
— Bueno, pues aquí me tienen — dijo Harry, fijándose en la expresión grave de sus caras —. Tomen asiento y díganme para qué soy bueno.
— *¡Ha-Haggui,*necesitamos tu a-ayu-ayuda, pogg favogg!— dijo la rubia a punto de llorar — E-es sobggueGab-Gabri… ¡BUAAAA!
— ¿Pero Fleur, qué pasa? — le dijo Harry tratando de entender — ¿Es sobre quién?
— Sobre Gabrielle, su hermanita menor — completó Bill abrazándola —. Ella… Se fue de la casa de sus padres, y lleva varios días desaparecida.
EL rostro de Harry reflejó tanto la sorpresa de él como la angustia de Fleur y la preocupación de Bill. De momento no supo qué hacer o qué decir, hasta que Ginny se le acercó.
— Yo me siento igual Harry — le dijo abrazándolo —. Digo, no trataba mucho con ella, pero creo que no me gustaría que alguien de mi familia desapareciera así.
— ¿Pero no saben nada, no dejó alguna pista? — dijo Harry reaccionando — Tal vez se fue por alguna discusión, o algo así.
— De hecho sí Harry — dijo Bill alargándole un pedazo de pergamino —. Encontramos esto en su habitación el día que se fue, pero no le tomamos importancia entonces.
Harry tomó el pergamino y lo desdobló para leerlo. Era una carta de Gabrielle, escrita en francés. Bill la encantó para que se tradujera al leerla.
"Querida familia: Me siento hastiada de ser la pequeña de la casa, de que me traten como una bebé de brazos y de que no pueda tener la libertad que siempre ha tenido mi hermana Fleur. Creo que me han desplazado, y me siento muy poca cosa para ustedes. Por eso, he tomado una decisión que no sé cómo tomarán, pero no importa porque ya estaré lejos para cuando lean estas líneas."
"Mi deseo ahora es ser yo misma, y forjarme como una bruja excelente como mi hermana, pero sin parecerme a ella en lo absoluto, y para ello decidí alejarme de ustedes. Me iré por el mundo, a aprender muchas cosas que jamás veré quedándome en casa, y prometo volver en cuanto me sienta satisfecha con lo que seré. Espero hacerles sentir orgullo de pertenecer a esta familia, tanto como Fleur los hace sentir hoy."
"Bueno, pues eso es todo. Me voy, no intenten buscarme, yo regresaré. Los amo, Gabrielle."
"P.D. Cuídate mucho Fleur, volveré con ganas de conocer a mi sobrina, y que se sienta orgullosa de su tía Gabrielle."
— ¿Sobrina? — preguntó Harry — ¿Acaso ustedes están… E-están…?
— Están esperando una bebita amor — le confirmó Ginny —. Pero al parecer la desaparición de Gabrielle le está afectando a Fleur.
— ¿Pero, por qué esperaron tanto? — preguntó el moreno — ¿No ven que eso puede estar causando un mal en la bebé?
— E-es que… Gabrielle nunca hablaba en segguiocuando decía eso — contestó Fleur intentando serenarse.
— Así es — dijo Bill —. Desde hacía tiempo que alardeaba con irse, pero nunca lo hacía.
— Entonces el problema viene de tiempo atrás — comentó Harry —. A ver, piensen en esto. Ella dice que se siente desplazada, creo que se debe a que los padres de Fleur les han tenido muchas consideraciones, dejándola a ella un poco relegada. Díganme algo, ¿las calificaciones de Gabrielle han bajado, se ha aislado de sus amigas, charla muy poco o nada con ustedes o con sus padres?
— Ehm… Bu-bueno, esstee… — dijo el matrimonio titubeando. En realidad no tenían una respuesta concreta, y Harry se dio cuenta de inmediato.
— Me lo supuse. Creo que se les olvidó que ella está en una etapa de la vida en la que requiere algo de atención, que se le reconozca su esfuerzo y sus méritos, pero más que nada que se le escuche de vez en cuando.
— Bueno, lo entiendo — dijo Bill tratando de justificarse —, pero es que la casa, la manutención, el trabajo de ambos, y ahora la bebé que viene en camino… No podíamos pensar en todo.
— No era necesario pensar hermanito — le dijo Ginny —. Como dice Harry, tan sólo se trataba de escuchar, de alentarla a tiempo, cuando ella lo necesitara.
El matrimonio lo entendió, y ambos bajaron la vista avergonzados. Harry se encargó de espabilarlos al llamar su atención.
— Ya no hay tiempo de lamentarse — les dijo enérgico —. Ha pasado bastante tiempo, y ella puede estar en cualquier parte. Me contactaré al Ministerio de Magia para reportarla, y luego…
Harry utilizó todos los recursos a su disposición como auror en entrenamiento que era, pero el esfuerzo de todos ellos no tuvo resultados. Al parecer Gabrielle no había utilizado medios mágicos para viajar, y rastrearla en los transportes muggles era bastante tardado. Su retrato fue boletinado por todo el país, el Ministerio de Magia otorgó todas las facilidades para su búsqueda, pero todo fue inútil. No se encontró ningún rastro de Gabrielle, y el Ministerio asumió que no la encontrarían viva.
Tanto los Weasley como los Delacour tuvieron que hacer un esfuerzo enorme por cuidar la salud de Fleur y de su bebé, pues la tristeza y la desesperación estuvieron a punto de acabar con ambas. Finalmente, la pequeña nació sin complicaciones, y fue bautizada con el nombre de Victoire.
Poco a poco, la familia y los amigos cercanos fueron aceptando la idea de que no volverían a ver a Gabrielle, aunque solían recordarla con mucho cariño. Victoire fue creciendo con la imagen de una tía que nunca había visto, pero que sus padres le describían como la más amorosa bruja del mundo. Un día, muy cercano al cumpleaños número cuatro de Victoire, ella y sus padres se encontraban de visita familiar con sus abuelos los Delacour. En un momento dado, la niña desapareció de la vista de todos los distraídos adultos, quienes al darse cuenta la buscaron de inmediato. Fleur la encontró muy risueña en el jardín trasero, señalando la cerca de setos.
— ¡Peggolinda! ¡¿Dónde te habías ido amogg mío?!
— ¡Mida, mida! — decía la niña a su madre — ¡Ahí, ahí!
— ¿Ahí? ¿Qué hay ahí tesoggo? — dijo Fleur amorosamente, mirando la cerca y a Victoire.
— ¡Ahí, día Kabi! — dijo Victoire contenta.
— ¿Día Kabi? — se preguntó Fleur volteando hacia la puerta de la cerca — ¿Qué es eso hi…Hija?
— Ella dijo "Tía Gabi" — respondió una voz de mujer desde la puerta —. Hola Fleur.
Fleur se quedó muda al reconocer aquella voz inconfundible, aunque la imagen que recordaba con relación a ella no se parecía mucho a la que estaba mirando. Se trataba de una mujer alta y esbelta, de músculos marcados, piel bronceada, de cabello largo y rubio peinado en una larga trenza. Vestía ropas de cuero en su mayoría, se cubría la cabeza con un sombrero de ala ancha estilo vaquero, y calzaba una especie de botas hechas con retazos de cuero también. Fleur dudaba, pero la voz no dejaba de sonar en su cabeza. Finalmente, la extraña mujer la sacó de sus dudas.
— Soy yo hermana, soy Gabrielle. He regresado.