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Historia 97325 — capítulo 2
Fleur se le acercó lentamente, analizando cada centímetro del rostro de la recién llegada. Entre los brazos de su madre, Victoire le sonreía y le extendía sus bracitos, deseando que la cargara.
— Es hermosa Fleur — dijo Gabrielle, en un inglés con acento extraño — ¿Puedo tenerla un poco?
Gabrielle bajó al suelo la gastada mochila de su equipaje, así como un cayado que parecía elaborado de una gruesa raíz y que era tan largo como su estatura. Dudando un poco menos que antes, Fleur le entregó a la niña con suma precaución. Mientras Gabrielle jugueteaba con Victoire, Fleur se atrevió a pasar su mano por el rostro de su hermana.
— ¿Aún dudas que sea yo? — le preguntó Gabrielle sonriéndole — Está bien hermana, ten confianza. De verdad soy yo.
— Ga-Gabrielle… — musitó Fleur por fin —. Im-imposible... Tú… E-Eggues tú… ¡Egguestú, en veggdad has guegguesadoa casa!
Sin poderse contener, Fleur se abrazó de su hermana, quien la rodeó con su brazo libre mientras seguía cargando a Victoire. El grito de júbilo atrajo a los demás miembros de la familia, quienes seguían buscando a la niña por la casa. Tanto Bill como los padres de las dos hermanas derramaban felicidad, y no dudaron en expresársela a la hija pródiga que volvía a casa luego de tan larga ausencia.
— ¡Buaaa, egguesuna heggmanamala Gabrielle! — dijo Fleur entre sollozos — ¿Poggqué te fuiste, poggqué nos abandonaste cuando estaba a punto de segg madggue?
— ¡Cálmate Fleur, serénate por favor! — contestó Gabrielle zarandeando a Fleur para que reaccionara —. Escúchame, escúchenme todos por favor. Estoy muy consciente de que les debo una explicación, y antes de dárselas quiero decirles que, en verdad, los extrañé mucho. Pero comprendan que no podía dar marcha atrás a lo que comencé, porque era algo que necesitaba hacer. Algo de lo que no me arrepiento ni ahora ni nunca, porque todo lo que viví, todo lo que aprendí en mis viajes es lo más maravilloso que me ha pasado en mi vida.
— Lo entendemos Gabrielle — intervino Bill —, pero también es cierto que estuvimos sumamente preocupados por tu desaparición. Hicimos todo por encontrarte, incluso le pedí ayuda a mi hermana Ginny y a su ahora esposo Harry Potter para hallarte, pero no lo logramos. Comprende que te fuiste en un momento muy difícil para nosotros.
— ¿Harry me buscó…? — dijo Gabrielle con asombro. Recordaba muy bien al chico que alguna vez la rescató en un Torneo de los Tres Magos — Vaya… también les debo a ellos una disculpa y una explicación. Ojalá y pudiera verlos pronto. Tenemos mucho que contarles.
— ¿"Tenemos"? — preguntaron Fleur y Bill a un tiempo — ¿Hay alguien más?
— Oh sí, alguien muy especial para mí — dijo Gabrielle convencida. Volteando la cara hacia la cerca lanzó un sonoro silbido, que hizo a los demás taparse los oídos. De inmediato, se escuchó un ruidito de alguien moviendo cosas tras la cerca, para luego ver que a un joven fornido y alto saltando la puerta de la cerca. Era de piel apiñonada, cabello rubio ceniciento, algo más alto que Bill pero visiblemente tan joven como Gabrielle. Vestía de manera parecida a ella, y se acercó sonriente al grupo extendiendo la mano.
— ¡Buenas a todos, parientes! — dijo de manera muy familiar — ¿Cómo les va?
Bill fue el único del grupo que le extendió la mano, mientras la familia lo miraba de arriba abajo con mudo asombro. Sin que se lo preguntaran, el muchacho se presentó.
— Soy Dainan Matthew, pero pueden llamarme Dai, parientes.
— Mucho gusto Dai — le dijo Bill cortésmente —, y bienvenido a Francia, al hogar de los Delacour.
— Gracias — contestó Dai —. Para ser un país tan frío, ustedes son gente muy cálida y amable.
— ¿Dai? — interrumpió Fleur ya más calmada — *Pegdone,*es un nombgguealgo extggaño pagga nosotggos.
— Es un nombre aborigen Fleur — explicó Gabrielle —, significa "buen corazón". Y eso ha sido Dai para mí desde que lo conocí, allá en Australia.
— Así es parientes — confirmó Dai abrazando a Gabrielle —. Tanto que me decidí a acompañarla hasta su país, y encontrar a los que le dan su consentimiento para casarse.
— ¡¿EEEHHHH?! — expresaron todos, con excepción de Victoire.
— ¿Pe-peggdón, peggo e-escuché bien? — dijo Fleur tan atónita como sus padres — ¿Di-dijiste ca-casaggse?
— Oh no, no señorita rubia — contestó Dai quitándose el sombrero —. Yo dije casarse, no casag… eso que dijo.
— ¡Ji, ji, ji! — rió Gabrielle tratando de no soltar una carcajada mayor —. Ven Dai, creo que no te expliqué lo del acento de mi familia. ¿Papás, podemos entrar?
Tras la sorpresa, los padres de las chicas los recibieron gustosos. Gabrielle se encargó de todas las presentaciones, mientras Bill se encargaba de comunicar la noticiaa su familia, empezando por Ginny y Ron. Muy pronto, los Weasley y los Potter llegaron al hogar de los Delacour vía red Flu, para escuchar la historia de Gabrielle. Acordaron hablar en inglés, la lengua de la mayoría de los presentes, y con un hechizo sencillo de traducción los señores Delacour pudieron tomar parte en la conversación.
— No puedo creerlo — dijo Harry con sinceridad —. Te miro con atención Gabrielle, y aún no puedo creer que seas tú.
— Sí, yo tampoco — confesó Hermione Granger, esposa de Ron Weasley —. Todavía te recuerdo como aquella pequeña rubia tomada de la mano de Fleur.
— Creo que no eres la única con esa imagen de mí — contestó Gabrielle —, y es precisamente ésa la imagen que yo deseaba quitarme de encima, quería ser yo misma, no una versión en pequeño de mi hermana Fleur. Pero aclaro, no quiero decir que eso sea malo hermana, sino que simplemente siento que ser así no va conmigo.
— ¡Oh Gabrielle! — dijo Fleur mirándola con ternura — ¿Y tuviste que iggte tan lejos pagga hacegglo? Yo te quieggo mucho heggmanita, te quieggo igual como eggas antes que como eggues ahogga.
— Y nosotggos también hija mía — intervino el señor Delacour —. Tu madgguey yo quegguemos pediggte peggdón, pogg habeggte hecho sentigg en el olvido.
— Yo también les pido perdón papá y mamá — contestó Gabrielle abrazándolos —. Siento haberles hecho sentir pena por mi ausencia, yo no me di cuenta de que se iban a entristecer mucho con mi partida, hasta que fue tarde. No podía volver atrás, estaba decidida a encontrarme a mí misma, hasta que lo logré.
— ¿Por qué dices que ya era muy tarde Gabrielle? — preguntó Ron curioso — No creo que hubieras llegado muy lejos entonces.
— Al contrario Ron — dijo la rubia —. Para entonces el tren estaba entrando a tierras irlandesas.
— ¿Irlanda? ¿Tren? — preguntó Ginny asombrada — ¿Pero cómo llegaste allá tan rápido?
— Fue fácil. Con mis ahorros compré el boleto para el tren más veloz que conozco. El Expresso de Hogwarts no sólo lleva al colegio amigos.
— ¿El Expresso de Hogwarts? — dijeron todos sorpendidos — Gabrielle, tienes mucho qué contarnos.
— Por supuesto que lo haremos — dijo Gabrielle mirando a Dai, quien asintió sonriendo —. Sólo déjennos asearnos un poco y estaremos con ustedes. Les contaré mis aventuras en Irlanda.