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Percy y Annabeth — capítulo 1

Las vacaciones de Navidad se acercaban, al fin. Esos tres meses habían sido los más felices de su vida. No había Cronos con quien pelear, había visitado mucho el campamento, casi no lo habían atacado monstruos y Annabeth. Ella cambiaba todo solo con su presencia; gracias a los dioses se encontraba muy cerca de ella. Se veían casi todos los días. El no podía visitarla muy seguido en donde ella se estaba quedando, el Olimpo, debía estar cerca para la reconstrucción. Su escuela quedaba cerca que la de ella y se veían muy seguido. El la amaba, no había duda de eso, aunque a veces peleaban siempre se arreglaban, se amaban, era maravilloso estar cerca de ella.

Ese era su último día de clases, por fin la vería todos los días. Annabeth se tomaría unas vacaciones de su trabajo en el Olimpo y se iría con él a visitar al campamento y pasarían las navidades juntos en casa de Percy y también los visitaría su hermano Tyson. Esa navidad sería muy especial, no solo porque Annabeth estaría con él, también su madre tenía que ver en eso, ella estaba esperando un bebe de su nuevo esposo Paul, a penas tenía unas semanas, pero era una gran noticia.

Su día en la escuela fue muy bien solo que en la última hora, historia, la espera lo estaba matando. Quería ver a Annabeth, ese día lo pasarían junto y a la mañana siguiente irían juntos al campamento. Le encantaba como sonaba: JUNTOS.

Estaba sumido en sus pensamientos cuando una voz lo sobresalto. Era su padrastro:

-Percy! - casi gritaba para obtener su atención.- te pregunte algo

-Lo siento, estaba distraído. No volverá a pasar.

-Eso espero. Pregunte el nombre de un dios.- curiosamente estaban estudiando lo único en lo que él podría sobresalir. Eso formaba parte de quien era.

-Ah..pues Poseidón.- vio que su padrastro tenía una expresión sombría. No le gustaba que hable de su padre. Pero no podía evitarlo.

-Correcto. El dios de los mares. Algún otro.

-Atenea - dijo una chica de su salón. Eso llevo sus pensamientos de nuevo a Annabeth. No podía esperar.

-Correcto, la diosa de la sabiduría. Otro.

-Ares.- respondió un joven robusto y al que le gustaba abusar de los débiles, era exactamente como el dios de la guerra.

Se esforzó al máximo para poner atención. Pero el último día de clases termino pronto. Se quedo esperando a Paul, irían juntos a recoger a Annabeth del Empire State. Se acerco a él.

-Bien hecho Percy, se que este tema será fácil para ti.

-Si….bueno es algo conocido.

-Si. Yo quería preguntarte por tu padre.

-¿Qué sucede con él?

-¿Sabe acerca del nuevo integrante de la familia?

-Seguramente, se lo conté a Tyson, seguro él le pasó la noticia.

-Entiendo.

-Pero eso no será un problema. El entiende.

-De acuerdo. Creo que es todo, vamos a ver a tu novia.

La cara de Percy se puso roja como un tomate. Aun se ponía incomodo cuando sus padres la llamaban así.

Tardaron un largo rato en llegar. Todo el trayecto Percy se encontraba nervioso. Reviso su reflejo una y otra vez hasta asegurarse que lucía bien. Paul solo soltaba risas cuando lo hacía.

-¿Nervioso?- pregunto con una sonrisa.

-Un poco.

-Pero si es Annabeth. Te conoce bien.

-Pero es eso lo que me preocupa, que se aburra de mí, al verme igual siempre.

-Ella te quiere. No se aburrirá.

-Eso espero.

Por fin llegaron, Paul se quedo en el auto. Percy ya era conocido por el recepcionista, así que lo dejaron subir. Entro al Olimpo, no lucia tan imponente como siempre, pero lucia impresionante. Annabeth realmente estaba haciendo un gran trabajo. Recorrió las calles llenas de personas que trabajaban. La buscaba con la mirada pero no la encontraba.

Luego de recorrer un gran camino, diviso una melena rubia y larga. Estaba recogida en una media coleta. Annabeth revisaba unos planos, tenía una sonrisa. El sabía que estaba haciendo lo que amaba. Llevaba una camiseta celeste y jeans. Se la veía hermosa.

Percy se acerco a ella. A penas ella lo vio dejo los planos y corrió a abrazarlo. Con sus brezos aun alrededor de si cintura, Percy le pregunto:

-Lista para la mejor tarde de tu vida.

-Completamente.

Se soltaron, ella fue por sus cosas, se despidió de sus compañeros y entraron en el ascensor.

-Te extrañe.- le dijo Percy, mientras entrelazaba sus dedos con los de ella.

-Yo también. Pero por fin pasaremos todo el tiempo que nos merecemos juntos.

-Al fin.- sonreí. Ella también lo hizo, sus ojos brillaban. Se acerco a ella y la beso. Sintió como si una corriente lo recorriera, era la mejor sensación que había tenido la suerte de experimentar.

-Eso era lo que más extrañaba.

-Yo también. Y los besos submarinos.

-Exacto.- coincidió Annabeth.

Llegaron a la planta baja y se dirigieron al auto de Paul, aun con sus manos entrelazadas y las sonrisas iluminando sus caras.