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Did you really think I could ever love a mudblood? — capítulo 3
La muchacha consiguió quedar anestesiada, terminando por acostumbrarse al dolor que sentía en el cuello. Se dejó caer sobre la almohada, con cuidado de no rozar esa parte que aún seguía roja e hinchada. Rompió a llorar, así, sin más. Tenía miedo, jamás había estado tan asustada como en ese preciso instante. Quería despertar de aquello que creía una pesadilla, quería volver con sus amigos. De repente, la puerta de la habitación se volvió a abrir. Una melena rubia apareció en escena, era Narcisa Malfoy.
- Hola - Saludó dulcemente a Hermione, pero la muchacha no contestó. Se sentó al borde de la cama, quedando en silencio, agachando la mirada -. No voy a hacerte daño, solo quiero curarte… eso.
Señaló la serpiente marcada en su cuello, que se mostraba imperiosa. Hermione se apartó el pelo, echándoselo hacia un lado. Narcisa empapó unas gasas en alcohol y las colocó, suavemente, sobre la marca de la castaña, dejándolas aprisionadas con una venda que rodeaba parte de su cuello.
- Si necesitas algo… puedes pedirle al elfo que hay fuera que me busque, ¿vale? - Propuso con una sonrisa en sus bonitos labios. Hermione asintió, limpiándose unas cuantas lágrimas
- Sé que está no es una situación ni bonita, ni fácil para ti. Solo quiero advertirte, o más bien… ayudarte, si no colaboras con lo que mi Lord te pide, te torturará hasta que lo hagas.
Hermione asintió varias veces. Narcisa, se levantó de la cama y se marchó, dejando nuevamente a Hermione sola. Crookshanks dio un salto hacia el suelo, buscando algo con lo que entretenerse. La castaña llevó una de sus manos hacia el cuello, dando un leve suspiro. Tomó un libro de su baúl, un libro Muggle que hablaba sobre cuentos de magia. Estuvo tanto rato leyendo, que además de olvidar su dolor, perdió la noción del tiempo. Durante un par de horas consiguió olvidar quién era, dónde estaba y por qué estaba en semejante lugar. Su calma se vio interrumpida de nuevo, cuando varios elfos entraron. Uno de ellos llevaba en sus manos una bandeja con comida, el otro varios libros. Tras ellos caminaba Voldemort, quien tenía su rostro serio y sus facciones duras. Los elfos pusieron la comida y los libros sobre el escritorio, y se marcharon.
- No quiero que leas semejante estupidez - Éste, con un leve giro de muñeca dirigiendo su varita, y desaparecer el libro que Hermione tenía entre sus manos. Ella no hizo nada, ni siquiera habló o resopló -. Vas a leer esos otros. Quiero que aprendas lo que te quede por saber a cerca de la magia negra.
Hermione continuó en silencio. Él resopló, algo enfadado, y se sentó a su lado. Ella se separó un poco, encogiendo sus piernas, intentando protegerse de un posible (futuro) ataque. Voldemort intentó prestar un poco de interés por la muchacha, intentando tomar su mano. Ella la aparto, volviéndose a separar un poco más de la serpiente.
- Si te comportas así, solo harás estos más difícil - La miró, buscando su rostro, que ella intentaba esconder -. Cuánto más me obedezcas, más privilegios tendrás. Podrás salir de esta habitación, relacionarte con la gente de la casa. Y, te devolveré tu varita.
La castaña lo miró, por un momento, él sonrió.
- Estudia, mañana puede que te deje salir de aquí. - Tras decir esto, se levantó y se marchó.
Hermione caminó hasta la mesa, y tomando la bandeja con comida y los libros regresó a la cama. Dio un pequeño bocado, a un trozo de pan, abriendo el primer libro. Lo cierto, es que eran pequeños libros, en una noche podría terminar de leerlos.