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Un mortifago no tan diferente a mi. — capítulo 1
//corregido 23/02/14 // Novi/20/14//
Después de la batalla las cosas poco a poco fueron tomando su rumbo, consiguiendo su lugar y contando nuevas historias a las generaciones que ahora veían todo con ojos calmos y esperanzados; La guerra había terminado, Higwarts había sido limpiado de todo rastro de sangre y el cuerpo de Voldemort tenía su lugar tres metros bajo tierra, donde todos estaban seguros sería su última morada. Para muchos era el final, para otros apenas comenzaba, la vida no volvería a ser igual, muchas pérdidas en poco tiempo pero al menos tenían que intentarlo. Grandes cambios se dieron. Kingsley era ministro ahora, elegido por su coraje y buenas decisiones durante cada una de las etapas de tan duros momentos, no hubo quien se opusiera a la idea. Muchos nuevos presos en Azkaban, atrapados durante la batalla o siendo entregados por grupos de magos y brujas que habían juntado el valor para hacerles frente y derrotarles. Se podía incluir al grupo de dementores que anteriormente habían sido los encargados de dicho lugar.
Hogwarts se encontraba en reconstrucción, los pasillos llenos de escombro no eran lugar para dar clases y pronto abrirían sus puertas a nuevas generación, con la esperanza de que la paz restaurada durara no solo sus años de estudios; para el trio legendario las cosas no podían pintar más prometedoras. Desde la primera noche tras la batalla, Harry, Hermione y Ron habían iniciado sus vidas como héroes conmemorados. La gente les aplaudía, les daba palmadas en la espalda. No había mago, bruja o criatura en el mundo mágico que no supiera sus nombres y el de cada integrante del ejército de Dumbledore. Ron aceptaba la fama con agrado, pero su perdida le impedía disfrutarla como normalmente lu hubiese hecho, la perdida de Fred estaba tan fresca que escuchaba su risa con el viento que azotaba anunciando el final del otoño.
Hermione por su parte desvió toda su atención a brindar la ayuda que fuera posible, así mantenía despejada su cabeza. Quiso marcharse, buscar a su familia pero sabía que era en vano, así que no le quedaba más que intentar vivir con calma por un tiempo, ya tendía tiempo para la melancolía cuando cada cosa volviera a su curso; la familia Weasley no dudo en recibirla, y aquella noche que durmió abrazada por primera vez de Ron descubrió cuan sombrío es levantarse a media noche con una pesadilla.
Harry tenía el trabajo más difícil con apariencia de lo más fácil, aceptar los alagos y agradecimientos para el significaba mucho más que buenas acciones, le recordaba a cada hombre, mujer y niño que tuvo la desgracia de estar en la que debía ser su batalla. El día que conoció por fin a su ahijado Teddy no pudo evitar pedirle perdón, llorar frente al pequeño confundido de cabello momentanemante morado. Tan inocente, tan alejado ¿le culparía algún día de haberle quitado a sus padres? Era su mas grande temor al respecto, se había prometido cuidarle y ayudarle a crecer y tener todas las oportunidades que un niño se merecía, aunque en ocasiones pareciera que el mismo seguía siendo un niño.
Una tarde, en la vieja oficina de Snape que antes había sido de Dumbledore los tres jóvenes esperaban a la llegada de la profesora McGonagall, les había buscado y querían saber porque; poco fue lo que tuvieron que esperar cuando ella atravesó las puertas, con la forma de un gato y así en cuatro patas cruzó la estancia para convertirse frente a ellos en la mujer que les había guiado durante lo más fiero del combate:
—Buena tarde, jóvenes- dijo arreglándose la túnica- me alegra que hayan acudido a mi llamado tan pronto.
La cosas tomaban un tinte de normalidad, volvían a ser los estudiantes y ella la profesora. En el fondo de cada uno nacía un sentimiento distinto, la preocupación de Harry por creerse en problemas, como siempre que hablaba con McGonagall. La seriedad de Hermione, recordando sus tiempos de prefecta y la melancolía de Ron por pensar en las veces que sus hermanos habían estado en la misma posición.
—Deben saber que estamos arreglando la situación de los alumnos de su generación. - Llamó su atención McGonagall continuando con la plática iniciada tras las comunes preguntas y respuestas- queremos que vuelvan a su vida normal, eso implica que no queremos hacerles repetir un año de cursos pero tampoco queremos dejarlos ir sin saber que están listos.
— ¿Eso qué quiere decir? Profesora McGonagall - dijo Hermione inclinándose hacia el frente, siendo consiente por primera vez en el momento de que Ron sostenía su mano con los dedos entrelazados.
—Para mí ustedes ya están graduados, el resto es mera formalidad. - sus manos subieron hasta cruzarse sobre su pecho- hablo de sus extasis y pruebas de restantes, solo para demostrar que están preparados.
Tanto el pelinegro como el pelirrojo soltaron una exclamación seguido de una mueca, sus viejos hábitos de malos estudiantes perduraron a pesar de las maldiciones imperdonables. Harry y Ron se unieron aún más después de la batalla, el pelirrojo ahora podía entender ese sentimiento de pérdida que Harry cargaba desde pequeño y por el contrario, el pelinegro pudo dejar de lado su superioridad para dejar que fuese Ron el que contara las mejores historias. Pero había algo que Hermione tenía que hacer antes de olvidar todo y eso le impedía entregarse con todo a su mejor amigo y su amor, ella sabía que debía esperar el momento adecuado.
Después de sus éxtasis la vida parecía estar lista para nuevas emociones, nuevas experiencias, ante la reprobación de muchos, Harry y Ron decidieron probar suerte en el mundo del Quidditch, el equipo de Inglaterra para ser exactos; mientras que Hermione por su parte había conseguido entrar al ministerio de magia, como regidora estudiantil, puesto que Kingsley le había otorgado exclusivamente a ella; así los meses pasaron, entre trabajo excesivo y partidos constantes, entre noches familiares, risas, nuevas inversiones de interés. Pronto acerco la fecha del primer año a los caídos en la batalla de Hogwarts, para los Weasley fue difícil, porque también significaba el primer año de la muerte de Fred, mientras que para Hermione significaba su primer año de ser huérfana.
Había buscado a sus padres y les había intentado ayudar a recuperar la memoria, como pago obtuvo dos nuevos amigos que la miraban sin ningún tipo de reconocimiento. Dos muggle que la admiraban por ser una jovencita adorable, pero nada más. Ella había decidido no alterar más su paz, no era bueno para ellos, ni para ella; unos días antes de la conmemoración Kingsley entro al despacho de Hermione, la chica sabía que no podía resultar algo bueno de tal acción, le invitó a sentarse y con un movimiento de varita dos tazas de té se desplazaron hasta su escritorio; el ministro se demoró en tomar su té y cuando ya no pudo retrasar más el asunto inicio:
— Hermione como sabes muy bien, este año Hogwarts abrirá sus puertas con la generación en honor a los caídos en la batalla. - dijo seriamente, permaneciendo con la taza entre las manos, aun despedía un ligero calor humeante-
—Al mando de la profesora McGonagall…lo sé - interrumpió Hermione tranquilamente, acostumbrada a un trato normal con él- hemos estado trabajo arduamente en lograr tener bien estipulado los estatus para las evaluaciones, pero intuyo que eso no es lo que vienes a decirme ¿verdad?
— Cierto…- dijo el ministro con cierto tono de diversión, inclinándose hacia el frente para poder bajar una octava su voz - ¿recuerdas la asignación de "defensa contra las artes oscuras"?
—Por supuesto- respondió obviada una castaña que no podía unir las partes del rompecabezas que tenía delante- ¿Por qué?-
— Bien…la profesora recuerda cierta plática que tuvo contigo durante uno de tus éxtasis, y planea modificar la materia un poco - Hermione recordaba esa platica, solo le había preguntado porque muchos de los que habían participado estando de lado de Voldemort habían hecho lo que hicieron.
—¿mo-di-ficarla?- Repitió Hermione, con cierto aire de incredulidad. Sin entender realmente tanto el cambio, como su incumbencia en el asunto- ¿Cómo podría ser eso?
—Así es, la profesora cree que para poder defenderte, tienes que entender el porqué de las artes oscuras.- el ministro no pudo evitar fruncir el ceño- me ha mandado expresamente a pedirte que realizaras esta tarea-
— ¡¿el porqué de las artes oscuras?! Si claro…- dijo aun sin comprender que tenía que ver en eso. - ¿qué tarea debo hacer?
— Escucha Hermione, lo que te voy a pedir es algo delicado…y créeme entenderé si dices que no- la mirada del ministro estaba empañada por un pensamiento que se negaba a compartir con ella- hay un mortifago que está dispuesto a compartir su parte de la verdad…desde el punto de vista "oscuro".
—Muy bien - intervino rápidamente comprendiendo o al menos creyendo haber comprendido lo que el ministro le estaba pidiendo- enviare a Luna Lovegood, el reporte estará en tu oficina el lunes…
— No- interrumpió rotundamente mientras se ponía de pie - el hecho es…que su única condición es que fueras tú quien relatara la historia.
— ¿yo? ¿Qué yo debo tomar los dato? ¡¿Por qué?!- estaba confundida.
— No lo sé…ha mencionado algo de ser diferente-no quería hundirse mas en esa platica, así que decidió desviar el camino por el bien de ambos- Hermione, no busco un reporte…busco el nuevo libro de la asignatura "defensa y entendimiento de las artes oscuras", ¿crees que podrás hacerlo?
—¿Cuándo te he quedado mal? - contesto con fingida despreocupación, sabiendo que no tenía caso hacer más preguntas. Por alguna razón sabía que no querían agobiarla con información-
—Tendrás que darte prisa entonces, el traslador parte en 20 minutos…que te acompañe una de las hermanas Patil - dijo Kingsley al momento que salía del despacho-
—¿traslador?—dijo Hermione tomando todo lo que necesitaría para asi poder seguirlo.
—Hermione - contesto como si le hablara a un niño- ¿Dónde están los pocos mortifagos que quedaron después de la batalla?
— ¡NO!...no me puede mandar a ese lugar.- por un momento se olvidó de sonar segura-
— Yo tampoco quiero que vallas pero…es por el bien de mucho, tranquila, yo mismo me he encargado de que sea seguro, que no pueda lastimarte, tienes 15 minutos, suerte.
Kingsley se giró hacia ella, dio un breve abrazo a la castaña y le sonrío para darle animos. Mientras ella juntaba todo su valor para no salir corriendo y ocultarse en su despacho hasta que su superior cambiara de idea. La simple idea de ir a aquel lugar perdido del mundo le hizo estremecerse.
—Pero yo no quiero ir a Azkaban- susurró para sí misma mientras caminaba con pasos torpes hacia el cuarto de traslación-