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Un mortifago no tan diferente a mi. — capítulo 2
AZKABAN: donde jamás nadie imagina estar.
Hermione permitió que las emociones se apoderaran de sí misma: duda, temor, inconformidad, todas al mismo tiempo y cuando hubo logrado recobrar la compostura tomo dos minutos para reflexionar su decisión, sabía que no quería ir pero a la vez sabía que Kingsley confiaba en su profesionalismo, la decisión fue casi obvia y aunque no estaba muy convencida preparo sus cosas, su pluma-vuela-pluma y un rollo de pergamino.
Acto seguido se dispuso a escribir una nota que decía: " me duele informarte que esta tarde no podré acompañarte a tu entrenamiento…nos vemos en la cena". Pidió se entregará a Ron por medio de polvos flu. Triste y liberada de esa carga observó su reloj muggle y se dio cuenta que contaba con cinco minutos para llegar a la sala de trasladores, cuando llegó a la entrada del cuarto Padma la esperaba, pero su entusiasmo no era mayor al de la propia Hermione.
— ¿te encuentras bien? - dijo Hermione preocupada por el aspecto de Padma.
—No, en peor momento me dijeron que tenía que ausentarme- contestó la joven morena preocupada.
— ¿Por qué?- El ceño de Hermione se frunció un instante.
— Mi madre.- en sus ojos resalto la real preocupación.
Hermione pensó que muy a su pesar no podía obligarla a ir y de todos modos ella no entraría a la sala así que obligarla a partir sería más una maldad hecha por su parte.
— Si quieres…puedes quedarte, tengo entendido que solo una podrá entrar.
— ¿en serio?- pregunto sorprendida.
— Si, anda vete y nos vemos mañana.- hizo un ademan de mano para restar importancia a la situación, e incluso sonrió.
— Gracias Hermione, muchas gracias.- Padma tomo su mano libre un segundo, como gesto de amistad y se marchó-
Pronto Padma desapareció de la vista de Hermione fue llamada a la sala de trasladores, pocas veces entraba a dicho lugar, prefería mil veces aparecerse. Pero en Azkaban resultaba imposible: la habitación del traslador completamente blanca y en el centro contaba con un objeto muggle, que en este caso era un pequeño peine de plata que ya casi no tenía cerdas; la castaña tomó el mango del peine y todo desapareció bajo sus pies, cerró los ojos pero podía sentir el viento rosando su cara y alborotando su cabello, agradeció llevar pantalón ese día.
Pronto toco el suelo y con ello un frio tétrico la envolvió a ella y al ambiente, Hermione abrió lentamente los ojos y notó que aunque eras las tres de la tarde y el sol aún no estaba lo suficientemente bajo, el lugar en donde se encontraba estaba totalmente oscuro, era tétrico y desolador; a pesar de la oscuridad pudo notar que se encontraba en una habitación completamente circular, carecía de ventanas y solo tenía una sola puerta, que en el instante que Hermione termino de revisar la pequeña habitación se abrió, muchas veces se había preguntado quien había tomado las riendas de Azkaban y lo que vio le sorprendió más de lo esperado, un pequeño duende con grandes orejas y grandes manos; llevaba un gran juego de llaves y miraba a Hermione con recelo de arriba abajo.
— ¿Sabe las reglas?- preguntó de manera monótona.
Como voy a saberme las reglas, si jamás he estado aquí. Pensó la chica con un toque de ironía mientras pasaba la punta de su lengua por sus labios para humedecerlos un poco.
— ¿eh?...no - contesto algo asustada.
— No puede tocar al prisionero, no puede alzar demasiado la voz, no puede entregarle nada sin mi autorización, no puede moverse del centro de la habitación y usted se va primero- esperó respuesta y al no conseguirla prosiguió- por su seguridad habrá alguien en todo momento en la puerta, cualquier problema toque tres veces la mesa.
— ¿Qué mesa?- pregunto tontamente Hermione.
El duende la miro con ojos cizañosos y en respuesta a su pregunta trono los dedos, de la nada hizo aparecer una mesa en el centro de la habitación, era completamente lisa de un color negro metálico, seguido apareció dos sillas iguales del mismo material, con la diferencia que una de ellas tenia grilletes en las recargaderas, Hermione busco su pluma-vuela-pluma y su pergamino mientras el duende hizo un tercer tronido y la puerta se abrió con un estresante chirrido, esperando oír los pasos de la persona entrando pero el silencio no se rompió, tomo una bocanada de aire y se recordó mentalmente que todo iba a estar bien, pero antes de que pudiera ver quien se encontraba frente a ella, su voz le sorprendió:
— Hola, Grenger - comenzó una voz fría y cansada.
La amenaza del reconocimiento de aquella voz era como un hielo recorriéndole la espalda. De esas veces que tienes todo el rostro en la mira pero no eres capaz de darle un nombre. El duende había salido y con el se había marchado la luz. Eso hizo maldecir en voz muy baja mientras sacaba su varita.
— Lumus máxima - susurró y de la punta de su varita salió una esfera de luz que ilumino la habitación.
Hermione llevaba ya casi un año sin escuchar esa voz sin embargo cada matiz, la forma de arrastrar cada silaba y ese melodioso tono solo pertenecían a una persona, dejo que la luz de su encantamiento iluminara ese rostro tan diferente al que recordaba y aun viéndolo no podía creer que estuviera frente a él, lo examino temerosa mientras el duende lo colocaba en la silla y con un "tras" los grilletes se cerraron alrededor de sus muñecas, cosa que hizo al rubio hacer una ligera mueca de dolor.
Hermione recorría cada centímetro de su blanca piel, cada rasgo había cambiado: su cabello de un color plateado intenso, había perdido por completo su perfección, ahora se encontraba largo y completamente descuidado, le llegaba cerca del mentón y cubría solo una parte sus ojos mercurio, que ya habían perdido todo rasgo de altanería y prepotencia, ahora estaban llenos de tristeza y dolor pero demostraban impotencia. Descendió un poco más y noto que su perfilada nariz tenía varios rasguños, algunos bastante graves, incluso uno de ellos llegaba hasta sus labios, que ya no tenían esa sonrisa burlona que los caracterizaba, ahora eran solo dos líneas en forma de corazón alargado, completamente resecos y quebrados, rodeados de una iniciante barba del mismo color plata. Su cuello con grandes marcas daba paso a su torso cubierto por harapos. Hermione llevó instintivamente su mirada al brazo izquierdo que ya no tenía manga que lo cubriera, la marca estaba pálida aunque no tanto como la piel de su dueño, Hermione no estaba consiente de cuánto tiempo lo había estado observando, ese hombre no era ni la sombre de lo que ella conocía.
— Draco Malfoy - susurró solo para convencerse de que sus ojos no le engañaban.
— Ya casi ha desaparecido - dijo como si fuera cualquier cosa, al darse cuenta de donde estaba ubicada su mirada.
— Lo siento. - Contesto apenada y agradeció el frio que le impedía ruborizarse.
— No tiene importancia… ¿no vas a sentarte?- preguntó mirando la silla vacía que estaba justo frente a él.
Hermione dudo pero se sentó lentamente.
—Muy bien - empezó aun sin salir de sus sorpresa - ¿te moleta que use una pluma-vuela-pluma?
— ¿Es como la de Rita?- dijo burlonamente y su cabeza cayó despreocupada hacia atrás.
— No- contestó tajantemente- no soy como tu amiguita, yo respeto mi trabajo.
— Yo sé que no eres como ella- dijo sosteniendo la mirada de Hermione - y no, no me importa que uses esa cosa.
— De acuerdo- tomó un momento para aclarar su ideas y continuó- debo aclararte que esta pluma-vuela-pluma tendrá en cuanta solo la verdad de tus palabras y nada más…así que necesito que chupes la punta de la pluma.
— ¿yo! - pregunto incrédulo- ¿Por qué habría de hacerlo?
— Veo que sigues siendo igual de…- Hermione se interrumpió ante la mirada del joven y frunció los labios- es para que le hechizo de la pluma funcione, nada más.
— Yo no soy el mismo- Draco susurró con tono ofensivo.
— De acuerdo…demuéstralo.- La castaña dejo la pluma en medio de ambos.
— No sé si lo has notado pero no puedo tomar la pluma yo mismo- dijo con fingida alegría mientras retorcía sus muñecas bajo los grilletes.
Muy a su pesar Hermione tomó el mando y acercó la punta de la pluma lo suficiente para que el pudiera depositar su saliva en la punta.
— ¿otra cosa? - preguntó en forma de burla.
— No gracias.- respondió a la ofensiva- comencemos…
— Creí que no te atrevería a venir sola.- dijo de repente lleno de duda.
— No me atreví a poner en riesgo a nadie más.- las cejas de Hermione se alzaron de forma retadora.
— ¿riesgo?... ¿tu estas en riesgo ahora?- los hombros de Draco se tensaron notoriamente
— No lo sé…supongo que eso no depende de mí - respondió Hermione seriamente.
— ¿Qué?- dijo desconcertado.- ¿estás diciendo que tu seguridad depende de un hombre encadenado? Sí que tu seguridad debe ser débil Grenger.
— Solo digo que… - Hermione tomo un segundo para tragarse la burla del rubio y no caer en los juegos de niños que habían sido costumbre desde que lo conocía- ¿Por qué condicionaste que fuera yo la que viniera?- preguntó sin saber muy bien que esperaba escuchar.
— Son muchas razones…resultadas de una sola situación.- contestó agachando la mirada como si hablar de ello le incomodara-
— Eso no me contesta nada, Malfoy - dijo Hermione perdiendo la paciencia.
— ¿recuerdas el día que…Voldemort fue vencido? - preguntó con la mirada perdida. Por un momento pensó que estaba desviándose del tema pero lo dejo ser para ver que obtenia al respecto.
— Por supuesto…no lo he podido olvidar- respondió secamente.
— Que coincidencia, yo tampoco ¿sabes por qué? - Draco fijó su mirada en la de Hermione.
— ¿Por qué?- pregunté con fingido interés.
— Porque ese día descubrí que tal vez tu no eras tan…
— ¿Sangre sucia?- interrumpió herida y un poco sarcástica.
— Diferente a mí, es en realidad lo que yo quería decir- espero un momento y retorció sus muñecas debajo de los grilletes que las aprisionaban - ese día en el gran comedor…fuiste la única que no me juzgo con la mirada, la única que no nos apuntaba con el dedo y no sabía porque.
— Nos ayudaste - dijo instintivamente a la pregunta no formulada- no te juzgaba porque creí que…eras un mortifago diferente.
— No, tal vez no, solo era un cobarde; después, poco después de llegar aquí, supe que eras huérfana…simbólicamente - Hermione no supo exactamente que reacción tener, pero el comentario había hecho que su rudeza desapareciera.
Eso que te puede importar- pensó para sí misma luchando por contener sus sentimientos para después. Con la cercanía uno diría que el frio habría desaparecido pero con la plática tal parecía que solo arreciaba buscando congelar a los presentes.
— Creo Malfoy que sigo sin obtener una respuesta.
— Por favor Grenger - reprochó impaciente - acaso voy a tener que decirlo en voz alta- miró fijamente la expresión insensible de Hermione y suspiró lentamente - tu eres la mejor bruja de nuestra generación y eres la única con la que guardo, en mi opinión, un parecido importante…
— En eso te equivocas…yo no me parezco en nada a ti- interrumpió molesta y ofendida.
— ¿segura? - pregunto burlonamente - yo hice lo que hice por defender a mi familia y tú te sacrificaste por que tus padres estuvieran a salvo y bien…no sé si serás igual o diferente a mí, lo que si se es que nadie mejor que tú para relatar mi historia.
— Debes saber - respondió de manera severa y amenazante - que de haber sabido que eras tú quien relataba la historia…yo no estaría aquí.
— Te equivocas - dijo con el mismo tono burlón que tenía en el colegio- la duda te hubiera traído de todas maneras- solo piénsalo y veras que tenemos muchas cosas en común.
— ¡te equivocas!... yo no soy un maniaco sangre limpia como tú - dijo mirándolo como si pudiera lanzar fuego por los ojos.
— La sangre no hace al mago, Grenger, eso ya me quedo muy claro- contestó de manera sofisticada y tranquila.
Hermione estaba pasando por la impresión de su vida al escuchar esas palabras, Draco Malfoy no solo se había comparado con ella sino también había admitido que era mejor y ¡donde demonios había quedado su obsesión por la sangre?, acaso no era es el motivo por el cual él era un exmortifago.
— Quita esa cara Grenger…cualquiera diría que he propuesto algo indebido.
— ¡Me crees tonta?- reclamo exaltada y poniéndose de pie- ¿crees acaso que te voy a creer todas esas tonterías que me has dicho!...no me creas tan ingenua.
— Te creo muchas cosas Grenger…testaruda, enfadosa, tediosa - contestó molesto - pero tonta no.
— Escúchame bien Malfoy, cumpliré con mi trabajo de llevar tu relato al escritorio del ministro pero no planeo hacer ninguna modificación a tu favor… ¿lo entendiste?
— Eso - contestó triunfante- es exactamente lo que quiero… ¿empezamos mañana mismo?
— ¿Por qué mañana?- dijo confundida
— Grenger en este lugar el tiempo no pasa o no te das cuenta…eso es lo que le da el sadismo a este lugar.
— ¿a qué te refieres?
— Mira tú reloj.
Hermione levanto lentamente su brazo y al ver la hora se llevó una gran impresión, Draco tenía razón ya habían pasado las 2 horas que tenía, debía volver o el traslador ya no funcionaria.
— Debes irte - dijo con un tono firme pero ocultando la tristeza que sentía por quedarse solo otra vez.
— No me había dado cuenta…
— ¿volverás? - interrumpió con tono esperanzador.
— Presupuesto-contesto secamente - es mi deber.
Dicho esto dio tres pequeños golpes a la mesa, dio una última mirada a Malfoy, tomó sus cosas y el pequeño mango de plata, instantes más tarde todo desapareció bajo sus pies.