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Cuando todo cobra sentido — capítulo 32
Cogí todas mis cosas mientras Damon se lo decía a Katherine. Ella tambien debía saberlo pues Klaus la quería muerta. Al salir de la habitación no estaba, Damon me dijo que se había marchado corriendo:
_¿lo ves? Si te hubieramos dejado ahora estarías sola.
Asentí triste. Ni siquera se había despedido...¿la volveria a ver? Creo que no...
Damon me ayudó cogiendome las maletas y me hizo que le agarrara del brazo y no le soltara ya que el aire era frío, de noche, y estaba muy oscuro.
Pero, a pesar de mis miedos, llegamos precavidamente salvos a casa. En cuanto abrimos la puerta Stefan vino corriendo hacia nosotros. Ambos me ayudaron a llevar las cosas a mi habitación (que compartía con Stefan porque era enooorme) y me ayudaron a instalarme también. Este pequeño gesto me hizo muy feliz pues sabía que no estaba sola. Tenía a mis hermanos conmigo, cuidándome y queriéndome (Damon a su manera especial, pero bueno). Estaba tan emocionada que me senté en la cama y empezé a llorar sin consuelo. Ambos, evidententemente, se dieron cuenta y estuvieron a mi lado en una décima de segundo.
_Ever, eh, eh...¿que pasa, cariño?
Yo negué con la cabeza mientras me secaba las lágrimas con el puño de la manga de la camiseta.
_No pasa nada. Lo siento, esque...yo... me siento tan feliz porque...antes pensaba que estaba sola en el mundo...y...y...en unas horas la vida me ha cambiado...y...
Stefan sonrió y me abrazó contra su pecho mientras me daba besos en la cabeza. Por el pelo.
Cuando acabé de calmarme me dejaron que me diera una ducha y me relajara.
Eso me sentó muy bien. Me puse el pijama: una camiseta de manga corta y un pantalón a cuadros del mismo color y bajé a ver qué hacian... A Damon le había perdido pero Stefan estaba en la cocina...¿¡¿preparando la cena?!?
_¿Que haces?- le dije asomándome por la puerta
Stefan levantó la mirada sin sorpresa porque me había oido llegar pero solo sonrió y a velocidad vampírica me cogió y me sentó a la mesa.
_A cenar, vamos.
_¿los dos? pero si tu no comes.
_No te hagas la tonta...
Sabía perfectamente a qué se refería pero no quería que Stefan me diera de cenar, me hacía sentir pequeña, y no lo era. ¡¡Tendría que decirselo!! pero haber como...
_Esto...Stefan...-dije titubeante
_¿si, Ever?
Dudé y hubo un silencio. Pero me arriesgué _No quiero que me des de cenar. En este tiempo que he estado fuera de casa lo he hecho yo sola porque ya soy lo bastante mayor y...- me callé y cerré los ojos, no quería ver a Stefan. Me daba miedo.
El se extrañó de mis gestos y se sentó a mi lado en la silla contigua.
_¿Ever? ¿que haces?
_¿eh?- abrí los ojos despacio- _Esto...nada...esque...
_¿te asustaste de lo que pudiera hacer, no?
Asentí mirando a mis pies. Stefan se rió y me agarró la barbilla entre las manos.
_¿que pasa? ¿que no te acuerdas de que puedes decirme lo que piensas? yo no me voy a enfadar. Al contrario. Ten. Tu vas a comer y yo me quedaré aquí contigo, ¿vale?
Asentí contenta y me lancé a sus brazos y le di un beso. Bueno, varios. Pues si, va a ser vedad y se me había olvidado que Stefan y Damon no eran vampiros malos conmigo.
Despues de que yo cenara y Stefan y Damon tomaran su ración de sangre fuimos al salón grande, ese que tenía una televisión y una biblioteca y un sofá grande que a mi me gustaba. Y a Damon tambien, porque tenía ahí su Bourbon. Se sirvió un vaso mientras Stefan encendía la TV. Y ambos se sentaron a mi lado. Y Damon me dio un sorprendente beso. Increíble, nunca pensé que me haría eso...
Y tenía frío pero no dije nada por no molestar. Todo estaba agradablemente tranquilo. Stefan lo notó y cogió una manta que me puso por encima. Luego me estrechó contra su abdomen y Damon me acarició la pierna. Me sentía bien, protegida, querida, cuidada, mimada y segura.