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"Te amo Lily" "Pero no debes Malfoy" — capítulo 12
"The birth"
"No creo que la vida sea absurda. Creo que todos estamos aquí para un gran fin"
Por Lily Luna Potter:
[Escuchar: http://www.youtube.com/watch?v=nhq6xkpMJpA]
La vida se nos puede ir en un segundo, en un instante. Por eso siempre hay que vivirla con intensidad, por eso hay que amar con fuerza, hay que llorar lo que duele, hay que disfrutar y por sobre todo hay que hacer lo que se siente.
Un suspiro se escapó de mis labios, allí estaba, sentada en un pequeño banco en medio de San Mungo, con sanadores por todas partes, personas con diferentes enfermedades, personas agitadas, otras discutiendo, también estaban las que habían estado llorando día y noche, las que parecían eufóricas. Aunque si uno lo pensaba bien, nadie parecía feliz en ese lugar, no plenamente al menos.
Retorcí el blanco pañuelo con pequeñas flores en rojo que llevaba, hacia una hora sujeto pulcramente en el cuello, hacia quince minutos suelto y con los extremos enrollados entre mis manos, y hacia cinco minutos entre mis manos, retorciéndolo una y otra vez.
¿Cómo había ido a parar allí?, bueno, esa es una buena pregunta.
Hacía días que notaba algo raro en mi, mi cuerpo comenzaba a tener pequeñas cosas fuera de lugar, pequeñas reacciones inadecuadas.
Pero esa mañana supe que algo no andaba bien, esa mañana cuando casi caigo de la escoba en un entrenamiento con las Avispas. La entrenadora me envió derecho hacia aquí, a pesar de mis insistentes negaciones. En un principio porque odiaba los hospitales, aunque esto solo parecía una vaga excusa que solo utilizaba para auto convencerme.
Porque yo si sabía que era lo que me estaba sucediendo, o al menos creía saberlo. Y si algo tenía en claro era que nada bueno podrían pronosticar mis suposiciones.
El miedo es quizás una de las armas más letales para los seres humanos. El miedo te paraliza, no te deja actuar, te inquieta, te aturde.
¿Quién nunca tuvo miedo?, todos, hasta los más valientes alguna vez tuvimos miedo.
Y ese mismo miedo era el que me carcomía, el que no me dejaba ver lo ciega que estaba siendo.
Pero la vida es injusta, nos da las cosas que más queremos cuando menos lo esperamos, cuando menos lo deseamos. Y allí estaba yo, rogándole a Merlín y todos los grandes hechiceros que nada de lo que pensaba fuera cierto, pero sabiendo que en lo más profundo de mi alma eso era lo que más deseaba, lo que siempre había querido.
-¿Lily?-Me llegó desde mi espalda, una voz que conocía, una voz que había esperado no escuchar.
Rose. La persona que menos deseaba encontrar en ese momento, sabía que mi prima haría mil y una preguntas sobre porque estaba allí, que me arrastraría hasta su consultorio y que no me dejaría ir hasta después de millones de pruebas y haber comprobado y re comprobado que todo estaba bien.
Solté una pequeña sonrisa, una sonrisa forzada que trato de verse natural.
-¿Qué haces acá?-Inquirió, removiendo sus manos inquietamente sobre su abultado abdomen. Si, mi prima iba a ser mamá al igual que mi hermano, y por ende yo iba a ser tía.
-Solo rutina-Mentí, restándole importancia-¿Cómo esta Sirius?-Añadí acariciando su vientre.
Ella me observó con confusión y luego sonrió, llevábamos tanto sin vernos que casi había olvidado mi manía de llamar Sirius a su bebé.
-Creciendo-Murmuró desviando la vista hacia mi espalda.
Había algo raro en su tono de voz, en sus ojos, en la expresión de su rostro, en como movía las manos. Sin dudas, Rose era mala para ocultar su nerviosismo.
-¿Pasa algo?-Pregunté.
Ella negó con la cabeza, demasiado rápidamente, demasiado eufóricamente. Allí había gato encerrado.
-Lily, yo creo que…-Su tono nervioso la delataba, la incomodidad con la que hablaba, como se le trababan las palabras una y otra vez.
-Déjame a mí, Rosie-Una mano blanca se posó sobre el hombro de mi prima.
Levante la cabeza lentamente. Allí estaba él, tan implacable como siempre.
Rose nos observó sin saber que decir, sin saber como actuar. Terminó por murmurar algo inteligible mientras se alejaba a paso apurado.
-¿Qué haces acá, Lily?-Inquirió con tono serio, demandante.
Fruncí el entrecejo, en ese momento no era Scorpius, en ese momento era un Malfoy más.
-No tengo porque darte explicaciones-Replique, desviando la mirada hacia la mesa de recepción donde una anciana con los lentes apoyados sobre su aguileña nariz nos observaba intensamente.
-Lily…-Susurró, sus ojos sobre los míos. Odiaba cuando hacía eso, cuando lograba que callera con una simple mirada, odiaba el control que tenía sobre mí.
-Tengo exámenes de rutina-Explique sin darle importancia.
Él asintió y en un imperceptible acto rosó su mano con la mía, una guiñada fugaz acompañada de una imperceptible sonrisa.
Evité sonreír como una tonta, odiando ese momento, odiaba no poder saltar a sus brazos y gritar a los cuatro vientos nuestro amor.
Se frotó los ojos con cansancio, denotando las grandes ojeras que contrastaban contra su pálida piel.
-El parto se adelantó, Ly-Hizo una pausa, tomando aire para decir lo siguiente-Las cosas no están bien-
No hizo falta nada más. Mis brazos lo acobijaron en un cálido abrazo, un abrazo que quería expresar lo que sentía, un abrazo que pretendía darle fuerzas para seguir.
Sus frías lágrimas cayendo sobre mi abrigo, su llanto ahogado muriendo en mi cuello. Me aferré más a él, sin importar la gente a nuestro alrededor, porque en ese momento solo éramos él y yo, solo nosotros.
-Malfoy-Llamó la voz gruesa de uno de los medimagos, un hombre calvo y de ojeras pronunciadas, su expresión era seria lo que denotaba lo delicado de la situación. Detrás de él estaba Rose, sus ojos levemente enrojecidos, sus labios fruncidos; trataba de no llorar.
Mi estómago se revolvió provocándome unas terribles náuseas, sonreí como pude, tratando de darle fuerzas, de darle ánimos.
Él se acercó a los medimagos, el hombre comenzó a hablar pero las palabras no me llegaban. Todo parecía darme vueltas, como si me fuera a desmayar en ese momento.
Juntando todas las fuerzas que me eran posibles me aleje a paso lento, conocía el lugar, papá había estado allí algunas veces al igual que James y tío Ron.
Los pasillos fríos parecían cerrarse a mi paso, me apuré, todo estaba gris, como si la tristeza de las personas estuviera en cada parte de mí ser.
El cartel que indicaba al baño apareció justo a tiempo. Entré y lo primero que vi fue una pequeña niña de cabellos dorados llorando en los brazos de su madre mientras esta le acariciaba los cabellos. Esa simple escena me trajo un mar de recuerdos y un mar de sensaciones, pero uno sobre todo se destacó.
Todavía podía recordarlo todo con perfecto detalle, a pesar del tiempo, cada imagen, cada sonido, cada sentimiento. Todo permanecía grabado a fuego vivo en mis ser.
Dicen que esos recuerdos que nos marcan nunca desaparecen, yo creo que ese fue uno de ellos.
Corrían las vacaciones de navidad, llevaba mis cinco años casi seis. Recuerdo que fuimos a levantar a los chicos a la plataforma con mamá, papá no había llegado desde la noche anterior. Mamá me había dicho que todo estaba bien, pero yo la había visto con sus ojos marrones enrojecidos aunque claro que en ese entonces no lo noté.
Un todo esta bien pronunciado por mamá cuando tenemos cinco años nos es suficiente para creer que nada nos va a pasar. Pero nada estaba bien, y pude comprobar esto cuando papá no llegó al otro día para ir a buscar a los chicos, él siempre llegaba, sin importar la situación, ese era un momento sagrado, un momento de los cuatro.
Pero el ritual se rompió esa fría mañana de diciembre, los chicos preguntaron por él y mamá se limito a decir que estaba de viaje por asuntos laborales. James protestó pero ella le dio a entender que no había que hablar, por un momento pude jurar que casi se desmorona ahí mismo, pero ella es una mujer fuerte, ella no iba a caer cuando papá más la necesitaba.
Recuerdo que esa noche nos reunió a los tres, nos dio un fuerte abrazo y nos dijo que papá no estaba bien, que unos mortífagos lo habían herido. James montó un escandalo con planes de venganza incluidos, Albus permaneció en silencio pero pude sentir su llanto esa noche, por primera vez en mi vida. Yo aún era pequeña, no llegaba a comprender la inmensidad de la situación, para mi papá era inmortal, nada le podía pasar, tan solo esa idea me resultaba ridícula.
Al otro día mamá nos despertó temprano, nos dijo que iríamos a visitar a papá.
En esa oportunidad San Mungo me resultó un lugar aterrador, me aferré con fuerza al pequeño oso de peluche que llevaba.
Mamá dijo que no podíamos entrar, que ella le llevaría las cosas que habíamos traído. Pero una distracción fue suficiente, una pequeña corrida y abrí la puerta. Me paralicé en el lugar, allí estaba papá, tendido en una cama y completamente lastimado, lleno de ungüentos y heridas.
Las lágrimas me invadieron, el dolor me llegó mezclado con la incredulidad. Mamá me apretó entre sus brazos y me alejó de allí, me juró que todo estaría bien y yo le creí.
Cerré los ojos mientras me sentaba en el piso frío y me llevaba una mano a la frente.
Sentía el vómito recorrer mi garganta, sentía los recuerdos aún frescos en mi mente.
Todo estaba borroso, el dolor crecía.
Me llevé una mano al vientre y lo acaricié con ternura, agradeciendo a los cielos ese milagro.
En ese momento comprendí dos cosas, uno, estaba embarazada y dos, haría lo que fuese por proteger a mi bebé.
Por Scorpius Hyperion Malfoy:
La mañana había amanecido gris, un cielo encapotado que solo podía anunciar tormenta. En mis épocas de niñez siempre me gustaron los días de lluvia.
Porque los días de lluvia significaban una tarde de juegos con mamá o la abuela, significaban una tarde llena de los mimos que tanta falta me hacían. Pero el tiempo pasó y cada vez fueron desapareciendo esas tardes, mamá se alejó como sumida en una nube gris, la abuela comenzó a viajar.
Y yo, de a poco, me fui hundiendo en la soledad. Lo tenía todo, los mejores juguetes, los más nuevos, los más caros, cada cosa que quería era inmediatamente mía. Lo tenía todo menos el cariño de mi familia.
Por eso empecé a odiar los días grises, a la lluvia. Un día gris me daba mala espina, un día gris no anticipaba nada bueno.
Dejé la tasa de café sobre la mesa donde estaba desayunando, tomé el Profeta entre mis manos y me dispuse a leer, pero apenas había pasado los dos párrafos cuándo un grito estridente me recorrió el cuerpo, erizándome todos los bellos. Algo andaba mal.
Subí las escaleras a toda prisa, rogándole a Merlín que nada malo le hubiera pasado a mi bebé, no sería capaz de soportarlo.
Lo primero que vi fue a Zara, parada en la mitad de la habitación y aún en pijamas, su cara estaba contorsionada por el dolor y se agarraba el vientre como si algo se le fuese a caer. Bajo sus pies había un líquido trasparente que no pude identificar.
Ella gritaba, se retorcía del dolor.
Me acerqué y ella se apoyó en mi cuerpo, descargando el peso.
-Algo…anda…mm-al-Murmuró entre jadeos y gritos.
Solo esas palabras fueron necesarias para que la tomara entre mis brazos y saliera corriendo a toda prisa. No estaba dispuesto a permitir que a mi hijo le pasara algo.
Llamé al ascensor y bajamos a toda prisa, la subí en la parte trasera del auto y arranqué mientras tomaba mi teléfono entre mis manos y marcaba el número de Rose.
-Hola-Saludó alegremente la voz de mi mejor amiga, de mi hermana.
-Zara esta mal, creo que el parto se adelantó-Murmuré mientras conducía a toda velocidad, maldiciendo que no pudiéramos aparecernos.
-¿Qué?-Preguntó ella alterada.
-¡Había sangre, Scorpius!-Chilló Zara desde atrás, podía ver las lágrimas en sus ojos. Quizás ella si quisiese al bebé después de todo.
-¡¿Sangre?!-Gritó Rose del otro lado, histérica.
Temblé, nada bueno estaba pasando.
-Voy para San Mungo-Dije antes de cerrar el teléfono.
-¡Scorp…!-Llegué a escuchar, pero ya era tarde.
Maldije una y otra vez, durante todo el trayecto que se me hizo eterno, interminable.
La bajé a toda prisa, Rose estaba en la puerta, se comía las uñas como cada vez que estaba nerviosa.
-¡Calmáte!-Pidió la pelirroja, sus manos temblaban, nunca supe si fue para mi o para Zara-Hay que internarla-Agregó, ya más calmada y esta vez dirigiéndose a mí. Asentí.
Entramos al lugar y Rose atrajo una camilla dónde yo coloqué a Zara.
Me disponía a trasladarla al lugar que fuese pero mi amiga me detuvo poniéndome una mano en el pecho mientras su mirada se endurecida.
-No-Murmuró-Ve a la cafetería, toma algo y dajáme a mí-
Negué con la cabeza, no iba a aceptar tal cosa
-No pienso hacerlo-Respondí, serio.
-No se trata de lo que quieras o no, esto no es un juego, hay dos vidas en riesgo-
-¡Y una es la de mi hijo!-
-No voy a discutir esto-Su rostro permanecía sereno, expresando la gravedad del asunto-Te vas por las buenas o te saco yo-
La fulminé con la mirada, aunque no debí hacerlo.
La cafetería estaba llena de murmullos, gente que hablaba casi sin hablar. Las risas permanecían ausentes y si alguna llegaba era completamente forzada, dura.
No podía imaginarme un lugar más tétrico. Tomé asiento.
Lily no aparecía, la puerta no se habría, Rose no daba noticias.
Me retorcí los dedos, cerré los ojos y observé el reloj.
El tiempo parecía detenido desde que mi pelirroja se fue, desde que me dijeron que el parto se había adelantado y que la cosa estaba complicada.
Las lágrimas pujaban por salir de mis ojos, traté de mantenerlas, pero no pude. No cuando mi mundo se caía frente a mis ojos sin que yo pudiera hacer absolutamente nada.
Allí, sentado frente a la puerta de la sala de operaciones, esperando una respuesta. Esperando que todo estuviese bien.
Las lágrimas resbalaron por mis ojos, gritando ser liberadas, gozando correr tranquilamente. El dolor me oprimía el pecho.
Lily, la necesitaba allí, conmigo. Pero ella no aparecía y eso me preocupaba, aún no me cerraba el hecho de que estuviese haciendo exámenes de control.
La mente me daba mil y una vueltas, mostrándome millones de posibilidades, torturándome.
Respiré hondo, tomé aire lentamente. Le pedí a Merlín que todo estuviese bien.
Y la puerta se abrió.
Nombre del capítulo:"El nacimiento"
¡Holaaaaaaaaa!
Desde ya les pido perdón por las faltas y dedazos, pero me voy de viaje en un ratito y no puedo corregirlo , prometo que cuando vuelva lo edito (:
Bueeeno, salió en un total y completo arranque de inspiración.
Espero les guste, y el suspenso era necesario xD
Me quedo largo y estoy actualizando bastante pronto así que no se quejen ¡Eh!
Yaaaa me voy,
Las amo, gracias por apoyarme en este proyecto (:
Besos,
Paz
**P.D:¡Amy!(lilypotter15): Linda, te pido mil perdones por no poder subir tu regalo, pero no lo terminé y quería subir este capítulo, prometo que cuando vuelva (En tres día) aprovecho mis vacaciones y me pongo a temrianrlo (:
**P.D2:Lily(Lilian Potter Black): ¡Amo esa frase del principio! ¿De dónde la sacaste que es tan geniaaaaaaaaaaal?