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Historia 98878 — capítulo 1
Hoy cumplían, mis padres once años de fallecidos. No, recuerdo bien lo que sucedió, ese día. Sólo sé que nos dirigíamos, hacia nuestra casa y que nos detuvimos en la intersección, por que la luz cambio a roja. Luego, no recuerdo nada más, trató de forzar mi memoria, pero no logro recordar. Ahora tengo dieciséis años, vivó con mi tía anciana que no me quiere. Ella se encontraba en la cocina, así que me dirigí hacia allí.
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Buenos días, tía Eleonor - murmuré, sentándome en la sala y subiendo los pies al mueble.
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Baja, tus asquerosos pies, del sofá Clarisa - gritó, señalándome.
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Hay perdón tía, no me fije - dije riéndome fuerte, ella me miró mal -. ¿Qué hiciste para desayunar?
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Para ti, no hice nada - respondió.
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Gracias, eres tan linda y buena, por eso te quiero - susurré sarcásticamente, dirigiéndome, a la cocina a prepararme algo de comer.
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Ya lo sabía - contestó ella.
Abrí la nevera y ya no había la harina para hacer hot cakes. Tire la puerta de la nevera enojada.
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No compraste, harina de panqueques y ahora que como yo - dije enojada.
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Hay, más cosas en la nevera niñita.
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Pero nada de eso me gusta.
Así que tome mi cartera y salí de la casa a comprarme algo de comer. Entre a la panadería y compré un emparedado. Lo hicieron en pocos minutos y me lo dieron, me senté en la mesa y empecé a comerlo.
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Hola, Clarisa que haces todavía con la pijama - preguntó Carlos.
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Es la nueva moda no lo sabías - respondí, con una sonrisa hipócrita.
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Vas a ir a la fiesta, de Halloween de Maritza.
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Claro, esa fiesta no me la pierdo, por nada en el mundo - contesté.
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Pues te veo allá, nos vemos voy a pedir, lo que mi mamá, me mandó a comprar - dijo.
Termine de comer y luego me fui a mi casa. Al caer la noche, ya estaba preparada, para irme a la fiesta, así que me dirigí a la puerta.
- ¿A dónde divinos te crees que vas? - dijo mi tía, pero la ignore y salí casi corriendo, de la casa.
Encendí el auto y me marche. A mitad de camino, la porquería de carro se apaga, me bajo furiosa y golpeo, el bonete varias veces. Pero al escuchar una risa proveniente de la oscuridad, me asusto y vuelvo a montarme al automóvil, poniendo todos los seguros. Veo salir de lo oscuro, a un muchacho, extremadamente pálido, pero muy guapo que se acerca rápidamente a mi auto.
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Necesita ayuda, hermosa jovencita - habló él.
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Este sí - murmuré asustada.
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Jala la palanca, para que se habrá, el bonete - susurró despacio el joven, al parecer para tranquilizarme.
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Claro - contesté, jalando la palanca.
El curioso muchacho, se puso a bregar y luego dijo.
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Bien, ahora prendé tu vehículo.
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Esta bien - dije.
Encendió, sonreí y después le dije.
-Gracias, podría saber el nombre de mi salvador.
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Alexander - respondió él.
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Mucho gusto Alexander, mi nombre es Clarisa - le dije y añadí -. Te diriges, a alguna parte, deseas que te lleve.
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No gracias, señorita Clarisa.
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Bueno, pues me despidó adiós- respondí y me aleje de allí, mirando por el retrovisor al extraño joven.