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Historia 98878 — capítulo 23

Clarisa habla:

Por primera vez en mi vida no me había sentido tan alegre y emocionada por haberme enamorado del ser, el cual yo creía era lo más maravilloso que había conocido en esta vida. Maldito amor, tengo destrozada el alma siento que se me está acabando la vida el odio me consume lentamente y espero que mate este apasionado amor que siento hacia a Alexander.

Quiero que ya termine esta noche, para que mi dolor ya se apacigüe, pero se que este amargo dolor nunca desaparecerá, cuando vaya a dormir no podre, porque ese maldito recuerdo vendrá a mi mente y me dejara en vela toda la noche. El insomnio me va a matar, siento un nudo en mi garganta, deseo gritar para ver si esta agonía desaparece y llega la esperanza.

              Comencé a correr lo mas rápido posible hasta que llegue hasta un acantilado. Y mire hacia abajo pero no se veía absolutamente nada y de momento pensé que la mejor forma de acabar con este aturdimiento y dolor era arrojándome al vació.

-Bien

  • dije con tristeza y alce mis manos para arrojarme.

-Detente

  • grito una voz a mis espaldas la cual rápidamente reconocí era Alexander -. No tienes que hacer eso mi amor.

-Lo haré y tú no me detendrás - susurré y me lance.

-No

  • grito él y para mi mala suerte logro agarrar mi mano.

-Suéltame maldito - grite, tratando de safarme de su mano -. Me quiero morir.

-Estas loca - chilló Alexander.

-Si lo estoy - musité y entonces me subió y me cogió en sus brazos.

-No permitiré que te hagas daño - gruño enojado.

-No podrás detenerme - susurré con una risa malévola.

-Quien dice que no - dijo él riendo amargamente.

-Mas vale que me sueltes ahora imbécil .

-No lo haré.

-Que me sueltes ahora idiota - le repetí de nuevo.

-Te llevare a mi casa y te enserare en tu habitación favorita hasta que desistas de matarte.

-Que dices - exclame enojada -. De nuevo me harás tu maldita prisionera.

Si de nuevo serás, mi prisionera - repitió él.