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Historia 99023 — capítulo 20
Hermione, sintiéndose sola y vacía en su habitación, decidió leer. Pero claro, resulta ser que no se había llevado ningún libro. ¿Tan despistada fue? Por lo que se acordó de las gentiles palabras de Draco que le había concedido el día anterior, ir a su habitación y sacar el libro que deseara leer.
Tocó la puerta tres veces antes de entrar, pero nadie contestó. Entonces, entró.
La castaña revoloteaba los ojos de un lado al otro, mirando qué libro escoger. Cuando ya tenía el elegido en sus manos, escuchó como una puerta se cerraba. Volteó rápidamente para encontrarse a un Draco con el cabello mojado, y con una toalla blanca alrededor de su cintura.
Automáticamente, Hermione dejó caer su libro. Rápidamente lo levantó volteándose de nuevo, dándole la espalda a Draco, algo nerviosa.
—L-lo sien-nto mu-ch-o —dijo Hermione con dificultad—, creí q-que no hab-bía nadie.
—Está bien —le contestó Draco serenamente mientras se acercaba a Hermione—, tranquila.
—¡Qué ver-güen-nza! Lo siento.
De pronto, sintió como el cuerpo mojado de Draco, rozaba la espalda de Hermione.
—Los cuentos de Beedle el bardo —susurró Draco—, buena elección.
Hermione sentía la respiración de Draco a sólo centímetros de su oreja. Su aliento olor a menta, se podía percibir perfectamente desde el lugar en dónde ella se encontraba parada.
Con mucha valentía, Hermione volteó para ver los ojos grisáceos de Draco, perdiéndose en ellos.
—Yo... me... creo que... —hizo señas con la mano señalando la puerta— adiós —dijo rápidamente saliendo de aquella escena tan incómoda.
La castaña salió de la habitación de Draco algo atolondrada. ¿Cómo haría para mirarlo a la cara después de eso? La cena no tardaría en hacerse presente, ¿cómo es que lo miraría a los ojos luego de... ese... espectáculo? No quiso pensar en ello, siquiera un sólo minuto.
Volvió a su habitación dejando el libro sobre su cama, y tomando un vestido de su placard para ponerse esa noche en la cena (). Se bañó y se vistió.
Como era de esperar, la puerta de Hermione emitió ruido unas tres veces. Un elfo le informaba a la castaña, que la mesa estaba servida. Cordialmente, agradeció el aviso, y bajó, aterrorizada, hacia la mesa.
Allí se encontró con Draco y Narcisa hablando animadamente. Hermione, tenía miedo que Draco haya contado el pequeño incidente que había sufrido la castaña hace tan sólo unos pocos instantes.
Para alivio de Hermione la cena fue totalmente común y tranquila. Supuso que, bueno... Draco no había contado nada.
Al finalizar la cena, ambos saludaron a Narcisa y fueron rumbo a sus habitaciones. Mañana partirían de nuevo hacia Hogwarts.
—No... le dijiste nada a tu madre, ¿o sí?
—Por supuesto que no. No ando contándole cosas así a mi madre.
—Oh, entonces... te veré mañana.
—Por supuesto que... —se detuvo. Acercó su cara hacia la de Hermione, separándolos por unos... diez, quizá cinco centímetros, y continuó— sí —sonrió de lado y se metió a la habitación.
Hermione había quedado completamente perpleja. ¿Acaso coqueteó? Ahí, se dio cuenta... que Luna se llevaría varias sorpresas.
........
—Bien, veamos... —dijo Hermione mientras repasaba todas sus cosas dentro de la maleta— mi varita, ¿dónde dejé mi varita?
Salió su habitación en busca de su varita y se acordó. Había dejado su varita en la habitación de Draco cuando fue a buscar el libro. ¡El libro! ¡Tenía que dejar el libro en la biblioteca! ¿Tendría las agallas para hacerlo?
Entró a su cuarto, captó el libro rápidamente y se dirigió hacia la puerta de la habitación de Draco. Estaba lista.
—Pase —dijo Draco sin preguntar siquiera quién tocaba la puerta.
Hermione giró el pomo de la puerta, y entró cabizbaja.
—Vine a traerte el libro —dijo mientras lo dejaba en el estante que estaba—. Por casualidad, ¿no has visto mi varita?
—Dentro del primer cajón del escritorio. La vi hoy mientras guardaba la pluma y el tintero —inquirió algo concentrado viendo su maleta.
—Oh —respondió Hermione mientras abría el cajón y veía su varita—, aquí está. Gracias —dijo a punto de irse.
—Hermione —llamó Draco.
—¿Sí?
—No te sientas avergonzada por lo que presenciaste. Aunque no lo creas, muchas hubieran querido estar en tu lugar —le dijo mientras volteaba a ver a Hermione.
—Claro. Adiós —contestó saliendo de la habitacion—. Por favor, no te sientas avergonzada por lo que presenciaste. Aunque no lo creas, muchas hubieran querido estar en tu lugar —burló a Draco— ¿Quién se cree que es? ¿Acaso se siente Leonardo Di Caprio? ¡Já! —exclamó Hermione en voz baja entrando a su habitación.
Ya estaba todo listo. Ambos estaban en el vestíbulo de la mansión con Narcisa abrazando a Draco, mientras algunas lágrimas brotaban de su mejilla. Luego, cordialmente saludó a Hermione dándole un pequeño abrazo.
—Cariño, ¿puedo hablar un momento contigo? —le preguntó Narcisa a Draco. Éste asintió y se dirigieron hacia la cocina— Hijo, sé que te habrá costado mucho congeniar con Hermione Granger, pero quiero que sepas, que estoy orgullosa de ti. Orgullosa que no sigas los pasos de tu padre, y que aceptes a las personas por lo que son —le dijo Narcisa mientras sollozaba y abrazaba a su hijo—. Hermione es una buena chica, y creo que una de las primeras que está contigo por lo que eres. ¿No te parece? —continuó separandose de Draco y acariciándole el rostro con la mano derecha— Sé que harás lo correcto. Adiós, hijo —le besó la mejilla y luego Draco se fue pensativo.
¿Qué necesidad de decirle todas esas cosas? ¿Que Hermione es la primera en quererlo por lo que es? ¿Que había de los Greengrass? Bueno, Astoria lo quería, sí... pero por el cuerpo que tenía y por como hacía que ella llegara al punto máximo de placer.
En fin, Draco volvió al vestíbulo.
—¿Está todo bien? —le preguntó Hermione mientras el rubio se acercaba a ella.
—Sí, lo está. Vamos, por favor.
—Claro —respondió Hermione algo confundida.
Ambos entrelazaron sus manos, y aparecieron en la cabaña. Justo a tiempo para la hora de la merienda.
—¡Hermione! ¡Hermione! —le gritaba Luna desde la mesa de Gryffindor.
Hermione se apresuró a sentarse frente a Luna, para que no armara tanto escándalo. Apenas se sentó Luna empezó con sus interrogatorios.
—Cuéntame todo. Por favor, ¡dime que lo has besado! —le dijo entusiasmada y bajito.
—¿Tienes hambre? —le preguntó Hermione a Luna.
—¿Hambre? ¡Por supuesto que no! No he podido ni desayunar sabiendo que hoy regresarías.
—Entonces, ven. Vamos a la sala de menesteres, ¡allí te contaré todo! —dijo Hermione mientras corría hacia las puertas del Gran Comedor.
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—¿Por qué tan feliz, Theo? —preguntó Draco.
—Digamos que... la Luna me tiene muy anonado —dijo mirando como se iba Luna con Hermione.
—¿Estás enamorado de Lovegood?
—Así es. La besé.
—¡¿Que hiciste qué?! —preguntó Draco asombrado.
—La besé. Te lo contaré todo luego de la merienda —dijo mientras cortaba una porción de pastel de durazno.
........
—¿Y bien? ¡Vamos, vamos! Cuéntame.
Hermione comenzó su relato, y a medida que la castaña contaba los sucesos, las caras de Luna eran realmente buenas. Cada expresión iba perfecta por cada parte de la historia que Hermione contaba.
—¿Estás queriendo decirme que Draco te compró el vestido del baile de Navidad? ¡Ay, irán juntos!
—Shhh... no, Luna. No iremos juntos. Iré con Ron, cuando vuelva de las investigaciones como auror.
—Hermione, sabes que yo quiero mucho a Ron. Pero no cometas ese error, ¡ve con Draco! ¿Cómo te sentirías usando el vestido que Draco te compró en presencia de Ron?
—Lo sé, será algo muy incómodo... pero, ¿qué puedo hacer? Él insistió en comprármelo, no tuve alternativa. Además, Ron no sabrá que el vestido me lo compró Draco... simplemente... no le diré nada —dijo lentamente, tratando de convencerse a si misma.
—Bien, bien. Pero, ¡¿por qué no lo besaste?! Se presentaron varias oportunidades.
—Luna, Draco está con Astoria, ¿te imaginas lo que pasaría si algo pasara entre Draco y yo? Es decir, Astoria me enviaría un avada kedavra sin pensarlo. Y no tengo antojo de eso.
—Es una broma, ¿cierto? Hermione, si tú amas a Draco, ¡que no te importe el resto!
—Es fácil decirlo, Luna.
—Pero no me puede negar que coqueteó contigo. Es decir, ¡lo viste luego de bañarse! Con los sexy que debe ser Draco mojado.
—¡Luna! ¡¿Qué cosas dices?!
—Lo siento, sé que es tuyo... igualmente, no me interesa. Es decir, él como hombre. Ya tengo al mío.
—¿Ya tienes al tuyo? ¿Cómo es eso? ¿Pasó algo con Theo?
—¡Sí! Te lo contaré todo, ¡te desmayarás cuando lo sepas!
........
—Es una broma, ¿verdad? ¿Tú coqueteaste con ella?
—Digamos que sí. Pero la parte mala de la historia es que en el funeral de mi padre, Astoria fue y no me despegó de ella un minuto. Seguramente Hermione mal interpretó las cosas.
—No saques conclusiones antes de tiempo.
—Nunca creí que le comprarías un vestido a una chica, Draco —dijo casi riendo Blaise—. Es decir, tú, Draco Malfoy, ¿comprandole un vestido a una chica? Bueno, sacando a Pansy, que es como uno de nosotros —los tres rieron—. ¿La invitarás al baile?
—No lo sé. Astoria no me deja sólo. No sé que haré. Quizá hasta no vaya. Sólo para evitar el acoso de Astoria —inquirió Draco mientras se recostaba en su cama—. Ella es muy buena amiga, pero... es algo insoportable. Y saben a lo que me refiero.
—No seas tonto. No te pierdas el baile de Navidad por Astoria. Es sólo una... cualquier estúpido querrá salir con ella, Draco. Deberías invitar a Hermione —intervino Theodore.
—Mmm... no lo sé. Igualmente, falta para el baile. Tengo tiempo para pensarlo.
—Me parece bien. Bien chicos, me voy a dormir. Son las 23:25 p.m. Draco, deberías ir a la cabaña. Tu amada debe estar esperándote —dijo Blaise riendo junto con Theodore.
—Creo que te consideras muy gracioso, Zabini. Adiós, chicos —dijo Draco mientras abandonaba la habitación para irse a la cabaña.
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Hermione ya se encontraba en la cabaña sentada en su escritorio, pensando en escribirle a Harry y a Ron, ya que Hedwig había entrado recién por su ventana, con una postal de Polonia.
La castaña estaba a punto de tomar la pluma y empezar a escribir en el pergamino, cuando el ruido de la puerta cerrarse la sacó de lugar. Draco acababa de entrar por la puerta.
—¿Irás a dormir? —le preguntó Hermione mientras se volteaba para verlo.
—Sí.
—Oh, de acuerdo. Entonces, enseguida apago la luz.
Hermione ordenó los pergaminos y liberó a Hedwig, mañana le respondería con su lechuza.
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¡Hola, mis queridos lectores! ¿Cómo están? ¡Yo admito que súper cansada! Hoy, como una tonta, ¡¡¡me levanté a las 7:40 a.m!!! Sentía frío, entonces me levanté para poner el acolchado sobre la sábana y cuando quería darme cuenta, ¡no podía dormirme! Y estoy despierta desde entonces... ¡fantástico! ¿Verdad? -.- ¡y les tengo una mala noticia! Me temo que el domingo no podré brindarles un capítulo de esta historia =( ya que me quedaré a dormir a la casa de mi tía, y allí no hay internet. ¡Pero no se preocupen! Más tarde subiré el capítulo veintiuno (lo tengo que escribir ¬¬) ¡y mañana a la mañana, subiré el veintidós ! Así que, hoy los recompensaré escribiendo dos capítulos, por el ausente capítulo del domingo . ¡Cambio de tema! Por favor, pasen a leer el fic de mi mejor amiga Maru**quién es nueva, es una historia de Tom y Emma. ¡Muy interesante! A mí me fascinó, no sólo proque sea su amiga, sino porque está descubriendo una nueva escritora en su interior :) ¡te adoro, Maru! Bien, los dejaré. ¡Perdón por hacerlos esperar tanto! Como siempre, gracias a las lecturas, comentarios y a los usuarios que tienen agregada esta historia a favoritos. ¡Se los agradezco de corazón! ¡Ojalá tengan un maravilloso viernes y un lindísimo comienzo del fin de semana! :) ¡¡adiós!! =D