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Historia 99023 — capítulo 19

De repente, de las sombras salía Prabbly.

—Amo Draco, la ama Narcisa le dijo a Prabbly que le diga al amo Draco que la cena estará en tan sólo unos minutos y que se vistieran para la ocasión.

—¿Vestirnos para la ocasión? —repitió Hermione.

—Gracias, Prabbly —le contestó al elfo, mientras éste se retiraba—. Bien, mi madre es algo elegante... sólo... ponte algo bonito. No le des mucha importancia. Te veré en un rato —continuó Draco subiendo las escaleras dejando a una confundida Hermione.

........

No sabían cuanto tiempo estuvieron juntados sus labios, balanceándose de un lado a otro. Pero, como si alguien hubiera chasqueado sus dedos, Theodore separó sus labios de los de Luna.

—¿Quién dijo que te detuvieras, Theodore Nott? —preguntó Luna con una sonrisa en su rostro.

—Eso quiere decir que...

—También me gustas, Theo. Aunque claro, yo jamás simulé lo contrario.

Sin previo aviso, Luna volvió a juntar sus labios pero muy delicadamente.

Ambos siguieron su camino hacia los vestidores para dejar todo en orden y volver al castillo.

—¿Te veré en la sala de menesteres luego de la cena? —preguntó Theodore con voz seductora.

—¿Es una cita? —preguntó Luna, acercandose a él.

—Si tú quieres, preciosa.

—Pues entonces sí, por supuesto que te veré después de la cena.

Luna se acercó hasta el rostro de Theodore y le depositó un sonoro beso en su mejilla izquierda, dejando a un anonado Theodore.

.......

—¿Qué me pondré?

Entre las cosas que había empacado Hermione en su estancia en la mansión Malfoy, por suerte había empacado dos vestidos maravillosos. Eligió un lindísimo vestido color grisáceo, y unos tacos que combinaban con el vestido (), entró al baño de la habitación, muy elegante para su gusto, y se probó el vestido.

Salió del baño con el vestido puesto, y se sorprendió de si misma al verse al espejo. En pocas palabras, le fascinó.

Con el vestido puesto, acercó el pequeño banquito frente al espejo, y comenzó a maquillarse levemente.

Le había tomado unos diez minutos maquillarse, y estaba a punto de terminar cuando unos golpes provenientes del lado del pasillo la sacó de su concentración.

—¿Sí?

—Soy yo, querida. La cena está lista —anunció Narcisa desde el otro lado de la puerta.

—Oh. No me falta nada, Narcisa. Enseguida estoy abajo.

Narcisa bajó las escaleras directo al living, dónde Draco ya estaba vestido (), y sentado en una silla frente a la mesa, esperando a que Hermione bajara de la habitación.

Minutos después, escucharon como unos pequeños ruidos de tacones golpeando los escalones de la escalera.

De inmediato, Draco se puso de pie esperando a que Hermione apareciera por la puerta, y así fue.

Sin duda, aquel rubio se había quedado sin aliento.

—No puede ser... ¿ésa es Hermione Granger? —pensó.

—Lamento mucho la tardanza —dijo mientras entraba.

Narcisa, aunque pareciera imposible, vio aquella mirada de su hijo hacia Hermione.

—No te preocupes. La mesa está servida; siéntate, por favor.

Hermione se sentó enfrentada a Draco. Los dos ya se encontraban sentados.

—Entonces, Hermione. Cuéntanos, ¿a qué se dedican tus padres exactamente?

—Oh, bueno... ellos, son dentistas.

—¿Dentistas? ¿Con qué fin?

—Cuidan los dientes de la gente.

—Oh, que cosa más interesante.

Hermione rió por aquel comentario y le dirigió una mirada a Draco, quién no le sacaba los ojos de encima. Al notar que la castaña lo miró, él, instintivamente miró su plato.

La cena había terminado, y Narcisa se había despedido de Draco y Hermione, ya que mañana sería un día durísimo para los tres.

Draco acompañó a Hermione hasta la habitación.

—Estás... muy linda —le dijo Draco al fin.

Hermione se sonrojó al instante.

—¿Tú crées? No quise desentonar... ¿crées que a Narcisa le haya gustado?

—Por supuesto que sí, Hermione. Te ves muy...

Pero Draco, no pudo continuar. Se había quedado perdido mirando el atuendo de Hermione, mirando sus ojos, su boca...

—Buenas noches —continuó Draco, dándole un beso en la mejilla izquierda a Hermione.

—Sí, adiós —le contestó la castaña con un tono a penas aludible, mientras colocaba su mano izquierda sobre su mejilla, dónde el rubio le había depositado allí, un lindo beso.

Hermione entró a su habitación, cerrando la puerta tras sí con cara de enamorada.

No pudo hacer más que cambiarse el vestido por el camisón de seda rosa, y acostarse en su cama pensando en Draco. Mañana sería un nuevo día.

A la mañana siguiente, Hermione miró el despertador y se dio cuenta que eran las 9:30 a.m, bajó hacia el living con una bata puesta, pero no había nadie.

—¿Buarloir? ¿Prabbly? —llamó Hermione, y de pronto, dos elfos domésticos aparecieron frente a ella— Oh, buenos días. ¿Han visto a Draco, por casualidad?

—El amo Draco salió con la ama Narcisa. Ambos le dijeron a Prabbly que no despertaran a la señorita Granger. El amo Draco el dijo a Prabbly que volverían para las 10:00 a.m.

—Oh... muchas gracias, Prabbly. Y por favor, dime Hermione —el elfo asintió, y se fue. Hermione se fue directo a su habitación.

La castaña entró a su habitación y miró por la ventana. Era un día realmente extraordinario, y la mansión se lucía más en un día como ese. Claro que no había tanto sol, ya que era invierno.

Hermione se duchó, se vistió lista para ir al living y esperar a Narcisa y a Draco en el sillón de terciopelo marrón oscuro.

........

—Tranquila, madre. Todo terminará para mañana, te lo prometo —le decía Draco a Narcisa, quién lloraba sin parar saliendo de Azkaban.

—Tú no entiendes, hijo. Lucius... —no pudo terminar, apenas rompió en llanto.

—Él no se merece tus lágrimas, madre. Vamos a casa a cambiarnos.

Draco tomó la mano de su madre, y ambos aparecieron en el vestíbulo de la mansión. Hermione, hizo un pequeño saltito en el sillón. Estaba a punto de acercarse cuando escuchó los sollozos de Narcisa.

Se acercó cautelosamente hacia Draco, mientras Narcisa subía las escaleras hacia las habitaciones.

—¿Qué pasó? —le preguntó Hermione a Draco mientras éste, observaba como su madre subía las escaleras.

—Mi padre recibió el beso del dementor y...

—Claro, claro. Entiendo... lo siento mucho.

—Dentro de unas horas vendrá la gente más allegada a mi familia. El... —Hermione entendió a lo que se refería, por ende asintió y Draco continuó hablando— se llevará a cabo en el jardín.

Hermione asintió, y subió con Draco hacia las habitaciones.

........

—Disculpe, Madam Pince. ¿Tendría el libro Quidditch a través de los tiempos?

—La última sección, querida.

—Oh, muchas gracias.

Luna se encaminó hacia allí, y se dispuso a leer aquel pequeñín libro de Quiddtich.

Parecía concentrada leyendo el libro, hasta que unas manos, taparon sus ojos.

—¿Quién soy? —le dijo con voz seductora.

—Mmm... está difícil... —dijo Luna riendo— ¿Theodore Nott, quizá?

—Buenos días, preciosa —le respondió Theodore mientras depositaba un beso en la mejilla pálida derecha de la rubia.

—Buenos días.

—¿Qué haces?

—Oh, leo por milésima vez el libro de Quiddtich. Jamás me canso de leerlo.

—Pues, esta vez lo harás. Tengo mejores planes para nosotros hoy.

—¿Mejores planes? Mmm... ¿qué podrá ser?

—Tendrás que dejar ese libro y averiguarlo.

—Quiero hacerlo —dijo Luna mientras volvía a guardar el libro en su lugar, y un apurado Theodore la sacaba de la biblioteca.

........

—¿Cuánto falta? —preguntó Luna mientras caminaban, hacía horas que caminaban.

—No falta mucho, no abras los ojos.

—Bien, bien.

Luego de unos minutos, Theodore le cedió que abriese los ojos, y Luna se encontró con un bellísimo paisaje. Es más, hasta dudaba si eso estaba dentro del terreno de Hogwarts.

—¿Dónde...? ¿Dónde estamos?

—¿No te parece bello? —le preguntó Theodore a Luna— Es mi lugar secreto —le respondió Theodore—, aquí vengo a pensar cuando estoy muy abrumado. El sonido del agua caer, el color verde natural de las hojas de los arboles, me hacen entrar en razón y pensar con claridad.

—Sí, es bello. ¿Tú eres el único que conoce este lugar? —Theodore asintió mientras Luna recorría cada parte del paisaje con sus ojos— ¿Y qué se supone que haremos aquí?

—Pide algo —le ordenó Theodore—, lo que sea.

Luna lo pensó algunos segundos, pero asintió. Y de pronto, una música de vals comenzó a sonar de quién sabe dónde.

—Mi padre y yo siempre bailamos esta clase de música... —dijo Luna algo sonrojada.

—¿Me permites este baile? —la invitó Theodore mientras estiraba la mano derecha y Luna la estrechaba.

Theodore la acomodó sobre su cuerpo, agarrandola de la cintura y comenzando a bailar un increíble y lento vals.

........

La gente comenzaba a llegar.

Hermione miró por la ventana, como unas treinta personas vestidas de negro, dejaban flores sobre un ataúd de madera.

Algo hizo a Hermione desviar la mirada del ataúd. Los Greengrass estaban ahí. Astoria y Daphne Greengrass junto con sus padres.

Notó que Draco estaba muy pegado a Astoria, o al contrario. Astoria lo apegaba mucho a ella. Por lo que decidió que era el momento oportuno para salir de su habitación y hacerse presente.

Hermione bajaba las escaleras hacia el parque. Se acercó hacia el ataúd y con su varita, dibujó un círculo de flores. De pronto, una mano hizo que la castaña volteara.

—Gracias —escuchó que Narcisa le hablara.

—No hay nada que agradecer, Narcisa —dijo sonriendo.

........

—¿Qué hace Granger aquí? —le preguntó Astoria a Draco mientras entraban a la mansión.

—Astoria. ¿Te parece hablar de Granger en un momento como éste? —preguntó Draco algo molesto.

—Tienes razón, lo siento. Debe ser muy difícil esta situación para tu madre, ¿verdad?

—La verdad es que sí, así es. Y a mí también me tiene algo atolondrado, al fin y al cabo era mi padre, ¿no? —le preguntó Draco a Astoria mientras, poco a poco, su voz se quebraba.

—Oh, Draco —dijo Astoria algo apenada abrazándolo.

Aunque a veces, Draco encontrara a Astoria algo insoportable, ésta vez agradeció que estuviera allí. Astoria sabía que por fuera no pareciese que Draco necesitara ayuda, pero la verdad, era que necesitaba contención de gente cálida y que lo conocía. Y apesar que Draco sabía que Hermione estaría a su disposición, con Astoria era diferente. Ella ya lo conocía de pies a cabeza.

........

—Wow, no sabía que bailaras tan bien —comentó Luna mientras aparecía una manta, y sobre ella varios canastos con cerezas, frutillas y toda clase de fruta.

—Bueno... hay muchas cosas que no sabes de mí...

—Y me gustaría descubrir —continuó Luna.

Theodore se acercó a ella y apegó la cintura de la rubia hacia su abdomen besándola suavemente.

—Entonces —dijo separándose de ella—, ¿desea comer alguna fruta? —dijo mientras se sentaba sobre la manta.

—Será todo un placer —contestó Luna sonriendo—. Entonces, fue difícil, ¿verdad?

—¿Qué cosa? —preguntó Theodore mientras comía una cereza.

—Tener un padre mortífago.

De repente, Theodore casi se atraganta con la cereza que estaba pasando serenamente por su garganta.

—Em... bueno... sí, lo fue. Por suerte, esos tiempos acabaron.

—Jamás has hablado de tu familia. ¿Te importaría contarme? Me fascinan las historias.

Theodore rió ante tal comentario y viendo como la rubia se ponía en posición para empezar a escuchar una interesante historia.

—Bien, mi padre... era mortífago. Bueno, supongo que lo sigue siendo. Luchó en la Primera Guerra Mágica junto con Voldemort y luego de la Batalla con Hogwarts, fue escoltado a Azkaban.

—Oh, ¿le han dado el beso del dementor?

—No aún. Después de los cinco años dentro de Azkaban se lo darán...

—Y... ¿qué hay de tu madre?

—Ella murió luego de tenerme a mí.

—Oh, te entiendo. Mi madre... bueno, era una bruja extraordinaria. Pero, le gustaba mucho experimentar y... una vez un encantamiento le salió mal. Tenía nueve años.

—Lo siento mucho, Luna.

—No te preocupes, también lo siento por ti. Pero, tengo a papá. Es mi mejor amigo.

Theodore sonrió ante tal comentario y luego le tiró una cereza justo en frente de la nariz de Luna. Ésta, quién riendo, persiguió a Theodore por casi todo aquel bosquecillo.

.......

Hermione observó desde la puerta del vestíbulo, como Astoria abrazaba a Draco. No sabía por qué, pero sentía una terrible molestia cerca del corazón. Y eso estaba mal.

La castaña, en su estadía en Hogwarts, había escuchado cosas de Draco y Astoria... era obvio que estaban en algo, al menos salían, o tenían... bueno... esas cosas.

Tuvo que optar por calmarse, y hacer de cuenta que no vio tal escena.

Hermione pensó que su corazón se rompía en pedazos. Pero tenía que aceptar que Astoria fue amiga de Draco durante mucho tiempo. Y que era obvio y cien por ciento normal que lo tuviera cerca, y lo abrazara...

Astoria había tenido a Draco pegado casi toda la tarde. Desde que empezó el funeral, hasta que terminó.

Claro que a el no parecía disgustarle aquella situación, ya no la alejaba ni un centímetro. Aunque sí entendía que Astoria era importante para Draco.

Hermione, tristemente, se dirigió a su habitación para cambiarse aquel vestido.

—Gracias, Tory.

—De nada, rubio bonito —le contestó Astoria acariciandole la mejilla—. Sabes que estaré cuando me necesites, ¿verdad?

—Claro que sí —dijo Draco con un tono apenas aludible y dejando escapar una débil sonrisa. Quería que ese funeral terminara de una vez por todas. No lo soportaba más.

—Bien —inquirió Astoria con una sonrisa y despositándole un beso en los labios de Draco—. Adiós, Draco —saludó mientras abrazaba a el rubio por última vez en el día.

Narcisa terminó de saludar a la familia Greengrass y se metió con Draco dentro de la mansión.

—¿No te parece un poco muy cariñosa esa niña... Astoria?

—Lo es, madre. Por favor, avísame cuando esté la cena —dijo Draco algo cortante subiendo hacia su habitación.

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¡Mil perdones! Otra vez perdí un día en actualizar. ¿Sinceramente? ¡No tenía hecho el capítulo diecinueve! ¡Lo terminé hoy a las 6:00 a.m! Espero que sea de su agrado este capítulo. Tengo un agradecimiento especial hacia mi mejor amiga Marchu, quién me ayudó mucho con este capítulo. Así que, ¡gracias Marchu! :D espero que les guste, y ¡muchísimas gracias por todos los comentarios! ¡Ojalá tengan un maravilloso jueves! Un beso gigantesco.