Se Me Olvida Olvidarte — capítulo 10
Volví a casa en silencio, por las calles un poco mas bulliciosas de California.
Me metí en casa, subí a mi habitación, dejé los auriculares y el IPod encima de mi revuelto escritorio y me metí en la ducha.
El agua caía por mis cabellos bajaba por mis cicatrizes ahora cubiertas por esparadrapo, y acababa cayendo hasta los pies por mis delgadas rodillas.
Las siete de la tarde...¿Que hago? ¿televisión? no...no me apetece. ¿deberes, estudiar? NO, ni soñarlo. Me apetece leer, pero no aquí, esta gran casa se me hace pequeña por momentos.
Cogí un libro cualquiera de mi estantería: GhostGirl, y me marché al paseo marítimo a estar conmigo misma, bueno, y con Charlotte, la protagonista del libro que, en cierto modo, se parece a mi. No tiene amigos, está enamorada, y nadie la entiende.
Caminé hasta el paseo marítimo con mi libro en mano por unos callejones que yo conocía y que había inspeccionado desde que llegué aquí con trece años.
En el paseo había patinadores con patines o skate, había muchachas corriendo para adelgazar y entrar en sus bikinis nuevos. Y chicas que reían y hablaban. Caminé por todo el paseo marítimo hasta que encontré un lugar en la arena de la playa limpio y no con mucha gente. Mejor, asi me concentraría mas.
Pasaron las horas, el tiempo, yo estaba a gusto. ¿Sabes? no es malo estar solo, contigo mismo, sin nadie alrededor que te moleste. Ana piensa que es raro, y psicológico. Pero supongo que ni ella ni nadie podrá entenderme nunca.
¡¡Las nueve!! madre mia que tarde, ¿habría llegado ya Ana a casa? si era así me echaría una bronca. Cogí mis zapatillas y mi libro y salí andando deprisa de allí. Corriendo no, nunca, yo no corro. Se me había echo tardísimo, de no ser por el sol cayendo en picado, dejando que la luna tomara paso poco a poco no me habría enterado de nada.
Cuando llegué a casa Ana se estaba duchando, y el mayordomo poniendo la mesa, la cena estaría dentro de unos minutos. Subí a mi habitación y me puse el pijama: un pantalón pirata color verde escarlata y una camiseta de tirantes vaporosa.
Bajé corriendo a la cocina y me senté, el agua ya no sonaba. Ana se estaría vistiendo ¿se habría dado cuenta de que acababa de llegar?
Al cabo de unos minutos, mientras el mayordomo me servía el pescado Ana entró y se sentó enfrente mia. Como siempre.
_Hola Paula. ¿Que tal con el médico?
_Mmm...bien. No hay ido tan mal como esperaba. Me ha ayudado, mira.- le enseñé los apósitos que me había puesto el doctor, o Alex, o Alejandro, como queráis llamarlo.
Ana se quedó muerta de la sorpresa, pero se alegró.
_Vaya. Eso está bien. Por algo se empieza ¿no?
_Si, ya, ya se que esto no era lo que debía de haber pasado pero me ha ayudado de algo ¿sabes? _Si, y me alegro, Paula.
Sonreímos y empezamos a comer pescado.
Mi conclusión era: El médico que me había tocado ahora no estaba mal. Era buen profesional y de cuerpo y cara no estaba tan mal, eh. Pero era mayor que yo. El tendría ¿30? y yo 17...