Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Se Me Olvida Olvidarte · de

Se Me Olvida Olvidarte — capítulo 9

Llamé a la puerta. A fuera no había nadie y había mucho silencio.

_¡¡Adelante!! Pasa.

Entré, el doctor estaba leyendo algo, muy concentrado, al verme lo guardó y sonrió con cara de amabilidad.

_Hola. ¿Que tal todo, Paula?

_Bien, supongo. Ten, los papeles.

_Ajá, gracias. Siéntate en la camilla.

Hice lo que me dijo. El arregló unos papeles y se reunió conmigo. _¿Has venido sola?

_Si, esto, Ana, tenía un compromiso.

_Vaya. ¿Puedes quitarte la sudadera?

_¿Entera?

_Si, quédate en sujetador, voy a oscultarte y a usar la máquina esta.

Asentí, me quité la ropa poco a poco, yo sabía lo que iba a hacer, al fin y al cabo, era siempre lo mismo, solo que ahora se me hacía raro.

Cuando el doctor se dio la vuelta yo no estaba en sujetador, era imposible, no podía. Era un error.

_¿que haces? adelante, quítate esa camiseta tambien - me ordenó mientras cogía el mando de la máquina.

Negué con la cabeza gacha, quería llorar.

El se dio cuenta al cabo de unos minutos, cogió un banquete negro y se sentó enfrente mia, poniendo sus manos sobre mis rodillas y abalanzándose sobre mi.

_¿que te pasa?

_Nada- murmuré negando con la cabeza.

_Ya. Por eso no te quitas la camiseta ¿no? venga va, soy tu médico, has de tener confianza, te puedo ayudar. Nadie mas podrá hacerlo como yo.

_Esto...Verás, esque, cuando tenía 10 años tuve un accidente de coche.

_Si, y estuviste ingresada, y tal, conozco tu historial. ¿Que pasa?

_Pues que las heridas no se me han curado, ni mucho menos, todavía siguen aquí, haciéndome recordar y haciéndome daño.

Se quedó callado. Quería morirme, llorar, las dos cosas, en vez de eso nos quedamos los dos callados, el me miraba fijamente.

_No pasa nada. Creo que podré superarlo por muy feas que sean. En mi carrera como médico he visto cosas increiblemente feas y curiosas.

Me quedé muerta cuando me acarició la mejilla y casi me abraza (que confianzas ¿no?)

Decidí quitarme la camiseta. El me observó el cuerpo lleno de cicatrices y heridas medio abiertas, parecía frankiestein.

_Tampoco es para tanto. Mira, te voy a dar una alegría. Te coseré las heridas y te pondré esparadrapo para que no te molesten, que seguro que te duelen.

No dije nada. Solo le asentí y me tumbé en la camilla mientras el doctor sacaba el instrumental: aguja, hilo, sedante para tranquilizarme, esparadrapo y desinfectante, supongo.

Me estuve muy quieta y no dije nada. Aunque me dolía y me molestaba el lo hacían con profesionalidad y cuidado. Se lo agradecía, me había quitado un peso de encima.

Al acabar me ayudó a ponerme de nuevo la ropa y me acompañó hasta la puerta.

Mientras volvía a casa pensé en cómo habían ido esas dos horas: Raras, era un buen doctor, guapo, simpático a fin de cuentas y tranquilizador. No como el que tenía antes que me ponía nerviosa y a veces hasta me hacía llorar.