Se Me Olvida Olvidarte — capítulo 20
Ni siquiera fui a clase, me pasé toda la mañana debajo de las mantas y almohadas de mi cama deshecha llorando a lágrima viva. Ana se había asomado antes de irse, para decirme algo, pero yo no había querido nada de ella, ni un lo siento. Estaba muy triste.
A las doce o así, bajé a por un poco de zumo y una barrita de esas de cereales, no comí nada mas... A las tres vino Ana, yo seguía en la misma posición que cuando se había ido. Se cambió de ropa en su habitación y se asomó de nuevo a la mía.
_Paula...¿no vas a comer?
Negué con la cabeza.
_Pues deberías, por tu salud.
Negué con la cabeza.
_Bueno, como quieras, pero arréglate que a las cinco va a venir una visita.
Hundí los hombros. Me daba igual, si quería verme daba igual como fuera vestida ¿no?
Ana comió, vio la televisión y terminó su trabajo. Yo la oía desde mi habitación.
A las cinco, efectivamente, sonó el timbre (cosa que pocas veces pasaba) y Ana fue a abrir, supongo que se abría arreglado antes, cuando me quedé dormida.
Sonaron saludos, dos besos, charlas...No conseguía oir quien era el/la que había venido. Solo oía debilmente a Ana, por lo que me perdía en la conversación.
Sonó mi puerta al rato. Oh, genial, ese/esa quería verme. Que ilusión.
_Paula...¿podemos pasar?
No dije nada. ¿Para que? si iba a hacer lo que ella quisiese.
_Bien, pasa. Gracias por venir, te lo agradezco.
El otro le dio dos besos y no dijo nada, supongo que para que no le oyera, era listo/lista.
Ana cerró la puerta y el/ella se sentó en mi cama, me pasó una mano por la espalda.
Yo no me moví ni me aparté...Que juego mas absurdo el suyo ¿no?
A la de tres me daría la vuelta y me inclinaría para ver quien narices era.
A la de una.......A la de dos.......Y tres!!!
No sabía que decir, me había quedado muerta.
_¿Que haces tu aquí?
_Habíamos quedado ¿no?
_Si, pero...yo pensé...
_Sssshhh, tranquila- dijo mi padre abrazándome contra su pecho, donde pude soltar las lágrimas que me quedaban.
Luego, me colocó bien las almohadas y me tumbó sobre ellas, boca arriba esta vez, mirándole, como en una cama de hospital estuviera.
Me sentía incómoda, no sabía que hacer ni que decir. Al fin me decidí, sin saber si era correcto.
_¿Al final me voy a ir contigo a vivir o no?
Mi padre ladeó lacabeza, mirándome. _Si tu quieres yo encantado, ya te he hecho hueco.
Me guiñó un ojo y yo sonreí, pero en una sonrisa leve, sin enseñar los dientes si quiera, era una sonrisa triste.
_Paula...
_Ya, ya se lo que me vas a decir, habrás hablado con Ana, por eso estás aquí así.
El se calló ante mi cortante tono y palabras.
Nos miramos, no hacían falta palabras, los rasgos lo decían todo. De repente nos abrazamos, y yo lloré aun mas, cuanto necesitaba ese abrazo...No lo podíais ni imaginar.