Se Me Olvida Olvidarte — capítulo 21
Al final, por la tarde- noche, las siete aproximadamente, mi padre me ayudó a subir las maletas al maletero de su coche y, despidiéndome de Ana, nos marchamos a su casa.
Ahora tenía la cara limpia y estaba vestida, lo que me había llevado un tiempo.
El coche anduvo por las calles oscuras pero llenas de vida, hasta que llegamos a un bloque de pisos nuevos, de hace dos años.
Aparacamos en el garaje y entre mi padre y yo cogimos las maletas y nos metimos en el acensor de metal. En silencio. Llegamos al 4ºB, mi padre se paró ante una puerta blindada de color blanco mate. La abrió con la gruesa llave y entramos.
Lo primero que hizo mi padre fue encender las luces, luego me dirigió, sonriendo, a una habitación pequeña. Dejó las maletas cuidadosamente en el suelo y me miró curioso:
_¿Que me dices? ¿te gusta? es un poco pequeña...pero si quieres
Le paré en seco_Es perfecta, está bien, es íntima, me gusta.
_Hombre, comparada con la de Ana esta es enana.
_¿y que? no todas las habitaciones que vea en mi vida van a ser como la de Ana.
_Vale. Me voy, te dejo sola, cambiate si quieres, ordena la ropa, hazte la cama...
_Ok. Cuando acabe te llamo- dije guiñándole un ojo.
Me quedé sola, era pequeña, si, pero me gustaba, tenía un escritorio blanco, a juego con los bordes de la cama de madera. La hize, poniéndole sabanas fuccias. Las paredes eran blancas, aunque mas oscuras que los muebles. Luego tenía un armario rosa pálido y estanterías arriba de mi cabeza, en la pared.
Perfecto. Coloquè mi alfombra negra en el suelo, supercalentita, luego puse mi ropa en el armario y en los cajones que este tenía debajo, y se me echó el tiempo encima poniendo el resto de mis cosas, el ordenador, mis cuadernos y libros, mis CDs, mi Ipod, mi equipo de música...
Menos mal que mi padre me paró:
_¿Todavía sigues instalándote? _Si, ¿porqué? ¿que pasa? _Nada, que son las nueve y media _¡¡¡¿¿Ya!!!!?? _Si, he pedido unas pizzas, ¿Hawaiana y de cuatro quesos? _En efecto, todavía te acuerdas- dije sonriendo, que detalle. _Como no me iba a acordar de lo que le gusta o no a mi hija...pues claro. Ven, vamos.
Me enseñó el baño, la cocina y...
_¿No me vas a enseñar tu habitación?- dije pillina.
_¿Quieres verla?
_Si, tengo mucha curiosidad.
_Vale, vamos- dijo con indiferencia.
Le seguí, seguro que estaba desordenada, mi madre era quien la tenía limpia. Su lado siempre estaba peor, pero a mi me gustaba igual.
Abrió la puerta y me encontré con una habitación un poco mas grande que la mia, claro, con una cómoda, una cama de matrimonio, un armario, un balconcito muy mono y un sofá de cuero en el rincón.
_Vaya...no está desordenada.
_Ajá. Pues claro que no. Yo soy un tio formal.
_Si, ya, mamá era la que tenía limpia la habitación, eh, eh.
_Ya, lo se, pero ahora yo, he cambiado.
_Y que lo digas, y no solo en esto, al parecer.
_¿¿No te gustan mis cambios??
_No se, tendría que acostumbrarme.
Me hizo que le acmpañara al salón que yo ya había visto, nos sentamos en el sofá, blandito y calentito gracias a unas mantas.
Me cogió por la cintura para tumbarme y que apoyara mi cabecita en su costado derecho. Con los pies doblados encima del sofá acurrucadita, mientras el encendía la TV y me acariciaba.