Se Me Olvida Olvidarte — capítulo 23
Cuando ya llevaba tres meses con mi padre. Era Mayo, faltaba poco para las vaciones. Ya iba haciendo calor, buen tiempo, y buen rollito ;)
Un día, como soy tonta, no se me ocurrió otra cosa que ir a ver a Ana y así aprovechar para coger el resto de libros y ropa que me había dejado y que me servía.
Mi padre me había dicho que no fuera, que el me acompañaría el domingo, pero yo no quise escucharle.
Cuando llegué a la casa que había sido mi hogar durante un tiempo importante en mi vida, me detuve, aguarde un momento y saqué la llave correspondiente del bolsillo. La metí en la cerradura y abrí la puerta. Entré al gran vestíbulo y luego al salón, Ana me habría oido llegar o visto, quien sabe, porque bajaba por la escalera en ese momento.
_Vaya, que inesperada visita.
_Hola. ¿Que tal estás?- pregunté intentando ser amable.
_¿que como estoy? oh, bien, perfectamente.
Sonreí de alivio y a Ana se le cruzó una vena de la frente y los ojos le echaron chispas, me fulminaba con la mirada y tenía las manos en puños. Temblaba.
_¿¿¿¡¡¡Que como estoy!!!??? pues perfectamente, he cuidado a una niña insolente, caprichosa que se preocupa de si misma durante casi siete años y para que ahora me deja sola y abandonada en esta enorme casa, donde huele a vieja y hay polvo debido a la ausencia de gente y yo no puedo mas, me están saliendo canas y estoy vieja y sola y... Ana se sentó en el sillón que tenía a su derecha a llorar. Yo no sportaba verla así, tampoco era para tanto ¿no? ¿de verdad yo era asi? se me hizo un nudo en la garganta...
_Ana...-dije con pena, agachándome frente a ella. Esta se miraba los pies y tenía la cabeza muy gacha, pero de repente paró de sollozar, levantó la cabeza y la vista hacia mi con cara de loca y de pocos amigos y me golpeó con todas sus fuerzas con un palo de bambú de decoración que había al lado del sillón. Yo caí hacia atrás, sin conocimiento casi, sobre la mesa de cristal, que se rompió en mil pedazos.
A los pocos minutos me desperté de golpe, con sensación de ahogamiento. Estaba asustada, confusa, y me dolía todo, pero no podía llamar a una ambulancia, sería demasiado.
No se veía a Ana por ninguna parte así que salí corriendo, o como pude, de aquella casa en dirección al hospital, para ver a mi padre y de paso que me echaran un vistazo.