Se Me Olvida Olvidarte — capítulo 3
Me levanté veinte minutos después de que Ana me abriera las cortinas y que mi despertador sonara locamente. Ag. Las 7:20. Me puse unos vaqueros ajustados descoloridos, una sudadera azul marino con letras azules claritas y converse negras, al igual que mi coletero.
Bajé a desayunar. La mesa estaba elegantemente puesta: había un mantel blanco, el de siempre, con zumo de naranja, leche, cola cao, tostadas, miel, mermelada, galletas...
Tomé unas galletas y leche. Cogí mi mochila, me lavé los dientes, cogí mi bicicleta, antigua, de un desguace, por cierto. Y me marché al colegio.
Iba despacio, no tenía prisa, a primera hora tocaba filosofía, con la tutora, una vieja resentida que lo pagaba con nosotros. Luego Literatura. Con el señor Pérez, un hombre gordo y calvete. A tercera hora Literatura, con Valeria, una profesora hippie que me caía de puta madre.
Descanso. Luego, después del almuerzo tocaba Lengua, Matemáticas, con la señorita Olimpia, una mujer de principios, y para rematar el dia: Gimnasia. Esa asignatura la odiaba, al igual que al profesor, no hacían más que joderme la vida, yo no servía para el equilibrio y la movilidad. Por eso me saltaba esa clase con cuidado. Siempre.
Aparqué la bici en el aparcamiento correspondiente y le puse un candado, por aquí hay muco hijo de p*** Cogí mi mochila y me la puse a la espalda.
Avancé por el cesped y el gran jardín frontal hacia el edificio principal. Entré, caminaba por los pasillos lentamente, a los lados se reunían estudiantes que charlaban reían y repasaban para los exámenes que tenían dentro de cinco minutos.
Llegué a mi clase, había poca gente, por ahora, me senté en la tercera fila, en el extremo derecho, al lado de la pared, mas cómoda, y esperé a que Claudia y las perfectas aparecieran de última hora y la profesora empezara su clase.