Se Me Olvida Olvidarte — capítulo 4
Son la una y diez de la tarde, en cinco minutos sonará la campana y tendré que salir pitando, ya que voy, como siempre, a faltar a Gimnasia...¿Peeeeero cuanto falta? se me hacía eterno...
Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing ¡Por fin! recojo mis cosas rápida como el viento y camino por el pasillo en dirección a la puerta trasera; por el camino esquivo miraditas y zancadillas como la de Claudia y las perfectas...Ag, que asco, como las odio.
Camino deprisa, ahora ya menos, por el cesped del jardín en dirección al aparcamiento de bicicletas. Cojo la mía, le quito el candado, dejo la mochila a mi espalda y salgo corriendo calle abajo. Directa hacia un parque, donde tumbarme en la hierba, sentir el frío de Noviembre en mi cara y relajarme comiendo palomitas.
Las tres de la tarde, ya es hora de comer, he pasado una bonita, mas o menos, hora en el parque tumbada. Ahora estoy aparcando mi bicicleta en el garaje de casa. Subo las escaleras de la entrada y subo sin decir nada corriendo a mi habitación, para cambiarme y asearme.
Ana debía de estar o en la cocina con nuestro mayordomo o en su gran habitación.
Me cepillé el pelo, me eché crema Clean and Clear y me puse unas mallas negras con una camiseta gris de tirantes ancha, como toda mi ropa, y unas deportivas Nike.
Bajé, Ana ya estaba sentada en la mesa, y nuestro mayordomo servía la sopa y la ensalada, para Ana bistec, yo soy vegetariana desde el accidente, supongo que imagináis porqué.
_Hola, Paula ¿que tal el dia?
_Bien, bueno, como siempre. ¿Y tu?
_Bien, hoy, en una reunion me han informado de una cosa que te afecta.
La miré sorprendida _¿a mi? ¿por qué?
_Verás, me han concedido la cita del médico de mañana a las cinco.
_muy pronto ¿no?
_Si, pero abrá que adaptarse, nuevo médico nuevas reglas.
_¿¿¿¿reglas???? ¿que reglas?
_Tranquila, eh, no lo se, mañana nos las explicará el doctor, tendremos una charla con el antes de que empiece con la terapia.
_Ajá, un psicólogo.
_No, Paula, no. Solo un médico, como el Doctor Wesley.
_Vale. A ver qué tal.
Acabé de cenar y me fui a mi habitación a tumbarme en la cama abrazada a un cojín. Los cambios me abrumaban, no me gustaban, casi siempre eran malos.