Se Me Olvida Olvidarte — capítulo 5
Viernes. 16:30 de la tarde.
_Paula, cambiate, que llegamos tarde al médico- me gritó Ana mientras ella se iba a cambiar.
_Vooooooy. Tranquila, no hay prisa.
_Oh, por favor, Paula, vistete YA!
_Recibido.
Acabé de comer los últimos granos de arroz que me quedaba en el plato, ayudé a nuestro mayordomo un poco a recoger la mesa, y subí corriendo a cambiarme.
Me puse mis vaqueros ajustados que tenían por la parte de afuera de los tobillos cuerdas marrones, una sudadera marrón también y unas converse negras, a juego con mi cinta.
Me lavé los dientes me cepillé el pelo (aunque no se para qué si casi ni se me veía) y bajé por la escalera hacia el garaje, donde se oía el motor del coche funcionar; Ana ya estaba lista.
_Oh, te dije que no te pusieras sudadera, al menos quítate el gorro.
_¿Tu me has visto alguna vez sin ello?
_No, bueno, en casa. Deberías cambiar ese hábito, no me gusta.
_Ya, pero es lo mejor.
_Debemos causarle buena impresión, al nuevo médico me refiero.
_¿Y sin capucha ni sudadera va a ser mejor?
_Si, claro.
_Porque tu lo digas.
_Ya lo veremos.
Y Ana arrancó el coche yendo por las desiertas calles de California debido a la hora. Hacía un sol abrasador, pero no me iba a quitar la capucha, eso sería mucho peor. Te lo aseguro.
Si me quitaba la sudadera o la capucha en público sería el centro de atención, de miradas, de cuchicheos y de burlas. Por la calle no podría andar tranquila, y yo me sentiría peor que llevando la capucha y la sudadera; además, tampoco estaba tan mal,solo había que acostumbrarse, y yo, durante cuatro años ya me había acostumbrado, casi me gustaba, me resultaba cómoda, y tampoco eran tan feas, había muchas, de diferentes tamaños y colores, eliges la que mas te guste y listo.
Yo tenía millares de ellas, no llevaba, prácticamente, otra cosa.