Embarazada de Potter — capítulo 6
—No lo entiendo, ¿qué demonios no me merezco saber?
Hermione Granger miró a su amigo soltando un suspiro. Después de la pelea que había tenido con Ginny, ella se fue corriendo y llorando, dejándole solo y confundido. Y la morena había tenido la mala suerte de ser la primera persona que el encontrara, y entonces la dijo todo.
—En serio, ¿de qué se puede quejar? ¡La estoy dando el camino libre para volver con el imbécil de Dean y…! ¡Por Merlin! ¡No hay quien os entienda a las chicas!
Después de haberse desahogado, Harry se dejó caer en el sofá de la sala común de Gryffindor, resoplando. Atento, miró a su amiga, esperando por un consejo o cualquier minucia que pudiera ofrecerle para arreglar la situación. Sin embargo, eso no fue lo que recibió de Hermione.
—Harry… ¿por qué no tratas mejor de hablarlo con ella? Al fin y al cabo, si se ha enfadado será por una razón y… ¿Quién mejor que Ginny para explicártelo?
—Dudo que me quiera hablar —bufó el muchacho, molesto—. ¡Y te juro que no sé lo que la he hecho!
Hermione apretó los labios. ¿Estaría bien sacarlo a colación? Bueno, al fin y al cabo, el chico ya se lo debía imaginar…
—¿No has pensado que su comportamiento pueda tener algo que ver con… lo que pasó en la casa de los gritos?
Sorprendido, Harry miró a su amiga. ¿Ella lo sabía? ¿Desde cuándo lo sabía? Bueno, siendo Ginny y ella tan cercanas en los últimos días, tampoco era de extrañar…
—¿Lo sabe Ron? —No pudo evitar preguntar.
Para su sorpresa, la chica frunció el ceño y le miró indignada.
—¿Es eso lo único que te importa? ¿Si lo sabe Ron? ¡Pues no! De ser así, dudo que pudieses estar ahí sentado tan tranquilo, él ya te habría partido la cara por tocar un pelo a su hermana. ¡Merlín! ¡Chico tenías que ser! Increíble lo ciego que estás…
Y después, se levantó y le dejó solo, tal cual había hecho la pelirroja anteriormente. Contrariado, Harry arrugó la frente y negó con la cabeza. ¿Qué demonios estaba pasando últimamente? Estaba seguro de que las chicas ocultaban algo… ¿pero qué? Tal vez… Quizás se equivocaba, pero… ¿habría alguna posibilidad de que Ginny no estuviese interesada en volver con Dean, tal como él pensaba? ¿Habría una posibilidad de que en realidad… a ella le gustase él?
Negó con la cabeza. No, improbable. Esos debían ser los nervios por el partido de Quidditch que jugarían el sábado de dentro de dos semanas. Se estaba volviendo loco…
………..
Draco Malfoy profesor de apoyo. Draco Malfoy en su clase. Draco Malfoy. Malfoy. Iba a morir.
Ariel Potter miraba de reojo al muchacho rubio que se paseaba por el aula de encantamientos. Cuando se lo contase a su hermano, éste no iba a ser capaz de creérselo. Draco Malfoy era su enemigo mortal. Cuestiones de ética. Aquel tipo era un patán, y ella también le odiaba. Pensarías que por ser dos años mayor que ella no la molestaría, pero… Era casi posible que ella le tuviese incluso más desprecio que Harry.
El primer año que ella llegó a Hogwarts, ya solo en el primer mes, él la había insultado, batido a duelo (el cual ni que decir fue parado por su hermano en cuanto se enteró), reído de ella, lanzado algún que otro hechizo… Claro, que Ariel tampoco se quedó corta. No podía competir en cuanto a nivel de magia, pero había hecho unos cuantos amigos que la ayudaban. Digamos que el pelo color verde de una semana de duración, el nido de serpientes en su cama y la desaparición de toda su ropa, fueron los menores de sus problemas.
Por eso, cuando aquel chico rubio se paró frente a ella, observando cómo iba a lanzar un hechizo, no pudo evitar ponerse nerviosa. No se podía decir que encantamientos fuese su mejor asignatura, y estaba segura al cien por cien de que Malfoy no se lo iba a poner fácil…
—Señorita Potter, no tengo todo el día —Le oyó decir con voz pedante—. ¿Piensa lanzar el hechizo o hacernos quedar aquí a dormir?
—¿Sabes? Estabas más gracioso cuando tenías el pelo verde, Malfoy.
No supo porque le contestó eso, pero lo hizo. No soportaba tenerle al lado.
—Para usted señor Malfoy —corrigió, enfatizando la palabra "señor"—. Y la sugiero que deje esas bromas aparte si tiene interés en aprobar la asignatura.
Ariel hizo una mueca despectiva y decidió darle la espalda, centrándose más en Eric y su para nada útil agitación de la varita. Su espalda era ancha y musculosa, y a veces daban ganas de abrazarle. Sabía que muchas chicas estaban detrás de él, pero era solo por su físico. Eric era más que eso: era un chico amable, simpático, divertido, dulce… La gente tendía a fijarse solo en su cabello oscuro y sus profundos ojos grises. Una verdadera lástima.
—No me obligue a quitarle puntos a su casa, señor Grabel —dijo de pronto Malfoy, con un tono demasiado autoritario—. Ya me imaginé que alguien como usted no sería capaz ni de manejar una simple varita.
Eric se tensó, dejando repentinamente de intentar hacer el hechizo y bajando la cabeza. Ariel sintió cómo la sangre comenzaba a hervirle. ¿Quién se creía que era él para tratar así a su amigo? Con un pequeño giro de muñeca, apunto a los pies del ex Slytherin, haciendo que los cordones de sus zapatillas quedasen atados. Cuando éste dio un paso, tropezó, a punto de caer. Al darse cuenta de lo ocurrido, deshizo el conjuro y luego miró con desdén a los dos chicos.
—No es extraño de una traidora a la sangre como tú juntarse con alguien como… él.
Y sin más, se alejó de su lado, no volviendo a acercarse en el resto de la clase.
—¿Crees que lo de quitar puntos iba en serio? —Inquirió Eric, algo preocupado—. No me parece ético que se le dé permiso para poder hacerlo…
Como toda respuesta, Ariel se encogió de hombros. Había otras muchas cosas más que no eran éticas a la hora de compartir aula con Malfoy. En especial para ella, porque por mucho que ella y Draco se odiasen, nunca se librarían de compartir un terrible secreto. Un secreto que, estaba segura, se llevaría a la tumba…
……………..
Era sábado. Día del partido. Por fin había llegado. Y Ginny Weasley no se esperaba encontrarse en tal estado de nerviosismo. Al fin y al cabo, este probablemente sería el último partido que fuese a jugar, ¿verdad? Ya hacía casi dos meses de la fiesta en la casa de los gritos: llevaba casi dos meses de embarazo. Y aun no se lo había contado a nadie más que Hermione y Ariel, y a esta última de milagro.
Estaba agotada a pesar de lo mucho que había dormido, y notaba que había cogido un poco de peso. Además, en aquel momento se encontraba en el baño por un ataque de nauseas matutino camino a desayunar. Parecía que los vómitos no se irían nunca. Y para colmo, Hermione había empezado a amenazarla de que, si no se lo contaba a Harry, ella misma lo haría. No la podía reprochar nada, al fin y al cabo, Harry era su amigo y tenía todo el derecho a saberlo. Sabía que Ariel también se hubiese puesto del lado de Hermione, pero la joven Potter llevaba las últimas semanas absorbida por la imprevisible llegada de Malfoy a sus clases, quien por lo visto, no hacía más que molestarla a ella y a Eric. Y Ginny podía asegurar, Ariel Potter no es una persona con la que te puedas meter y salir fácilmente con vida…
Hermione la estaba esperando apoyada en un lavabo. Tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados. Oh, no. Eso significaba problemas. A su lado, Ariel apretaba los labios y miraba a intervalos la barriga de la pelirroja, como si de alguna manera, eso hiciera que aquello que se estaba formando dentro pudiera ser visible.
—Eso ha llegado demasiado lejos, no puedes jugar —empezó Hermione—. Ya son casi dos meses de embarazo, y si algo te pasa, puedes perder al bebe, cosa que me parece no deseas.
Ginny sabía aquello, no era tonta. No quería perder al bebe. Había tomado la decisión de quedárselo y eso significaba mucho. Sin embargo, este sería probablemente el último partido que jugaría. Y quería aprovecharlo.
—Seré cuidadosa. Nada de jugadas peligrosas y sin espíritu competitivo. Aunque eso haga que Harry quiera matarme si perdemos por mi falta de entusiasmo.
—Créeme, mi hermano querrá matarte si se entera que has expuesto a un hijo suyo de esa manera. Bueno, claro, eso sí primero se entera de que estás embarazada.
La pelirroja miró a Ariel decir aquello, y algo en su estómago se revolvió. Volvió corriendo a vomitar a un lavabo. No había sido el recordatorio de que Harry no supiera sobre su estado, si no el hecho de haber llamado "hijo suyo" a ese futuro bebé que estaba dentro de ella. Pero era así. Iba a ser su hijo. De Harry y ella.
Demasiada presión.
—Se lo tienes que decir —oyó decir a Ariel.
—Y antes del partido —agregó Hermione—. De hoy no va a pasar, Ginny.
Y supo que ya no habría escapatoria. Le tendría que decir a Harry que estaba embarazada, y antes del partido, aunque eso la obligase a no poder jugar. No habría escapatoria porque, si no se lo decía ella, lo haría Hermione. O Ariel.
Repetición: demasiada presión.
……………………..
¡Holaaaaa! ¡Hacía mucho que no actualizaba! :S Pero aquí estoy!!! ^^ ¿Qué os ha parecido el capítulo? ¡Espero que os haya gustado! ^^
Y en el siguiente… ¡Ginny le tiene que confesar a Harry la verdad? ¿Cómo lo hará? ¿Conseguirá jugar el partido? ¿Cómo reaccionará el futuro padre? ¿Y el futuro tío Ronald cuando se entere?
¡Saludoooos! :)