Embarazada de Potter — capítulo 5
El joven observó como su hermana desaparecía por el pasillo con el avergonzado chico caminando detrás. Resopló, cogió aire, y continuó el camino hacia la sala común. Lo que no se esperaba al pasar por el hueco del retrato, era encontrarse a Ginny sollozando agazapada en un sofá de la esquina…
-¿Ginny? -preguntó casi en un susurro.
Cuando la muchacha oyó su voz, toda la sala quedó en silencio. Hundió la cabeza entre sus brazos. Sentía cómo las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas, sin hacer ruido. ¿Por qué, de entre todas las personas que podían haberla pillado en aquella situación, tuvo que ser precisamente él?
Oyó como unos pasos se aproximaban a ella. Mierda, mierda, mierda. Y ahora, ¿qué hacía? Aunque lo intentase, no podría parar de llorar. Tenía mucho por lo que desahogarse. Segundos después, sintió la presencia del joven a su lado. Harry se agachó y la miró.
-Ginny, ¿estás llorando?
Inmediatamente después de haber formulado la pregunta, el chico quiso darse un capón. ¿Cómo había podido ser tan sumamente estúpido? ¡Por supuesto que estaba llorando! Lo podría haber notado cualquiera.
-No… no es nada -trató de decir la chica, secándose las lágrimas con el dorso de la manga-. Déjalo, creo que me iré a descansar…
Se levantó del sofá dispuesta a salir corriendo a su dormitorio. Sin embargo, él se lo impidió. Como si supiera cual iba a ser la reacción de la muchacha, la agarró del brazo y la obligó a girarse hacia a él. Fue entonces cuando realmente vio cómo las lágrimas caían de los ojos de la pelirroja. Una sensación de pesar, amarga, le invadió por dentro. Y no se le ocurrió otra cosa que hacer en aquel momento, más que abrazarla. Se acercó a ella y la estrechó entre sus brazos.
Sorprendida, Ginny apenas era incapaz de moverse. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué en aquel momento? Al final, simplemente, se dejó abrazar. Al cabo de unos minutos, Harry se apartó lentamente de ella. A pesar de que la muchacha mantuvo la vista fija en el suelo, él colocó su mano bajo su barbilla y la obligó a mirarle. Los ojos de Ginny aun brillaban, reflejando verdadera tristeza en ellos.
-¿Qué te pasa? -Preguntó finalmente el chico, con un tono de voz que reflejaba verdadera y sincera preocupación.
Y Ginny notó aquello. No era lástima ni compasión. Era realmente preocupación. Preocupación por ella. Una idea pasó volando por su cabeza. Tal vez era el momento. Él debía saberlo, y aquella ocasión se había presentado idónea.
-Harry… -comenzó la muchacha-. Yo… tengo que decirte algo.
Él entrecerró los ojos. ¿Decirle algo? ¿Acaso estaba así de triste por su culpa?
-Verás… tú… ¿Te acuerdas de lo de…? De lo que pasó hace un mes…
-¿De lo que pasó hace un mes? -repitió él sin comprender a dónde quería llegar la chica.
-Sí, de lo de… de lo de la casa de los gritos… -finalizó Ginny, con las mejillas encendidas.
Harry apartó la mano de la barbilla de la joven y ella bajó su mirada al suelo. Un silencio se formó en la sala, un silencio que solo conllevaba a una respuesta…
-Sí, me acuerdo -confesó al cabo de un rato el adolescente-. Al menos… de casi todo o… lo más importante.
Al oír aquello, la pelirroja elevó la mirada sorprendida, y sus ojos se encontraron por una milésima de segundo con los de Harry. Instintivamente, ambos apartaron la cara hacia otro lado.
Él estaba realmente sorprendido. No entendía por qué sacaba el tema ahora. A ver, había pasado hacia un mes y… Al principio, ciertamente pensaba que debían hablar, pero nunca reunió la suficiente valentía para hacerlo, y lo fue dejando hasta que… Bueno, hasta que ella había sacado el tema. Pero… ¿por qué tan tarde? A no ser de que… Recordó las palabras de su hermana "Si fuese Dean Thomas no tendrías la misma consideración". Vale, ya tenía claro lo que pasaba, y lo mejor era aclararlo antes de que ambos sufrieran una humillación.
-Ginny, sé lo que vas a decirme -dijo, y ella le miró con los ojos muy abiertos, entre preocupada y asombrada-. Sé que te arrepientes y bueno, en cierto sentido es normal. A penas acababas de romper con Dean y… Bueno, por lo que me contaste fue por una tontería.
-No, yo no… -trató de negar la muchacha, pero él no la dejó hablar.
-Imagino que la razón por la que estabas aquí llorando era por eso, ¿no? Echarás de menos a Dean y… Oye, mira, tal vez sea mejor que sigamos como hasta ahora, ¿no crees? Como amigos y eso… Lo digo no solo por ti, también por mí, porque… porque… solo créeme, por favor.
Todo se quedó en un silencio siniestro. Harry tragó saliva. No había dicho la verdad del todo. Sí era cierto que creía que la razón por la que Ginny lloraba era por Dean, pero… De alguna manera, él no quería ser solo su amigo. Él no quería olvidar lo que había pasado hacia un mes. Se había dado cuenta de ello mientras hablaba con ella y… Ya no había marcha atrás. Si ser su amigo le ayudaba a estar junto a ella, eso ya era mejor que nada.
Por su parte, la pelirroja comenzó a sentir cómo la sangre la hervía por las venas. ¿De verdad había dicho Harry todo aquello? ¿Ser amigos? ¿Olvidar todo lo que había pasado? ¡Ella nunca lo podría olvidar! No solo porque había sido maravilloso en todos los sentidos, y por primera vez se había sentido feliz en mucho tiempo. No podría olvidarlo, ¡porque gracias a eso tendría un recuerdo para toda la vida de aquella noche!
Sintió que las lágrimas volvían a sus ojos, pero esta vez eran de rabia. ¿Olvidar todo? ¿Hacer como si nada hubiese pasado? ¿Cómo podía pedirla aquello? ¿Cómo tenía la cara de pedir seguir siendo amigos? Aquella conversación la tenían que haber tenido hace mucho, y haberla aplazado no había ayudado en nada.
-¿Ginny? -Oyó que preguntaba Harry.
Y fue entonces, cuando ella no lo soportó más. Dejándose llevar por el cúmulo de emociones y sentimientos contradictorios que notaba dentro de ella, le pegó una bofetada al chico en la mejilla.
Harry se acarició el lado de la cara dolorido con su mano. Parpadeó incrédulo. ¿Le acababa de pegar? ¿Ginny le acababa de pegar?
-¡¿Olvidarlo?! ¡¿De verdad esperas que pueda olvidarlo y hacer que como que no ha pasado nada?! ¡Eres un imbécil, Harry James Potter! ¡Un imbécil que no se merece saber la verdad!
Y sin más, salió corriendo hacia el cuarto de las chicas, dejando al joven sin palabras. ¿Qué había querido decir con saber la verdad?
-Muchas gracias por tu ayuda -agradeció Eric a Ariel una vez terminaron el trabajo de herbología.
-Oh, no hay de qué -sonrió la muchacha, recogiendo sus libros-. Ya sabes lo que dicen… hoy por ti, mañana por mí.
-Bueno, si quisieras, te podría enseñar técnicas de quidditch…
-¿Enseñarme tú técnicas de quidditch? -Rió la joven-. Con la paliza que te voy a meter el sábado en el partido, creo que tendría que ser al revés…
-¿Estás insinuando que eres mejor jugadora que yo?
-Exactamente eso -afirmó la castaña, con una sonrisa de superioridad (en algo tenía que haber salido a su padre).
-Hagamos una cosa, si tu equipo gana el partido, te daré la razón y diré a todo el mundo que tú eres mejor jugadora de quidditch que yo.
-Me parece justo -afirmó ella.
-Pero si gana el mío, tendrás que venir conmigo en la próxima salida a Hogsmeade.
Ariel parpadeó. ¿La acababa de pedir una cita? Eric Grabel, el chico más guapo de todo sexto curso de Hogwarts, ¿quería salir con ella?
-¿Qué me dices? -La animó él, sonriéndola seductoramente.
-Pues… también me parece justo -condescendió al final, devolviéndole la sonrisa.
-Bueno, pues suerte al mejor…
-Sí, mucha suerte, pero… Tenemos clase de encantamientos en menos de cinco minutos y no quiero llegar tarde (bueno, en algún sentido también era como Lily…)
Eric puso los ojos en blanco y caminó en dirección al castillo. A pesar de todo, aquella chica le encantaba.
-Muy bien, alumnos -anunció el bajito profesor Flitwick-. Hoy tengo una sorpresa preparada.
Aquello captó la atención de todos los estudiantes de sexto año de Gryffindor y Ravenclaw que se encontraban en la clase. Ginny y Eric se miraron, preguntándose que podría ser.
-No sé si lo sabéis, pero esta asignatura forma parte del voluntariado para ayudar a jóvenes magos estudiantes en el ministerio. Las brujas o magos que estén formándose en el ministerio para futuras profesiones con objetos encantados, vendrán a estas clases para practicar con ustedes, aunque ellos lo harán desde la posición del alumno, ayudándoos.
-¿Eso quiere decir que un mago o bruja va a venir a enseñar encantamientos junto con usted? -Preguntó Colin desde el fondo de la clase.
-Exactamente, pero solo estará en esta clase, con sexto curso-asintió el profesor-. De hecho, está a punto de llegar. Primero tiene una reunión con el director para formalizar el programa de voluntariado.
Como si aquella última frase hubiese sido una llamada, la puerta del aula se abrió y todas las caras giraron hacia ella. Ariel se quedó helada. Reconocería esa silueta en cualquier parte. Había peleado demasiadas veces con esa persona. Pero no se lo podía terminar de creer. Él no podía estar allí. Él había terminado el colegio el año pasado. Él…
-Aunque supongo que muchos ya le conocéis -continuó Flitwick-, les presentó al señor Draco Malfoy.