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Historia 99806 — capítulo 15
Lo observa y cree que el mundo se ha detenido. Una extraña sensación de vacío se agarra a sus entrañas, rasgándolas con fiera precisión, y siente que se ahoga. Necesita aire, aire que sólo puede respirar al aproximarse. Aún recuerda a la perfección lo que sintió la primera vez que vio su imagen, la primera vez que se fijó en su mirada. Cuando todavía era un peligroso asesino ante sus ojos. Aquel placentero escalofrío que la recorrió de la cabeza a los pies: aquella adictiva descarga que la convirtió en esclava de su feroz y desesperada mirada, por toda la eternidad.
Se acerca más, con la mano extendida. Están solos. La anaranjada luz del atardecer lo envuelve todo, dotando a la escena de la calidez perfecta y regalando destellos dorados al cabello de la muchacha, que llaman finalmente la atención del hombre. Sus miradas hacen contacto, y su pecho se vacía de pronto de todo el aire que tenía acumulado. Lágrimas acuden raudas a sus ojos y siente que necesita tocarlo. Se acerca, roza su mano, y ahí está, de nuevo, aquella insoportable y al mismo tiempo adictiva electricidad que le hace cosquillas en cada milímetro de su piel, que eriza su pelo, que prepara su cuerpo. Él la observa distante, su mirada es opaca. Hermione llora, y entonces él agarra y acaricia con delicadeza su mano. En un brusco pero al mismo tiempo suave movimiento, la tiene entre sus brazos, y ambos comienzan a bailar a un ritmo lento, tierno. Una abrumadoramente hechizante melodía comienza a sonar. Es hermosa, increíble, podría decirse que sobrenatural. Ella se deja llevar, vacía su mente, se empapa de él. Observa su pelo: oscuro, brillante, abundante, rebelde. Aquellos sexys mechones caer por su atractivo rostro y que se muere por tocar; aquella sonrisa traviesa de medio lado, que podría poner el mundo entero a sus pies sólo con proponérselo; pero sobre todo aquella mirada incitante, varonil, intensa, salvaje, rebelde… aquella mirada peligrosa que le hace recordar día a día que la vida sólo vale la pena cuando la arriesgas por quien más quieres: algo que él le había enseñado bien. Sus manos se unen nuevamente, y tiene la sensación de que jamás volverán a separarse. Baja la mirada, y la oscuridad inunda sus pupilas. Su pecho vuelve a ser presa de la ansiedad, y tiene que volver a mirar. Él sigue allí, siente su respiración, y ello la tranquiliza. Mira sus profundos ojos grises, ahora son amables, anhelantes, traviesos… pero jamás pierden aquel toque de peligrosidad. El hombre sonríe, y a ella se le para el corazón. Son aquellos ojos, es aquella sonrisa la que le roba el aliento y el corazón, las que en su día la hicieron su esclava, por toda la eternidad. Él la toma en brazos, y le da vueltas. La música desaparece de pronto, y todo se ilumina, y ella se siente cuidada; protegida; rodeada de luz. La toma nuevamente de las manos, le da vueltas y vueltas como si fuera una niña. Las risas de Hermione resuenan por la extraña estancia, y entonces todo concluye. Siente un beso en su pelo, y la escena vuelve a cambiar. Todo vuelve a estar tranquilo. Oscuro. Una tenue luz rojiza ilumina las difuminadas paredes mientras la pareja baila pegada un apasionado tango. Él sujeta entre sus dientes una gran rosa roja, que con admirable habilidad enreda en los rizos dorados de su amante. A ambos les falta la respiración, la intensidad del momento les impide calmarse. Y entonces la música vuelve a pararse, y ella cae en un inmenso y cómodo lecho. Él le retira el pelo del cuello con delicada impaciencia, comienza a lamer cada centímetro desnudo de su piel. Ella se deshace en gemidos y siente por vez primera que ya no es necesario seguir controlando, que ya no es necesario preocuparse por nada más. Simplemente dejarse llevar… como jamás antes ha hecho. Ambos cuerpos se acarician, se prueban, se besan, y se aman. Poco tiempo después, Hermione se va quedando dormida. Lucha por escapar de los crueles y despiadados brazos que pretenden apartarla del motivo de sus anhelos, pero le resulta imposible. La oscuridad es más fuerte. Todo comienza a difuminarse. Lo último que alcanza ver antes de caer en el profundo océano de la oscuridad es su sonrisa. Sirius Black sonríe. Coloca una mano en su pecho. La observa dormir.
Los leves ronquidos de Parvati y Lavender en una habitación mucho más sólida que cualquiera de las anteriores, parecen no oírse ahora, o quizá es él quien no puede oírlos. Quizá sólo tenga ojos y oídos para ella. Aún recuerda la primera noche que pasó observándola dormir, la primera noche, después de que la apartaran de ella. Aquella noche en la que se rogó a sí mismo no sucumbir a la oscuridad eterna. Aquella noche en la que tenía miedo de cerrar los ojos y perderla para siempre. Aquella noche en la que tuvo pánico de dejarse marchar… Sólo deseaba y desea quedarse a su lado; y verla respirar. Verla vivir. Verla sonreír, verla soñar, y hacerle sentir, que pase lo que pase, siempre estará allí. Hasta el final. Que le perdonase por haberla abandonado, que lo perdonase por tantas cosas, pero sobre todo, que lo dejase amarle, por toda la eternidad.
-Gracias, Hermione. Por todo…
Un desgarrador grito de angustia rompe el silencio nocturno, y Hermione Granger se incorpora de golpe en su cama. Revisa todos los rincones de su habitación, con los ojos como platos. Su corazón da una violenta sacudida al sentir cómo algo cálido se instaura en su pecho, haciéndola sentir bien y al mismo tiempo, mortalmente triste. Su respiración se acelera, cree ver una sombra, cree ver desaparecer un trozo de la melena de Sirius por la puerta. Y entonces se da cuenta de que está empapada: Su almohada, su pijama, su rostro, su pelo. Las lágrimas vertidas. El eco de unas palabras resuena en su mente, y ella llora, tremendamente asustada; emocionada; abrumada por las sensaciones.
Gracias Hermione, por todo. Gracias por el momento en el que te enamoraste. Gracias por el instante en el que me hiciste comprender que no importa la edad. - la voz de Sirius resuena en su mente al tiempo que recuerda el primer fragmento del sueño que acaba de tener mientras las lágrimas inundan sus ojos. -Gracias por tu amistad e incansable apoyo.- recuerda el momento del sueño en el que todo estaba llena de luz, y daba vueltas tomada de sus manos. - Gracias por amarte y por dejarme amarte. -Suspira y recuerda con placer las últimas y placenteras sensaciones que le había hecho vivir durante el final de su sueño. Se siente mucho más relajada. La voz de Sirius se extingue poco a poco en su mente, y Hermione comienza a sentirse bien. Mucho mejor de lo que se había sentido desde el momento en el que la cruel y temprana muerte arrancó de sus brazos al hombre al que amaba con todo su ser. Y entonces comprende, que siempre estará con él. Hasta el final.
Hola!! por si a alguien no le ha quedado del todo claro: Sirius ya ha muerto, y visita en sueños a Hermione, que primero está dormida soñando, y luego se despierta... bueno, bueno, a ver... raro me ha quedado, eso está claro. Es que claro, no me veo a Hermione y Sirius liados antes de que Sirius muriera porque a ver, Hermione era una cría de 16 añitos y Sirius pues... no era ningún depravado. El asunto es que... lo he hecho como que es un eterno enamoramiento por parte de Hermione; un amor platónico del que él siempre fue consciente, pero que sólo aceptó al tiempo, cuando ya había muerto y su amor por ella le impidió marcharse del todo (Vale, es bastante fantasioso porque creo que Sirius nunca se quedaría, pero... OYE!!! ya vale de explicaciones, ME HA SALIDO ASÍ Y PUNTO! jajajajajajjaja)
Próximo capítulo: James Potter/Lily Evans!
PD: Recuerdo a todo el mundo que ya no acepto nuevas parejas; al menos no hasta que no termine mi larga lista de espera. Disculpad las molestias! Besitos!!
Espero que no tengáis que tirarme tomates... jejejejeje!! Un besazoooooooo!!! ;)