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Historia 99806 — capítulo 3

HOLA A TODOS!!! :D Lo primero de todo doy miiiiiiiiiiiiiiiiiiil gracias por leerme y dejarme vuestros estupendísimos comentarios! :) aún no he tenido tiempo de responderlos todos, pero esta misma tarde me pondré a ello ^^ Aquí os dejo mi primer Hanny (Harry y Ginny), que va íntegramente dedicado a mi queridísima Ginny87 a la cual adoro, y que me pidió esta bonita pareja ^^Solo espero que te guste nena! :) He de decir que de momento los próximos capítulos a petición vuestra serán de las siguientes parejas:Capítulo 4: Harry/HermioneCapítulo 5: Theo/LunaCapítulo 6: Ron/HermioneCapítulo 7: Draco/Rose Recordad que podéis seguir pidiéndome las parejas que queráis. Un besazo!!!!!!!!! ^^ ************************************************************************************************************************Capítulo 3: Déjame ir contigo... (Harry/Ginny)

             Una pelirroja se remueve inquieta en su estrecho colchón, dando vueltas sin parar. No logra conciliar el sueño, lleva horas intentándolo, pero sabe que es inútil, hace ya meses que no lograr dormir bien… ¿y para qué dormirse de todos modos, si cada vez que logra entregarse a los dulces y acogedores brazos de Morfeo evoca su mente aquellas terribles y recurrentes pesadillas?

Suspira frustrada, y aparta la colcha, quedando solo tapada por las sábanas. Quizá es ese el motivo de que no logre conciliar el sueño. Pero su cuerpo comienza a temblar, y enseguida se da cuenta de que no es el calor el problema. Se resigna, sabe que va a estar así durante mucho… mucho tiempo. No deja de dar vueltas en la cama, probando mil posturas inútilmente. Pone su almohada encima de su cara, y logra así ahogar un grito frustrado. Su recuerdo viene a su mente, y se levanta, aún descalza. Abre la ventana, la suave brisa veraniega acaricia sus cabellos de fuego, y mira hacia el cielo, plagado de estrellas.

Las estrellas, sus únicas compañeras de insomnio y noches en vela… las únicas que conocen todos y cada uno de sus más preciados secretos, ellas, silenciosas testigos de sus penas y alegrías, de sus miedos y anhelos. Sabe que de nuevo serán ellas sus únicas consejeras cuando él se marche. Sabe que pronto serán ellas lo único que la unirá al amor de su vida, a la persona que ama desde la primera vez que la vio, aquel 1 de septiembre cuando tenía 10 años. Sabe que serán su única conexión… sabe que serán ellas las que ambos miren pensando el uno en el otro en sus noches de desvelo, en las noches de llanto y temor, el mismo que ya ha comenzado ella a sentir por no saber dónde se encuentra él… porque va a marchar, y lo sabe. Él no se lo ha dicho, pero lo sabe. Lo sabe desde aquella fatídica noche en la que el miedo se instauró en sus corazones y en los de todo el mundo mágico, lo sabe desde la misma fatídica noche a la que sus pesadillas regresan constantemente…. Aquella noche en la que cayó el más grande mago de todos los tiempos…  Desde que aquella noche logró mirar a sus ojos y vio en ellos ese brillo, aquella resolución que tanto le asustaba. Y en ese mismo momento lo supo. Supo que se iba a marchar, dejándola sola y desamparada. Supo que se iba, como siempre para la noble y estúpida causa de salvar el mundo. Supo que desde el mismo momento en el que su mayor protector y mentor calló desde la torre más alta del castillo, Harry Potter había adquirido la madurez y el compromiso necesarios para saber cuál era su destino: acabar con el señor tenebroso.

Pero era tan…. Injusto. ¿Por qué él? ¿Por qué tuvo que ser él el elegido? El amor de su vida, la razón de su existencia, ¿por qué tiene él que estar en constante peligro? ¿por qué tiene que arriesgar su vida día a día por salvar al mundo de un terrible destino? Desde el primer día en que lo miró a los ojos y vio su alma se dio cuenta de que él era diferente, de que su destino estaba marcado, y aún así lo amo, tal cual era… ¿por qué entonces la enorme angustia que la embarga al saber que no estarán juntos? ¿Al saber que no pueden tener una relación normal, como la de cualquier persona normal, en la cual ambos hablen, se abracen, sonrían, discutan, se besen, se odien, se amen…y puedan estar juntos, como cualquier pareja de enamorados? ¿Por qué no puede aceptar lo que ella ya sabía? Quizá porque lo nota más en peligro que nunca… quizá por que quiere marchar con él, porque quiere luchar a su lado, quizá porque no le perdona que no le deje acompañarle…

Cierra los ojos e intenta evocar sus más felices recuerdos… aquellas tardes en los jardines a su lado, esos roces, esos cruces de mirada, esas risas ahogadas, esos besos escondidos…, cuando todavía no había sucedido lo inconcebible… la pelirroja recuerda su mirada y no puede evitar sentir un cosquilleo que le recorre de las puntas de los pies a la cabeza. Sonrie débilmente.

Sabe que él está cerca, durmiendo, a tan solo un piso de distancia. Tan cerca y a la vez tan lejos… si tan solo pudiera despedirse de él como es debido… pues sabe que marchará de repente, sin ninguna oportunidad de despedirse de ella ni de nadie, y sin dejar ni una pista de su paradero. Frunce el ceño y cierra sus párpados con fuerza, con la rabia que le da el no poder controlar todo esto, y una triste lágrima se escurre por su mejilla.

Si tan solo pudiera despedirse de él…

La puerta de la habitación se abre, y por ella aparece la persona a la que más desea ver. La responsable de sus alegrías y penas, de sus llantos y lamentos, de su felicidad, y al mismo tiempo de su perdición… quien se ha hecho cruelmente con cada recoveco de su mente, de su alma y de su ser, ocupando todos sus pensamientos…

Aquel muchacho moreno, alto, guapo e irresistible de nombre Harry Potter se encuentra frente a ella, mirándola como si fuera la primera vez…

  • No podía dormir.

Ambos se miran en la distancia como si se trataran de un espejismo. Un suspiro de anhelo, y Harry está corriendo hacia ella, salvando esa distancia maldita que les separa, y que esa noche no volvería a separarlos. Porque esa noche es suya, esa noche es de los dos. Ninguno de los dos olvidará aquella noche en la que ambos seran el dueño uno del otro.

El moreno la besa como no la ha besado nunca antes. Con urgencia, con pasión, con locura. Sabe que no debería, sabe que pueden pillarlos, pero no le importa. Quiere despedirse de ella como es debido, necesita demostrarle que es ella su destino, la mujer a la que ama, la mujer a la que esperará. Siempre. Y ella siente la misma urgencia, la misma pasión, las mismas ganas de demostrarle que lo esperaría, una y otra vez, y por siempre.

La ropa comienza a sobrar y entre dulces besos y caricias comienza a caer a los lados de su cama. No se dicen ni una palabra, tampoco les hace ninguna falta. Sus manos lo dicen todo.

Los ojos verdes del moreno refulgen de pasión, por su mente pasan las formas más apasionadas de hacerle el amor a su mujer.

Ambos se miran, se besan, se tocan y se devoran. Las caricias se vuelven cada vez más candentes, llegando a zonas íntimas que ninguno de los dos se había atrevido nunca a explorar. Sus dedos se vuelven urgentes, buscando en el calor de sus cuerpos el placer de lo prohibido. Ha llegado el momento. El momento en el que ambos se unirán definitivamente, el momento en el que darán rienda suelta al amor que se sienten y a la pasión desenfrenada, el momento que marcará sus vidas para siempre.

El moreno pide permiso, y ella tan solo sonríe.

La pelirroja lo siente, y siente que ya no son Harry y Ginny, ahora son uno solo. Sus cuerpos se funden en uno solo, unidos por el amor, unidos por la pasión, siente que va a morir de placer, y se pregunta por qué no habían hecho esto antes… por qué algo tan maravilloso ha de ser prohibido durante tanto tiempo…

Solo de nuevo las estrellas son cómplices de su noche de pasión, que nunca acaba… la noche da paso al amanecer, y ellos siguen viendo la maravilla de sus ojos, el milagro de sus sonrisas, el placer de sus caricias…

El largo y sedoso cabello de fuego se extiende por el pecho descubierto del moreno, y ambos se miran sin poder apartar la vista el uno del otro.

El miedo que no había sentido Ginny durante toda la noche gracias a él vuelve a hacer acto de presencia, al intuir que él va a marchar de nuevo, y que todo volverá a ser igual que antes.

-Déjame ir contigo…-le ruega.

-Te quiero…- contesta Harry Potter, y se marcha, con la intención de enfrentarse finalmente a su destino.