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Historia 99806 — capítulo 5

Se observa en el espejo. Desde él puede ver a sus compañeros de casa, aquellos a los que, se parece mucho más de lo que le gustaría, aunque nunca lo haya demostrado.  Y se odia a sí mismo. Como cada día, como cada instante.

Se odia a sí mismo por no ser valiente. Por ser una serpiente. Por no tener la suficiente fuerza como para romper las convicciones con las que su familia y la sociedad, y ante todo su casa lo han criado y alimentado. Por no ser capaz de marcar la diferencia, ésa diferencia que siempre ha deseado llevar a cabo, y sólo por ella. Por esa persona que ha cambiado enteramente su visión de la vida. Por ese alma que le demuestra que la vida es bella sólo cuando tienes el valor de enfrentarte a ella. Porque desde que vio sus ojos, azules como los del firmamento supo que no habría otra si no ella, porque cuando escuchó su risa, inocente como unas campanitas, supo que siempre le pertenecería a ella, porque cuando olió su pelo, blanco como la nieve, se enamoró completamente.  Porque cuando descubrió su alma, pura y llena de inocencia, supo que sería ella. Simple y llanamente, sólo ella. Como nunca, como siempre. Y cada día se lo decía a sí mismo, se obligaba a ello. Aquella muchacha dulce, valiente, pura e inteligente, aquella niña perfecta que reía y bailaba por los pasillos del frío colegio tenía que ser suya. Inmediata e irremediablemente, ella.

Escucha las risas burlonas de sus compañeros, y saben que se ríen de ella. Se pasan objetos de mano a mano, observándolos, juzgándolos, ensuciándolos, mancillándolos. Es lo único que pueden hacer sus sucias manos. Son sus pertenencias. Las de ella. Unas zapatillas, un collar de corchos, unos calcetines, una diadema del pelo... Los escucha burlarse, y no hace nada. Los ve, y no hace nada. Y jamás se ha odiado más a sí mismo que en ese preciso instante.

Pasa de largo, quiere salir de allí. De esa tétrica gruta llena de serpientes a la que en absoluto siente que pertenezca. Pero antes de salir una dulce bofetada de su olor viene a su mente, y siente de nuevo la terrible urgencia de tenerla. Y siente la terrible urgencia de defenderla.

Se acerca de nuevo a la chimenea, increpa a sus compañeros. Ellos se burlan de él, le dicen cosas. Cosas como que no es el digno hijo de su padre. Pero a él no le importa. A él sólo le importa ella. Ahora es él quien se ríe de ellos, y a golpe de varita, recupera las cosas de "ella".

Sale de la sala, algo magullado, pero contento. Se siente mucho mejor de lo que se ha sentido en toda su vida. Quizá es la primera vez que no se siente un maldito cobarde. Camina por los solitarios pasillos bañados en luz de luna, y acude donde siempre. Pero ésta vez es mucho mejor. Ésta vez lleva sus cosas. Piensa en la ironía de que un simple objeto pueda darle más calidez y bienestar que la mayoría de las personas a las que conoce, y una sonrisa se dibuja en su cara al pensar en la dulce excepción de la dueña de su alma.

Como siempre, se sienta. Como siempre. Mira al vacío, sus pies colgando a gran altura de la torre de astronomía. Por primera vez en mucho tiempo siente que el peso de su carga se ha aliviado.

Un débil ruido lo asusta, se da la vuelta con el corazón en un puño. El mismo que intenta abandonar su cuerpo por completo cuando ve que es ella. La dueña de sus pensamientos. La dueña de sus miedos, sueños y anhelos. La dueña de sus días y sus noches, la dueña de su alma, es ella, simplemente ella.

Intenta ocultarse de inmediato de su vista, avergonzado, acobardado. Como siempre, acobardado. Pero ella avanza despacio hacia él, hasta que un rayo de luna incide sobre su cabello, y es entonces cuando comprende por qué se llama Luna.

Sólo recuerda de ése momento que su mente creyó estar en presencia de una divinidad. Ella, Luna, la diosa, ella llega hasta su lado, no hay rencor en su rostro, sólo la inocencia de siempre que tan loco le vuelve. Una siempre sincera sonrisa infantil cruza su rostro, tan bellamente iluminado por la luna.

-¡Has encontrado mis cosas!- exclama agradecida, y se lanza a sus brazos. Lo abraza. Y es la primera vez que siente que su vida tiene sentido. Que vale la pena.

Se funde en su abrazo, huele su pelo, y pierde el control.

Ella se retira ligeramente para observarlo. Le da las gracias, él sonríe, su primera sonrisa sincera en años.

La toma de la cintura con rapidez, y en un incontrolable arrebato, la besa. 

Bueno... después de una eternidad sin actualizar... finally I´m back! He estado sumamente ocupada... trabajo, estudios, etc etc etc! no paro en todo el día, y he ahí la explicación de mi falta de motivación (aparte de que la primavera y el verano, no se por qué, nunca han sido meses inspirantes para mí, que siempre me inspiro sólo cuando hace mucho frío)

Mis más sinceras disculpas por ello a quienes esperaban parejas ... intentaré subir la próxima lo antes posible (quién sabe cuándo)

Respecto a la pareja, me ha resultado extrañamente fluido escribir sobre Theo, cuando pensaba que no iba a salirme ni una palabra sobre él... He de decir que este capítulo no me ha quedado muy pasional precisamente, ha sido más bien tierno... el motivo es que siempre imaginé a Theo Nott diferente. Completamente diferente a los demás Slytherin. Tierno, sensible y diferente. ¿Razón? supongo que porque a pesar de ser compañero de clase de Draco, y de que su padre sea mortífago, Rowling nunca lo ha metido en ninguna situación típica de "malo", ya me entendéis. Ésto, unido a que para mí Luna, es todo inocencia, pues me ha salido algo tierno e inocente! así que aquí está!

Próxima pareja: El ronmione de Lauraaaa :D jajaja qué ganas

Fecha próximo capítulo: Who knows!!

Kisses!! ;)