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Historia 100272 — capítulo 10

Habían pasado exactamente cuatro días y 13 horas desde que Kathleen había despertado, los cuales para la chica habrían sido muy aburridos de no ser por las constantes visitas que recibía de Sirius, Remus o Tonks, quienes le alegraban un poco los días solitarios que le había tocado vivir.

No había un día que Sirius no fuera a visitarla, con quien pasaba largas horas charlando de cosas al azar y bromeando, eso le gustaba de su padre, era un hombre muy simpático y desenvuelto, con un aire revoltoso y bromista por naturaleza. Ella siempre se había preguntado por qué su carácter y forma de ser era así, siendo su madre totalmente diferente, ahora por fin lo sabía.

Cuando Tonks y Remus la iban a visitar era otra historia, a Kathy le divertía mucho como la pareja vivía discutiendo en broma por cualquier cosa y hasta llegaba a preguntarse como dos personas tan diferentes estaba juntas, de nuevo comprobaba el tan conocido dicho muggle "los opuestos se atraen", aunque si los veía desde otro ángulo, no eran tan opuestos, a pesar de que Remus era muy correcto y responsable, también tenía su chispa jovial, después de todo había sido un merodeador; y Tonks que siempre se la veía bromeando, sonriendo y transformando distintas partes de su cuerpo en formas chistosas, sabía muy bien cuando tenía que actuar de forma más madura y responsable, a fin de cuentas era auror y madre.

Kathleen agradecía mucho cuando Remus se le aparecía con algún libro para que ella leyera en sus momentos de soledad. Y le gustaba tener en común con su padrino el amor por la lectura, siempre que el la visitaba podían pasar mucho tiempo hablando de algún ejemplar o autor que les gustara, y había sido ella quien le había aconsejado algunos libros muggles que le terminaron encantando.

Por desgracia, aún conservaba sus quemaduras, pero ya no dolían como en un principio, ahora se podía notar una fina capa de piel nueva que comenzaba a recubrirlas poco a poco y rogaba a los cielos que no dejaran cicatriz.

Cada día que pasaba, más se impacientaba la adolescente por largarse de ese esterilizado lugar y volver a casa. Si, ahora ella llamaba a la casa de Sirius "su casa", era extraño ver como se había familiarizado con todos en tan poco tiempo, a Tonks se dirigía como "prima" y a Remus, en ocasiones como "padrino". Pero todavía seguía llamando a su padre "Sirius", aun cuando este ya le decía hija, cielo o simplemente *Kathy.*Era muy extraño, ya que conociendo su forma de ser, solía entrar en confianza con la gente y sus entornos rápidamente pero aun le costaba pronunciar la palabra "papá".

Ahora, era un día nuevo y con la mirada pensativa observaba desde la puerta la que había sido su habitación durante casi una semana. Al fin le había dado el alta, y solo tenía que esperar a que Sirius terminara de realizar unos trámites para poder marcharse de una buena vez. Traía puesto una pollera de gabardina blanca con una remera lisa de color azul eléctrico, chatitas y aros haciendo juego. Con ambas manos sostenía un bolso en el que había metido todas las cosas que le habían llevado al hospital, elementos de higiene personal, mudas de ropa, libros y hasta golosinas que Tonks le había regalado.

Percatándose de que no se  olvidaba nada, decidió salir de la habitación. En el pasillo se encontró con la sanadora que la venia atendiendo desde que ella había despertado a la cual sonrió amablemente en forma de despedida, la bruja que al parecer iba apresurada le sonrió alegre y con un gesto de la cabeza siguió su camino hasta desaparecer en el fondo del pasillo.

A los pocos segundos sintió una presencia a sus espaldas lo que hizo que se volteara a ver y se encontrara con un radiante Sirius que la miraba sonriente.

-¿Lista?- le preguntó a lo que la chica asintió. Sirius le agarro el bolso que sostenía ignorando la protesta de la muchacha que se quejaba que ella podía cargar con sus cosas, y se fueron por el pasillo hasta llegar a la recepción y salir de allí.

Atravesaron lo que parecía ser un cristal y aparecieron en el Londres muggle. Kathleen se voltio y observo que la aparente entrada al Hospital San Mungo era a través de la vidriera de un enorme almacén de aspecto deprimente y destartalado  llamado "Purge and Dowse, S.A"  en cuya vidriera había un par de maniquíes vistiendo ropa que parecía salida del siglo diecinueve y un cartel que decía "Cerrado por Reformas".

Sirius la condujo por un par de cuadras hasta que doblaron en una esquina introduciéndose en un feo y sucio callejón, en donde él la tomo de la mano y los hizo aparecerse.

Después de sentir como si pasara por un estrecho tubo de goma, Kathleen recupero el aliento a la vez que se tambaleaba mareada por el acto en sí, y observo que se había aparecido en la plaza frente al número 12 de Grimmauld Place.

-¿Estás bien?-consulto Sirius preocupado al notar la perdida de equilibrio en la adolescente.

-Sí. Si, solo que me tomaste por sorpresa.- mintió Kathleen que en realidad no se sentía lo suficientemente bien como para aparecerse.

Sirius la miro incrédulo como diciendo "no me trago esa mentira".- Bueno, cuando lleguemos te vas a acostar así te recuperas mejor. 

-¿Qué? No, ni loca, ya estoy harta de estar acostada- se quejo Kathy.

-Bueno, entonces te sentas y te quedas quieta y sobretodo no haces nada que demande mucho esfuerzo.- le ordeno Sirius determinado, a lo que Kathy tuvo que obedecer a regañadientes.

Cruzaron la calle tranquilamente y cuando llegaron a la intercesión entre el numero 11 y el 13, echaron una ojeada a la calle para ver si no había ningún muggle a la vista y entraron al número 12.

Kathy entro en el lúgubre vestíbulo que tanto le gustaba, nótese la ironía, y tomando el bolso que Sirius le tendía, subió los tramos de escalera que la separaban de su habitación.

El pasillo del tercer piso, había sido restaurado mágicamente y pareciera que allí nunca hubiera habido una explosión capaz de dejar inconsciente a una adolescente durante dos días. Camino hasta su habitación feliz de estar de vuelta y se dispuso a ordenar el contenido de su bolso a la vez que escuchaba música de su radio muggle.

Cuando se hizo la hora de la cena, Kathleen bajo hasta la cocina, completamente vestida. Esta vez llevaba un minúsculo short de jean y una remera negra con el logo de "los Vampiros del Sabbat", una banda de hechiceros búlgaros que le gustaba mucho. Allí se encontró con Sirius y un muchacho de su edad, que usaba lentes y tenía el cabello color azabache todo alborotado, este era el muchacho que la había atacado, este era Harry Potter.

Harry, quien se encontraba hablando entretenido acerca del quidditch, al notar la presencia de la chica, se cayó abruptamente y agacho la cabeza, muy avergonzado.

  • Harry- le llamo la atención Sirius, el muchacho levanto la mirada- Te presento a mi hija, Kathleen Black.  Kathy- esta vez miro a la chica- este es Harry Potter.

El chico, que aun no se había atrevido a mirar a Kathy a los ojos, se sorprendió cuando esta camino hacia él y lo saludo con un beso en la mejilla- Un gusto conocerte Harry, Sirius me ha hablado mucho acerca de vos.- y se sento en su lugar habitual.

El la miraba alucinado y sin comprender.- ¿Eso es todo?- pregunto sorprendido a la chica que le sonreía amablemente- ¿No me vas a gritar o hechizar de algún modo?

-¿Por qué tendría que hacer eso?- inquirió extrañada.

-Bueno, por…por culpa mía te…terminaste en San Mungo internada una semana- contesto apenado con la mirada gacha.

-Harry... ya hablamos de esto- le dijo Sirius en tono de advertencia.

-No Sirius- le corto Harry parándose de golpe- La culpa es mía y de nadie más-  anunció consternado y finalmente miro a Kathy a los ojos, los cuales eran marrones y destilaban un extraño brillo- Yo lo siento mucho, por favor, perdóname.- le dijo abatido.

-Mmmm…-pensó la muchacha- Te perdono, pero con una condición.- dijo finalmente sonriendo con autosuficiencia.

-¿Cuál?- interrogo algo asustado por la sonrisa de la muchacha.

-Que seas mi amigo- contesto sonriendo con picardía para luego ver a su padre y guiñarle un ojo.

Harry estaba más que perplejo, después de lo que le había hecho… ¿Kathleen quería ser su amiga? No lo entendía, y termino por ponerse todo colorado cuando vio como su padrino y la hija de este se reían por la cara de asombro que había puesto.

  • ¿Viste Harry? ¿Qué te decía yo?- le recordó Sirius aun riendo.

Es verdad que días atrás su padrino le había dicho que no tenía por qué preocuparse por lo que había pasado. Harry temía que la chica lo odiaría eternamente y sabiendo que la chica viviría bajo el mismo techo que él le preocupaba, a quien le gustaría convivir con alguien que lo odia.

Pero al parecer, la situación era todo lo contrario, Kathleen parecía ser muy simpática y desenvuelta. Mientras cenaban, pudo observarla mejor, a decir verdad, era una chica muy bonita, tenía el cabello ondulado y marrón al igual que sus ojos y sus rasgos faciales eran distinguidos. Físicamente no se parecía en nada a Sirius, pero por lo poco que los veía interactuar eran muy parecidos en el carácter y forma de ser. El por su lado se encontraba muy callado y pensativo.

Luego de la cena, Kathleen y Sirius fueron al salón pero Harry no quiso ir alegando que estaba cansado y se iría a su habitación, que antes había pertenecido a Regulus Black, difunto hermano de su padrino, pero la realidad era que se sentía intimidado por esta nueva presencia en la casa.

Miraba detenidamente el álbum que contenía fotos de sus padres y de sus amigos, cuando alguien golpeo a la puerta de su habitación y entró. Era Kathleen que lo miraba con una sonrisa algo tímida.

-¿Puedo pasar?- pregunto algo cohibida. Harry se limito a asentir. - Que linda habitación tenes.- exclamo observando su dormitorio. El cual era amplio y espacioso, la gran cama de dos plazas con dosel estaba en el centro de la habitación, y las paredes estaban todas decoradas con fotografías de sus amigos y familia, y posters de Quidditch y demás.

-Gracias- contesto aun extrañado por la visita.- ¿Queres sentarte?

Kathy movió positivamente la cabeza y se sento en el colchón de la cama.

-Queria disculparme- soltó repentinamente la chica.

-¿Cómo?- exclamo extrañado el ojiverde.

-Es que siento como que invadí, tu vida y ciertamente no quiero ser una molestia.

-Admito que se nos va a ser difícil adaptarnos el uno al otro- dijo pensativo- pero una molestia no serias nunca, a pesar de que llegaste hace poco, tenes el mismo y mas derecho que yo a quedarte a acá.- concluyo- Es sorprendente que Sirius tenga una hija, y quiero que seamos amigos. - la miro sonrojado.

-¿¡Enserio!?- pregunto feliz la chica. Harry asintió.- Que bueno que me digas eso, ahora por lo menos no me voy a aburrir tanto. Y te tengo que felicitar por ganar el Torneo de los Tres Magos y vencer a Victor Krum, ese idiota ni siquiera merecía participar.

-¿Conoces a Krum?- inquirió sorprendido el morocho.

-Si.-contesto Kathy con naturalidad- y estoy orgullosa de haberle arrojado unas cuantas bludgers cuando jugábamos Quidditch en Durmstrang. Ahh, me dijo Sirius que sos capitán de Griffindor, asique si quedo en esa casa, ya contas con una nueva golpeadora.- agrego bromeando.

-Ja! Seguro que si, y ya te voy anunciando que le vas a caer re bien a mi mejor amigo, el odia a Krum.

-Ya, entonces hablare con él para fundar el club de "odiamos a Victor Krum por ser tan invancable"- dijo la chica riendo.

Desde el pasillo Sirius escuchaba como los dos adolescentes hablaban y reían juntos, pensando para sus adentros que el sueño de James se había cumplido: "Cuando seamos grandes y tengamos una familia, espero que nuestros hijos sean tan amigos como nosotros."


Al fin Kathleen y Harry se conocen bien, sin peleas ni nada por el estilo.Espero les halla gustado el capi :)Besos, Chula