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Historia 100272 — capítulo 30
-¡Slope! Los círculos de transmutación tienen que ser simétricos, ya vimos eso el año pasado, corrígelo.- Reprendió el profesor Opella a uno de los compañeros.
Se encontraban en clase de Alquimia, una de las favoritas de Kathleen y hacía varias semanas que había dejado de lado las clases teóricas para pasar a la práctica, lo más emocionante.
Ésta vez, la consigna era transmutar un trozo de madera amorfo en alguna figura tallada a gusto. La tarea no era difícil, mas bien complicada y esto se incrementada aún mas en el caso de Kathleen ya que no podía concentrarde debido a la risa que le causaba su compañero de banco, Kyouya Ootori, que aún continuaba con el rostro verde.
-Me gustaría saber de qué te reís, así me río yo también- espetó el japonés notablemente irritado con las risitas constantes de su compañera.
-Mirate en un espejo y lo vas a averiguar, jajajaja…- contestó largando una sonora carcajada.
-A ver, mis alumnos consentidos, ¿qué tenemos por aquí?- cuestionó el profesor acercándose a su pupitre. Kathleen terminó de trazar su círculo y colocó el trozo de madera en el medio.
Tomándo su varita apuntó con ella al madero y concetrada comenzó a recitar una frase en voz baja. Al cabo de unos minutos un as de luz blanquecina surgió del centro mismo del madero cubriéndolo en su totalidad durante apenas unos segundos. Luego se disipó y en lugar de un trozo de madera amorfo, en medio del círculo de transmutación había una hermosa figura de una mujer sosteniendo en sus bazos a una niña, ambas sonriendo felizmente.
-¡Excelente!- exclamó el profesor- Ahora usted, señor Ootori…
Realizando los mismos pasos que había hecho la muchacha, apuntó con su varita al madero, pero en ésta ocación una luz azulada surgió del mismo. Al cabo de unos instantes había un pequeño arbol en el centro de su círculo.
-¡Fascinante!- lo felicitó- Muy bien los dos, dies puntos para cada una de sus casas, excelente trabajo.- les dio unas palmaditas en el hombro y se marchó a inspeccionar el trabajo de los demás estudiantes.
-¿Sabés que deberías hacer Ootori?- le preguntó Kathleen conteniendo la risa, mientras guardaba sus cosas al finalizar la clase.
-¿Qué Black?-
-Deberías transmutar tu cara, así te vuelve a la normalidad y de paso te quitás la cara de culo que llevas.
-Y vos deberías transmutar tus ojos, por que bien que te gustaba esta cara de culo, y de paso podrías ser menos obvia por que es evidente que fuiste vos la que causó todo esto.- le contestó señalando su cara.
-Ohh, pero yo ya sé que vos sabés que fui yo. Es mas creo que ni te sorprendió. Ciertamente te lo buscaste Ootori. Todo el mundo tiene su límite, y vos sobrepasaste el mío.- Le dio unas palmadas en el hombro fingiendo simpatía y comenzó a alejarse por el pasillo.
-Sabés que Snape no pensaría dos veces, en castigarte si yo le digo que fuiste vos…- exclamó Kyouya sonriendo con malisia, apenas lo suficientemente fuerte como para que ella lo escuchara.
-Que raro vos, siempre queriendo tener la última palabra…- le contestó la chica, ignoranco por completo el comentario del asiático y sin siquiera darse vuelta para contestarle.
Está invitado al
Baile Anual de Navidad del Ministerio de la Magia
a realizarse del día 23 de diciembre del corriente en el Atrio
del Ministerio de la Magia a las 20,30 hs.
Confirmar asistencia.
Leyó en voz alta Sirius. En sus manos sostenía un hermoso pergamino con letras doradas y estilizadas.
-
Otro año, sin falta. Tendré que ver cómo hago para evitarlo- comentó depositándolo en la mesa ratona de la sala de estar.
-
Podrías llevar a Kathleen…- inquirió su visitante, que lo miraba desde una butaca.
-
Y voy a tener que, Remus…- admitió sentándose frente a su amigo. -Una de las consecuencias de ser Black, es tener que asistir a estos eventos de la "Alta Sociedad" y codiarse con todos esos snobs y sangres puras.- se quejó.
-
Yo creo que, si ignorás a esas personas, vas a poder pasar una linda velada. Y disfrutar un poco más a tu hija…
-
¿Es verdad que dejó a Snape y a todos los slytherins con el cabello rojo y dorado?- preguntó cambiando rotúndamente de tema.
-
Así es…- confirmó el licántropo sonriendo mientras recordaba lo sucedido.
-¿Cómo la descubrieron?
-Snape fue directamente hasta donde ella se encontraba, le arrebató la varita y realizo un Prior Incantato.
-Qué maldito desgraciado narigón… ¿Muy duro el castigo?- preguntó tras emitir una sarta de improperios hacia el profesor de pociones.
-Cien puntos menos para Gryffindor y castigo hasta fin de año en su despacho.
-A nosotros nunca nos habían castigado así…- se quejó Sirius.
-Sí, el problema es que no es la primera vez que Snape se ve afectado por sus bromas…- explicó Remus- Hará cosa de unas semanas hizo que un alumno de Slytherin realizara mal una poción y esta explotó en el rostro de Snape y el mismo estudiante, dejándolos verdes durante una semana y media.
Seguido a esto se escucharon estridentes carcajadas en el salón de Grimauld Place.
Dobby que se encontraba en la cocina haciendo sus quehaceres, tomó una bandeja que contenía un par de tasas con té y un plato con sanguches y se dirigió hacia donde estaban los dos adultos.
-Pero me parece extraño, que siempre haga bromas a los de slytherin…- comentó Remus.
-¿Qué tiene de raro? Nosotros siempre lo hacíamos…- dijo Sirius restándole importancia.
-Kathleen, siempre estableció que no le veía importancia a esta rivalidad entre casas, que le parecía totalmente innecesario…
-Aquí tienen su té.- anunció Dobby depositándo la bandeja en la mesa ratona, y quedándose alli algo inquieto.
Sirius, notándo ésta actitud le preguntó al elfo que es lo que le sucedía.
-
Es que Dobby, no sabe si es pertinente Señor Sirius Black… porque Dobby no debería, pero no pudo evitar escuchar acerca de que hablaban y creía adecuado comunicar al Señor Sirius Black acerca de lo que se rumorea en las cocinas de Hogwarts, pero piensa que el Señor se enfadará de enterarse que Dobby dejó la casa para visitar el castillo, pero lo que sabe es importante información para el dueño de esta casa, además de que concierne a su hija, la señorita Kathleen Black, a quien Dobby aprecia en demasía pero no mas que al Señor Harry Potter…- y hubiera seguido hablando de no ser que Sirius lo interrumpió.
-
Dime Dobby, no me enojaré- exclamó armándose de paciencia.
-
Dobby escucho que Winki le decía a Ramna que Chikey le había contado a Teruk, que Guerty le habia dicho a Kapr…
-Vé al punto Dobby- lo interrumpió Sirius exásperado y recibiendo una mirada de reproche de su lunático amigo.
-Merfús, vió a la señorita Kathleen Black, discutiendo con un muchacho de Slytherin una noche y ella le decía que algo respecto a su mala vista, pero el chico le contestó que debido a su mala vista se había puesto de novio con ella. Merfús luego se cruzó con Fredu y Fredu le contó a Guerty, que luego le dijo a Kapri, quien le dijo a Chikey y éste después…-
-Ya entendimos Dobby- lo cortó Remus-
-Dobby creía que el señor debía saberlo…
-Está bien Dobby, gracias por contarmelo, ahora podés retirarte…- le dijo Sirius cortésmente.
-Sí señor Sirius Black- y se marchó de la sala de estar, dejando a dos amigos muy pensativos.
-¿Creés que sea cierto… lo que dijo Dobby?- preguntó Sirius dubitativo.
-No lo sé, bien podría no serlo, el chusmerío al parecer pasó por demasiadas bocas…
-Es verdad, además el ex de Kathleen es japonés, no creo que justo halla un alumno japonés en Slytherin.
-Ehhh, Sirius…
-¿Qué?- preguntó asustándose por el tono de voz de Remus.
-A decir verdad, hay un slytherin que vino hace un par de años de intercambio desde Japón…
-Entonces sí era Kathleen- concluyó Sirius.
-Entonces sí era Kathleen- concordó Remus.
-¡No puedo creer que ya estamos en Diciembre!- exclamó Kathleen sorprendida.
-¿Viste? Te dije que el año iba a pasar rápido, un par de meses más y vamos a poder estar juntos públicamente- le dijo Charlie acomodándole un mechon del cabello detrás de la oreja.
Era un viernes a la noche, y como de costumbre, Kathleen, se encontraba en el despacho del profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas pasando el tiempo. Entre besos, risas y mimos el poco tiempo que podían dedicarse mutuamente a la semana se les pasaba volando.
-¿Vas a ir a casa estas vacaciones?- preguntó tras darle un beso prolongado.
-¡Por supuesto que si!- exclamó destacando la obviedad- ahora que tengo una familia para festejar, voy a aprovechar y de paso descanso de los castigos de Snape…
-Te queda mucho por delante…- comentó Charlie
-Maldito desgraciado.-dijo la chica con amargura.
-Estaba en todo su derecho a castigarte.- admitió el pelirrojo.
-Bueno, entonces anda a besuquearte con él, si le vas a dar la razón.- exclamó algo molesta.
-No le estoy dando la razón -se defendió, y agregó- bueno, en su totalidad.
-No me digas que estuvo bien que me arrebatara la varita…
-No eso estuvo mal, pero al final el culpable salió a la luz… Deberías tener mas cuidado.- le aconsejó.
-Charlie, ni siquiera mi papá me "reprendió" por la broma que hice…- anunció riendo por ello.
-Tenés razón. ¿Qué estoy diciendo? Parezco un viejo jaja.- exclamó golpeándose la frente con la palma de su mano.
-Sos viejo, que es diferente…- agregó pícaramente la morocha.
-¡¡Ehhh!! ¡Agreción!- se quejó y comenzó a hacerle cosquillas.
Kathleen despertó con el sonido de los pajaros cantando. Algo muy extraño, ya que nunca se escuchaban las aves desde la Torre Gryffindor. Haciendo acopio de fuerza y voluntad alcanzó a entreabrir los ojos, entiendanla pobre, el sueño es su debilidad. Primero vió todo borroso, y luego vió que no sabía en dónde carajo estaba. Y sintió un peso muerto sobre su cintura. Poco a poco fue cayendo en el entorno en el que se encontraba. Con razón le dolía tanto la espalda. Se había quedado dormida en el sillon del despacho de Charlie, y era del pelirrojo el peso muerto, o brazo, que tenía en su cintura.
Perezosamente, levanto su mano al nivel de sus ojos para ver la hora.
-¡Mierda!- gritó sin siquiera pensar en su dormido novio, que despertó sobresaltado.
-¿Ehh? ¿Qué pasa?- preguntó totalmente desconsertado, mirando a su novia corriendo de un lado a otro buscando su varita.
-Llego tarde al castigo con Snape.- exclamó frenética.- ¿Dónde carajo la puse?
-¿El qué?
-Mi varitaaaAH, AHÍ ESTÁ!- la sacó de debajo de unos pergaminos.- Nos vemos después bombón.- se despidió con un beso y salió corriendo del despacho del Weasley, sin siquiera preocuparse porque no la viera nadie.
Iba caminando rápidamente por los corredores, casi se podría decir que iba corriendo hacia su destino. Merlin solo sabía que le pasaría si llegaba tarde a su castigo. Llegando a la planta baja del castillo, y encaminándose hacia las escaleras que llevaban a las masmorras se llevo la desagradable sorpresa de chocarse con alguien. ¿Por qué siempre me pasan las cosas cliché a mí? Se preguntó mientras apresuradamente recogía sus cosas que había quedado desperdigadas por el suelo de loza, y se diculpaba con la persona a la que se había llevado por delante.
-¿Llegás tarde a tu castigo?- preguntó una voz masculina a sus espaldas.
-¿Qué te importa Ootori?- dijo antipática, esquivando al alumno de Ravenclaw que había chocado, y continuando con su apresurada caminata.
-No mucho, pero te puedo ayudar…- ofreció el muchacho caminando a su lado, y agregó- Conózco un atajo.
La chica se detuvo en seco, y lo miró enarcandó una ceja con incredulidad.- Decime Ootori, ¿qué te hace pensar que voy a confiar en vos?
-Tu buena capacidad de juzgar correctamente a las personas y tu instinto…- contestó altanero, mientras se acomodaba los lentes sobre el puente de su nariz.- Además, no me arriegaría a quedar verde, púrpura o quién sabe que color si te llego a tender otra trampa…- agregó a modo de broma.
-Es cierto.- concordó Kathleen tras compartir una carcajada con el muchacho.- Esta bien, guiáme, y no la cagues esta vez, Ootori.
-De acuerdo, por acá Black…- imitó su tono de voz haciendo reir a la chica una vez más.
La llevó por una seria de pasadizos, con tantas curvas que la hizo perder la cuenta de las veces que habían doblado en una u otra dirección. Por último, se detuvieron frente a una pared de la cual colgaba un enorme tapiz.
-Hasta acá llego yo.- exclamó el muchacho con aire solemne.- Detrás del tapiz hay un pasadizo que te deja justo enfrente del estudio de Snape. Suerte con el castigo- le dijo con simpatía, y levantó el tapiz para que ella pasara por alli.
-Gracias… Kyouya.- le dijo la muchacha antes de desaparecer por el pasaje secreto.
En menos de un minuto llegó a la puerta del despacho del profesor de pociones. Observó la hora en su reloj de muñeca y se llevo la sorpresa de ver que había llegado puntual. De no ser por la ayuda del pelinegro hubiera llegado con cinco minutos de retraso.
Golpeó la puerta de roble con los nudillos y esperó a ser atendida. Enseguida, la misma se abrió para dejar al descubierto una prominente naríz ganchuda, digo, al profesor Snape. Que la miró con un no disimulado odio y le hizo señas para que entrara al lugar.
-Hoy me ayudarás a comprobar que las muestras de pociones realizadas por primeros años esten bien realizadas, de lo contrario, anotaras en una planilla, en qué fallaron y me la entregarás al final del castigo. ¿Entendido?
-Sí, profesor. ¿Puedo saber qué poción es?
-Ya vas a saber cuál es…- contestó haciendo una mueca, que se asemejaba a una sonrisa malvada.
Al final del castigo, abandonó el despacho del profesor, toda desalineada, con algunos mechones de su cabello chamuscados, manchas azules en sus manos, una sustancia pegajosa en su túnica y un sueño terrible, las pociones que tenía que revisar eran pócimas para dormir. Y, a pesar de todos los efectos secundarios que habái recibido de las que estaban mal hechas, hubo unas cuantas que habían a penas alcanzado las espectativas, pero una en especial era lo suficientemente decente como para que su aroma le diera ganas de irse a dormir y jamas despertar.
-¡Kathleen! ¿¡Qué te pasa!? ¡Hoy estás muy lenta!- le gritó Harry que se encontraba suspendido en su escoba a unos 30 metros de ella.
Tomando conciencia de esto, puso más esfuerzo aún en sus jugadas, lo que hizo que al final del entrenamiento estuviera agotadísima.
-Kathy, ¿estás bien?- le preguntó Lúcida algo preocupada.
-Si si si, perdón por mi pobre desempeño de hoy- dijo apresurada y emitiendo un sonoro bostezo.
-¿Qué estuviste haciendo, que estás tan cansada?- le preguntó Ginny con sospecha.- Hermione me dijo que no dormiste en tu dormitorio ayer…- agregó con picardía.
-Tuve que revisar pócimas para dormir hechas por primeros años, en mi castigo con Snape hoy.- contestó tranquilamente ignorándo en su totalidad el comentario de Ginny.- El maldito desgraciado me hace hacer su trabajo…- exclamó con amargura.
-Yo preferiría hacer eso mil veces, antes de sacarle las tripas a esos sapos…- comentó Ron.
-De seguro- concordó Kathleen.- Harry, ¿alguna notica de tu padrino?- preguntó a su capitán.
-Por lo menos a mí, me envió una carta, tu padre. Seguro te tiene que haber llegado una a vos también.- contestó imitandola con gracia.
-Bueno, es cuestión de fijarse. Vamos a comer, muero de hambre…
Mas tarde esa noche, Kathleen se encontraba bajo la capa de James Potter, recorriendo los solitarios pasillos pasada la medianoche. Guiándose con el mapa del Merodeador así no se cruzaba a personas indeseables. Entornando la mirada para ver un poco mas alla de lo que la luz de la luna le permitía, poco a poco llego a destino. El despacho de Charlie.
Sabía el el profesor de CCM no la esperaba, por lo que quiso darle una sorpresa. Apuntando con su varita a la puerta de algarrobo hubicada en el extremo izquierdo del corredor del ala Norte del Cuarto piso, conjuró el encantamiento que le permitiría acceso al lugar.
El despacho estaba en total silencio, con su desorden habitual y poca iluminación que provenía de las escasas brazas que quedaban de la chimenea. Charlie no estaba alli, asique se encamino al dormitorio de éste. Auxiliandose del Lumus que había conjurado. La habitacion del pelirrojo era lo suficientemente grande como para que en ella cabieran cómodamente una cama de doble plaza con sus respectivas mesitas de luz y una cómoda en donde guardar la ropa. Tenía una ventana que miraba el Bosque Prohibido, y que en ese momento se encontraba cubierta por cortinas de nylon.
Charlie dormía apaciblemente mirando al techo, y sorprendentemente no roncaba.
-Eso es un punto a favor- se dijo Kathleen divertida. Se acercó un poco más a él, pero sólo para observarlo, le daba pena despertarlo con lo cómodo que se lo veía.- Es tan lindo cuando duerme…- suspiró, mientras le apartaba un mechón rojo de los ojos.
En ese momento, Charlie se movió un poco intentando acomodarse, y hablo entre sueños. Solo una palabra, pronunciado en un tono embelezado, que le heló la sangre a Kathleen: Alexa.
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Ahora que empiezo la facu, puede que tarde mas en subir capítulos, pero como ya dije anteriormente VOY A TERMINAR ESTE FIC! Ya se que es mucho pedir, pero paciencia mis queridos lectores... Los quiero un montonazo! Chula