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Historia 100272 — capítulo 5

Al contrario que el día anterior, en  la calle de Grimmauld Place, el sol brillaba radiantemente iluminando todo el lugar, en donde las desvencijadas casas con los vidrios de las ventanas rotos, la pintura de los frentes desquebrajada y la basura acumulada pudriéndose y atrayendo moscas al lado de la puerta, lo hacían lucir como un barrio pobre o en su defecto abandonado.

Nadie hubiera imaginado que entre los números 11 y 13 hubiera una mansión. Pero esta, no era una mansión cualquiera, sino que era la "Noble y Ancestral casa de los Black". Una residencia de magos de sangre pura cuyo linaje se remonta a la época de los fundadores de Hogwarts; una finca inmarcable y protegida por numerosos encantamientos y dispositivos de seguridad mágicos instalados por la familia en cuestión; un establecimiento sombrío y lúgubre, repudiado por su actual dueño, quien hacia lo posible por transformarlo en un lugar hogareño y, habitable.

Era temprano en la mañana, alrededor de las siete, y este dueño, alias Sirius Black, acababa de despertarse y, como todas las mañanas,  observaba el techo de su habitación con un aire entre dormido y meditabundo. Había tenido un extraño sueño, en el cual, él tenía una hija perdida, que llegaba a su casa y se quedaba a vivir con él. Riendo y dejando de lado el sueño, decidió levantarse, ya era la hora del desayuno.

Salió de su dormitorio vestido con su túnica de trabajo gris oscura y un par de botas de cuero negro, su cabello negro con algunas canas, largo hasta la mitad de su cara, goteaba agua debido a la ducha que había tomado previamente. Descendió cuatro tramos de escaleras hasta llegar a la cocina en donde, diariamente, tomaba su desayuno.

Al llegar allí, se sorprendió de encontrar a una atractiva adolescente de cabellos ondulados, que estaba apoyada contra una de las mesadas bebiendo de una humeante taza mientras lo saludaba alegremente.

-¡Buenos días Sirius!- exclamo Kathleen con una sonrisa radiante.

Sirius le devolvió el saludo sonriendo. Ya había caído en la cuenta de que todo lo que había pasado el día anterior no era un sueño, y este hecho, en cierta forma, le regocijaba.

Se sentó en su habitual asiento y acepto el desayuno que le ofrecía el chillón elfo domestico, que como de costumbre, se encontraba parloteando y alabando a su ahijado. Esta vez, opto por ignorarlo, en su lugar, se dedico a observar a su hija, quien escuchaba a Dobby muy entretenida y de vez en cuando riendo por lo que este decía.

El parecido con Ileana era increíble, reflexionó, aun no entendía como no la había reconocido el día anterior cuando había llamado a la puerta. Sin embargo, debía admitir que  había ciertas diferencias entre madre e hija, recordaba claramente como Ileana era amable con todos sin importar su procedencia y siempre había presente en ella un aura que irradiaba dulzura y bondad. Por otro lado, a Kathleen siempre la acompañaba una sonrisa picara y una mirada coqueta, además de un aire rebelde y descarado, todas cualidades que el mismo tenía en su adolescencia. Por el poco tiempo que había estado con ella, podía asegurar que era una buena chica, además de ser muy agradable e inteligente, aun no se recobraba de lo que le había dicho la chica el día anterior.

-¿Sucede algo?- le pregunto Kathleen preocupada interrumpiendo su línea de pensamientos.

-No, solo meditaba- respondió tomando un croissant y propinándole un mordisco- ¿por?- pregunto curioso y con la boca llena.

Kathleen rió ante esto último. - No, porque te habías quedado mirándome serio. ¿Y qué meditabas?- cuestiono haciendo comillas con los dedos en la palabra "meditabas".

-En que sos muy parecida a tu madre- contesto como quien comenta el clima.

-Ah.- hizo una pausa- ¿Vas al trabajo?

-Sí.

-¿Y qué haces?- interrogo curiosa.

-Soy auror, trabajo en el Ministerio.

-Wow. ¿Y qué tal? ¿Es divertido, emocionante?- pregunto entusiasmada.

-Depende, hay días y días, últimamente, como cerré un caso hace poco, es puro papeleo.-explico Sirius tranquilamente.- ¿Tenés planeado hacer algo hoy?- pregunto, ya que la dejaría sola por unas cuantas horas.

-Y… en principio, salir a correr, tengo que empezar a entrenar.

Sirius la interrumpió.- ¿Entrenar? ¿Haces algún deporte?

-Quidditch. En mi antiguo colegio era golpeadora.- Contesto sonriendo con autosuficiencia.

-¿¡Golpeadora!?- se sorprendió Sirius- Nunca supe de mujeres golpeadoras, por lo general son hombres… ya sabes, tienen más fuerza.

-¿Y quien dice que yo no tenga fuerza?- inquirió- Es más, yo era la mejor en Durmstrang.

'Orgullo Black' pensó Sirius al denotar el ego en la última frase.

-Debe haber sido difícil ir a esa escuela- comento Sirius indignado, imaginando lo más que lo habrá pasado la chica rodeada de esa gente.

-Al principio si- admitió la chica tranquila- pero al final me gane el respeto de todos- concluyo sonriendo tétricamente.

-Wowowo, esa sonrisa me dio miedo, no quiero imaginar que hiciste- dijo Sirius en broma.

-Así es, así que no te metas conmigo- le siguió el juego y ambos terminaron riendo.

Siguieron hablando de temas generales, hasta que llego la hora en la que Sirius se tenía que ir al Ministerio. Se dirigió, como siempre hacia el salón, solo que esta vez, escoltado por una Kathleen charlatana y sonriente. Se despidió de ella con un beso a la mejilla y se zambulló en la llamarada verde de la Red Flu.

Salió de una de las tantas chimeneas y se hallo en el Atrio, el cual era largo y espacioso, con un suelo de madera oscuro y brillante y un techo de color azul eléctrico. En el medio de él, se encontraba la Fuente de los Hermanos Mágicos, un pequeño estanque circular el cual contenía cinco estatuas doradas de tamaño descomunal: un mago y una bruja con un centauro, un duende y un elfo domestico. Ignorando la fuente, se dirigió al fondo del Atrio en donde había unas puertas doradas que lo conducían al vestíbulo en donde estaban todos los ascensores, subió a uno y se bajo cuando una voz monótona y femenina anuncio "Segunda Planta: Departamento de Seguridad Magica". Fue hasta el Cuartel General de Aurores y de ahí hasta su cubículo. Se sentó en su escritorio dispuesto a seguir con su aburrido papeleo.

Al cabo de unas horas, una lechuza marrón con manchas negras, se presento frente a él con un sobre atado a sus patas. Era una carta de Remus.  Rápidamente tomo el sobre, el cual pesaba un poco y se dispuso a leer lo que le decía su amigo Lunatico.

Querido Canuto:

Acá te envió el expediente que Kathleen presento en Hogwarts para hacer el cambio de colegio. Debo admitir que me tome la libertad de echarle una ojeada y me sorprendió bastante. Como era de esperarse, está el certificado de sus TIMO's (todos Extraordinarios como ella dijo), y una carta de recomendación de su antiguo director. Además, hay una pequeña ficha en la que presenta un par de infracciones que cometió en su antigua escuela, me causaron gracia y hasta me recordaron a ti. Espero que se cumpla lo que te dijo McGonagall  cuando estábamos en 5to, ¿lo recuerdas? JaJa.

Pasando a otro tema, estuve pensando anoche y me di cuenta de que tenés que hacer un trámite en el Ministerio para dejar constancia de que Kathleen es tu hija. Podes llegar a tener problemas si no lo haces. Ya sabes, ella no debe estar registrada en la comunidad mágica como hija de mago, así que tenés que hacerlo de inmediato. Como su padrino, yo también tengo que estar presente cuando hagas los tramites, es como hacer de cuenta que Kathleen acaba de nacer y hay que anotarla en el Departamento de Seguridad Mágica. Así que cuando te decidas a hacer el trámite no dudes en avisarme, ya que yo lo hice hace poco por el pequeño Ted.

Esperando te encuentres bien, me despido.

Saludos, Lunático.

Sirius termino de leer la carta de su amigo e inspeccionó el expediente de su hija. Paso de largo el certificado de los TIMO's y la carta de recomendación del director, para leer en detalle la ficha de infracciones. No eran muchas, pero las pocas que había sí que le hicieron reír, esta chica realmente era ingeniosa con sus bromas y travesuras, y no dudaba que había muchas más que no figuraban en esa ficha. Sinceramente, nunca se le hubiera ocurrido confundir a un profesor para que no tomara un examen o darle un susto de muerte con un boggart al celador del colegio. McGonagall tenía la suerte, o tal vez la desgracia, de que se había cumplido su deseo "Espero que el día de mañana tus hijos sean igual a vos, así sufrís con  los desastres que armen" Ya quería ver la cara de esa anciana bruja cuando descubriera que tenía una hija.

Cuando salió del trabajo, era ya medio día, estaba satisfecho debido a lo que había hablado con su jefe, y volvió a su casa pensando en darle la noticia a Kathleen. Pero al llegar allí, se encontró con que la muchacha aun no había vuelto, se pregunto qué tanto tiempo habría estado entrenando, y hasta comenzó a preocuparse, ya tendría que inventar algún sistema para estar comunicado con ella.

Paso la hora del almuerzo, y Kathleen aun no volvía y Sirius cada vez estaba más nervioso y preocupado. ¿En donde se había metido? No podía mandarle un patronus porque quizás estaba en un lugar muggle, pero ¿cómo se comunicaba con ella? Todo esto era bastante estresante. La cuestión era que ya eran las cuatro y quince de la tarde y su hija no volvía. Dobby, el elfo domestico, observaba como Sirius caminaba de un lado a otro en el vestíbulo, y a su vez trataba de calmarlo pero no estaba teniendo mucho éxito.

En eso, la puerta del frente se abrió y por ella entro una Kathleen toda desalineada y embarrada. Su uniforme de quidditch estaba rasgado y su cabello todo enmarañado. En su mano derecha llevaba una barredora 7. Al verla Sirius respiro aliviado, pero enseguida la enfrentó.

 -¡Por Merlín! ¿En dónde te había metido?- grito furioso caminando hacia ella- ¿Sabes lo preocupado que estaba? ¿Y qué demonios te paso?

-¿Estabas preocupado?- pregunto Kathleen perpleja.

-¡Por supuesto que estaba preocupado! ¿Cómo no voy a estarlo? ¡Sos mi hija después de todo!- exclamo Sirius aun enojado. Pero eso desapareció cuando en un arranque de ternura la chica lo abrazo fuertemente.

-Perdoname Sirius, ni me imagine que podrías llegar a preocuparte por mí, sino hubiera vuelto más temprano, es que cuando vuelo pierdo la noción del tiempo prometo que no va a repetirse- se explico la muchacha.

Sirius le correspondió el abrazo dulcemente.- Esta bien, ya pasó.- se separo de ella- Ahora anda a bañarte y después baja que quiero saber que fue lo que te paso, ¿sí?

Kathleen asintió y subió a su habitación. Entro y perezosamente empujo la puerta para que se cerrara de un portazo. Deposito cuidadosamente su barredora 7 debajo de su cama. Busco una muda de ropa limpia en su armario y se encamino al baño a tomar una ducha.

Estaba contenta, realmente no se había esperar llegar a la casa y encontrarse a un Sirius Black enojado debido a la preocupación causada, esto significaba que ella era importante para él. Tal vez, un día el lograra quererla como ella siempre lo había querido sin conocerlo. De niña su madre siempre hablaba de él, y ella nunca se había olvidado de ello.

Termino de cambiarse y bajo hasta la cocina a buscar algo de comer y de paso contarle a Sirius el por qué de su demora.


Como verán Sirius esta empezando a querer a su hija. Y Kathleen demuestra que no esta acostumbrada a que la quieran por eso no se preocupa por llegar temprano a su casa, ella piensa que no le importa a nadie, pero poco a poco se va a ir dando cuenta de que eso no es cierto.

Espero que les halla gustado el capi ;)

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Besos, Chula