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Never Coming Home. — capítulo 12

Alex dio una voltereta en el aire y con un suave movimiento de pies, empujó la espalda  de Eric, incluso antes de que éste lograra realizar su siguiente movimiento luego de intentar atraparla. Cayó de pie, como si simplemente hubiera dado un pequeño salto en el aire y no el de casi diez metros de altura que acababa de dar. Le echó una mirada inquisitiva a su alumna para cerciorarse de que seguía viéndoles, estudiando cada uno de sus ademanes delicados, pero que en el fondo eran sólo una careta errónea de sus verdaderas acciones mortíferas.

Le habían dicho que la pelea sería a muerte, sin embargo, ambos sabían que le estaban mintiendo, porque ninguno podría destruir al otro: se amaban demasiado para eso. Por lo que optaron por sacar a flote viejas rencillas que ni siquiera los innumerables años de sus vidas habían podido sanar del todo, y aunque no se dijeron nada, la pareja se enfocaba en el mismo recuerdo doloroso para sentir el odio y las ganas asesinas contra el otro y así conceder a la batalla un "no sé qué" que mantenía a Borgny con los ojos pegados a los cuerpos de sus instructores.

Eric era fuerte, no le cabía duda. Comprobaba lo que hace unas horas atrás él mismo le había dicho, y era que cuando se enfrentaron él no estaba preparado. Estaba sediento, cegado por una ira que no era la suya, sorprendido por tener que luchar tan pronto con ella, y desesperado por rescatar a Alex que parecía llevarse la peor parte. Inconscientemente tragó saliva, no quería imaginarse cómo sería cuando le tocara a ella volver a luchar. Por ahora la dejaron en estado de "vigilante": su trabajo era aprender y asimilar las formas de ataque y defensa de sus profesores para luego repetirlas, sólo que esta vez en una verdadera lucha encarnizada que estaba segura no iba a poder controlar.

También descubrió que Alex había estado muy distraída en el momento que a ella -idiotamente- se le antojó retar a dos vampiros que en otras circunstancias y con los ánimos diferentes, le hubieran despedazado el cuerpo en cosa de segundos. Por lo tanto, pasando por alto el hecho de que ella nunca había sido afortunada, sólo la suerte pudo haberle brindado tal protección, saliendo airosa del encuentro -sin contar la cicatriz que de por vida le quedaría después de perder un brazo-.

Borgny contemplaba a Alex atacar y ser atacada, y no podía pensar en nada más  que realizar esos movimientos -por lo menos- con la mitad de elegancia con la que lo ejecutaba su instructora**.**No obstante, Eric no se quedaba atrás, también ocupada un espacio dentro de los anhelos de la muchacha: deseaba su fuerza, la puntería casi perfecta de sus golpes que sólo fallaban porque Alex era demasiado ágil y astuta para esquivarlos.

Vio rebotar la espalda ancha de Eric contra un tronco desnudo, y le pareció irreal cómo el árbol se partía en dos, era todo tan horriblemente similar a las películas de acción, esas en las que nada podía ser más exagerado o increíblemente falso, y sin embargo estaba absorta en una pelea de la que se hubiera reído a carcajada limpia si alguien hace dos meses le hubiera dicho que la vería hacerse realidad.

Alex y Eric, se enfrentaron sólo un par de minutos, quizás cinco, porque los contraataques, los saltos, las incontables veces en que sus cuerpos chocaron con la tierra, los árboles, con ellos mismos, fueron instantes demasiado fugaces para un ser humano normal, pero para Borgny que ya se estaba acostumbrando a la velocidad de los vampiros, no le fue difícil identificar todas las acciones como si sucedieran en cámara lenta, al puro estilo Hollywoodense. Y durante todo ese tiempo, una pequeña porción de su cerebro estuvo reflexionando lo que ha rondado inevitablemente su cabeza todos estos días, y es que saberse en una crisis existencial tan profunda como por la que atraviesa, puede con la buena salud mental de cualquiera.

Recordó la anterior conversación con Eric, sus palabras ásperas y sin una pizca de suavidad con las que le había dicho que ahora era un vampiro, que debía actuar como tal, no podía ir por la vida pensando que todavía pertenecía a los humanos, sobre todo cuando eran su principal alimento. La chica estuvo a punto de refutar los argumentos de Eric, de gritarle en su cara que él no era más que un gusano chupa-sangre, que vivía como parásito a costa de la sangre, y que se negaba rotundamente a formar parte de las mismas bestias que le habían arrebatado a su madre. Sin embargo se calló, optó por soltar una frase totalmente rebuscada y que por lo demás a Eric no dejó de causarle gracia y algo de ofuscación: "No lo voy a hacer. Seré algo así como vegetariana…" -Borgny esbozó una pequeña sonrisa, y no porque intentara apaciguar con ella los ánimos de Eric, sino que se le hacía cómico que después de tantos años comiendo todo tipo de carnes, mofándose de aquellos que se hacían llamar vegetarianos, ahora ella pasara a ser parte de la misma categoría, sólo que de una forma algo retorcida: significaba que evitaría beber sangre, y que si lo hacía continuaría con el mismo sistema que hasta ahora le ha funcionado: el de cazar animalillos. Se abstendría completamente, porque sabía que si se permitía un solo momento de debilidad, no volvería a incurrir en segundas opciones como lo era la caza de animales; simplemente andaría por la vida asesinando gente hasta que su sed fuera aplacada.

Cuando se detuvo a saborear el líquido que escurría por la nuca del alce, se dio cuenta a lo que se referían todos los vampiros que habían puesto mala cara al oler su capa sucia y pestilente a vísceras caninas: la sangre de los animales no tenía gusto a nada, no podía afirmar que era mala, ya que en realidad nunca había probado otra, pero muy en su interior sabía que esa sangre no era suficientemente buena. No obstante, le reiteró a Eric cuando éste insistió en la inferioridad de la raza humana, que no la haría cazar humanos -y había abierto más los ojos al decir la palabra cazar-, pero que si cumpliría lo que él dictara porque sinceramente su vida no tenía sentido, y no tenía nada más interesante en qué abstraerse. Eric sonrió al escucharla, le pareció más madura aunque presentaba rasgos depresivos, pero de todas formas no concibió otro temperamento mejor para ella. Y con una sonrisa pícara, le dijo: "Tu vida es importante, y no sabes cuánto".

Aro no le había dicho nada, pero supuso que su hermetismo significaba "cállate, y cumple tu deber", así que se limitó a dejar un pequeño rastro de migajas para Borgny, de esa manera no estaba revelando nada realmente, y de paso sabría qué tan inteligente era la chica.

-¿Entendiste? -dijo Alex en voz alta, como un profesor en medio de una clase, con un tono reposado y firme. Nadie podría imaginar que hace sólo un segundo ella volaba encima de Eric.

Borgny asintió, hizo lo mejor que pudo para memorizar todos los movimientos, aunque sabía que terminaría improvisando la mayoría de ellos, sin embargo, esta vez no tenía la oportunidad del instituto: si te equivocas lo intentas de nuevo. Si ella se equivocaba, probablemente se despediría de otro miembro.

-Entonces es tu turno. -Alex sonrió, una pequeña sonrisa que no era de maldad como la interpretó Borgny, sino una genuina y sin razón- Eric, ¿por qué no te sientas junto a la canasta?

Fue en ese momento que ella volvió a reparar en el modesto objeto sobre el pasto mojado por el rocío del amanecer próximo. Lo vio colgar del brazo delgado de Alex y pensó que por el casi inexistente olor a chocolate, ella debió traer allí las galletas, pero entonces a su mente asaltó una duda que había olvidado gracias a su fácil distracción, y aquella pregunta ahora volvía  con toda la fuerza de un volcán dormido: ¿Qué había hecho con ellas?, ¿las había regalado, como le confesó que lo hacía?, o ¿era que las botaba en el camino?

Una idea peligrosa surcó su cabeza, ¿y si las había regalado, sólo que no con propósitos de caridad? No conocía a Alex del todo, pero le gustaría pensar que ella no sería capaz de utilizar algo como eso para señuelo, una trampa degradante para atrapar la "comida". Negó, debía concentrarse en defenderse y no en ese tipo de cosas que la sacaban de quicio demasiado rápido, y no obstante, no fue capaz de quitar la mirada de la canasta hasta que Alex la llamó de nuevo.

-Intenta atacarme. -habló de pronto con tono relajado.

-¿Para qué? -susurró, era un pensamiento en voz alta, y Alex lo captó.

-Sólo hazlo.

Ella que se encontraba a unos cuantos metros, dio un par de zancadas para disminuir la distancia y alzó la mano para tomarle del cuello, pero su instructora fue más veloz: la cogió de la muñeca y la tiró al suelo en un abrir y cerrar de ojos.

Borgny sintió cómo una oleada de sorpresa le corría por todo el cuerpo: ¿cómo había sido tan rápida?, después de todo sus razonamientos no estaban para nada alejados de la verdad: esa vez ella sí había pillado a Alex desprevenida y de allí su ventaja en la pelea.

Se puso en pie sobando su rodilla, y atacó nuevamente cuando la mujer menuda se lo pidió, pero tal como la vez anterior y aunque había intentado agarrarla de la cintura, Alex se elevó un buen trecho y la derribó desde la espalda.

Continuaron así un buen rato: Borgny se movía y al instante era repelida por Alex, quien no podía evitar esbozar una sonrisita socarrona; ¡Por fin estaba demostrando de qué estaba hecha!

Así mismo Eric daba unas cuantas órdenes a Borgny mientras ésta iba a parar una y otra vez contra la tierra, y en dos ocasiones contra la corteza de un pobre árbol que tuvo la mala suerte de estar ahí. Le gritaba que no descuidara los flancos, que saltara más alto, que fuera más ágil, que esquivara de mejor forma los contraataques y no de esa manera torpe, llegó a pensar que aquella Borgny atrevida, que se había osado intentar a patearles el trasero se esfumó completamente con la sangre de animal.

"Insistiré…" -se dijo así mismo cuando la chica rozaba el piso por enésima vez. Quizás era esa sangre asquerosa la que la debilitaba. Tal vez ella no lo recibiría de buena gana -es más, eso era seguro-, pero su maestro jamás le perdonaría que la dejara hacer esa clase de cosas: "ser vegetariana", sin embargo ya existen vampiros así, ese clan de los ojos dorados de los que escuchó hablar. ¿Cómo era posible que una niña que jamás había tenido contacto con ellos, tomara la misma decisión extraña de no beber sangre humana?

-Ya… -tomó aire- no puedo más, no quiero seguir.

Borgny nunca imaginó que iba terminar diciendo algo así, pero estaba harta de la estúpida sonrisa de Alex, y de la bastarda tierra que no dejaba de acosarla.

-¿Estás cansada?, ¿tan pronto?

-Déjame. -bufó.

-¡No es justo! -gritó Eric como niño enojado- ¡Ahora era mi tuno!

-¿Tú turno para arrástrame por el piso como lo hizo, Alex? No gracias, yo mejor paso.

-¡Ah, vamos! No seas aguafiestas.

Lo siguiente que hizo fue entrecerrar los ojos y apretar los dientes. Bastante le había costado admitir que no deseaba ser humillada nuevamente, y aún así él se las arreglaba para joder todo el momento y ponerla más tensa de lo que ya se encontraba.

Continuó mirándolo con los ojos empapados en rabia, haciendo que le brillaran de frustración -no en vano, luego de casi cinco minutos, la habían aplastado quince veces-.

Le tomó otra pequeña fracción de segundo cuestionarse porqué era tan torpe, o dónde había quedado el instinto auxiliador: ahora estaba ella, solamente ella, sin ningún tipo de ayuda. Aunque si bien, no llevaba mucho tiempo como vampira, no mostraba inferioridad, por lo que ser abismalmente superada, le dolía casi tanto como el fantasma de la sed.

-Respira. -le dijo Eric- Alex nunca ha sido buena enseñando. Déjamelo a mí… -"después de todo, soy el que tiene más experiencia."

Borgny sólo necesitaba un poco de ayuda, más de la que le brindaba Alex, además de que Eric se consideraba en ventaja por haberla visto cazar, lo que le daba una idea casi completa de su forma de ser.

Ella analizó la gama de opciones dentro de su mente como si fueran una lista palpable, determinó -finalmente- que le haría caso, siguiendo la misma línea que la impulsaba desde siempre a acatar el destino y era que por ahora no había nada más qué hacer; y quién sabe, tal vez Eric resultara mejor instructor que Alex: "bueno, cualquiera puede ser mejor que Alex…" -pensó antes de asentir.

-De acuerdo. -suspiró al mismo tiempo que destensaba los brazos y se estiraba, corrigiendo de paso su postura.

-Bien…

Eric sonrió.

¿Cuánto tiempo sin actualizar?... mucho... Pero al fin solucioné el problema de mi computador, y después de sufrir muchos días sin poder distraerme, terminé otro capítulo. Espero no demorarme demasiado para el siguiente.  Un abrazo :)