← Never Coming Home. · de
Never Coming Home. — capítulo 5
Felix escuchó el habitual chasquido de su maestro y emprendió marcha hacia la diminuta neófita. Le parecía cómica la extraña actitud de la niña, que no lucía más grande que Jane -y aunque su contextura era algo más esbelta-, gruñía y actuaba como toda una vampira experta.
Escogió atacar por el flanco derecho, el único lado que parecía descuidado por el amplio campo de visión de ella.
Al ser Felix el más alto de la guardia, su percepción es mejor si de escudriñar rostros se trata. Y aunque difícilmente lo pareciera, o quizás nadie nunca quisiera notarlo, Felix es tan audaz y efectivo como Demetri en cuanto a determinar las emociones de los vampiros a través de sus gestos, movimientos y cambios de posturas, pero claro ese no era su trabajo.
La chica lo detectó casi en el mismo instante en el que él se aproximaba peligrosamente para agarrarle el cuello, dio unas elegantes volteretas gimnásticas hacia atrás, y con la cara horrorizada y confundida decidió que era mejor tomarlo en serio y relegar la tarea de defensa a su parte netamente salvaje e instintiva. Generalmente ocurría así: Felix arremetía con su fuerza monstruosa y nadie podía evitar sentir desesperación, sin embargo, habían unos que no flaqueaban y demostraban determinación.
Felix al observar detenidamente los movimientos neonatos de la chica, resolvió enseguida aplicar un manotazo por la izquierda y cuando ella lo esquivara -si es que lo hacía- la atacaría por sorpresa corriendo tan rápido como pudiera inmovilizándola desde la espalda. Con los neófitos era así; llevados por sus impulsos e instintos y con la fuerza superior, son unos peligrosos oponentes a los cuales hay que saber manejar por medio de su inexperiencia.
Cuando Borgny tras evitar el golpe de Felix descendía, Jane no pudo evitar una sonrisita triunfante al ver cómo su compañero corría debajo de ella sin que ésta se percatase para terminarla en cuanto tocase el suelo. Realmente, Jane no entendía bien porqué la odió desde el primer momento que la vio; la única persona que había despertado esos sentimientos de envidia y celos, vive actualmente en otro continente. Como sea… -se dijo así misma-no tiene caso averiguarlo.
Borgny apenas si tuvo tiempo de visualizar la figura corpulenta de Felix esperarla en el suelo. Era demasiado tarde para enmendar el salto y girar hacia otra dirección, sólo le quedaba esperar. Sintió el nudo de la derrota agarrotarle el estómago, y sin pensarlo cerró los ojos para apaciguar el dolor del golpe. No obstante, inmediatamente luego de cerrar los parpados una sutil y trasparente capa de aspecto acuoso comenzó a brotarle de todo el cuerpo, envolviéndola a tiempo para que Felix la perdiera de vista. El fluido salió a una velocidad increíble, le produjo la sensación de adrenalina "nueva", muy excitante pero lo suficientemente controlada para estar consciente del calor suave que surgió de pronto.
Cayó a sólo tres pasos de Felix, sus pies de bailarina minimizaron el ruido a un murmullo sordo, y abrió los ojos sin poder creerlo: todavía seguía con vida.
Contempló divertida el semblante asombrado de su público y la mueca de desagrado de su agresor, tal vez estaba loca, pero creyó que volvía a ser invisible ante los vampiros, y sin detenerse a darle más vueltas, ni percatarse de la fina tela de la que se revestía su piel, corrió hasta Felix y le propinó un severo golpe en el abdomen con toda su fuerza. El cuerpo voló hecho una bala y chocó -para mayor desconcierto de todos- contra la pared de granito: allí su figura quedó marcada, y destrozada una de las más hermosas estructuras de la historia.
Felix sin inmutarse, retornó al lugar donde ella había dejado la última muestra de su esencia, el golpe que pareció letal en realidad lo había aturdido un poco, pero no lo necesario. Borgny al ver la rápida recuperación del vampiro se indignó, y lo tomó como insulto, así que todavía oculta bajo su escudo de invisibilidad pateó tan fuerte como pudo la espalda de Felix al mismo tiempo que le plantaba un codazo en la nuca. Algo crujió cuando lo hizo, no supo si el sonido había provenido de ella o de él, pero sólo al dudar un instante por su seguridad, la capa se desvaneció en el acto dejándola desprotegida.
La distracción y la leve diminución de intensidad en su temple asesino, lograron que Felix obtuviera la abertura justa para contraatacarla. Sonrió luego de ponerse en pie e ignorar el polvo blanco que dejó el mármol de los escalones contra los que fue a dar: la chica era lista, lo admitía, lo había humillado, también lo reconocía, pero ahora que se hallaba en medio del salón concentrada en su brazo derecho no iba a perder la chance de hacerle pagar.
Felix no le dio tiempo a meditar, la empujó con tanta magnitud que el cuerpo de Borgny no pudo más que rebotar contra el muro oriental del salón, y arrugando la cara sintió como otro poco de su confianza se veía drenado con los amenazadores golpes precisos de Felix. Él se colocó en frente, iba a darle la estocada final en el abdomen tal como ella hizo antes, aunque no pudo concretar el golpe, ella jadeante, esquivó su manota haciendo galas de las muy viejas y casi completamente olvidadas lecciones de ballet que en algún momento de su niñez le obsesionaron.
-Quédate quieta. -oyó decirle cuando se vio eludido una vez más.
Para su asombro sonrió ampliamente, sin quererlo Felix le había devuelto toda la seguridad arrebatada entre manotazos y patadas, y algo más consciente de su poder utilizó el brazo izquierdo para frenar mientras retrocedía furiosamente. Se agazapó, y se estuvo quieta una fracción de segundo en la cual gruñó suavemente de forma placentera, descubriendo la delgada capa que nacía por sus manos, sus piernas, su cuello. No hubo falta que le dijeran nada, todo se hallaba escrito en sus rostros: Así que esto me ha estado salvando el pellejo… -pensó.
Hasta ese momento, la batalla se enfrascó en Felix: sus golpes, ataques, replegadas y contraataques, ninguno con mucho éxito. Es que aunque nadie lo dejara entrever, esperaban cruelmente que Felix se excediera en la paliza -como a veces sucedía- y desmembrara el cuerpo de la neófita de tal forma que no quedara otro remedio que incendiarla en una pira caliente. Sin embargo, había una sola persona que sin disminuir el interés en la pelea no despegaba sus ojos empañados de Borgny con la idea inconsciente de que así ésta se vería animada. Aro -como no le ocurría hace años- debía procurar mantener al margen su emoción, ya que sus planes se cumplían a la perfección.
En cuanto la chica cruzó el umbral de la puerta siendo todavía humana, a Aro le pareció que había algo diferente en ella, otorgó la atracción a su sed y durante una milésima pensó servírsela primero, pero algo lo contuvo y desechó la idea. Fue algo similar a lo que experimentó cuando conoció a los gemelos, ella desprendía un talento innato: sería una gran herramienta… -se dijo mientras iba a por una mujer. No obstante, la niña desapareció sin dejar rastros, y aún con la boca ocupada tragando a grandes sorbos la sangre deliciosa, se dedicó a buscar el olor de ella, o el latido de su corazón agitado, pero todos habían acabado con los humanos del salón y el único ruido persistente era el de la sangre deslizándose por sus gargantas.
La olvidó unos instantes, reapareciendo en su mente cuando sintió el olor a rosas de esa bonita sangre que escurría por una de sus manos: ella se hallaba sentada sobre un suelo sucio, pegada contra la madera de la puerta, mirándoles sin mover un solo músculo. Con su ágil y hábil mente de vampiro ancestral, dilucidó inmediatamente el potencial escondido en la humana, casi igual o más prometedor que el de Jane y Alec; sus mejores armas.
Alec reparó en la chica incluso antes que Aro oliera la sangre, hecho que no pasó desapercibido al anciano quien vio dibujado en su semblante la necesidad imperiosa de probarla, como si toda la sangre bebida se redujera a una mísera gota dentro de su paladar ardiente.
-Hermanos, miradla… -recalcó incluso cuando ellos ya la tenían presa de sus miradas rojas- hay que convertirla. -siseó rápido para que la mortal no le escuchara.
-¿Te has vuelto loco? -habló Caius sin esperar que Aro pudiera seguir- no hay necesidad de hacer tal estupidez.
-Sé que lo ves: el potencial, sabes lo útil que podría ser. -conjeturó. Caius no reprochó, en silencio recordó el aquelarre de los rumanos que llevaban un buen tiempo amenazando por estallar, y aunque ellos habían hecho un buen trabajo reprimiéndolos, se decía que estaban armando un nuevo y más poderoso ejército; habría que ser juicioso- Hacedlo. -dijo en vista del semblante inexpresivo de sus hermanos.
Alec debió repetirse la palabra para entenderla, pero cuando lo hizo se puso de pie sin turbarse y midió cada paso hasta la chica avergonzado de que su maestro notara su terrible deseo por beber la sangre más dulce jamás olida. Probablemente si no le hubiera pasado, nunca hubiera comprendido a aquellos que excusaban su falta a la única regla vampírica atribuyéndolo a la irrefrenable sed que le produjo cierto humano.
Para el minuto en el que Borgny se volvió invisible ante sus espectadores y mandó disparatado a Felix contra el muro, Aro juntó sus manos lleno de dicha: él nunca se equivocaba en este tipo de cosas, por lo que se limitó a echar una mirada a sus hermanos y súbditos ensanchando al instante su sonrisa complacido con los rostros descolocados.
La niña surgió en medio del salón, Felix atacó sin piedad, a Aro el brillo de los ojos burdeos se le desvaneció unos segundos imaginando que ella no resistiría la presión y terminaría por morir o rendirse, pero no lo defraudó, luego de oír mascullar a Felix un "quédate quieta…", Borgny pareció más determinada y él observó atónito como algo la envolvía lentamente, desvaneciéndose ante sus narices.
*Probé narrar en tercera persona, espero que haya salido bien (: Además, creo que escribiré así cuando de una batalla se trate... ya veremos ;) ¡Saludos!