Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Never Coming Home. · de

Never Coming Home. — capítulo 7

Todavía continuaba ensayando cuando oí el cerrojo ceder, y una figura masculina atravesó el umbral. Tenía la cara cubierta por la capucha, lanzó suavemente las llaves en forma vertical y las cogió de nuevo, entonces escuché que tomaba aire.

-Vamos. -dijo al tiempo que se descubría el rostro.

Había detenido el flujo del líquido y lo hice volver a mi cuerpo en cuanto aquel hombre estuvo en el umbral abriendo la puerta, me quedé quieta en el centro de la habitación, lo miré expectante y cuando pronunció la palabra sentí como una oleada de adrenalina surcó mi cuerpo.

-Está bien. -contesté luego de un segundo- Deja vestirme.

Su rostro se mantuvo inexpresivo, se dio la vuelta y esperó.

Arranqué las mangas de mi blusa, estaban demasiado maltratadas y manchadas para seguir usándolas -fue lo mejor que pude hacer con ese pobre trapo-, me coloqué la capa limpia y dejé la otra en el perchero -quien sabe, tal vez podría volver-, y cambié mis zapatillas maltrechas y sucias por las manoletinas.

-Listo.

Giró su cabeza para verme, en realidad miraba la capa sucia: aún seguía con ese olor de perro muerto, pero no me importaba, aunque el olor fuese pestilente, porque de alguna manera esa prenda me recordaba lo que era y lo que debía hacer.

-Sígueme. -prosiguió- Por cierto… -agregó musitando, casi para sí mismo- mi nombre es Eric.

-Borgny. -dije extendiendo el brazo hacia el aire. Mamá siempre decía: "Lo cortés no quita lo valiente", además, debía comenzar algo bien, siquiera con una persona -o mejor dicho: vampiro-.

Él asintió y estrechó mi mano una décima de segundo, después salió por la puerta entrecerrada y la cerró con llave cuando estuve a su lado.

Me condujo por los pasillos -ésta vez pude reconocer algunos-, luego por varias escaleras empinadas hasta que topamos con los túneles oscuros. Continuamos el camino cuesta arriba hasta desembocar en una alcantarilla.

-Sé cuidadosa. -susurró al cerrar la rendija.

No me sorprendí de que fuera de noche, tampoco lo hice cuando Eric súbitamente trepó una muralla y comenzó a saltar por los techos, sólo quería encontrar alguna mujer de vestidos decentes a estas horas…

-Eh… -me atreví a murmurar- Eric se detuvo lentamente frente la chimenea de un tejado, me miró de soslayo- ¿podrías… esperarme? -dudé, no sabía cómo era, no podía confiar deliberadamente en un desconocido.

Vi como sus ojos relampaguearon, giró completamente para verme -probablemente me estaba evaluando.

-Te seguiré de cerca. -finalmente habló- No intentes nada.

Aunque me hubiese gustado ponerme a charlar con él, explicarle que no soy estúpida, que en cualquier caso no me convenía armar líos si quería cumplir mi objetivo, opté por fijar los ojos en el cuerpo de la prostituta bajo el alero del bar de luces brillantes y esperar por la oportunidad.

El hombre calvo no tardó en llamarla, tal como lo había pensado la hizo caminar hasta la ventanilla de su auto, y en cuanto la tuvo cerca le manoseó los senos: "Súbete"-le ordenó después de escuchar el gruñido falso de placer. Descendí rápidamente mientras ella daba la vuelta para sentarse en el asiento del copiloto, con los brazos la tomé de la cintura justo en el momento que abrió la puerta y su cuerpo estuvo lejos de la luz de los faroles, la arrastré conmigo hasta el medio del callejón oscuro a un lado del automóvil, extraje velozmente la chaqueta, el pantalón ajustado intentando no rasgarlos con la fuerza del movimiento, y la devolví al asiento del copiloto sin darle oportunidad de reaccionar. Para cuando la mujer gritó asustada desde el auto ya había regresado al tejado donde Eric parecía observarme confundido.

-Era la prostituta mejor vestida. -dije excusándome- Y la más cubierta, también.

En realidad, lo era: antes de que la atacara ella vestía una playera sin mangas bajo la chaqueta de género delgadísima, seguido por un par de pantalones muy apegados al cuerpo, y por último, los infaltables zapatos de tacón alto.

-Es verdad. -sonrió, pero fue una sonrisa pequeña- Pensé que…

-¿Me la iba a comer? -le interrumpí- No… -"No soy como ustedes", eso fue lo que quise decirle, pero me lo tragué.

-Vaya novata que eres. -añadió como si estuviera sorprendido.

-¿Novata? -inquirí.

-Neófita si lo prefieres. -cruzó los brazos sobre el pecho, me echó una última mirada despreocupada y se puso a saltar sin previo aviso.

-¿Neófita?, ¿novata? -murmuré habiendo alcanzado a Eric, dejando una distancia de ocho metros por precaución.

-Es lo que eres ahora. -dijo de forma natural.

De pronto olvido que -al igual que yo- ellos también pueden oír a grandes distancias.

-Soy un vampiro. -respondí ofendida, aunque sin saber bien porqué: soy una bestia chupasangre de cualquier forma.

No me respondió, en vez de eso se deslizó por la inclinación de un tejado, cayó cerca de un sendero y se abrió paso por el bosque.

Los matorrales, las ramas frondosas, y las raíces de los árboles, se hicieron mucho más fáciles de sortear después de haber corrido por ellos intentando escapar de Volterra. No así con la ropa, seguía despedazándose, por lo que abrí la capa a la altura de la cintura, e impedí que se estropearan más fundiendo las prendas enun pequeño bulto con mi cinturón.

Eric continuó en diagonal hacia el noroeste hasta llegar al corazón de lo que parecía un bosque interminable. Junto a un estanque, se encuentra una pequeña casita rústica a la cual se acercó deteniéndose frente a la entrada.

-Neófitos son los recién nacidos. -dijo como si la conversación nunca hubiera sido interrumpida.

-Vale… -dije de forma casi inaudible, pero estaba segura que él sí lo había oído.

Abrió la puerta con una llavecita que sacó desu cuello; en el interior del único cuarto sólo se encontraba una mesa vieja y resquebrajada por el polvo, una silla de igual apariencia, y en el suelo, -tres metros más allá- una alfombra descolorida, llena de telas de araña y hoyos por los insectos.

-Veamos… -musitó escrutando el suelo.

De un puntapié corrió la alfombra que despidió las esporas de polvo y piel por todo el cuarto. Tapé mi boca y nariz con las manos, observé ansiosa cómo levantaba la tapa de una entrada escondida en el piso.

-Yo… yo no entro ahí.

Eric se echó a reír, el polvo seguía flotando por el aire al no tener otro escape que el pequeño espacio de la puerta entreabierta, por lo que debió penetrarle la garganta.

-B-baja… -trató de continuar pero fue interrumpido por la tos- Las damas primero. -logró retomar el hilo de sus palabras e hizo un ademán de caballero del siglo pasado. No era la primera vez que escuchaba algo así, y presentía que tampoco iba a ser la última.

Moví la cabeza de un lado a otro: -Estás loco. -me atreví a hablar luego de comprobar que el aire estuviera limpio.

-Órdenes… -apeló como argumento final.

-Bien. -mascullé entre dientes.

Salté de mala gala por el agujero de doscientos metros, después de todo -si yo fuera él-, hubiera pateado su maldita cara hasta que entrara, jamás le permitiría el lujo de estar a mi espalda, lo mantendría siempre al costado.

No pude evitar sentir pánico a medida que la luz se hacía escasa, encontré un charco de aguas sucias al final del túnel, medí entonces la fuerza del impacto y obtuve lo que quería: salir intacta.

-¿Bailarina? -Eric inquirió cuando hubo terminado de descender.

-¿Ah? -contesté distraída; el miedo se estaba expandiendo.

-Eras bailarina antes de esto. -fue una afirmación.

-Tomé clases de ballet hasta los doce.

Asintió solemne mientras avanzaba hasta lo que parecía una palanca. Oí el "switch" del aparato y las antorchas se encendieron a los lados. Al fin un poco de calor, sentía que la humedad calaba hondo en mi cuerpo, me asfixiaba… ¿Me asfixiaba?, ¡Qué tontería!, tengo que dejar de pensar como humana.

Noté el cambio en la mirada de Eric, lucía más sagaz e inquisidora, posiblemente estaba estudiando mis monólogos mentales reflejados -quizá- en mi rostro -otra cosa de la que me debería deshacer-. Echó otra mirada cautelosa, corrió tan rápido que sólo pude distinguir la sombra de su cabello azabache antes de seguirle a toda prisa. No hizo una pausa, sus movimientos fueron fluidos.

-Éste es el inicio. -dijo extrayendo las cadenas de apariencia pesada sobre la cerradura- No hay vuelta atrás.

Retiró el candado, oí a alguien revolverse contra la textura de cuero de un sillón, luego la risita femenina susurrando:

-Tardaron demasiado…

*Perdón si el capítulo estuvo un poco fome, es qe es una transición a lo que viene después, así que no se desanimen :) ¡Saludos! ;)